Mucho antes de que existiera nada parecido a 'Estados Unidos', América del Norte estaba poblada por cientos de naciones indígenas de una diversidad asombrosa. Los primeros pobladores llegaron desde Asia hace más de quince mil años, muy probablemente cruzando el puente de tierra de Beringia durante la última glaciación, y en milenios se expandieron por todo el continente, adaptándose a desiertos, bosques, praderas, montañas y costas. De aquellos cazadores de grandes mamíferos surgieron, con el tiempo, sociedades agrícolas, aldeas permanentes y verdaderas ciudades.
Hacia el año 1000 d.C. floreció en el valle del Misisipi la cultura misisipiana, constructora de grandes montículos de tierra. Su centro, Cahokia, cerca de la actual San Luis, llegó a albergar entre 10.000 y 40.000 habitantes en su apogeo, hacia 1050-1150: era la mayor ciudad al norte de México y superaba en población a Londres o París de la época. En el suroeste, los ancestrales pueblo (anasazi) levantaron las ciudades de acantilado de Mesa Verde y los grandes complejos de Chaco Canyon, con una sofisticada astronomía y una red de caminos.
En el momento del contacto europeo, el mosaico era vastísimo: los iroqueses y algonquinos de los bosques del este, organizados en confederaciones; los pueblo agricultores del suroeste; los sioux, cheyenes, comanches y pies negros de las Grandes Llanuras, cazadores de bisontes; los navajos y apaches del desierto; los ricos pueblos pescadores y talladores de tótems de la costa noroeste; y los inuit y yupik del extremo ártico. Se calcula que millones de personas, hablando cientos de lenguas distintas, habitaban el actual territorio estadounidense antes de 1492.
Los primeros europeos en explorar el actual territorio estadounidense fueron los españoles. Juan Ponce de León desembarcó en Florida en 1513, y en 1565 se fundó San Agustín, la ciudad de origen europeo continuamente habitada más antigua del país. Durante el siglo XVI, expediciones como las de Hernando de Soto y Francisco Vázquez de Coronado recorrieron el sur y el suroeste, mientras en 1598 Juan de Oñate colonizaba Nuevo México, donde en 1610 se fundó Santa Fe. Franceses e ingleses llegarían después, y el contacto trajo consigo enfermedades —viruela, sarampión, gripe— que, sin que nadie lo entendiera entonces, diezmaron a poblaciones indígenas enteras.
La colonización inglesa que daría origen a Estados Unidos comenzó en 1607, cuando la Compañía de Virginia fundó Jamestown, primer asentamiento inglés permanente en América del Norte. Los colonos, que buscaban oro, casi perecen de hambre y enfermedad hasta que el cultivo del tabaco los salvó económicamente. En 1619 llegaron a Virginia los primeros africanos esclavizados y se reunió la primera asamblea representativa de las colonias. Un año después, en 1620, los peregrinos separatistas del Mayflower desembarcaron en Plymouth, Massachusetts, y firmaron el Pacto del Mayflower, un temprano acuerdo de autogobierno.
A lo largo del siglo XVII y comienzos del XVIII se consolidaron trece colonias británicas a lo largo de la costa atlántica, agrupadas en tres regiones muy distintas: la Nueva Inglaterra puritana (Massachusetts, fundada en 1630, Connecticut, Rhode Island, Nueva Hampshire), volcada al comercio, la pesca y la construcción naval; las colonias centrales (Nueva York, Pensilvania, Nueva Jersey, Delaware), un 'crisol' de religiones y orígenes; y las colonias del sur (Virginia, Maryland, las Carolinas y, por último, Georgia en 1732), de grandes plantaciones que dependían cada vez más del trabajo esclavo. Un despertar religioso, el Gran Despertar de las décadas de 1730 y 1740, sacudió a todas ellas y fue tejiendo, sin proponérselo, una primera identidad común.
La semilla de la ruptura brotó paradójicamente de una victoria británica. En la Guerra Franco-India (1754-1763), parte del conflicto global conocido como la Guerra de los Siete Años, Gran Bretaña expulsó a Francia de Norteamérica y ganó un imperio colosal; pero la guerra la dejó endeudada, y Londres decidió que las colonias debían pagar su parte. Una sucesión de impuestos y leyes —la Ley del Azúcar, la Ley del Timbre de 1765, las Leyes Townshend— encendió la protesta bajo la consigna 'no hay impuestos sin representación'. La tensión escaló con la Masacre de Boston de 1770 y, sobre todo, con el Motín del Té de Boston del 16 de diciembre de 1773, cuando colonos disfrazados arrojaron al mar 342 cajones de té.
La represalia británica, las llamadas 'Leyes Intolerables', unió a las colonias. En 1774 se reunió el Primer Congreso Continental, y en abril de 1775 estallaron los combates en Lexington y Concord. El 4 de julio de 1776, el Segundo Congreso Continental, reunido en Filadelfia, aprobó la Declaración de Independencia redactada por Thomas Jefferson, con su célebre afirmación de que 'todos los hombres son creados iguales'. La guerra fue larga y difícil: el ejército de George Washington sobrevivió al terrible invierno de Valley Forge, y el punto de giro llegó con la victoria de Saratoga en 1777, que decidió a Francia a aliarse con los rebeldes.
Con el apoyo militar y financiero francés, y figuras como el marqués de Lafayette, las tropas continentales asediaron y vencieron a los británicos en Yorktown en 1781. El Tratado de París de 1783 reconoció la independencia de los Estados Unidos y fijó sus fronteras hasta el río Misisipi. Nacía así una nación nueva, aunque todavía frágil: trece antiguas colonias convertidas en estados que debían aprender a convivir bajo un mismo techo político.
La independencia no resolvió cómo gobernarse. Los primeros Artículos de la Confederación crearon una unión tan débil que dejó al país al borde de la ingobernabilidad. Para corregirlo, delegados de los estados se reunieron en Filadelfia entre mayo y septiembre de 1787 y, en lugar de enmendar los Artículos, redactaron una Constitución enteramente nueva. El documento diseñó una república federal con un gobierno nacional fuerte, dividido en tres poderes que se controlaban mutuamente —Congreso, Presidencia y Corte Suprema— mediante un ingenioso sistema de pesos y contrapesos. Es la constitución escrita más antigua todavía en vigor en el mundo.
Su ratificación desató un intenso debate entre federalistas y antifederalistas, y solo se logró con la promesa de añadir una declaración de derechos. Así, en 1791 se ratificaron las diez primeras enmiendas, la Carta de Derechos (Bill of Rights), que garantizaron la libertad de expresión, de prensa, de religión y otras protecciones individuales. George Washington asumió como primer presidente en 1789 y fijó precedentes decisivos, entre ellos el de retirarse tras dos mandatos. En torno a Alexander Hamilton y Thomas Jefferson surgieron los primeros partidos políticos.
La república echó a andar rápidamente. En 1803, la Compra de Luisiana a Francia, negociada por Jefferson por unos 15 millones de dólares, duplicó de un plumazo el tamaño del país; la expedición de Lewis y Clark (1804-1806) exploró aquellas tierras hasta el Pacífico. La Guerra de 1812 contra Gran Bretaña —durante la cual los británicos llegaron a incendiar Washington en 1814— terminó en tablas, pero reforzó el sentimiento nacional y consolidó a la joven nación como un actor independiente y con voz propia en el continente.
Durante la primera mitad del siglo XIX, la joven república se lanzó a una expansión territorial vertiginosa, guiada por la idea del 'destino manifiesto': la convicción, popularizada en 1845, de que la nación estaba llamada por la Providencia a extenderse de un océano al otro. La anexión de Texas en 1845 desató la guerra con México (1846-1848), que terminó con el Tratado de Guadalupe Hidalgo: México cedió más de 1,3 millones de kilómetros cuadrados, todo el actual suroeste, desde California hasta Nuevo México. Ese mismo año, un acuerdo con Gran Bretaña fijó la frontera de Oregón en el noroeste.
Millones de colonos avanzaron hacia el Pacífico por rutas legendarias como el Camino de Oregón, y la fiebre del oro de California de 1849 aceleró de manera explosiva el poblamiento del Oeste. En 1869, la culminación del ferrocarril transcontinental en Promontory Summit, en Utah, unió por fin ambos océanos con un 'clavo de oro' y transformó para siempre el interior del país. El bisonte, base de la vida de las llanuras, fue exterminado casi por completo.
Esta expansión tuvo un costo humano devastador para los pueblos originarios. La Ley de Traslado Forzoso de los Indios de 1830, impulsada por el presidente Andrew Jackson, provocó el Sendero de las Lágrimas, en el que miles de cherokees y otros pueblos del sureste murieron al ser deportados al oeste del Misisipi. A lo largo del siglo se sucedieron las Guerras Indias, tratados sistemáticamente incumplidos, masacres como las de Sand Creek (1864) y Wounded Knee (1890), y el confinamiento de las naciones nativas en reservas. La conquista del Oeste fue, a la vez, epopeya nacional y tragedia indígena.
La gran herida de la historia estadounidense fue la esclavitud. Hacia 1860, casi cuatro millones de afroamericanos vivían esclavizados en el sur, donde la economía del algodón dependía por completo de su trabajo forzado, mientras el norte avanzaba hacia una sociedad industrial de trabajo libre. La cuestión de si la esclavitud debía extenderse a los nuevos territorios del Oeste envenenó la política durante décadas, con compromisos fallidos como el de Misuri (1820) o el de 1850, y estallidos de violencia como el 'Kansas sangriento'.
La elección de Abraham Lincoln en 1860, contrario a la extensión de la esclavitud, precipitó la secesión de once estados del sur, que formaron los Estados Confederados. La guerra comenzó el 12 de abril de 1861 con el bombardeo confederado de Fort Sumter y se convirtió en el conflicto más sangriento de la historia del país, con unos 620.000 a 750.000 muertos. El 1 de enero de 1863, la Proclamación de Emancipación declaró libres a los esclavos de los estados rebeldes, y la batalla de Gettysburg, ese mismo julio, marcó el punto de giro. El 9 de abril de 1865, el general Robert E. Lee se rindió ante Ulysses S. Grant en Appomattox. Pocos días después, el 14 de abril, Lincoln fue asesinado por John Wilkes Booth.
La victoria de la Unión y la Decimotercera Enmienda (1865) abolieron la esclavitud; la Decimocuarta (1868) otorgó la ciudadanía a los nacidos en el país, y la Decimoquinta (1870) prohibió negar el voto por motivos de raza. La etapa de la Reconstrucción intentó integrar a los cuatro millones de libertos en la vida política del sur, con logros reales pero también con una feroz resistencia, encarnada en el Ku Klux Klan. Cuando en 1877 el gobierno federal retiró sus tropas del sur, se abrió paso el régimen de segregación racial de las leyes de Jim Crow, avalado por la doctrina 'separados pero iguales' de Plessy contra Ferguson (1896), que mantendría la discriminación durante casi un siglo.
Entre 1870 y 1900, Estados Unidos vivió una transformación colosal que lo convirtió en la mayor economía industrial del mundo. Fue la 'Edad Dorada' (Gilded Age), término irónico acuñado por Mark Twain para una época de riqueza deslumbrante y desigualdad brutal. El acero, el petróleo, el ferrocarril y la electricidad reconfiguraron el país, y unos pocos magnates —John D. Rockefeller en el petróleo con Standard Oil, Andrew Carnegie en el acero, Cornelius Vanderbilt en los ferrocarriles, J. P. Morgan en las finanzas— amasaron fortunas sin precedentes. Sus críticos los llamaron 'barones ladrones' por sus monopolios y por las durísimas condiciones de sus trabajadores; ellos se veían como capitanes del progreso, y muchos se volcaron luego a la filantropía.
Ese crecimiento se sostuvo sobre una inmigración masiva. Entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, más de veinte millones de europeos —italianos, judíos de Europa del Este, polacos, irlandeses, alemanes, escandinavos, griegos— cruzaron el Atlántico. Desde 1892, la mayoría pasó por la estación de Ellis Island, en la bahía de Nueva York, bajo la mirada de la recién inaugurada Estatua de la Libertad (1886). Por el Pacífico llegaron miles de chinos y japoneses, que sufrieron una dura discriminación, culminada en la Ley de Exclusión China de 1882.
El otro rostro de la prosperidad fue el conflicto social. Los trabajadores se organizaron en sindicatos y protagonizaron huelgas masivas y a veces sangrientas, como la de Haymarket en Chicago en 1886 —origen del Primero de Mayo— o la de Pullman en 1894. Las ciudades crecían de forma caótica, con hacinamiento y pobreza extrema, mientras nacían los primeros rascacielos. Este malestar acumulado preparó el terreno para la Era Progresista de comienzos del siglo XX, que buscaría domesticar al gran capital, combatir la corrupción y regular una economía que había crecido más rápido que sus propias reglas.
En 1898, la Guerra Hispano-Estadounidense marcó la irrupción de Estados Unidos como potencia mundial. Tras la explosión del acorazado Maine en La Habana, el país declaró la guerra a España, la venció en pocos meses y, con el Tratado de París, adquirió Puerto Rico, Guam y Filipinas, además de establecer un protectorado sobre Cuba. Casi cuatro siglos de presencia española en América llegaban a su fin, y Estados Unidos se convertía por primera vez en un imperio con posesiones de ultramar, lo que abrió un fuerte debate interno sobre el expansionismo.
La Era Progresista (aproximadamente 1900-1917) intentó corregir los excesos de la Edad Dorada. Presidentes como Theodore Roosevelt, con su 'Trato Justo' (Square Deal), impulsaron la ruptura de los grandes monopolios, la regulación de los ferrocarriles, la protección del consumidor y la creación de los parques nacionales. Se aprobaron enmiendas históricas: el impuesto a la renta (16ª, 1913), la elección directa de senadores (17ª, 1913) y, en 1920, el sufragio femenino con la Decimonovena Enmienda, tras décadas de lucha de las sufragistas.
En política exterior, Estados Unidos mantuvo la neutralidad al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, pero el hundimiento de barcos por los submarinos alemanes y el telegrama Zimmermann lo empujaron a la guerra. El 6 de abril de 1917 declaró la guerra a Alemania, y más de dos millones de soldados estadounidenses cruzaron el Atlántico; unos 50.000 murieron en combate. Su intervención resultó decisiva para la victoria aliada de noviembre de 1918. El presidente Woodrow Wilson propuso sus 'Catorce Puntos' y la creación de una Sociedad de Naciones, pero el propio Senado estadounidense rechazó el tratado, y el país se replegó hacia el aislacionismo.
La década de 1920, los 'años locos', fue una época de euforia y modernidad. La riqueza del país más que se duplicó, el automóvil se masificó, la radio y el cine sonoro llegaron a millones de hogares, el jazz definió una era y las ciudades bullían de energía. Fue también el tiempo de la Prohibición del alcohol (1920-1933), que en lugar de acabar con la bebida engendró los bares clandestinos y el crimen organizado de figuras como Al Capone. Bajo la superficie, sin embargo, la especulación bursátil crecía sin freno.
El 29 de octubre de 1929 —el 'Martes Negro'— la Bolsa de Nueva York se desplomó, dando inicio a la Gran Depresión, la peor crisis económica de la historia del país y del mundo. Miles de bancos quebraron, la producción se derrumbó y el desempleo llegó a superar el 20 por ciento en 1933. A la crisis se sumó la catástrofe ambiental del Dust Bowl, las gigantescas tormentas de polvo que arruinaron a los agricultores de las Grandes Llanuras y empujaron a millones de personas a emigrar.
En 1932, Franklin D. Roosevelt ganó la presidencia con la promesa de un 'New Deal' (Nuevo Trato). Desde 1933 lanzó un vasto programa de reformas: rescate del sistema bancario, grandes obras públicas que dieron empleo a millones, regulación de la Bolsa y, sobre todo, la creación en 1935 de la Seguridad Social, que estableció pensiones y seguros de desempleo. El New Deal no terminó por sí solo con la Depresión —haría falta el estímulo de la guerra para lograrlo—, pero redefinió para siempre el papel del Estado en la economía y la sociedad estadounidenses, y convirtió a Roosevelt en el único presidente elegido cuatro veces.
Estados Unidos mantuvo la neutralidad durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, aunque abasteció a los aliados con el programa de Préstamo y Arriendo. Todo cambió el 7 de diciembre de 1941, cuando la aviación japonesa atacó por sorpresa la base naval de Pearl Harbor, en Hawái. Al día siguiente, el país declaró la guerra a Japón, y pocos días después Alemania e Italia le declararon la guerra a él. La nación entera se movilizó: las fábricas se reconvirtieron a la producción bélica en una escala descomunal, y millones de mujeres entraron al mundo laboral, simbolizadas en la figura de 'Rosie la Remachadora'.
En Europa, las tropas estadounidenses combatieron en el norte de África, Italia y, sobre todo, en el desembarco de Normandía del 6 de junio de 1944 —el Día D—, la mayor operación anfibia de la historia, que abrió el camino a la liberación de Francia y a la derrota de la Alemania nazi en mayo de 1945. En el Pacífico, la guerra contra Japón se libró isla por isla en batallas atroces. En un capítulo oscuro del período, más de 100.000 estadounidenses de origen japonés fueron internados en campos por decisión de su propio gobierno.
La guerra terminó de la manera más devastadora. En agosto de 1945, Estados Unidos lanzó bombas atómicas —desarrolladas en secreto por el Proyecto Manhattan— sobre Hiroshima el día 6 y Nagasaki el día 9, matando a más de 100.000 personas y forzando la rendición de Japón. El país emergió del conflicto transformado: con su territorio intacto, su economía en pleno auge, su ejército desplegado por medio mundo y el monopolio del arma nuclear, se había convertido, junto con la Unión Soviética, en una de las dos superpotencias del planeta.
Apenas terminada la guerra, comenzó la Guerra Fría: el enfrentamiento global, ideológico y militar, entre Estados Unidos y la Unión Soviética, sin llegar nunca a la confrontación nuclear directa. Washington adoptó la política de 'contención' del comunismo: el Plan Marshall (1947) reconstruyó Europa occidental con miles de millones de dólares, y en 1949 nació la OTAN, la primera alianza militar en tiempos de paz de la historia estadounidense. La rivalidad se libró en escenarios de todo el mundo: la Guerra de Corea (1950-1953), la crisis de los misiles de Cuba de 1962 —que llevó al mundo al borde de la guerra nuclear— y, sobre todo, la larga y traumática Guerra de Vietnam, que dividió profundamente a la sociedad estadounidense. En paralelo, la carrera espacial culminó con el triunfo simbólico de la llegada a la Luna: el 20 de julio de 1969, Neil Armstrong se convirtió en el primer ser humano en pisarla.
En el plano interno, la lucha central de la época fue el movimiento por los derechos civiles. Desde mediados de los años cincuenta, los afroamericanos desafiaron organizadamente el sistema de segregación de las leyes de Jim Crow. El fallo Brown contra el Consejo de Educación (1954) declaró inconstitucional la segregación escolar; el boicot a los autobuses de Montgomery (1955), desencadenado por Rosa Parks, catapultó a un joven pastor, Martin Luther King Jr., como líder del movimiento. Con su prédica de la resistencia no violenta, King encabezó la Marcha sobre Washington de 1963, donde pronunció su discurso 'Tengo un sueño' ante 250.000 personas.
La presión del movimiento dio frutos históricos: la Ley de Derechos Civiles de 1964, que prohibió la discriminación racial, y la Ley del Derecho al Voto de 1965. El asesinato de King en 1968 conmocionó al país. Los años sesenta fueron, además, una década de convulsión cultural y política más amplia: el asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963, la contracultura juvenil, el movimiento feminista, las protestas contra la guerra y el escándalo de Watergate, que en 1974 forzó la renuncia del presidente Richard Nixon, la única de la historia del país.
Tras el trauma de Vietnam y Watergate, los Estados Unidos vivieron los años setenta entre la crisis del petróleo, la inflación y una sensación de declive. La llegada de Ronald Reagan a la presidencia en 1981 marcó un giro conservador —rebajas de impuestos, desregulación, rearme— y una postura de dura confrontación con la Unión Soviética. Al final de la década, sin embargo, el bloque soviético se desmoronó: la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la URSS en 1991 dejaron a Estados Unidos como única superpotencia global, en lo que muchos vivieron como el triunfo definitivo de su modelo. La década de 1990, con el auge de internet y la revolución tecnológica de Silicon Valley, fue de prosperidad y optimismo.
El siglo XXI se abrió con un golpe brutal. El 11 de septiembre de 2001, atentados terroristas de Al Qaeda destruyeron las Torres Gemelas de Nueva York y golpearon el Pentágono, matando a casi 3.000 personas. La respuesta fue la 'guerra contra el terror': la invasión de Afganistán en 2001 y la de Irak en 2003, conflictos prolongados y costosos que dividieron a la opinión pública. En 2008, el estallido de una gigantesca crisis financiera —originada en las hipotecas de alto riesgo— desató la Gran Recesión, la peor desde 1929. Ese mismo año, Barack Obama fue elegido el primer presidente afroamericano de la historia del país, un hito cargado de simbolismo.
Las últimas décadas han mostrado a un país tan poderoso e innovador como profundamente dividido. La elección de Donald Trump en 2016 reflejó el ascenso del populismo y una creciente polarización política, agudizada por las redes sociales y por debates sobre inmigración, raza, desigualdad y el papel del Estado. La pandemia de COVID-19, a partir de 2020, causó más de un millón de muertos y una crisis económica y social sin precedentes recientes. Hoy, con más de 340 millones de habitantes, una economía que sigue siendo la mayor del mundo y un liderazgo indiscutido en tecnología, cultura y ciencia, Estados Unidos afronta el desafío de sostener su cohesión interna en un mundo cada vez más multipolar. Su historia, la de una nación siempre en construcción, sigue abierta.
Las 51 historias, una detrás de la otra. Usá los botones de arriba para saltar a la que buscás.
Mucho antes de la llegada de los europeos, el territorio de Alabama estuvo habitado por sociedades indígenas complejas. Entre los años 1000 y 1600 floreció la cultura del Misisipi, cuyo centro más importante en la región fue Moundville, a orillas del río Black Warrior: una ciudad ceremonial con más de veinte montículos de tierra en torno a una gran plaza, uno de los yacimientos arqueológicos más notables del sureste de Norteamérica.
Cuando llegaron los primeros exploradores, la región estaba ocupada por pueblos de lengua muskogeana —los creek (muscogee), choctaw, chickasaw, alabama y koasati— y, en el norte, por los cherokee, de lengua iroquesa. Del pueblo alabama, o alibamu, deriva el propio nombre del estado y de su río principal. Estas naciones vivían de la agricultura del maíz, el frijol y la calabaza, la caza y una densa red de aldeas y sendas comerciales.
El primer europeo en internarse en la región fue el español Hernando de Soto, cuya expedición atravesó el territorio en 1540 y libró contra el cacique Tuscaloosa la sangrienta batalla de Mabila, uno de los primeros grandes choques entre indígenas y europeos en el interior del continente. Tras De Soto, la región quedó durante más de un siglo fuera del alcance efectivo de las potencias europeas.
Fueron los franceses quienes fundaron el primer asentamiento permanente: el Viejo Mobile (Old Mobile), establecido en 1702 y trasladado hacia 1711 al emplazamiento actual de Mobile, que llegó a ser capital de la Luisiana francesa. El control del territorio cambió varias veces de manos: pasó a Gran Bretaña tras la Guerra de los Siete Años en 1763, y buena parte de la costa quedó bajo dominio español hasta 1813, lo que explica la profunda huella franco-hispana de la ciudad de Mobile, donde se celebró el primer Mardi Gras de Norteamérica.
Alabama fue admitida como el estado número 22 de la Unión el 14 de diciembre de 1819. La convención constitucional se había reunido ese mismo año en Huntsville, que ejerció brevemente de capital antes de que la sede pasara a Cahaba (1820-1825), luego a Tuscaloosa y finalmente a Montgomery en 1847.
El motor de aquel crecimiento vertiginoso fue el algodón. Las tierras fértiles del llamado Black Belt —una franja de suelos oscuros en el centro del estado— se cubrieron de plantaciones trabajadas por decenas de miles de africanos esclavizados. La población saltó de menos de 10.000 habitantes en 1810 a más de 300.000 en 1830. Aquella economía de plantación, dependiente por completo del trabajo forzado, moldeó la sociedad, la política y las tensiones que desembocarían en la Guerra Civil.
El 11 de enero de 1861, Alabama se separó de la Unión, y poco después Montgomery se convirtió en la primera capital de los Estados Confederados de América: allí juró su cargo Jefferson Davis en febrero de 1861, lo que le valió a la ciudad el apodo de 'cuna de la Confederación'. El estado aportó unos 120.000 soldados a la causa sureña.
La derrota confederada y el fin de la esclavitud abrieron la etapa de la Reconstrucción, pronto revertida por la imposición de las leyes segregacionistas de Jim Crow. Durante casi un siglo, la población afroamericana de Alabama —mayoritaria en amplias zonas— quedó sometida a la discriminación legal, la privación del voto y la violencia racial, un sistema que convertiría al estado, décadas más tarde, en el gran escenario de la lucha por los derechos civiles.
Ningún estado fue tan central en la lucha por los derechos civiles como Alabama. Todo comenzó en Montgomery: en diciembre de 1955, Rosa Parks se negó a ceder su asiento en un autobús, y el boicot que siguió, liderado por un joven pastor llamado Martin Luther King Jr., duró más de un año y terminó con la segregación en el transporte público. Montgomery fue también la primera iglesia de King y la sede de buena parte de su movimiento.
La campaña se intensificó en Birmingham en 1963, donde las imágenes de la policía reprimiendo a manifestantes pacíficos —muchos de ellos niños— con perros y mangueras conmocionaron al país; ese mismo año, un atentado con bomba en la iglesia baptista de la calle 16 mató a cuatro niñas. En 1965, las marchas de Selma a Montgomery, y la brutal represión del 'Domingo Sangriento' en el puente Edmund Pettus, impulsaron decisivamente la aprobación de la Ley de Derecho al Voto de 1965. Esa cadena de acontecimientos hizo de Alabama un símbolo mundial de la conquista de la igualdad.
En el terreno económico, Alabama vivió a fines del siglo XIX una segunda transformación: Birmingham nació casi de la nada como gran ciudad industrial, apodada la 'Pittsburgh del Sur' por sus fundiciones de hierro y acero, gracias a la rara coincidencia local de carbón, hierro y piedra caliza. La agricultura, tras la plaga del gorgojo del algodón, se diversificó hacia otros cultivos y la ganadería.
En 1960, la instalación del Marshall Space Flight Center de la NASA en Huntsville —donde el equipo de Wernher von Braun desarrolló el cohete Saturno V que llevó al hombre a la Luna— convirtió a la ciudad en la 'Rocket City' y diversificó la economía hacia la alta tecnología y la industria aeroespacial. Hoy el visitante encuentra en Alabama un patrimonio singular: los sitios de los derechos civiles de Montgomery, Birmingham y Selma; el U.S. Space & Rocket Center de Huntsville; la herencia criolla de Mobile; y las playas del golfo de México en Gulf Shores.
Alaska fue una de las puertas de entrada del ser humano al continente americano: hace unos 14.000 años, grupos de cazadores cruzaron desde Asia por el puente de tierra de Bering, que unía Siberia con el actual oeste de Alaska durante la última glaciación. De aquellas migraciones descienden los diversos pueblos originarios que aún hoy habitan el estado.
En el norte y el oeste ártico viven los iñupiat y los yup'ik, cazadores de ballenas, focas y caribúes adaptados a uno de los climas más extremos del planeta. En las islas Aleutianas se asentaron los unangan (aleutianos); y en la costa sur y el sureste, los tlingit, haida y tsimshian desarrollaron una rica cultura marítima, célebre por sus tótems tallados, sus canoas y su compleja organización social. En el interior boscoso vivían los pueblos atabascanos. Todos ellos sobrevivieron durante milenios en un territorio de escala colosal.
El primer contacto europeo documentado llegó en 1741, cuando el explorador de origen danés al servicio de Rusia Vitus Bering avistó las costas de Alaska. Su viaje reveló la extraordinaria abundancia de nutrias marinas, cuya piel valía una fortuna en los mercados de China, y desató la llegada de cazadores y comerciantes rusos.
Así nació la 'América rusa', administrada por la Compañía Ruso-Americana. Su figura clave fue Alexander Baranov, que hacia 1804 estableció la capital colonial en Novo-Arkhangelsk, la actual Sitka. La caza masiva de nutrias fue el gran negocio, a costa de la explotación brutal de los pueblos nativos, especialmente los aleutianos, diezmados por el trabajo forzado y las enfermedades. Con el tiempo, la sobreexplotación agotó las nutrias y volvió la colonia poco rentable para el imperio ruso.
En 1867, Estados Unidos compró Alaska a Rusia por 7,2 millones de dólares, una operación impulsada por el secretario de Estado William Seward y ridiculizada en su momento como la 'locura de Seward' (Seward's Folly), por considerarse un páramo helado sin valor.
El tiempo desmintió a los escépticos. A fines del siglo XIX, el descubrimiento de oro cambió el destino del territorio: la fiebre del Klondike de 1896-1899, en el vecino Yukón canadiense, convirtió a puertos como Skagway en puertas de entrada para decenas de miles de buscadores, y en 1899 el hallazgo de oro en las playas de Nome desató una nueva estampida. Aquellas fiebres, junto con la pesca y la explotación forestal, poblaron y dieron forma a la Alaska moderna. El territorio obtuvo estatuto oficial en 1912.
Alaska se convirtió en el estado número 49 de la Unión el 3 de enero de 1959, tras décadas de reclamos de sus habitantes por una representación plena. La Segunda Guerra Mundial ya había mostrado su importancia estratégica: los japoneses llegaron a ocupar dos de las islas Aleutianas, en la única batalla librada en suelo estadounidense del conflicto.
El acontecimiento que transformó definitivamente la economía fue el descubrimiento en 1968 de enormes reservas de petróleo en Prudhoe Bay, en el océano Ártico. Para transportarlo se construyó el gigantesco oleoducto trans-Alaska, terminado en 1977, que atraviesa 1.300 kilómetros de tundra y montañas. Los ingresos petroleros financian buena parte del estado y alimentan el Fondo Permanente que reparte un dividendo anual entre todos los residentes. En 1971, la Ley de Arreglo de Reclamaciones de los Nativos de Alaska (ANCSA) reconoció a los pueblos originarios amplios territorios y una compensación económica.
Alaska es el estado más grande de Estados Unidos —más del doble que Texas— y uno de los más despoblados y salvajes. Domina su paisaje el monte Denali, con 6.190 metros la cumbre más alta de Norteamérica, protegida en el Parque Nacional Denali. Glaciares, fiordos, tundra, osos pardos, alces, ballenas y salmones definen una naturaleza de escala descomunal, sacudida además por fuerzas geológicas: el Viernes Santo de 1964, un terremoto de magnitud 9,2 —el más fuerte registrado en la historia de Estados Unidos— devastó Anchorage.
Juneau, accesible solo por mar o aire, es la capital; Anchorage, la mayor ciudad. El turismo de cruceros, la pesca, la caza y la aventura conviven con la vida de las comunidades nativas. La fragilidad de este entorno quedó en evidencia con el desastre del petrolero Exxon Valdez, que en 1989 derramó millones de litros de crudo en el estrecho del Príncipe Guillermo. Bajo el sol de medianoche en verano y las auroras boreales en invierno, Alaska encarna como ningún otro lugar la idea de la 'última frontera'.
Arizona estuvo habitada durante milenios por sociedades que dominaron uno de los entornos más áridos de Norteamérica. Los hohokam fueron maestros de la ingeniería hidráulica: entre los años 300 y 1500 construyeron cientos de kilómetros de canales de riego en el valle donde hoy se levanta Phoenix, permitiendo una agricultura sofisticada en pleno desierto. Al norte, los ancestrales pueblo (anasazi) y los mogollón levantaron aldeas y viviendas en los acantilados.
Cuando llegaron los españoles, la región estaba ocupada por los descendientes de aquellas culturas y por pueblos llegados después: los navajos (diné) y apaches, de origen atabascano; los hopi, herederos de los antiguos pueblo; los tohono o'odham del desierto de Sonora; y muchos más. Hoy Arizona alberga 27 tribus reconocidas y la mayor reserva del país, la Nación Navajo, con más de 300.000 miembros y territorio en tres estados.
Los primeros europeos llegaron muy pronto: en 1539 el fraile Marcos de Niza y, al año siguiente, la gran expedición de Francisco Vázquez de Coronado (1540-1542) recorrieron la región en busca de las míticas ciudades de oro de Cíbola. A fines del siglo XVII, el jesuita Eusebio Francisco Kino evangelizó el sur y fundó una cadena de misiones, entre ellas la bellísima San Xavier del Bac, cerca de Tucson, joya del barroco del desierto. España levantó presidios en Tubac (1752) y Tucson (1775).
Tras la independencia de México, Arizona formó parte del país vecino hasta que pasó a Estados Unidos en dos etapas: la mayor parte en 1848, por el Tratado de Guadalupe Hidalgo, y la franja al sur del río Gila en 1853-1854, con la Compra de Gadsden. Fue territorio fronterizo y escenario legendario del Viejo Oeste, con pueblos mineros como Tombstone —famoso por el tiroteo del O.K. Corral en 1881— y con las últimas guerras apaches, protagonizadas por líderes como Cochise y Gerónimo, que resistió hasta 1886.
La economía del territorio se levantó sobre la minería y la ganadería. A partir de la década de 1880, el cobre eclipsó a los metales preciosos y convirtió a pueblos como Bisbee, Jerome y Morenci en gigantes mineros; el metal rojo le valió a Arizona el apodo de 'Copper State' y sigue siendo hoy el principal productor del país. La llegada del ferrocarril y las grandes obras de irrigación, como la presa Roosevelt sobre el río Salado, terminada en 1911, permitieron el desarrollo agrícola y el crecimiento de Phoenix.
Arizona fue el último de los territorios contiguos en convertirse en estado: el 14 de febrero de 1912 se sumó a la Unión como el número 48. A lo largo del siglo XX, la llegada del aire acondicionado y su clima soleado atrajeron a millones de personas, y Phoenix pasó de ser un pueblo agrícola a una de las metrópolis de más rápido crecimiento del país, corazón del Sun Belt.
Arizona alberga uno de los espectáculos naturales más asombrosos de la Tierra: el Gran Cañón del río Colorado, un abismo de casi 450 kilómetros de largo y más de 1.800 metros de profundidad, que expone casi dos mil millones de años de historia geológica en sus paredes de colores. Protegido como Parque Nacional desde 1919 y declarado Patrimonio de la Humanidad, recibe cada año a millones de visitantes de todo el mundo.
El cañón es solo el emblema de una geografía extraordinaria. A su alrededor se despliega un catálogo de paisajes de leyenda: Monument Valley y sus mesetas rojizas —icono del cine western—, en tierra navajo; los pliegues ondulados del Antelope Canyon; la curva perfecta del Horseshoe Bend; los troncos de piedra del Bosque Petrificado; y las formaciones rojas de Sedona, entre desiertos de saguaros gigantes.
Arizona conserva una identidad forjada por el encuentro de las culturas nativa, hispana y angloamericana. Las reservas navajo y hopi mantienen vivas lenguas, ceremonias y artesanías —la platería, los tejidos, la cerámica— que atraen a viajeros de todo el mundo. Tucson, con su honda herencia mexicana, y Phoenix, la capital y quinta ciudad más poblada del país, combinan la vida moderna con el paisaje del desierto de Sonora.
El estado ofrece además rincones singulares: la ciudad universitaria y de clima fresco de Flagstaff, puerta de acceso al norte; la vieja Ruta 66, que lo atraviesa cargada de nostalgia; la presa Hoover y el lago Mead, en el límite con Nevada; y los observatorios astronómicos que aprovechan sus cielos límpios. Esa combinación de naturaleza descomunal, cultura viva y mito del Oeste hace de Arizona uno de los grandes destinos turísticos de Estados Unidos.
Antes de la llegada de los europeos, el territorio de Arkansas estaba habitado por pueblos indígenas de tradiciones muy diversas. En el sureste vivían los quapaw, agricultores de las tierras bajas del delta del Misisipi; en el norte y el oeste, los osage dominaban vastos territorios de caza; y en el suroeste, los caddo mantenían una cultura de aldeas agrícolas y montículos ceremoniales, heredera de las antiguas sociedades constructoras de montículos.
El propio nombre del estado deriva de un término de los osage para referirse a los quapaw, transmitido a través del francés, y suele traducirse como 'gente del viento del sur'. Estos pueblos fueron los primeros afectados por el contacto europeo y, más tarde, por las políticas de expulsión que los desplazaron hacia el Territorio Indio, en la actual Oklahoma.
El primer europeo en pisar la región fue el español Hernando de Soto, que cruzó el río Misisipi y recorrió el centro de Arkansas en 1541. Más de un siglo después llegaron los franceses: los exploradores Marquette y Jolliet descendieron el río en 1673, y en 1686 Henri de Tonti, lugarteniente de La Salle, fundó el Arkansas Post junto a una aldea quapaw, el primer asentamiento europeo permanente del territorio.
Arkansas formó parte de la Luisiana francesa y luego española, hasta que en 1803 pasó a Estados Unidos con la Compra de Luisiana, que a un tiempo duplicó el tamaño del país. En 1819 se organizó como territorio propio, con su capital primero en Arkansas Post y luego en Little Rock, y comenzó a poblarse de colonos que llegaban desde los estados del sureste.
Arkansas fue admitida como el estado número 25 de la Unión el 15 de junio de 1836. Su economía quedó profundamente marcada por una división geográfica que aún persiste: en las tierras bajas y fértiles del sureste y del delta del Misisipi se extendieron las grandes plantaciones de algodón, trabajadas por esclavos, que en 1860 representaban más de una cuarta parte de la población; en cambio, en las montañas del noroeste predominaban las pequeñas granjas de subsistencia.
Esa fractura se reflejó en la Guerra Civil: Arkansas se separó de la Unión en 1861 y se sumó a la Confederación, aunque muchos habitantes de las montañas simpatizaban con el Norte. El estado fue escenario de batallas como la de Pea Ridge (1862) y sufrió una guerra de guerrillas devastadora. Fue readmitido en la Unión en 1868, tras la Reconstrucción, que dio paso a largas décadas de segregación.
Arkansas ocupa un lugar central en la historia de los derechos civiles por la crisis de la escuela secundaria Central High School de Little Rock en 1957. Cuando nueve estudiantes afroamericanos —los 'Little Rock Nine'— intentaron ingresar al centro, hasta entonces reservado a blancos, en aplicación del fallo de la Corte Suprema Brown contra el Consejo de Educación (1954), el gobernador Orval Faubus desplegó la Guardia Nacional para impedirlo.
El enfrentamiento obligó al presidente Dwight Eisenhower a enviar tropas federales del Ejército para escoltar a los estudiantes y hacer cumplir la integración escolar, en una de las confrontaciones más dramáticas entre un gobierno estatal y el federal desde la Guerra Civil. Las imágenes dieron la vuelta al mundo y convirtieron a Little Rock en un símbolo de la desegregación. Hoy el edificio es un sitio histórico nacional.
Apodado 'The Natural State', Arkansas es un estado de gran belleza y variedad geográfica. Al noroeste se elevan los montes Ozark y, más al sur, los Ouachita, con bosques, ríos cristalinos y senderos. En su corazón se encuentra Hot Springs, cuyas aguas termales fueron protegidas ya en 1832 y forman hoy un peculiar Parque Nacional integrado a la ciudad, con su histórica hilera de balnearios de la 'Bathhouse Row'.
El estado guarda además una rareza mundial: el Crater of Diamonds State Park, cerca de Murfreesboro, el único yacimiento de diamantes del planeta abierto al público, donde los visitantes pueden buscar y quedarse con las gemas que encuentren. En el terreno humano, Arkansas es la tierra natal del presidente Bill Clinton, nacido en Hope y criado en Hot Springs, cuya biblioteca presidencial se levanta en Little Rock. Todo ello, junto a la cultura del río, el bluegrass y la cocina sureña, define el atractivo del estado.
California fue, antes de la llegada de los europeos, una de las regiones de mayor diversidad humana de todo el continente: se hablaban más de un centenar de lenguas distintas y convivían más de setenta grupos étnicos. Chumash, ohlone, miwok, pomo, yokuts, tongva y muchísimos otros vivían de la pesca, la caza y, sobre todo, de la recolección y molienda de la bellota, base de su alimentación.
La abundancia de recursos del litoral y los valles permitió densidades de población notables sin necesidad de una agricultura intensiva. Eran sociedades de gran riqueza cultural, con complejas redes de comercio, cestería refinada y economías de la abundancia. La colonización europea, tardía en comparación con el este del continente, alteraría de forma trágica ese mundo.
El primer europeo en explorar la costa fue Juan Rodríguez Cabrillo, en 1542, pero la colonización efectiva no comenzó hasta 1769, cuando el franciscano Junípero Serra fundó la misión de San Diego de Alcalá, primera de una cadena de 21 misiones unidas por el Camino Real que llegó hasta Sonoma. Bajo dominio español y, desde 1821, mexicano, las misiones y los grandes ranchos ganaderos definieron la vida colonial.
Ese sistema se sostuvo a costa de la población indígena, sometida al trabajo en las misiones y diezmada por las enfermedades. Ciudades como San Diego, Santa Bárbara, San José, Monterrey —capital de la Alta California— y San Francisco nacieron en torno a esos presidios y misiones. En 1846, en pleno avance estadounidense, los colonos angloamericanos protagonizaron la efímera Revuelta de la Bandera del Oso.
Tras la guerra entre México y Estados Unidos, California pasó a manos estadounidenses en 1848 por el Tratado de Guadalupe Hidalgo. Apenas unos días antes, en enero de 1848, James Marshall había descubierto oro en Sutter's Mill, cerca de Sacramento. La noticia desató la mayor fiebre del oro de la historia: en 1849, cientos de miles de buscadores —los 'forty-niners'— llegaron de todo el mundo, y la población se multiplicó de forma explosiva.
El crecimiento fue tan vertiginoso que, como parte del Compromiso de 1850, California ingresó directamente como estado número 31 de la Unión el 9 de septiembre de 1850, sin pasar por la etapa territorial y como estado libre. La fiebre del oro transformó San Francisco en una metrópoli, atrajo una fuerte inmigración china y europea, y sentó las bases de una sociedad diversa y volcada al progreso. El ferrocarril transcontinental, terminado en 1869, la unió por fin con el resto del país.
En el siglo XX, California se convirtió en sinónimo de innovación y cultura popular. Hollywood, en Los Ángeles, hizo del estado la capital mundial del cine desde los años diez y veinte; la industria aeroespacial floreció en el sur durante y después de la Segunda Guerra Mundial; y a partir de los años setenta, la zona sur de la bahía de San Francisco —Silicon Valley— se transformó en el epicentro global de la tecnología, cuna de empresas como Apple, Google, Intel y decenas de gigantes de internet.
Hoy California es el estado más poblado de Estados Unidos, con cerca de 39 millones de habitantes, y su economía, por sí sola, es la mayor economía subnacional del planeta, comparable a la de las grandes potencias mundiales. Es también un estado de enorme diversidad cultural, con una fuerte impronta latina y asiática, y un peso político y cultural que irradia a todo el país.
La geografía californiana es de las más variadas del planeta: playas del Pacífico, la mítica carretera 1 por Big Sur, la exuberancia vinícola del valle de Napa, los desiertos de Joshua Tree y del Valle de la Muerte —el punto más bajo y caluroso de Norteamérica— y la imponente Sierra Nevada.
En la montaña se abren algunos de los parques nacionales más célebres del país: Yosemite, con sus cúpulas de granito, sus cascadas y sus secuoyas; y Sequoia, hogar de los árboles más grandes del mundo, como el General Sherman. El lago Tahoe, joya alpina compartida con Nevada, completa el catálogo montañoso. Ciudades como San Francisco, Los Ángeles, San Diego, San José, Sacramento —la capital—, Santa Bárbara y la costa de Monterrey y Carmel condensan buena parte de los sueños y paisajes de Estados Unidos.
Antes de la llegada de los europeos, el actual territorio de Carolina del Norte estaba habitado por numerosos pueblos: los cherokees en las montanas del oeste —el mayor de todos—, y en la costa y el interior naciones como los tuscarora, los croatoan, los chowanoke y los waccamaw. Estos pueblos vivian de la agricultura, la caza y la pesca en un territorio que iba de las cumbres apalaches a las islas de arena del litoral.
Carolina del Norte fue escenario del primer intento ingles de colonizar America: la colonia de Roanoke, establecida en 1587 en los Outer Banks bajo el patrocinio de Walter Raleigh. Alli nacio Virginia Dare, la primera colona inglesa nacida en el continente. Cuando una expedicion de auxilio regreso en 1590, tras el retraso provocado por la guerra con Espana, no hallo rastro de los colonos, solo un asentamiento abandonado y la palabra 'CROATOAN' grabada en un arbol: nacio asi el misterio perdurable de la 'colonia perdida'.
Colonizada de forma estable a lo largo del siglo XVII, Carolina del Norte fue una de las trece colonias, con una economia agricola basada primero en el tabaco y despues en el algodon, cultivados en plantaciones sostenidas por el trabajo de personas esclavizadas. A diferencia de sus vecinas mas ricas, tuvo fama de sociedad mas igualitaria y de pequenos granjeros, lo que le valio el apodo historico de 'valle de la humildad entre dos montanas de vanidad', en alusion a Virginia y Carolina del Sur.
El 21 de noviembre de 1789 se convirtio en el duodecimo estado en ratificar la Constitucion. Durante la Guerra de Secesion se sumo a la Confederacion y aporto un enorme numero de soldados, aunque su territorio, mas apartado, sufrio menos batallas que otros estados del Sur profundo.
En 1838, la mayoria de los cherokees de la region fueron expulsados por el gobierno federal y deportados en marchas forzadas hacia el Territorio Indio de Oklahoma, en el tragico Sendero de las Lagrimas, en el que murieron miles de personas por hambre, frio y enfermedad. Los pocos que lograron esconderse en las montanas fundaron la Eastern Band of Cherokee, que aun hoy conserva su tierra y su cultura en el oeste del estado.
Carolina del Norte entro en la historia universal el 17 de diciembre de 1903, cuando en Kitty Hawk, en los Outer Banks, los hermanos Orville y Wilbur Wright realizaron el primer vuelo motorizado, controlado y mas pesado que el aire de la historia. De aquella hazana procede el lema del estado, 'First in Flight' ('primero en volar'), que aun figura en sus matriculas.
Carolina del Norte ofrece una variedad de paisajes poco comun. Al oeste, los montes Apalaches culminan en las Great Smoky Mountains —el parque nacional mas visitado del pais, compartido con Tennessee— y en la elegante Asheville, junto a la panoramica Blue Ridge Parkway. Alli se alza el Biltmore, la mansion privada mas grande de Estados Unidos, un palacio de estilo chateau frances construido para George Vanderbilt entre 1889 y 1895 y abierto en la Nochebuena de ese ano. Al este, los Outer Banks despliegan islas barrera, faros como el de Cape Hatteras y playas salvajes barridas por el Atlantico.
Ese contraste entre montana y mar, junto a los otonos de fuego apalaches y la tradicion musical del bluegrass, hace del estado un destino turistico de primer orden dentro del sureste estadounidense.
En el centro del estado, el Research Triangle —el triangulo formado por Raleigh (la capital), Durham y Chapel Hill, y sus universidades Duke, Carolina y NC State— es uno de los grandes polos universitarios, biotecnologicos y tecnologicos del pais. El Research Triangle Park, fundado en 1959, es el mayor parque de investigacion de Estados Unidos y transformo la economia de una region antes dominada por el tabaco.
Asi, Carolina del Norte combina su honda tradicion surena y agricola con una economia moderna de innovacion, banca —Charlotte es un gran centro financiero, sede del Bank of America— y servicios. Del tabaco al software y de las plantaciones a los laboratorios, el estado sintetiza la transformacion del Nuevo Sur.
Colonizada por los ingleses a partir de 1670, cuando los primeros colonos fundaron un asentamiento en la confluencia de los rios Ashley y Cooper, Carolina del Sur desarrollo una prospera economia de plantaciones en sus tierras bajas costeras. El arroz —el llamado 'oro de Carolina'— y el indigo, cultivos que exigian un conocimiento agricola que en buena parte aportaron los africanos esclavizados, hicieron de la colonia una de las mas ricas de America del Norte. Charleston, su gran puerto, se convirtio en una de las ciudades mas opulentas y refinadas de las colonias.
Aquella prosperidad se sostuvo sobre la esclavitud a gran escala: Charleston fue uno de los principales puntos de entrada del comercio transatlantico de esclavos, y en amplias zonas de la costa la poblacion negra llego a superar largamente a la blanca. Carolina del Sur fue una de las trece colonias y firmante de la Declaracion de Independencia; sus delegados Charles Pinckney y John Rutledge influyeron en la redaccion de la Constitucion, adoptada por el estado en 1788.
En las islas y la costa de Carolina del Sur (y de Georgia), el relativo aislamiento de las plantaciones y la alta concentracion de poblacion africana permitieron que floreciera una cultura afroamericana singular: la gullah-geechee. De la fusion de diversas culturas de Africa Occidental con el ingles nacio la lengua gullah, un criollo de base inglesa, junto a tradiciones propias de musica, cocina, artesania —como los celebres cestos de hierba dulce— y espiritualidad.
Aquella herencia, transmitida durante generaciones, pervive hoy en las Sea Islands y esta reconocida como corredor cultural nacional. La cultura gullah es una de las expresiones mas puras de la continuidad africana en Estados Unidos y una parte esencial de la identidad de las tierras bajas de Carolina del Sur.
Carolina del Sur fue el estado mas ardientemente esclavista de la Union y el primero en separarse de ella: su convencion voto la secesion el 20 de diciembre de 1860, apenas semanas despues de la eleccion de Abraham Lincoln, abriendo el camino a la formacion de la Confederacion. La Guerra de Secesion comenzo literalmente en su suelo: el 12 de abril de 1861, las baterias confederadas abrieron fuego contra la guarnicion federal de Fort Sumter, en el puerto de Charleston, en el disparo que inicio el conflicto mas sangriento de la historia del pais.
Cuatro anos de guerra terminaron con la derrota confederada. En 1865, las tropas del general Sherman entraron en el estado y la capital, Columbia, ardio en un incendio devastador. La abolicion de la esclavitud transformo de raiz una sociedad que la habia defendido con mas fervor que ninguna otra.
Carolina del Sur fue readmitida en la Union en 1868, y durante la Reconstruccion tuvo uno de los gobiernos con mayor participacion afroamericana del Sur, que impulso reformas sociales y educativas en medio de una fuerte convulsion politica. Pero el fin de la Reconstruccion dio paso a las leyes segregacionistas de Jim Crow, que durante casi un siglo mantuvieron la desigualdad y la exclusion racial de la mayoria negra del estado.
En el siglo XX, el estado fue escenario de importantes episodios de la lucha por los derechos civiles. La herida de aquel pasado volvio a aflorar en 2015, cuando el asesinato de nueve feligreses negros en una iglesia historica de Charleston conmociono al pais y llevo, finalmente, a retirar la bandera confederada del Capitolio estatal.
Hoy Charleston es una de las ciudades historicas mas bellas de Estados Unidos, celebre por su arquitectura colonial y de posguerra, sus casas de colores de Rainbow Row, sus iglesias, su gastronomia lowcountry y su hospitalidad surena, un iman turistico de primer orden que encabeza ano tras ano las listas de mejores destinos del pais. La costa ofrece ademas destinos de playa muy populares como Myrtle Beach, con su gran paseo maritimo, y la tranquila Hilton Head.
El estado combina esa herencia historica con una economia moderna e industrial: fabricas de BMW cerca de Spartanburg, plantas de Boeing en Charleston y un pujante puerto de contenedores. De las plantaciones de arroz a las lineas de montaje, y de los cestos gullah a las playas del Atlantico, Carolina del Sur ofrece una inmersion profunda en el corazon del Sur estadounidense.
El territorio de Colorado estuvo habitado por seres humanos durante al menos 13.500 años. Su legado más asombroso son los ancestrales pueblo, que en el suroeste construyeron las espectaculares ciudades de acantilado de Mesa Verde, habitadas entre los siglos VI y XIII y hoy protegidas como Parque Nacional y Patrimonio de la Humanidad. Aquellas comunidades agrícolas abandonaron la región hacia 1300, probablemente a causa de largas sequías.
En tiempos históricos, las montañas y valles del oeste eran territorio de los ute, mientras que las Grandes Llanuras del este pertenecían a los cheyenes, arapahoes, kiowas y comanches, cazadores de bisontes. Estos pueblos dominaron la región durante siglos, hasta que la llegada masiva de colonos angloamericanos a mediados del siglo XIX desató una era de conflictos y despojos.
La parte oriental de Colorado llegó a Estados Unidos con la Compra de Luisiana de 1803, y la occidental tras la guerra con México y el Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848. Pero fue el oro lo que cambió su destino: el descubrimiento de vetas cerca de Pikes Peak en 1858 desató una fiebre —bajo el lema 'Pikes Peak or Bust', 'o Pikes Peak o la ruina'— que llevó a decenas de miles de buscadores a la región y dio origen a la ciudad de Denver.
El Territorio de Colorado se organizó en 1861. La expansión de los colonos derivó en tragedias como la masacre de Sand Creek, en noviembre de 1864, cuando una milicia comandada por el coronel John Chivington atacó un campamento cheyene y arapaho que se había rendido, matando a más de un centenar de personas, en su mayoría mujeres, niños y ancianos: uno de los episodios más oscuros de las guerras indias.
Al oro pronto se sumó la plata. El descubrimiento de enormes yacimientos cerca de Leadville en 1878 desató el gran boom argentífero de Colorado, que convirtió pueblos de montaña en ciudades opulentas y luego, tras la crisis de la plata de 1893, en pueblos fantasma. Más tarde llegaría el oro de Cripple Creek. La minería, la ganadería y el ferrocarril, que trepaba pasos de montaña espectaculares, estructuraron la economía del joven territorio.
Colorado fue admitido como estado el 1 de agosto de 1876, justo en el centenario de la independencia de Estados Unidos, de ahí su apodo de 'Centennial State' (estado del centenario). Se convirtió así en el estado número 38 de la Unión. Denver creció como capital y centro comercial de las Montañas Rocosas, y su bonanza minera dejó una huella arquitectónica que aún se aprecia en muchas de sus viejas localidades.
Colorado es, ante todo, un estado de montaña: más de cincuenta cumbres superan los 4.000 metros de altura, los célebres 'fourteeners' (catorcemiles) que atraen a montañistas de todo el país. El Parque Nacional de las Montañas Rocosas, creado en 1915, protege un paisaje alpino de picos, lagos, tundra y una fauna abundante de alces, wapitíes y borregos cimarrones.
A partir del siglo XX, viejos pueblos mineros como Aspen, Vail, Breckenridge, Telluride y Steamboat Springs se reconvirtieron en estaciones de esquí de fama mundial, aprovechando la nieve seca y ligera de las Rocosas. El esquí, el senderismo, el ciclismo y el rafting hicieron del estado un referente de la vida al aire libre, y buena parte de su identidad contemporánea gira en torno a ese vínculo con la naturaleza.
En las últimas décadas, Colorado se ha transformado en uno de los estados de más rápido crecimiento del oeste del país. Su economía, antes dependiente de la minería y la agricultura, se ha diversificado hacia la tecnología, la industria aeroespacial, la energía, el turismo y una pujante escena de cerveza artesanal. Denver, la 'ciudad a una milla de altura' (Mile High City) por sus 1.609 metros de altitud exactos en las escalinatas del Capitolio estatal, es una metrópoli joven, dinámica y en plena expansión.
El estado combina ese vigor urbano con un patrimonio natural y cultural de primer orden: las ruinas de Mesa Verde, las dunas gigantes del Great Sand Dunes, el impresionante cañón del Black Canyon of the Gunnison, el histórico ferrocarril de vía estrecha de Durango a Silverton y ciudades con encanto como Colorado Springs, a los pies del Pikes Peak. Todo ello hace de Colorado un destino que atrae por igual al amante de la aventura y al viajero cultural.
Antes de la colonización europea, el valle del río Connecticut y las costas del estrecho de Long Island estaban habitados por pueblos de lengua algonquina, entre ellos los pequot, los mohegan, los quinnipiac y los podunk. El propio nombre del estado deriva de una palabra algonquina, quinnitukqut, que significa aproximadamente 'junto al largo río de mareas', en referencia al río Connecticut, el mayor de Nueva Inglaterra.
El primer europeo en explorar la región fue el navegante neerlandés Adriaen Block, en 1614, y comerciantes holandeses de pieles establecieron un puesto llamado 'Casa de la Esperanza' (House of Hope) en el emplazamiento de la actual Hartford. Pero fueron los ingleses quienes protagonizarían la colonización efectiva pocas décadas después.
La colonización inglesa comenzó en 1633 en Windsor, y se afianzó en 1636, cuando el pastor puritano Thomas Hooker condujo a un grupo de colonos desde la colonia de la Bahía de Massachusetts para fundar Hartford, en busca de mayor autonomía religiosa y política. De aquella empresa nació la Colonia del Río Connecticut.
En enero de 1639, los colonos adoptaron las Órdenes Fundamentales de Connecticut (Fundamental Orders), un pacto de gobierno que muchos historiadores consideran la primera constitución escrita de la historia de América, ya que establecía un gobierno basado en el consentimiento de los gobernados. De ese documento pionero deriva el apodo del estado, 'Constitution State' (el estado de la constitución). Su expansión se hizo, no obstante, a costa de los pueblos originarios: la Guerra Pequot de 1637 terminó con la casi aniquilación de esa nación.
Connecticut fue una de las trece colonias británicas originales que se rebelaron contra la corona y una activa participante en la Revolución. En la Convención Constitucional de 1787, sus delegados Roger Sherman y Oliver Ellsworth propusieron el célebre 'Compromiso de Connecticut' (o Gran Compromiso), que resolvió el conflicto entre estados grandes y pequeños creando un Congreso bicameral: una Cámara de Representantes proporcional a la población y un Senado con dos escaños por estado. Es la fórmula que rige hasta hoy.
El 9 de enero de 1788, Connecticut ratificó la Constitución de Estados Unidos, convirtiéndose en el quinto estado de la Unión. Su tradición de gobierno propio y su papel en el diseño del sistema federal le dieron una influencia muy superior a su pequeño tamaño.
A lo largo del siglo XIX, Connecticut se convirtió en uno de los grandes motores industriales del país, con una tradición de ingenio manufacturero conocida como 'Yankee ingenuity'. Fue capital de la industria de las armas de fuego —con firmas legendarias como Colt en Hartford y Winchester en New Haven—, pionera de la fabricación con piezas intercambiables, y centro de la producción de relojes, latón, herramientas y máquinas de coser.
Hartford se consolidó además como capital mundial de los seguros, sede de compañías históricas como Aetna y The Hartford, un sector que sigue siendo pilar de su economía. Durante las dos guerras mundiales, el estado fue un arsenal clave, y firmas como Pratt & Whitney (motores de aviación) y Sikorsky (helicópteros) lo convirtieron en un centro aeroespacial de primer orden.
Pese a ser uno de los estados más pequeños del país, Connecticut concentra un patrimonio cultural notable. Alberga la Universidad de Yale, fundada en 1701 en New Haven, una de las más prestigiosas del mundo, con sus célebres museos y bibliotecas. En Hartford vivieron y escribieron autores como Mark Twain —cuya casa victoriana es hoy un museo— y Harriet Beecher Stowe, autora de 'La cabaña del tío Tom'.
El estado ofrece al viajero los pueblos coloniales de Nueva Inglaterra, la costa del estrecho de Long Island con localidades marineras como Mystic y su famoso puerto histórico, los paisajes otoñales del valle del río Connecticut y una privilegiada posición entre las dos grandes metrópolis de la costa este, Nueva York y Boston. Esa combinación de historia fundacional, riqueza industrial y encanto de Nueva Inglaterra define su carácter.
Las llanuras y valles fluviales del actual Dakota del Norte fueron durante siglos hogar de pueblos indigenas de dos grandes modos de vida. A orillas del rio Misuri vivian los mandan, los hidatsa y los arikara, pueblos sedentarios y agricultores que habitaban grandes aldeas de casas de tierra (earth lodges) y cultivaban maiz, calabaza y frijol, ademas de comerciar a gran escala. En las praderas mas abiertas dominaban los lakota (sioux), los cheyene y otros pueblos nomadas cazadores de bisontes.
Las aldeas mandan e hidatsa, situadas en un cruce natural de rutas comerciales, eran centros de intercambio a los que acudian tribus de toda la region. Esa posicion estrategica las convertiria, a comienzos del siglo XIX, en un punto de encuentro decisivo entre el mundo indigena y los primeros exploradores estadounidenses.
La expedicion de Lewis y Clark, enviada por el presidente Thomas Jefferson tras la Compra de Luisiana, remonto el rio Misuri en 1804 y paso el crudo invierno de 1804-1805 junto a las aldeas mandan e hidatsa, en Fort Mandan, cerca de la actual Washburn. Alli se les unio la joven interprete shoshone Sacagawea, cuya ayuda seria fundamental para el exito de la travesia hacia el Pacifico. Aquel invierno en tierras de la futura Dakota del Norte es uno de los capitulos mas recordados de la exploracion del Oeste.
Durante decadas, el comercio de pieles domino la economia de la region, con puestos como Fort Union en la confluencia del Misuri y el Yellowstone. La llegada del ferrocarril Northern Pacific en la decada de 1870 y 1880 abrio el territorio a una colonizacion masiva conocida como el 'Dakota Boom'.
Entre los colonos atraidos por las praderas figuro un joven neoyorquino que dejaria una huella profunda: Theodore Roosevelt, futuro presidente, que en la decada de 1880 poseyo dos ranchos ganaderos cerca de Medora —el Maltese Cross y el Elkhorn— y vivio alli varios anos. Roosevelt diria despues que sin aquella experiencia en los badlands de Dakota nunca habria llegado a la Casa Blanca; su nombre honra hoy el unico parque nacional del estado.
El 'Dakota Boom' y el ferrocarril poblaron el territorio de granjeros que araron la pradera para cultivar trigo. Tras una prolongada disputa politica con Dakota del Sur por la ubicacion de la capital, ambos territorios fueron admitidos como estados separados el 2 de noviembre de 1889; Dakota del Norte se convirtio en el estado numero 39 (o 40, ya que Benjamin Harrison firmo las admisiones sin revelar el orden). El trigo, la cebada y el girasol siguen siendo pilares de su economia agricola.
A comienzos del siglo XXI, Dakota del Norte vivio una transformacion economica espectacular gracias al petroleo. El desarrollo de las tecnicas de fractura hidraulica y perforacion horizontal permitio explotar la formacion de Bakken, en el noroeste del estado, una de las mayores reservas de crudo del pais. El 'boom' de Bakken, en torno a la decada de 2010, catapulto a Dakota del Norte al segundo puesto entre los estados productores de petroleo, solo por detras de Texas.
Aquel auge trajo empleo, crecimiento acelerado y ciudades como Williston que se dispararon casi de la noche a la manana, pero tambien las tensiones tipicas de las economias de recurso: escasez de vivienda, presion sobre los servicios y debates ambientales, como el que rodeo al oleoducto Dakota Access y las protestas de la reserva de Standing Rock. El petroleo convive hoy con la agricultura como motor del estado.
El gran tesoro natural de Dakota del Norte es el Parque Nacional Theodore Roosevelt, que protege un espectacular paisaje de badlands —cerros erosionados en franjas de colores por el rio Little Missouri— y manadas libres de bisontes, caballos salvajes y perritos de las praderas. Es uno de los rincones mas salvajes y menos masificados del sistema de parques nacionales.
El estado conserva ademas una fuerte herencia escandinava y alemana-rusa, reflejada en su gastronomia y sus fiestas, y sitios historicos como Fort Union, el poblado reconstruido de Fort Mandan o el enorme Enchanted Highway de esculturas metalicas. Con una poblacion escasa y horizontes inmensos, Dakota del Norte encarna el caracter recio y tranquilo de las Grandes Llanuras del norte.
Dakota del Sur es el corazon de la nacion lakota (sioux), para quienes las Black Hills (Paha Sapa, 'las colinas negras') son tierra sagrada, centro espiritual de su mundo. Cazadores de bisontes de las Grandes Llanuras y habiles jinetes desde la llegada del caballo, los lakota, junto a los dakota y los nakota, dominaron durante generaciones un vasto territorio. Sus lideres —Toro Sentado (Sitting Bull) y Caballo Loco (Crazy Horse)— encabezaron algunas de las mayores resistencias a la expansion estadounidense.
El Tratado de Fort Laramie de 1868 reconocio a los lakota la propiedad de las Colinas Negras y de una vasta Gran Reserva Sioux. Fue una de las pocas veces en que el gobierno reconocio formalmente el territorio indigena; el acuerdo, sin embargo, no tardaria en romperse por la codicia del oro.
En 1874, una expedicion militar dirigida por el teniente coronel George Armstrong Custer confirmo la existencia de oro en las Colinas Negras. La noticia desato una avalancha de mineros que violo abiertamente el tratado de 1868 y dio origen a pueblos sin ley como Deadwood, escenario de la muerte del pistolero Wild Bill Hickok. La invasion desencadeno las Grandes Guerras Sioux: en 1876, Toro Sentado y Caballo Loco lograron su mayor victoria al aniquilar al regimiento de Custer en Little Bighorn (ya en Montana).
Pero la respuesta del ejercito fue implacable. La resistencia lakota se quebro, y la tragedia culmino el 29 de diciembre de 1890 con la Masacre de Wounded Knee, en la que las tropas federales mataron a unos 150 a 300 sioux, en su mayoria desarmados, entre ellos mujeres y ninos. Aquel episodio, dos semanas despues del asesinato de Toro Sentado, marco el final sangriento de las guerras indias.
La colonizacion por granjeros y ganaderos, impulsada por el ferrocarril y la Homestead Act, poblo las praderas del este del territorio en el llamado 'Dakota Boom', mientras el oeste seguia siendo tierra de grandes ranchos ganaderos. Tras una larga disputa politica con Dakota del Norte, ambos territorios fueron admitidos como estados separados el 2 de noviembre de 1889; el presidente Benjamin Harrison firmo las dos admisiones con los papeles tapados para no revelar cual fue primero, de modo que Dakota del Sur es, por orden alfabetico, el estado numero 40.
Su economia se basa en la agricultura —maiz, trigo, soja, girasol— y la ganaderia, junto a un turismo cada vez mas importante ligado a sus paisajes y monumentos. Las reservas indigenas, entre ellas Pine Ridge y Rosebud, ocupan aun una parte significativa del estado y concentran algunas de las comunidades mas pobres del pais.
Dakota del Sur alberga uno de los monumentos mas famosos del mundo: Mount Rushmore, donde los rostros de cuatro presidentes —Washington, Jefferson, Lincoln y Theodore Roosevelt— fueron esculpidos entre 1927 y 1941 en el granito de las Black Hills, bajo la direccion de Gutzon Borglum. El memorial fue dedicado por el presidente Calvin Coolidge y se ha convertido en un icono nacional que atrae a millones de visitantes cada ano.
Su ubicacion, sin embargo, es profundamente polemica: las Colinas Negras siguen siendo territorio en disputa entre el gobierno y la nacion sioux, a la que fueron prometidas en 1868 y arrebatadas en 1877. Como respuesta, no lejos de Rushmore se esculpe desde 1948 el colosal monumento a Caballo Loco (Crazy Horse Memorial), aun inacabado, que honra al lider lakota y sera, cuando se complete, la mayor escultura del mundo.
El estado ofrece ademas algunos de los paisajes mas sobrecogedores de las Grandes Llanuras. El Parque Nacional Badlands protege un laberinto erosionado de cerros, agujas y barrancos estriados en franjas de colores, un paisaje casi lunar rico en fosiles y en bisontes. El vecino Parque Estatal Custer, en las Black Hills, alberga una de las mayores manadas de bisontes en libertad del pais, junto a caminos escenicos como la Needles Highway.
La region combina naturaleza, historia y cultura pop: el pueblo de Wall, con su celebre 'Wall Drug', las cuevas de Wind Cave y Jewel Cave, y el circuito de motos de Sturgis, que cada verano rene a cientos de miles de motociclistas. Entre monumentos colosales, tierra sagrada lakota y horizontes infinitos, Dakota del Sur es un destino singular del corazon del Oeste.
La región de Delaware estuvo habitada por pueblos de lengua algonquina oriental, sobre todo los lenape (llamados también delaware por los europeos), que vivían a lo largo de la costa y los ríos, y los nanticoke, en el sur de la península de Delmarva. Eran comunidades de agricultores, pescadores y cazadores que darían nombre a toda una familia de pueblos indígenas del noreste.
El nombre 'Delaware' no es, sin embargo, de origen indígena: proviene de Thomas West, tercer barón De La Warr, primer gobernador de la colonia de Virginia. Su apellido se aplicó primero a la bahía y el río, y de allí a la región y al pueblo lenape, que pasó a ser conocido en inglés como los 'Delaware'.
Delaware fue una de las regiones más disputadas de la colonización europea temprana. Los neerlandeses intentaron el primer asentamiento en 1631, con la colonia de Zwaanendael, cerca de la actual Lewes, pero sus pobladores fueron aniquilados en menos de un año. En 1638, colonos suecos y finlandeses fundaron Nueva Suecia, con Fort Christina en el emplazamiento de la actual Wilmington, dirigidos por Peter Minuit: fue el primer asentamiento europeo permanente y trajo consigo la tradición de las cabañas de troncos.
La colonia sueca duró apenas diecisiete años: en 1655 fue capturada por los neerlandeses de Peter Stuyvesant, y en 1664 pasó a manos inglesas. Finalmente, en 1682, quedó bajo el control de William Penn, quien la administró como los 'Condados Inferiores' de Pensilvania, aunque conservó una asamblea propia.
Delaware, una de las trece colonias, tiene un lugar de honor en la fundación de la nación: el 7 de diciembre de 1787 fue el primer estado en ratificar la Constitución de Estados Unidos, de forma unánime y adelantándose a todos los demás. De ahí su orgulloso apodo oficial, 'The First State' (el primer estado).
Aquel gesto pionero reflejaba el interés de un estado pequeño en un sistema federal que garantizara igualdad de representación a las entidades menos pobladas —el Senado con dos escaños por estado lo protegía frente a los vecinos grandes—. Pese a su reducido tamaño, Delaware supo así asegurarse un papel destacado desde el nacimiento mismo de la república.
La historia económica moderna de Delaware está indisolublemente ligada a una empresa: DuPont. En 1802, el inmigrante francés Éleuthère Irénée du Pont fundó a orillas del arroyo Brandywine, cerca de Wilmington, una fábrica de pólvora que con el tiempo se convertiría en uno de los mayores conglomerados químicos del mundo.
DuPont diversificó su producción hacia explosivos, pinturas y, ya en el siglo XX, materiales revolucionarios como el nylon, el neopreno y, más tarde, el kevlar. La empresa moldeó por completo la economía, la sociedad y hasta la fisonomía de Wilmington y sus alrededores, y convirtió a Delaware en un centro de la industria química. La familia du Pont dejó además un rico patrimonio de mansiones, jardines y museos, como Winterthur, Hagley y Nemours, hoy grandes atractivos del estado.
Delaware es hoy célebre por un fenómeno singular: es la sede legal de una proporción enorme de las grandes empresas estadounidenses. Más de la mitad de las compañías que cotizan en la bolsa de Nueva York y una amplia mayoría de las Fortune 500 están constituidas en Delaware, atraídas por su legislación empresarial flexible y, sobre todo, por su Corte de la Cancillería (Court of Chancery), un tribunal especializado en derecho societario con siglos de jurisprudencia. Ese estatus de 'capital corporativa' es una fuente central de ingresos.
Para el viajero, Delaware ofrece mucho más que oficinas: la histórica Wilmington y sus mansiones DuPont; la capital colonial de Dover; la antigua New Castle, con su casco empedrado; y, sobre todo, las populares playas del Atlántico, como Rehoboth Beach y Lewes, refugio veraniego de la costa media atlántica. La bahía de Delaware, rica en aves y vida marina, completa el atractivo de este pequeño pero histórico estado.
Mucho antes de que existiera la capital, las tierras a orillas de los ríos Potomac y Anacostia estaban habitadas por pueblos de lengua algonquina. El más importante en el emplazamiento exacto de la actual Washington era el de los nacotchtank (también llamados anacostanos, de donde deriva el nombre del río Anacostia), vinculados a la confederación piscataway.
Estos pueblos vivían de la pesca, la caza y el cultivo del maíz en aldeas ribereñas. El contacto con los colonos europeos que se asentaron en Maryland y Virginia a lo largo del siglo XVII trajo enfermedades y desplazamientos que, en pocas décadas, hicieron desaparecer casi por completo su presencia de la zona.
El nacimiento de Washington fue fruto de un acuerdo político. La Ley de Residencia (Residence Act), firmada el 16 de julio de 1790, estableció que la nueva capital permanente se construiría en un distrito federal a orillas del río Potomac, en un terreno cedido por los estados de Maryland y Virginia. Se eligió un cuadrado de unos 260 kilómetros cuadrados, ubicado personalmente por el presidente George Washington.
El trazado de la ciudad se encargó al ingeniero francés Pierre Charles L'Enfant, que en 1791 diseñó un plan monumental de amplias avenidas diagonales, plazas y perspectivas inspirado en las capitales europeas. En el equipo de topógrafos que fijaron los límites del distrito participó Benjamin Banneker, astrónomo afroamericano. En 1800, el gobierno federal se trasladó desde Filadelfia y el Congreso celebró su primera sesión en la nueva sede.
La joven capital sufrió pronto un golpe devastador. Durante la Guerra de 1812 contra Gran Bretaña, el 24 de agosto de 1814, tras vencer en la batalla de Bladensburg, las tropas británicas entraron en Washington e incendiaron los principales edificios públicos, incluidos el Capitolio, la Biblioteca del Congreso y la Casa Blanca. La reconstrucción posterior consolidó el simbolismo de esos edificios.
En 1846, la porción del distrito cedida originalmente por Virginia, al otro lado del Potomac, le fue devuelta a ese estado (la llamada 'retrocesión'), lo que redujo Washington a las tierras aportadas por Maryland. Durante la Guerra Civil, la ciudad fue el bastión de la Unión, y en 1862 Abraham Lincoln firmó la emancipación de los esclavos del distrito, nueve meses antes de la Proclamación general.
Washington fue concebida como un escaparate del poder y los ideales de la república, y su National Mall es hoy el gran eje ceremonial del país. En torno a esa gran explanada se alzan el Capitolio, sede del Congreso; la Casa Blanca, residencia presidencial; el obelisco del Monumento a Washington; y los memoriales dedicados a Lincoln, Jefferson, Roosevelt, Martin Luther King y los veteranos de las guerras del país.
La capital es además el mayor complejo museístico de Estados Unidos: la Institución Smithsonian reúne más de una decena de museos de acceso gratuito —el de Aire y Espacio, el de Historia Natural, el de Historia Americana, el de Historia y Cultura Afroamericana—, junto a la Galería Nacional de Arte. Fue también escenario de la histórica Marcha sobre Washington del 28 de agosto de 1963, cuando Martin Luther King pronunció, ante el Monumento a Lincoln, su discurso 'Tengo un sueño'.
El Distrito de Columbia tiene un estatus único y paradójico: es la capital de la mayor democracia del mundo, pero durante buena parte de su historia sus habitantes carecieron de autogobierno y de representación con voto en el Congreso. En 1973, la Ley de Autonomía (Home Rule Act) devolvió a la ciudad la elección de su alcalde y un consejo municipal; en 1975 asumió Walter Washington, primer alcalde electo y primer alcalde negro. Aun así, los residentes solo tienen en el Congreso un delegado sin voto, lo que alimenta el debate sobre la conversión del distrito en estado.
Más allá de su función institucional, Washington es una ciudad viva y diversa, con barrios históricos como Georgetown, una vibrante escena cultural y gastronómica, y una población cosmopolita. Sus avenidas arboladas, sus cerezos en flor a orillas del Tidal Basin —regalo de Japón en 1912— y su concentración incomparable de historia y símbolos la convierten en uno de los grandes destinos del país.
Florida estuvo habitada durante al menos 14.000 años. Al llegar los primeros europeos, la habitaban varios pueblos indígenas diferenciados: los timucua en el norte y el centro; los apalaches en el noroeste (el Panhandle); los calusa, hábiles navegantes y pescadores, en el suroeste; los tequesta en el sureste, donde hoy se levanta Miami; y los ais en la costa atlántica central.
Eran sociedades adaptadas a un entorno de humedales, costas y bosques subtropicales. Los calusa, en particular, construyeron una compleja sociedad sin agricultura, basada en la extraordinaria riqueza de los recursos marinos. Como en el resto del continente, las enfermedades traídas por los europeos y las guerras diezmaron a estas naciones, que hacia el siglo XVIII habían prácticamente desaparecido.
Florida ocupa un lugar único en la historia de Estados Unidos por ser la región de presencia europea más antigua. El español Juan Ponce de León avistó la península en la Pascua Florida de 1513 —de ahí su nombre— y la reclamó para la corona. En 1565, Pedro Menéndez de Avilés fundó San Agustín, el asentamiento de origen europeo continuamente habitado más antiguo de todo el territorio actual de Estados Unidos.
Durante más de dos siglos, Florida fue una posesión española, disputada con franceses e ingleses. Pasó brevemente a manos británicas entre 1763 y 1783, para volver luego a España. Fue tierra de misiones, fuertes y refugio para esclavos fugados del sur angloamericano. San Agustín conserva de aquella época joyas como el Castillo de San Marcos, imponente fortaleza de piedra coquina.
En el siglo XIX, la presión estadounidense por el control de Florida derivó en las tres Guerras Seminolas (1816-1858), entre las más largas y costosas de las guerras indias. Los seminolas eran un pueblo formado a partir de creek y otros grupos, junto a esclavos fugados que hallaron refugio en la península. La Segunda Guerra Seminola (1835-1842), liderada del lado indígena por Osceola, fue especialmente devastadora, y terminó con la deportación de la mayoría de los seminolas al Territorio Indio, aunque un núcleo resistió en los Everglades.
España cedió Florida a Estados Unidos por el Tratado de Adams-Onís de 1819, que se hizo efectivo en 1821. El territorio creció y, el 3 de marzo de 1845, fue admitido como el estado número 27 de la Unión. Poco después, en 1861, Florida se sumó a la Confederación durante la Guerra Civil, aportando sal y ganado a las tropas sureñas.
La transformación de Florida en el gran destino turístico que es hoy comenzó a fines del siglo XIX, gracias a magnates del ferrocarril como Henry Flagler, que tendió vías por la costa atlántica hasta llegar, en una hazaña de ingeniería, a Cayo Hueso (Key West). El tren abrió la península al turismo y a los cítricos, que convirtieron a Florida en el gran productor de naranjas del país.
El siglo XX trajo un crecimiento explosivo: el boom inmobiliario de los años veinte, la llegada masiva de jubilados atraídos por el clima, y sobre todo la revolución del ocio. En 1971 abrió Walt Disney World cerca de Orlando, que se convirtió en la capital mundial de los parques temáticos. El estado pasó de menos de un millón de habitantes en 1920 a ser hoy el tercero más poblado del país.
Florida es también protagonista de la era espacial: desde Cabo Cañaveral y el Centro Espacial Kennedy despegan, desde los años sesenta, las misiones de la NASA, incluidas las del programa Apolo que llevaron al hombre a la Luna, y hoy los cohetes de la nueva industria espacial privada. La 'Costa Espacial' es un imán para viajeros de todo el mundo.
En su extremo sur se extiende el Parque Nacional de los Everglades, un vasto humedal subtropical único en el planeta, hogar de caimanes, manatíes y aves acuáticas. Y en lo humano, Florida se ha convertido en un vibrante crisol latino: la llegada masiva de cubanos tras la revolución de 1959, y más tarde de haitianos, colombianos, venezolanos y otros latinoamericanos, hizo de Miami una capital hispanohablante y un puente cultural entre Estados Unidos y América Latina. Sus playas, sus cayos y su energía multicultural completan el perfil del 'Sunshine State'.
El territorio de Georgia estuvo habitado por sociedades indígenas de larga tradición. Durante la era del Misisipi, prosperaron cacicazgos constructores de montículos como los de Etowah y Ocmulgee, con grandes plataformas de tierra para templos y viviendas de los jefes. Cuando llegaron los europeos, dominaban la región dos grandes naciones: los cherokee, en las montañas del norte, y los muscogee o creek, en el centro y el sur.
Estos pueblos mantenían economías agrícolas basadas en el maíz, redes de comercio y sistemas políticos complejos. Los cherokee, en particular, adoptaron muchos elementos de la cultura europea, desarrollaron un alfabeto propio gracias a Sequoyah y fundaron una nación con constitución escrita, en un intento de preservar su tierra que, sin embargo, no evitaría su expulsión.
Georgia fue la última de las trece colonias originales en fundarse. En 1732, el general y filántropo James Oglethorpe obtuvo una carta real para crear una colonia concebida como refugio para deudores y pobres de Inglaterra, y en febrero de 1733 estableció el primer asentamiento en Savannah, con un trazado urbano de plazas ajardinadas que aún hoy la distingue.
El plan original de Oglethorpe era el de una sociedad de pequeños agricultores, e incluso prohibió inicialmente la esclavitud y el ron. Pero la presión económica terminó por imponer el modelo de plantación del resto del sur: en 1752 la colonia pasó a la corona y la esclavitud se legalizó. Georgia participó en la Revolución y, el 2 de enero de 1788, ratificó la Constitución como el cuarto estado de la Unión.
La economía de Georgia se volcó al algodón, sobre todo tras la invención de la desmotadora por Eli Whitney en la propia Georgia en 1793, que hizo enormemente rentable el cultivo y ató el destino del estado a la esclavitud. Las plantaciones se multiplicaron y con ellas la población esclavizada.
El descubrimiento de oro en el norte de Georgia en 1829 aceleró la codicia por las tierras cherokee. Pese a que la Corte Suprema, en el caso Worcester contra Georgia (1832), amparó la soberanía de la nación cherokee, el estado y el gobierno federal la ignoraron. El resultado fue el Sendero de las Lágrimas de 1838: la expulsión forzada de los cherokee hacia el Territorio Indio, en una marcha en la que murieron más de cuatro mil personas. Fue uno de los episodios más trágicos de la historia del país.
Georgia se separó de la Unión el 19 de enero de 1861 y fue un pilar de la Confederación. En su suelo se libraron batallas decisivas como la de Chickamauga y la campaña de Atlanta. Pero el hecho más recordado fue la 'Marcha hacia el Mar' del general de la Unión William Tecumseh Sherman: tras tomar y arrasar Atlanta en 1864, sus tropas avanzaron hasta Savannah destruyendo a su paso una amplia franja del estado, con una política de tierra quemada destinada a quebrar la voluntad de guerra del Sur.
Georgia fue el último de los estados confederados en ser readmitido en la Unión, en 1870. La posguerra trajo la Reconstrucción y luego un duro régimen de segregación: impuestos electorales, primarias 'solo para blancos' y una violencia racial que hizo del estado uno de los de mayor número de linchamientos del país. En 1915, en la Stone Mountain, se refundó el Ku Klux Klan.
Georgia dio a la lucha por los derechos civiles su figura más universal: Martin Luther King Jr., nacido en Atlanta en 1929, pastor baptista que se convirtió en el líder moral del movimiento y ganó el Premio Nobel de la Paz. En Atlanta fundó, en 1957, la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano (SCLC), motor de las grandes campañas de la década de 1960. Su casa natal y su tumba son hoy un sitio histórico nacional.
En paralelo, Atlanta se erigió en capital del 'Nuevo Sur': elegida capital estatal en 1868, se transformó en una pujante metrópoli de servicios, sede de gigantes como Coca-Cola —nacida allí en 1886— y la cadena de noticias CNN, y hogar del aeropuerto más transitado del mundo. La ciudad organizó los Juegos Olímpicos de 1996. Para el viajero, Georgia combina hoy la elegancia histórica de Savannah, los sitios de los derechos civiles de Atlanta, las montañas Apalaches del norte y las plantaciones e islas de la costa. Todo ello, con el melocotón como símbolo, define al 'Peach State'.
Las islas Hawái fueron uno de los últimos grandes territorios habitables de la Tierra en ser poblados por el ser humano. Entre los años 1000 y 1200, aproximadamente, navegantes polinesios procedentes de las islas Marquesas y, más tarde, de Tahití cruzaron miles de kilómetros de océano abierto en grandes canoas de doble casco, guiándose por las estrellas, las corrientes y el vuelo de las aves, en una de las mayores hazañas náuticas de la humanidad.
Estos colonos desarrollaron en el aislamiento una sociedad compleja y jerárquica, gobernada por jefes (ali'i) y sacerdotes, regida por un sistema de leyes y tabúes sagrados llamado kapu. Cultivaban el taro, criaban cerdos y peces en estanques, y crearon una rica cultura de danza (el hula), canto, navegación y mitología, profundamente ligada a la tierra y al mar.
El primer contacto documentado con Europa llegó en enero de 1778, cuando el explorador británico James Cook arribó a las islas, que bautizó como 'islas Sandwich'. Cook moriría allí al año siguiente en un enfrentamiento con los nativos. El contacto abrió las islas al comercio y a las enfermedades, que causarían un catastrófico descenso de la población autóctona.
En las décadas siguientes, un jefe guerrero llamado Kamehameha I logró, con ayuda de armas europeas, unificar por primera vez todo el archipiélago bajo un solo cetro, culminando el proceso hacia 1810 con la incorporación pacífica de Kauai. Nació así el Reino de Hawái, una monarquía que sería reconocida por las potencias mundiales. A partir de 1820 llegaron misioneros protestantes estadounidenses, que convirtieron a gran parte de la población y transformaron profundamente la cultura, las leyes y la lengua escrita del reino.
El siglo XIX transformó la economía de las islas con el auge de las plantaciones de caña de azúcar y, más tarde, de piña, controladas en buena medida por empresarios de origen estadounidense y europeo. La demanda de mano de obra atrajo a decenas de miles de trabajadores de Japón, China, Filipinas, Portugal y otros lugares, dando origen a la extraordinaria mezcla étnica que caracteriza a Hawái hasta hoy.
El creciente poder económico de aquellos empresarios chocó con la monarquía. En 1893, un grupo de hombres de negocios estadounidenses y europeos, con el apoyo de infantes de marina de Estados Unidos, derrocó a la reina Liliuokalani y puso fin al reino. En 1898, en plena expansión estadounidense por el Pacífico, Estados Unidos se anexó formalmente Hawái, que pasó a ser territorio de la Unión.
El emplazamiento estratégico de Hawái en mitad del Pacífico marcó su destino en el siglo XX. La base naval de Pearl Harbor, en la isla de Oahu, se convirtió en la principal fortaleza estadounidense del océano. El 7 de diciembre de 1941, la aviación japonesa lanzó un ataque sorpresa contra la base que hundió buques de guerra, causó más de 2.400 muertos y precipitó la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. El memorial del acorazado USS Arizona recuerda hoy aquella tragedia.
Tras décadas como territorio, Hawái se convirtió en el estado número 50 de la Unión el 21 de agosto de 1959, el más reciente y el único formado íntegramente por islas, además del único situado en el trópico. Su incorporación completó el mapa de los actuales cincuenta estados.
Hawái es un archipiélago de origen volcánico, formado por el ascenso de magma desde un 'punto caliente' del fondo oceánico. En la Isla Grande, el Parque Nacional de los Volcanes protege dos de los más activos del mundo, el Kilauea y el Mauna Loa, cuyas erupciones siguen agrandando la isla. Playas de arena negra, verde y dorada, cascadas, selvas tropicales y valles como el de Waipio completan una geografía espectacular.
La cultura hawaiana, con su música, su hula y su filosofía del 'aloha' —un concepto de amor, hospitalidad y armonía—, impregna la vida de las islas. Hawái es además la cuna del surf moderno, deporte de raíz ancestral que se practicaba ya en tiempos de los reyes. Hoy el turismo es el pilar de su economía, atraído por las playas de Waikiki en Honolulu, los paisajes de Maui y Kauai y una identidad multicultural única en Estados Unidos.
Idaho fue hogar de varios pueblos originarios adaptados a un territorio de montañas, ríos y mesetas áridas. En el norte y el oeste vivían los nez percé (nimíipuu) y los coeur d'alene; en el sur y el este, los shoshone y los bannock. Estos pueblos vivían de la pesca del salmón, que remontaba los ríos en enormes cardúmenes, de la caza y de la recolección, y tras la llegada del caballo se convirtieron en hábiles jinetes y comerciantes.
La expedición de Lewis y Clark cruzó la región en 1805, en el tramo más duro de su viaje al Pacífico, y sobrevivió gracias a la ayuda de los nez percé, que los alimentaron y guiaron. Aquel primer contacto fue amistoso, pero anunciaba el fin de un mundo: décadas después, la llegada de colonos y mineros desataría el conflicto.
Por el sur de Idaho, siguiendo el curso del río Snake, discurría el Camino de Oregón, la gran ruta de decenas de miles de pioneros que a mediados del siglo XIX marchaban hacia las fértiles tierras del noroeste. Durante años, Idaho fue sobre todo un territorio de paso, cruzado por caravanas que dejaban a su paso rodadas aún visibles.
La presión de los colonos terminó por chocar con los pueblos nativos. El episodio más recordado es la resistencia de los nez percé: en 1877, ante la orden de trasladarse a una reserva, una parte de la nación, liderada por el jefe Joseph, emprendió una extraordinaria retirada de más de 1.700 kilómetros hacia Canadá, perseguida por el ejército. Capturado a pocos kilómetros de la frontera, el jefe Joseph pronunció su célebre rendición: 'Desde donde el sol se encuentra ahora, no lucharé más para siempre'.
El destino de Idaho cambió con la minería. La fiebre del oro y, sobre todo, de la plata, a partir de la década de 1860, atrajo a los primeros colonos en masa y dio origen a pueblos mineros. El norte del estado alberga el Silver Valley, en torno a Coeur d'Alene, una de las regiones argentíferas más ricas de la historia de Estados Unidos. La minería trajo también conflictos laborales muy violentos a comienzos del siglo XX.
Idaho fue admitido como estado el 3 de julio de 1890, el número 43 de la Unión. Mientras tanto, la irrigación del árido sur, alimentada por el río Snake, transformó extensas llanuras en tierras de cultivo. El producto que dio fama mundial al estado fue la papa: Idaho es el mayor productor del país, hasta el punto de que la papa figura en sus matrículas. Hoy su economía moderna incluye también la tecnología, con Boise como polo, la madera y la agroindustria.
Idaho es uno de los estados más montañosos y agrestes del país, con enormes áreas silvestres protegidas, cadenas de las Montañas Rocosas y una de las mayores extensiones de naturaleza sin caminos de los Estados Unidos contiguos. Por su interior corren ríos de aguas bravas legendarios, como el Salmon, apodado el 'río sin retorno', destino de rafting y descenso de aguas blancas.
Entre sus maravillas geográficas destaca Hells Canyon, la garganta más profunda de Norteamérica —más aún que el Gran Cañón—, excavada por el río Snake en la frontera con Oregón. El paisaje volcánico de los Craters of the Moon, con sus campos de lava negra, ofrece un panorama casi lunar. Toda esta naturaleza, poco masificada, convierte a Idaho en un paraíso para los amantes de la aventura y la vida al aire libre.
Idaho tiene un lugar en la historia del turismo estadounidense: en 1936 abrió sus puertas Sun Valley, la primera gran estación de esquí concebida como destino en Estados Unidos, creada por el magnate ferroviario Averell Harriman. Allí se inventó el primer telesilla del mundo, y el glamour del lugar atrajo a estrellas de Hollywood y a escritores como Ernest Hemingway, que pasó allí sus últimos años y está enterrado en la cercana Ketchum.
Más allá del esquí, el estado conserva una fuerte identidad rural del oeste americano, ligada a los ranchos, la caza, la pesca y los grandes espacios abiertos. Su capital, Boise, se ha convertido en una de las ciudades de más rápido crecimiento del país, con una vibrante escena cultural y una notable comunidad de origen vasco, herencia de los pastores de ovejas que emigraron desde el País Vasco. Naturaleza, historia pionera y calidad de vida definen el atractivo de Idaho.
Illinois alberga uno de los yacimientos arqueológicos más impresionantes de Norteamérica: Cahokia, cerca de la actual Collinsville. Entre los años 1050 y 1350, esta ciudad de la cultura del Misisipi fue el mayor centro urbano al norte de México, con una población que pudo superar los 15.000 habitantes y más de un centenar de montículos de tierra. El mayor de ellos, Monks Mound, se eleva unos 30 metros y cubre una base más extensa que la de la Gran Pirámide de Guiza.
Cuando llegaron los europeos, aquella gran civilización ya había desaparecido, y la región estaba habitada por la Confederación Illinois (o illiniwek), de la que deriva el nombre del estado, y más tarde por pueblos como los potawatomi, miami, sauk y kickapoo, de lengua algonquina, que dominaban las vastas praderas y los bosques ribereños.
Los primeros europeos en recorrer la región fueron los exploradores franceses Jacques Marquette y Louis Jolliet, que en 1673 navegaron el río Illinois. Marquette fundó luego una misión en la Gran Aldea de los Illinois. Francia estableció una serie de asentamientos —Kaskaskia, Cahokia— en el llamado 'País de los Illinois', que formaba parte de la Luisiana francesa y abastecía de trigo a Nueva Orleans.
Tras la derrota francesa en la Guerra de los Siete Años, en 1763 la región pasó a Gran Bretaña y, tras la independencia estadounidense, se integró en el Territorio del Noroeste. Illinois fue admitido como el estado número 21 de la Unión el 3 de diciembre de 1818. En 1837, la capital se trasladó a Springfield, gracias en parte a las gestiones de un joven legislador y abogado llamado Abraham Lincoln.
Illinois se enorgullece de su vínculo con Abraham Lincoln, hasta el punto de que sus matrículas rezan 'Land of Lincoln'. Aunque nació en Kentucky, Lincoln forjó su carrera política y jurídica en Springfield, donde vivió durante décadas antes de llegar a la presidencia. En Illinois se desarrollaron los célebres debates Lincoln-Douglas de 1858, centrados en la cuestión de la esclavitud.
Como presidente, Lincoln condujo a la Unión durante la Guerra Civil (1861-1865) y firmó la Proclamación de Emancipación. Tras su asesinato en 1865, fue sepultado en Springfield, donde su tumba y su antigua casa son hoy sitios de peregrinación histórica. El legado de Lincoln convirtió a Illinois en un lugar central de la memoria nacional estadounidense.
El acontecimiento que transformó a Illinois fue el ascenso vertiginoso de Chicago. Fundada como un modesto asentamiento junto al lago Michigan e incorporada como ciudad en 1837, su posición estratégica la convirtió en el gran nudo del comercio y los ferrocarriles del país: por allí pasaban el ganado, el grano y la madera del Medio Oeste. El Gran Incendio de Chicago, entre el 8 y el 10 de octubre de 1871, arrasó buena parte de la ciudad y causó unos 300 muertos.
La reconstrucción posterior fue, paradójicamente, la ocasión para una revolución arquitectónica: en Chicago nació el rascacielos moderno, con las primeras estructuras de acero de la Escuela de Chicago. La ciudad se consolidó como capital económica del interior, sede de la Bolsa de futuros agrícolas y escenario, en 1893, de una célebre Exposición Universal. Su horizonte junto al lago sigue siendo uno de los más admirados del mundo.
El crecimiento industrial de Illinois atrajo oleadas de inmigrantes europeos —alemanes, irlandeses, polacos, italianos— y, durante la Gran Migración del siglo XX, a cientos de miles de afroamericanos que dejaron el sur rural en busca de trabajo y libertad. Chicago se convirtió así en un crisol cultural y en cuna del blues eléctrico, del jazz y del gospel. La ciudad fue también escenario de hitos del movimiento obrero, como la revuelta de Haymarket de 1886, en el origen del Día del Trabajador.
Más allá de la gran metrópoli, Illinois es un estado profundamente agrícola: sus praderas de suelo negro y fértil lo convierten en uno de los mayores productores de maíz y soja del país. Para el viajero, el estado ofrece la riqueza urbana de Chicago —su arquitectura, sus museos, su gastronomía—, los sitios de Lincoln en Springfield, los montículos de Cahokia y la histórica Ruta 66, que arranca precisamente en Chicago rumbo al oeste.
El territorio de Indiana estuvo habitado por pueblos de lengua algonquina, entre ellos los miami, los potawatomi, los delaware (lenape) y los shawnee, además de sociedades anteriores constructoras de montículos, como las de la cultura del Misisipi visibles en Angel Mounds, cerca de Evansville. El propio nombre 'Indiana' significa 'tierra de los indios', en referencia a esa densa presencia nativa.
A comienzos del siglo XIX, la región fue escenario de la última gran resistencia indígena al este del Misisipi. El líder shawnee Tecumseh y su hermano, el profeta Tenskwatawa, intentaron unir a las naciones en una gran confederación para frenar el avance de los colonos. En la batalla de Tippecanoe, el 7 de noviembre de 1811, las tropas del gobernador William Henry Harrison —futuro presidente— derrotaron a los indígenas, y la muerte de Tecumseh en 1813 puso fin a la resistencia organizada.
Los primeros europeos en la región fueron comerciantes de pieles franceses, que a comienzos del siglo XVIII establecieron puestos como Vincennes, sobre el río Wabash, y fuertes como el de Kekionga (la actual Fort Wayne). Tras la derrota de Francia y la independencia estadounidense, el territorio pasó a formar parte del Territorio del Noroeste.
El Territorio de Indiana se creó en 1800, con Vincennes como capital. La región se pobló rápidamente de colonos que llegaban desde los estados del sur y del este, y el 11 de diciembre de 1816 Indiana fue admitida como el estado número 19 de la Unión. En 1825, la capital se trasladó a un nuevo emplazamiento central creado para tal fin: Indianápolis. Entre los primeros pobladores estuvo la familia de Abraham Lincoln, que pasó su infancia y juventud en el sur de Indiana.
Indiana es, ante todo, un estado agrícola del cinturón del maíz (Corn Belt): sus llanuras fértiles lo sitúan entre los grandes productores de maíz y soja del país. Pero a fines del siglo XIX, el descubrimiento de gas natural atrajo la industria pesada hacia el norte del estado.
El caso más notable fue la fundación de Gary en 1906 por la United States Steel Corporation, que la levantó desde cero como una ciudad industrial en la orilla del lago Michigan, en la región del Calumet, para albergar una de las mayores acerías del mundo. Junto con las fábricas de vehículos y componentes, la industria convirtió al norte de Indiana en un poderoso polo manufacturero y atrajo a inmigrantes europeos y a afroamericanos del sur, forjando ciudades industriales de gran diversidad.
Indiana tiene un vínculo temprano y profundo con el automóvil: la ciudad de Kokomo reivindica uno de los primeros autos de gasolina de fabricación comercial del país, obra de Elwood Haynes en la década de 1890, y decenas de marcas pioneras nacieron en el estado. Ese pasado culminó en un ícono mundial: en 1909 se construyó el óvalo del Indianapolis Motor Speedway, y en 1911 se corrió por primera vez la mítica carrera de las 500 Millas de Indianápolis (Indy 500).
Cada mes de mayo, la Indy 500 convierte a Indianápolis en la capital mundial del automovilismo, congregando a cientos de miles de espectadores en la que se considera la mayor carrera de un solo día del planeta. La velocidad y el motor son parte esencial de la identidad del estado, junto a una arraigada cultura industrial y deportiva.
A los habitantes de Indiana se los conoce como 'Hoosiers', un apodo de origen incierto que se ha convertido en seña de identidad estatal. Pocos lugares del país viven el deporte como Indiana vive el básquet: la 'Hoosier Hysteria' es una auténtica pasión que llena gimnasios escolares y universitarios, inmortalizada en el cine y arraigada en la cultura de sus pequeñas ciudades.
Para el viajero, Indiana combina esa identidad deportiva y automovilística con atractivos diversos: las dunas del Parque Nacional Indiana Dunes, a orillas del lago Michigan; la cultura amish y menonita del norte, en torno a Shipshewana; los pueblos históricos y las universidades como Notre Dame; y la propia Indianápolis, con sus monumentos y museos. Encrucijada del Medio Oeste —se autoproclama 'la encrucijada de América' por su red de carreteras—, Indiana ofrece un retrato genuino del corazón agrícola e industrial de Estados Unidos.
El territorio de Iowa estuvo habitado durante miles de años por pueblos indígenas, testimonio de lo cual son los túmulos con forma de animales del Effigy Mounds, a orillas del Misisipi, obra de antiguas culturas de los bosques. Cuando llegaron los europeos, la región era hogar de varias naciones: los ioway (baxoje), de lengua siouan, que dieron nombre al estado; los meskwaki (fox) y los sauk; los dakota (sioux); y los otoe y ho-chunk, entre otros.
Estos pueblos vivían de la caza del bisonte en las praderas, de la agricultura del maíz en los valles fluviales y del comercio. El nombre 'Iowa' deriva del río homónimo, y este a su vez del etnónimo del pueblo ioway. La rica tierra negra de las praderas, que sería la clave de la futura riqueza agrícola del estado, sostenía entonces uno de los ecosistemas de pastizales más extensos de Norteamérica.
Iowa pasó a Estados Unidos en 1803, como parte de la Compra de Luisiana. Durante décadas fue territorio de paso y comercio de pieles, con escasa presencia colona. El punto de inflexión llegó con la Guerra de Black Hawk de 1832, un conflicto en el vecino Illinois liderado por el jefe sauk Halcón Negro (Black Hawk).
Tras la derrota indígena, el tratado conocido como la Compra de Black Hawk obligó a los sauk y meskwaki a ceder una amplia franja de tierra a lo largo del Misisipi, que se abrió a la colonización y desató la llegada masiva de colonos a Iowa. Curiosamente, parte de los meskwaki logró regresar años después y, mediante una compra de tierras autorizada por la legislatura estatal en 1856, estableció un asentamiento permanente que perdura hasta hoy.
El Territorio de Iowa se estableció en 1838, y el 28 de diciembre de 1846 Iowa fue admitida como el estado número 29 de la Unión, con Des Moines como capital. La colonización fue rápida y masiva: atraídos por la extraordinaria fertilidad de la pradera, llegaron colonos del este de Estados Unidos y, sobre todo, oleadas de inmigrantes europeos, en especial alemanes y escandinavos, cuya herencia sigue marcando la cultura, la gastronomía y los apellidos del estado.
Comunidades singulares como las Amana Colonies —fundadas por una comunidad religiosa alemana de vida comunal— o los asentamientos de origen neerlandés, checo y noruego dan fe de esa diversidad. Durante la Guerra Civil, Iowa aportó proporcionalmente más soldados que casi cualquier otro estado a la causa de la Unión, con más de 75.000 voluntarios.
Iowa es, por excelencia, el corazón agrícola de Estados Unidos. Su suelo, formado por la acumulación de materia orgánica de la pradera durante milenios, es uno de los más fértiles del planeta. El estado es el mayor productor de maíz del país y también líder en la cría de cerdos, además de un gran productor de soja, huevos y etanol. La agricultura y la agroindustria son el eje de su economía e identidad.
Este dominio agrícola ha dado forma al paisaje y a la vida de Iowa: interminables campos ondulados de maíz y soja, silos, graneros y pequeñas ciudades rurales. La feria estatal de Iowa, una de las más grandes y famosas del país, celebra cada verano esa cultura del campo. La imagen del granero y los campos infinitos, inmortalizada en obras como el cuadro 'American Gothic' —pintado por el iowano Grant Wood—, es inseparable del estado.
Pese a su tamaño modesto, Iowa ejerce una influencia política desproporcionada en Estados Unidos gracias a sus caucus, las asambleas partidarias que durante décadas fueron las primeras del calendario en el proceso de selección de los candidatos presidenciales. Por su condición de 'primeros en la nación', los caucus de Iowa convirtieron al estado, cada cuatro años, en el centro de la atención política del país, con aspirantes recorriendo pueblo por pueblo sus 99 condados.
Más allá de la política, Iowa ofrece al viajero un retrato auténtico del Medio Oeste rural: los pueblos pintorescos, los puentes cubiertos del condado de Madison —famosos por la novela y la película—, la herencia europea de las Amana Colonies, la casa natal del presidente Herbert Hoover en West Branch y las orillas de los dos grandes ríos que enmarcan el estado, el Misisipi y el Misuri. Es la esencia tranquila y fértil del corazón de América.
El estado toma su nombre del pueblo kansa (o kaw), de lengua siouan, cuyo etnónimo suele traducirse como 'pueblo del viento del sur'. Junto a ellos habitaban las Grandes Llanuras otras naciones: los osage, los pawnee, los wichita —de tradición más agrícola y sedentaria—, y, en el oeste, pueblos nómadas cazadores de bisontes como los cheyenes, los arapahoes, los kiowas y los comanches.
Estos pueblos vivían de la caza del bisonte, que recorría las praderas en manadas de millones de cabezas, y del cultivo del maíz en los valles fluviales. La región fue una de las últimas grandes zonas de resistencia indígena de las llanuras, antes de que la expansión ferroviaria y la matanza masiva de bisontes destruyeran su modo de vida en la segunda mitad del siglo XIX.
El primer europeo en pisar Kansas fue el conquistador español Francisco Vázquez de Coronado, que en 1541 se internó en las llanuras buscando el legendario reino dorado de Quivira, que resultó ser una aldea de los wichita. Durante siglos, la región quedó al margen de la colonización efectiva, como territorio de comercio de pieles bajo dominio francés y luego español.
Kansas pasó a Estados Unidos en 1803 con la Compra de Luisiana. Durante décadas fue considerada parte del 'Gran Desierto Americano' y territorio indio, cruzado por rutas legendarias como el Camino de Santa Fe y el Camino de Oregón, cuyos carromatos dejaban rodadas en la pradera camino del suroeste y del Pacífico.
Kansas ocupa un lugar central en la crisis que condujo a la Guerra Civil. La Ley de Kansas-Nebraska de 1854 estableció que serían los propios colonos quienes decidirían, mediante el voto ('soberanía popular'), si el nuevo territorio sería esclavista o libre. La medida convirtió a Kansas en un campo de batalla: llegaron en tromba colonos antiesclavistas del norte, que fundaron ciudades como Lawrence, y proesclavistas del vecino Misuri.
El enfrentamiento derivó en una guerra de guerrillas conocida como 'Bleeding Kansas' (el Kansas sangriento), con episodios como la matanza de Pottawatomie perpetrada por el abolicionista John Brown en 1856. Aquella violencia fue el ensayo general de la Guerra de Secesión. Finalmente, Kansas fue admitida el 29 de enero de 1861 como el estado número 34 y como estado libre, apenas semanas antes del estallido de la guerra, durante la cual sufriría todavía la sangrienta incursión confederada de Quantrill contra Lawrence en 1863.
Tras la Guerra Civil, Kansas se convirtió en el escenario por excelencia del Viejo Oeste ganadero. La llegada del ferrocarril y los grandes arreos de ganado desde Texas por el Camino Chisholm hicieron florecer las legendarias 'cowtowns' —Abilene, Wichita y, sobre todo, Dodge City—, donde los vaqueros terminaban el arreo. Dodge City llegó a despachar hasta medio millón de reses al año.
Aquellas ciudades, bulliciosas y sin ley, se poblaron de salones, tahúres y pistoleros, y dieron fama a alguaciles legendarios como Wyatt Earp y Wild Bill Hickok, que intentaban imponer el orden. La Ley de Asentamientos Rurales (Homestead Act) de 1862 atrajo, además, a miles de colonos —entre ellos comunidades de inmigrantes alemanes del Volga que trajeron el trigo de invierno— que roturaron la pradera y transformaron para siempre el paisaje.
Aquel trigo traído por los colonos convirtió a Kansas en el gran granero de Estados Unidos: es, año tras año, el mayor productor de trigo del país, con vastas llanuras onduladas cubiertas de espigas doradas. Junto al trigo, el girasol —su flor emblemática, que le da el apodo de 'Sunflower State'— y la ganadería completan una economía profundamente agrícola. La región de Flint Hills conserva, además, una de las últimas grandes praderas de hierba alta del continente.
Situado en pleno 'Callejón de los Tornados', Kansas es también sinónimo de esos violentos torbellinos, hasta el punto de que fue un tornado kansiano el que llevó a Dorothy a la tierra de Oz en el clásico de L. Frank Baum. El estado es la cuna del presidente Dwight Eisenhower, criado en Abilene, donde se levanta su biblioteca presidencial. Con sus museos del Viejo Oeste, sus praderas protegidas y su honda cultura rural, Kansas encarna el corazón geográfico y agrícola de la nación.
El territorio de Kentucky tuvo, en tiempos históricos, una particularidad: aunque estaba habitado desde hacía milenios —como atestiguan numerosos yacimientos arqueológicos—, en el momento del contacto europeo funcionaba en gran medida como un vasto y disputado coto de caza compartido, más que como el hogar permanente de una única nación.
Por sus bosques, ricos en bisontes, ciervos y osos, cazaban los shawnee, que dominaban buena parte de la región desde el norte; los cherokee, desde el sur; y los chickasaw, en el oeste, hacia la confluencia de los ríos Misisipi y Ohio. Esa condición de tierra de caza fronteriza y disputada la hizo especialmente peligrosa para los primeros exploradores y colonos, y dio pie a una intensa violencia cuando comenzó la colonización.
La colonización de Kentucky es inseparable de la figura de Daniel Boone, el pionero por excelencia de la frontera estadounidense. A partir de 1769, Boone exploró la región a través del paso de Cumberland Gap, en los Apalaches, y en 1775 abrió la Wilderness Road (el 'Camino Silvestre'), la ruta que permitió a miles de colonos cruzar las montañas hacia el oeste. Ese mismo año ayudó a fundar Boonesborough.
El primer asentamiento europeo permanente había sido Harrod's Town (la actual Harrodsburg), fundado por James Harrod en 1774. Kentucky formaba entonces parte de Virginia, pero su lejanía y su rápido crecimiento impulsaron su autonomía. El 1 de junio de 1792, Kentucky fue admitida como el estado número 15 de la Unión, y el primero al oeste de los montes Apalaches, abriendo la marcha de la nación hacia el interior del continente.
La geografía de Kentucky forjó dos de sus industrias más emblemáticas. La región central del Bluegrass, con sus suaves colinas y sus pastos ricos en calcio —ideales para fortalecer los huesos de los caballos—, se convirtió en la capital mundial de la cría del caballo pura sangre. Las granjas de Lexington, con sus vallas blancas y sus establos, y sobre todo el Kentucky Derby, la carrera más famosa del país que se corre cada mayo en Churchill Downs, en Louisville, hicieron célebre al estado.
El otro gran producto de Kentucky es el bourbon, el whisky característico de Estados Unidos, cuya elaboración se concentra tradicionalmente en el estado gracias al agua filtrada por la piedra caliza y al maíz de la región. Más del 90% del bourbon del mundo se produce en Kentucky, y su 'Ruta del Bourbon' es hoy un gran atractivo turístico. El nombre 'bluegrass' (hierba azul) alude también a la variedad de pasto que da su tinte azulado a los campos en primavera.
Kentucky vivió la Guerra Civil de forma singular: como estado fronterizo y esclavista pero fiel a la Unión, quedó profundamente dividido, con familias enfrentadas y ejércitos de ambos bandos operando en su suelo. Su posición estratégica la hizo codiciada por Washington y por Richmond; el propio presidente Lincoln llegó a decir que esperaba tener a Dios de su lado, pero que necesitaba tener a Kentucky.
Una coincidencia notable subraya ese carácter dividido: tanto Abraham Lincoln, presidente de la Unión y nacido en Hodgenville en 1809, como Jefferson Davis, presidente de la Confederación, nacieron en Kentucky, a pocos kilómetros y pocos meses de distancia. El estado permaneció oficialmente en la Unión, pero llegó a tener un gobierno confederado paralelo, reflejo de una lealtad partida que marcó su historia posterior.
Kentucky alberga una maravilla natural única: el Parque Nacional de Mammoth Cave, que protege el sistema de cuevas más largo conocido del mundo, con más de 640 kilómetros de galerías cartografiadas bajo las colinas de piedra caliza del centro del estado. Declarado Patrimonio de la Humanidad, es un laberinto subterráneo de salas colosales, ríos y formaciones que fascina a los visitantes.
En el este, las montañas Apalaches de Kentucky guardan otra historia: la del carbón, cuya extracción marcó durante generaciones la economía, la cultura y las luchas obreras de la región, así como el nacimiento de la música bluegrass y del country. Para el viajero, Kentucky ofrece hoy un mosaico atractivo: las granjas equinas y el Derby de Lexington y Louisville, la Ruta del Bourbon, las cuevas de Mammoth, los sitios de Lincoln y la música y la cocina sureña de sus montañas.
El territorio de Luisiana guarda uno de los legados indígenas más antiguos de Norteamérica: en Poverty Point, en el norte del estado, se levantó hace más de 3.000 años un enorme complejo de montículos y terraplenes, hoy Patrimonio de la Humanidad, obra de una sofisticada sociedad de cazadores-recolectores. Aún más antiguo es el conjunto de Watson Brake.
Cuando llegaron los europeos, la región estaba habitada por diversos pueblos: los caddo en el noroeste, los natchez —herederos de las culturas del Misisipi, con su sociedad jerárquica y su culto solar—, los chitimacha, los houma, los tunica y otros. Vivían de la pesca, la caza y la agricultura en el rico y húmedo entorno del delta del Misisipi y de los bayous, ese laberinto de canales y pantanos que define la geografía del sur del estado.
En 1682, el explorador francés René-Robert Cavelier, señor de La Salle, descendió el Misisipi hasta su desembocadura y reclamó toda la cuenca del río para Francia, bautizándola 'La Louisiane' en honor al rey Luis XIV. Los franceses fundaron asentamientos en la costa del Golfo y, en 1718, Jean-Baptiste Le Moyne de Bienville estableció Nueva Orleans, llamada a ser la gran ciudad de la colonia.
En 1762-1763, Francia cedió Luisiana a España, que la administró durante casi cuatro décadas y dejó una honda huella en su arquitectura, su derecho y su cultura —el actual Barrio Francés de Nueva Orleans es, en buena parte, de construcción española tras los incendios coloniales—. En este periodo llegaron también los acadios, francófonos expulsados por los británicos de Nueva Escocia (Canadá) a partir de 1755, que se asentaron en el suroeste y dieron origen a la cultura cajún. La mezcla de franceses, españoles, africanos, criollos e indígenas forjó una sociedad única en todo el continente.
En 1803, Napoleón Bonaparte —que había recuperado el territorio de España— vendió toda la Luisiana a Estados Unidos por unos 15 millones de dólares: la célebre Compra de Luisiana, que de un plumazo duplicó el tamaño del joven país. De aquel vasto territorio, la parte sur, en torno a Nueva Orleans, se convirtió en el estado de Luisiana, admitido el 30 de abril de 1812 como el número 18 de la Unión.
Poco después, durante la Guerra de 1812 contra Gran Bretaña, tuvo lugar en las afueras de Nueva Orleans, en enero de 1815, una resonante victoria estadounidense comandada por el general Andrew Jackson. La economía del estado se volcó al cultivo de la caña de azúcar y del algodón en grandes plantaciones trabajadas por esclavos, y Nueva Orleans se convirtió en el mayor puerto y el mayor mercado de esclavos del sur del país. Luisiana se sumó a la Confederación en 1861, y Nueva Orleans fue tomada por la Unión ya en 1862.
El aporte más universal de Luisiana a la cultura mundial nació de su extraordinaria mezcla de pueblos: el jazz. A comienzos del siglo XX, en Nueva Orleans, la fusión de las tradiciones musicales africanas, los himnos religiosos, el blues, los cantos de trabajo, las bandas de metales de los desfiles y la música europea alumbró un género completamente nuevo. De sus calles y locales surgieron figuras fundacionales como Louis Armstrong.
El jazz se propagó desde allí por el Misisipi arriba, hasta Chicago y el mundo entero, transformando la música del siglo XX. Nueva Orleans sigue siendo hoy un templo vivo de la música, con sus clubes, sus bandas callejeras y sus 'second lines'. La ciudad es también célebre por su celebración del Mardi Gras, el gran carnaval de raíz católica francesa, y por una gastronomía criolla y cajún —el gumbo, el jambalaya, los beignets— reconocida en todo el mundo.
Luisiana conserva rasgos que la hacen distinta de cualquier otro estado. Es el único que organiza su administración local en 'parroquias' (parishes) en lugar de condados, herencia de su pasado católico, y el único cuyo sistema legal se basa en el derecho civil de raíz napoleónica y no en el derecho anglosajón. El francés y el criollo louisianés siguen vivos en algunas comunidades del sur.
Su geografía de bayous, pantanos y humedales del delta —hogar de caimanes, garzas y una fauna exuberante— es a la vez su gran atractivo y su gran vulnerabilidad, expuesta a huracanes como el devastador Katrina de 2005. Para el viajero, el estado ofrece la magia de Nueva Orleans y su Barrio Francés, las plantaciones históricas a orillas del Misisipi, la cultura cajún del país de Acadiana en torno a Lafayette, los paseos en barca por los pantanos y una identidad musical y gastronómica sin igual en Estados Unidos.
Maine fue, durante unos 12.000 años, hogar de pueblos de lengua algonquina agrupados en la Confederación Wabanaki —'gente de la tierra del alba', por ser de los primeros en ver salir el sol en Norteamérica—. La integraban los penobscot, los passamaquoddy, los maliseet y los micmac, entre otros. Vivían de la pesca, la caza, la recolección y una agricultura estacional, y se desplazaban con las estaciones entre la costa y el interior boscoso.
Estos pueblos mantenían una profunda relación con los ríos, los bosques y el mar de la región. Fueron de los primeros en entrar en contacto con los europeos que exploraban la costa noreste, y establecieron alianzas comerciales —sobre todo con los franceses— que influirían en las guerras coloniales. Varias de estas naciones conservan hoy comunidades y territorios en el estado.
La costa de Maine fue una de las primeras del continente en recibir a los europeos. Hay indicios de un posible contacto vikingo en torno al año 1000, sugerido por el hallazgo de una moneda noruega del siglo XI. Ya en la época de las exploraciones, en 1604 el francés Pierre Dugua, señor de Mons, estableció un efímero asentamiento en la isla de Santa Cruz.
Los ingleses lo intentaron en 1607 con la colonia de Popham, en la desembocadura del río Kennebec, fundada casi al mismo tiempo que Jamestown; pero el duro invierno y las dificultades hicieron que se abandonara al cabo de poco más de un año. Durante el periodo colonial, Maine quedó integrada en la colonia de la Bahía de Massachusetts, de la que sería parte durante más de un siglo, y fue escenario de las guerras entre franceses e ingleses y sus respectivos aliados indígenas.
Durante casi toda la época colonial y las primeras décadas de la independencia, Maine fue un distrito de Massachusetts, del que estaba separado geográficamente por la franja de New Hampshire. El deseo de autonomía de sus habitantes coincidió con un momento decisivo de la política nacional.
En 1820, Maine se convirtió en el estado número 23 de la Unión, el 15 de marzo, como parte del Compromiso de Misuri: para mantener el equilibrio entre estados libres y esclavistas en el Senado, Maine ingresó como estado libre al mismo tiempo que Misuri lo hacía como estado esclavista. Así, el nacimiento de Maine quedó ligado a la gran cuestión que dividía al país, la de la esclavitud, aunque el propio Maine fue siempre un estado libre y bastión del abolicionismo.
La economía de Maine se ha basado tradicionalmente en la extraordinaria riqueza de sus recursos naturales. Más del 80% de su territorio está cubierto de bosques, lo que le valió el apodo de 'Pine Tree State' (el estado del pino): la madera y el papel fueron durante siglos pilares de su industria, y los altos pinos blancos de Maine surtieron de mástiles a la marina británica.
La relación con el mar es igualmente honda. La construcción naval prosperó en sus astilleros durante la era de la vela, y la pesca definió la vida de sus pueblos costeros. Sobre todo, Maine es hoy sinónimo de la langosta: es, con gran diferencia, el mayor productor del país, y la imagen de las trampas, las boyas de colores y los pueblos pesqueros es inseparable del estado. Junto a ello, los arándanos silvestres (wild blueberries) y la papa del norte, en el condado de Aroostook, completan su tradición productiva.
El gran atractivo turístico de Maine es su litoral: una costa recortada y rocosa, salpicada de penínsulas, islas, calas y decenas de faros históricos que la convierten en una de las más pintorescas de Estados Unidos. Su joya es el Parque Nacional Acadia, en la isla Mount Desert, en torno a Bar Harbor: fue el primer parque nacional al este del río Misisipi, con sus montañas de granito que caen al mar, sus bosques y su famosa Cadillac Mountain, uno de los primeros lugares del país donde se ve amanecer.
Más allá de Acadia, el visitante encuentra pueblos marineros de postal, la animada ciudad de Portland con su renombrada escena gastronómica, los grandes bosques del interior —paraíso del senderismo, la canoa y la pesca, con el monte Katahdin como extremo norte del sendero de los Apalaches— y una identidad de Nueva Inglaterra tranquila, independiente y ligada a la naturaleza. Con sus otoños de colores, sus veranos frescos y su cocina de mariscos, Maine es un destino de belleza serena en el rincón nordeste del país.
El territorio de Maryland, articulado en torno a la gran bahía de Chesapeake, estuvo habitado por pueblos de lengua algonquina, como los piscataway y los nanticoke, y por los susquehannock, de lengua iroquesa, en el norte. Vivían de la extraordinaria abundancia de la bahía —peces, ostras, cangrejos— y de la caza y la agricultura en los densos bosques ribereños.
La bahía de Chesapeake, el mayor estuario de Estados Unidos, era el corazón de su mundo, surcado por canoas y jalonado de aldeas. El contacto con los colonos ingleses que se asentaron en la región a partir del siglo XVII, y las enfermedades y presiones que trajo consigo, redujo drásticamente a estas naciones en pocas generaciones.
Maryland nació de un proyecto singular. George Calvert, primer barón de Baltimore, un noble católico en una Inglaterra protestante, concibió una colonia que sirviera de refugio para los católicos ingleses, perseguidos en su tierra. Aunque murió antes de verla realizada, su hijo Cecil Calvert obtuvo la carta real en 1632, y en marzo de 1634 los primeros colonos fundaron St. Mary's City, la primera capital. La colonia se llamó Maryland en honor a Enriqueta María, la reina consorte de Carlos I.
El experimento de tolerancia se plasmó en 1649 en la Ley de Tolerancia de Maryland (Maryland Toleration Act), que garantizaba la libertad de culto a todos los cristianos trinitarios: una de las primeras leyes de este tipo en las colonias, aunque su aplicación fue accidentada por las tensiones entre católicos y protestantes. Aquella semilla de tolerancia religiosa dejó una huella duradera en la identidad del estado.
Maryland fue una de las trece colonias y participó activamente en la Revolución. Tras haber sido el último estado en ratificar los Artículos de la Confederación, en 1788 ratificó la Constitución de Estados Unidos, convirtiéndose en el séptimo estado de la Unión. En 1790 cedió, junto con Virginia, las tierras a orillas del Potomac sobre las que se construiría la capital federal, Washington.
Su economía colonial se basó en el tabaco, cultivado en grandes plantaciones trabajadas por esclavos. Maryland es también célebre por la línea Mason-Dixon, la frontera trazada en el siglo XVIII con Pensilvania que, con el tiempo, se convirtió en la divisoria simbólica entre el norte libre y el sur esclavista. El estado quedó así, geográfica y culturalmente, a caballo entre ambos mundos, una posición que marcaría su destino en la Guerra Civil.
Maryland dio a Estados Unidos uno de sus símbolos más queridos. Durante la Guerra de 1812, en septiembre de 1814, la flota británica bombardeó Fort McHenry, el fuerte que guardaba el puerto de Baltimore, durante una noche entera. Al amanecer, la enorme bandera estadounidense seguía ondeando sobre el fuerte, señal de que la ciudad había resistido.
Ese espectáculo conmovió a un abogado llamado Francis Scott Key, que presenciaba el bombardeo desde un barco, y le inspiró un poema que, con el tiempo, se convertiría en la letra de 'The Star-Spangled Banner', el himno nacional de Estados Unidos. Fort McHenry es hoy un monumento nacional. En la Guerra Civil, Maryland —estado esclavista pero de lealtad dividida— permaneció en la Unión, en parte por la presión federal, y en su suelo se libró en 1862 la batalla de Antietam, el día más sangriento de la historia militar estadounidense.
El corazón económico de Maryland ha sido durante siglos Baltimore, uno de los grandes puertos históricos de la costa atlántica y una ciudad de honda tradición industrial, marinera y ferroviaria —allí nació el primer ferrocarril comercial del país, el B&O—. Su Inner Harbor revitalizado, su acuario y sus barrios históricos son hoy grandes atractivos, y la ciudad es también sede de la prestigiosa Universidad Johns Hopkins y su célebre hospital.
La bahía de Chesapeake sigue definiendo la vida y la cocina del estado: el cangrejo azul, cocido al vapor con especias Old Bay, es una institución gastronómica y un emblema de Maryland. El visitante encuentra además la histórica Annapolis, la capital, sede de la Academia Naval de Estados Unidos y de un bellísimo casco colonial; los pueblos marineros de la bahía; y una posición privilegiada en el corredor entre Washington y las grandes ciudades del noreste. Todo ello define al 'Free State' de Maryland.
Antes de la llegada de los europeos, el territorio de Massachusetts estaba habitado por pueblos de lengua algonquina, entre ellos los wampanoag —de cuyo nombre y de cuya lengua deriva el del pueblo massachusett—, los nipmuc, los pocomtuc y los nauset. Vivían en aldeas de wigwams y casas comunales, gobernados por líderes llamados sachems, y practicaban la agricultura del maíz, el frijol y la calabaza, junto con la pesca y la caza.
Justo antes de la colonización, entre 1616 y 1619, una devastadora epidemia —probablemente traída por pescadores y comerciantes europeos— diezmó a los pueblos de la costa, dejando aldeas enteras vacías. Ese trágico despoblamiento facilitaría, poco después, el asentamiento de los primeros colonos ingleses en tierras que quedaban, en parte, libres.
En 1620, un grupo de separatistas religiosos ingleses —los peregrinos— cruzó el Atlántico a bordo del Mayflower y desembarcó en Plymouth, fundando la segunda colonia inglesa permanente en lo que hoy es Estados Unidos. Antes de bajar a tierra, firmaron el Pacto del Mayflower (Mayflower Compact), un acuerdo de autogobierno que se considera un antecedente del constitucionalismo estadounidense.
El primer invierno fue durísimo y mató a la mitad de los colonos, pero la ayuda de indígenas como Squanto —que les enseñó a cultivar y pescar— permitió su supervivencia. La cosecha del otoño de 1621 se celebró con un banquete compartido con los wampanoag, en el origen de la tradición de Acción de Gracias. Una década después, en 1630, una migración mucho mayor de puritanos liderada por John Winthrop fundó la Colonia de la Bahía de Massachusetts y la ciudad de Boston, concebida como una comunidad religiosa modelo, 'una ciudad sobre una colina'.
El crecimiento de las colonias chocó con los pueblos originarios. La Guerra del Rey Felipe (1675-1678), llamada así por el líder wampanoag Metacomet (Rey Felipe), fue uno de los conflictos más sangrientos en proporción a la población de la historia de Nueva Inglaterra, y devastó decenas de aldeas y pueblos coloniales antes de terminar con la derrota indígena.
La sociedad puritana vivió también uno de sus episodios más oscuros: los juicios por brujería de Salem de 1692, en los que la histeria colectiva llevó a acusar a decenas de personas y a ejecutar a veinte por supuesta brujería, un caso estudiado hasta hoy como advertencia sobre el fanatismo y la injusticia. A pesar de estas sombras, en Massachusetts fue germinando una cultura de autogobierno, alfabetización y debate público que la prepararía para su papel protagónico en la Revolución.
Ningún lugar fue tan central en el estallido de la independencia como Massachusetts, la 'cuna de la libertad'. Boston fue el epicentro de la resistencia contra los impuestos británicos: allí ocurrieron la Masacre de Boston (1770) y el famoso Motín del Té (Boston Tea Party) de 1773, cuando colonos disfrazados arrojaron al mar cargamentos de té en protesta contra la corona.
La guerra misma comenzó en suelo de Massachusetts: el 19 de abril de 1775, las batallas de Lexington y Concord —con el 'disparo que se oyó en todo el mundo'— iniciaron la Revolución, seguidas por la sangrienta batalla de Bunker Hill. Massachusetts aportó líderes fundacionales como John Adams, Samuel Adams y John Hancock. El 6 de febrero de 1788 ratificó la Constitución, convirtiéndose en el sexto estado de la Unión, y su Constitución estatal de 1780, aún vigente, es la constitución escrita más antigua del mundo en funcionamiento.
Massachusetts se ha distinguido siempre por su vida intelectual. Alberga la Universidad de Harvard, fundada en 1636, la más antigua del país, y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), junto a decenas de instituciones que hacen del área de Boston uno de los grandes polos educativos y de investigación del mundo. Fue también cuna del movimiento abolicionista y de figuras literarias como Emerson, Thoreau, Hawthorne y Emily Dickinson.
En el siglo XIX, el estado lideró la Revolución Industrial estadounidense, con las grandes fábricas textiles de ciudades como Lowell, y fue pionero en la educación pública obligatoria. Para el viajero, Massachusetts combina hoy ese peso histórico —el Freedom Trail de Boston, Plymouth, Salem, Concord— con los encantos del veraneo de Nueva Inglaterra: las playas y dunas de Cape Cod, las islas de Martha's Vineyard y Nantucket, con su pasado ballenero, y los paisajes otoñales de los montes Berkshires. Tierra fundacional de la nación, sigue siendo uno de sus centros culturales más vibrantes.
El territorio de Michigan, rodeado por cuatro de los cinco Grandes Lagos, fue hogar de pueblos anishinaabe de lengua algonquina, agrupados en una alianza histórica conocida como el Consejo de los Tres Fuegos (Council of Three Fires): los ojibwe (o chippewa), los odawa (u ottawa) y los potawatomi. Los ojibwe eran el grupo más numeroso, con una población de decenas de miles.
Estos pueblos vivían de la caza, la pesca en los lagos, la recolección del arroz silvestre y la producción de azúcar de arce, y dominaban las rutas de comercio y canotaje de la región de los Grandes Lagos. El propio nombre 'Michigan' deriva de una palabra ojibwe, mishigami, que significa 'gran agua' o 'gran lago', en clara referencia a la abrumadora presencia del agua dulce que define al estado.
Los primeros europeos en la región fueron exploradores y misioneros franceses. Étienne Brûlé llegó hacia 1622, y el padre Jacques Marquette fundó en 1668 una misión en Sault Ste. Marie, uno de los asentamientos de origen europeo más antiguos del Medio Oeste. Michigan se convirtió en un territorio clave del comercio de pieles francés.
En 1701, Antoine de la Mothe Cadillac fundó Fort Pontchartrain du Détroit, en el estrecho (détroit) que une los lagos Erie y Huron: era el germen de la ciudad de Detroit, que se convertiría en un gran centro peletero. Tras la derrota francesa en 1763, la región pasó a manos británicas y, después de la Revolución, a Estados Unidos, aunque los británicos no la entregaron plenamente hasta después de la Guerra de 1812. La apertura del Canal Erie en 1825 abrió las puertas a una oleada de colonos.
Michigan ingresó en la Unión como el estado número 26 el 26 de enero de 1837, como estado libre. Su admisión estuvo precedida por un curioso conflicto fronterizo con Ohio, la llamada 'Guerra de Toledo', una disputa —casi sin sangre— por una franja de tierra en torno a la ciudad de Toledo. Michigan acabó cediendo el 'Toledo Strip' a Ohio, pero a cambio recibió la Península Superior, entonces considerada un páramo sin valor.
Aquella compensación resultó ser un tesoro: la Península Superior escondía enormes yacimientos de cobre y hierro que la convirtieron en una potencia minera, y sus inmensos bosques hicieron de Michigan uno de los mayores productores de madera del país entre las décadas de 1850 y 1880. El agua, la madera y el mineral sentaron las bases del futuro despegue industrial del estado.
A comienzos del siglo XX, Michigan se transformó en el corazón de la industria automotriz mundial. En Detroit y sus alrededores confluyeron los pioneros del motor: Henry Ford, que perfeccionó en su planta de Highland Park la cadena de montaje móvil y lanzó el Ford Modelo T, poniendo el automóvil al alcance de las masas; y los fundadores de General Motors (1908), Chrysler y otras marcas legendarias como Buick, Olds y Dodge.
La producción en serie revolucionó la economía y la sociedad estadounidenses, y convirtió a Detroit en una próspera metrópoli —la cuarta ciudad del país hacia 1920— que atrajo a inmigrantes europeos y a cientos de miles de afroamericanos del sur durante la Gran Migración. Durante la Segunda Guerra Mundial, las fábricas de Michigan se reconvirtieron en el 'Arsenal de la Democracia', produciendo tanques, aviones y vehículos militares en masa. De aquella diversidad urbana surgiría, en los años sesenta, el inconfundible sonido Motown.
Michigan es único por su geografía: dividido en dos penínsulas por los Grandes Lagos, posee la costa de agua dulce más larga de cualquier división política del mundo, con más de 5.000 kilómetros de orilla, y cuenta con decenas de miles de lagos interiores. El agua está en todas partes, y con ella una espléndida colección de faros históricos, más que en cualquier otro estado del país.
Ese entorno lacustre es hoy un gran atractivo turístico. La Península Superior ofrece paisajes salvajes como los acantilados de colores de Pictured Rocks; la Península Inferior, playas, dunas gigantes como las de Sleeping Bear y pueblos costeros. Entre ambas, en el estrecho de Mackinac, la histórica Mackinac Island prohíbe los automóviles y mantiene el encanto de otra época, con sus carruajes de caballos y su gran hotel victoriano. Naturaleza acuática, patrimonio industrial y la herencia del automóvil definen a Michigan.
El territorio de Minnesota fue, durante siglos, hogar de los dakota (parte de la gran nación sioux), que lo habitaban cuando llegaron los europeos, y luego de los ojibwe (anishinaabe o chippewa), que migraron desde el este por la región de los Grandes Lagos y se asentaron en los bosques y lagos del norte. Ambos pueblos, inicialmente aliados, terminaron enfrentados por el territorio y los recursos.
Vivían de la caza, la pesca, la recolección del arroz silvestre (manoomin) en las orillas de los lagos y el comercio. El propio nombre 'Minnesota' proviene de una expresión dakota que describe el río homónimo, y suele traducirse como 'agua teñida por el cielo' o 'agua nublada'. La abundancia de agua —lagos, ríos y humedales— es la marca de la geografía y la cultura del estado.
Los primeros europeos en recorrer la región fueron los exploradores y comerciantes de pieles franceses, los célebres voyageurs, que a partir del siglo XVII surcaron sus lagos y ríos en canoa siguiendo rutas como el Grand Portage. La parte occidental del actual estado llegó a Estados Unidos con la Compra de Luisiana de 1803, y la oriental por el Tratado de París de 1783.
Entre 1819 y 1825, el ejército estadounidense construyó Fort Snelling en la confluencia estratégica de los ríos Minnesota y Misisipi, un puesto avanzado que se convirtió en el núcleo del futuro asentamiento colono. El Territorio de Minnesota se organizó en 1849, y el 11 de mayo de 1858 Minnesota fue admitida como el estado número 32 de la Unión, con Saint Paul como capital.
La colonización trajo consigo un conflicto trágico. Empujados por el hambre, el incumplimiento de los tratados y el retraso en los pagos prometidos, los dakota se alzaron en armas en el verano de 1862 en la llamada Guerra de Dakota (o Levantamiento Sioux). El conflicto fue breve pero devastador, con la muerte de cientos de colonos y combatientes.
Tras la derrota dakota, cientos de guerreros fueron juzgados sumariamente. El presidente Lincoln conmutó la mayoría de las penas, pero en diciembre de 1862, en Mankato, fueron ahorcados 38 hombres dakota en la mayor ejecución masiva de la historia de Estados Unidos. Muchos dakota fueron expulsados del estado. Es uno de los episodios más dolorosos de la historia de Minnesota y de las relaciones entre Estados Unidos y los pueblos originarios.
La economía de Minnesota se cimentó sobre tres pilares. El primero fue la madera de sus grandes bosques del norte. El segundo, el hierro: a fines del siglo XIX se descubrieron en el norte del estado, sobre todo en la cordillera Mesabi (Iron Range), algunos de los mayores yacimientos de mineral de hierro del país, que abastecieron durante décadas a la industria siderúrgica estadounidense y se embarcaban por el puerto de Duluth, en el lago Superior.
El tercer pilar fue el trigo y la harina: Minneapolis, gracias a la energía de las cataratas de San Antonio sobre el Misisipi, se convirtió en la capital mundial de la molienda de harina, cuna de gigantes como Pillsbury y General Mills. Todo ello atrajo una intensa inmigración europea, en especial de escandinavos —suecos, noruegos— y alemanes, cuya herencia sigue viva en la cultura, la gastronomía y el carácter del estado, dándole una identidad singular en el Medio Oeste.
El apodo de Minnesota, 'Land of 10,000 Lakes' (la tierra de los diez mil lagos), se queda corto: en realidad tiene más de once mil. En el corazón del estado, en el lago Itasca, nace el gran río Misisipi, que arranca allí como un modesto arroyo antes de cruzar el país hasta el Golfo de México. Los bosques del norte, la vasta zona de canotaje de las Boundary Waters, en la frontera con Canadá, y las praderas del sur completan una geografía de gran belleza y de inviernos legendariamente fríos.
El corazón urbano lo forman las Ciudades Gemelas (Twin Cities): Minneapolis, la mayor, moderna y volcada a la cultura y los negocios, y Saint Paul, la capital, más histórica, separadas por el Misisipi. Juntas conforman una de las áreas metropolitanas más prósperas y con mayor calidad de vida del país, sede de importantes empresas y de una vibrante escena artística. Naturaleza, agua, herencia escandinava y dinamismo urbano definen el atractivo de Minnesota.
El territorio de Misisipi estuvo habitado durante milenios, y su legado más visible son los grandes montículos de tierra de la cultura del Misisipi, como los de Emerald Mound —uno de los mayores del país— y Winterville, centros ceremoniales de sociedades agrícolas jerarquizadas que florecieron entre los años 1000 y 1600.
Cuando llegaron los europeos, dominaban la región dos grandes naciones de lengua muskogeana: los choctaw, en el centro y el sur, agricultores del maíz; y los chickasaw, en el norte, temidos guerreros. En el suroeste vivían los natchez, herederos directos de las culturas del montículo, con su rey-sol y su compleja sociedad de castas, hasta que fueron destruidos por los franceses en el siglo XVIII. Estos pueblos serían más tarde expulsados hacia el oeste, en particular tras el Tratado de Dancing Rabbit Creek de 1830, que forzó la cesión de las tierras choctaw.
El primer europeo en internarse en la región fue el español Hernando de Soto, que la atravesó hacia 1540 y fue uno de los primeros en avistar el gran río Misisipi. Pero fueron los franceses quienes colonizaron el territorio: fundaron un asentamiento cerca de la actual Ocean Springs en 1699 y establecieron Natchez en 1716, sobre el río, como principal puesto comercial y de plantación.
El territorio pasó por manos francesas, británicas y españolas antes de que Estados Unidos organizara el Territorio de Misisipi en 1798. El 10 de diciembre de 1817, Misisipi fue admitido como el estado número 20 de la Unión, con David Holmes como primer gobernador. El nombre del estado, como el del río, deriva de una palabra ojibwe que significa 'gran río' o 'río grande'.
Ningún estado encarnó tanto como Misisipi el 'reino del algodón' del Sur profundo. Las fértiles tierras aluviales del delta del Misisipi, en el noroeste, se cubrieron de plantaciones de algodón que hicieron enormemente ricos a sus propietarios y convirtieron al estado en uno de los mayores productores del mundo. Esa riqueza se levantaba por completo sobre el trabajo forzado de una población esclavizada inmensa.
En 1860, en vísperas de la Guerra Civil, los africanos esclavizados constituían el 55% de la población del estado —más de 430.000 personas—, una de las proporciones más altas de todo el país. Fiel a esos intereses, Misisipi fue el segundo estado en separarse de la Unión, el 9 de enero de 1861, y aportó a la Confederación su presidente, Jefferson Davis, propietario de una plantación en el estado. Durante la guerra, el asedio de Vicksburg por el general Ulysses S. Grant, que cayó en julio de 1863, dio a la Unión el control del río Misisipi y marcó un punto de inflexión decisivo.
Tras la Reconstrucción, Misisipi lideró la instauración de la segregación racial. Su constitución de 1890, con impuestos electorales y pruebas de alfabetización, privó del voto a la práctica totalidad de la población negra, y su modelo —el 'Plan de Misisipi'— fue imitado por todo el sur. Durante generaciones, el estado fue sinónimo del sistema más rígido de las leyes de Jim Crow y de la violencia racial, lo que impulsó la salida de cientos de miles de afroamericanos hacia el norte en la Gran Migración.
Por todo ello, Misisipi se convirtió en un escenario central y sangriento de la lucha por los derechos civiles. En 1955, el brutal asesinato del adolescente Emmett Till conmocionó al país; en 1963 fue asesinado en Jackson el líder Medgar Evers; y en el 'Verano de la Libertad' (Freedom Summer) de 1964, el asesinato de tres jóvenes activistas —Chaney, Goodman y Schwerner— indignó a la nación e impulsó la aprobación de la Ley de Derecho al Voto de 1965. Figuras como Fannie Lou Hamer emergieron de aquella lucha.
El aporte cultural más universal de Misisipi nació del sufrimiento y la creatividad de su población afroamericana: el blues. En las plantaciones y los pueblos del delta del Misisipi, a comienzos del siglo XX, se forjó este género musical fundacional, del que derivarían el jazz, el rhythm and blues, el rock and roll y buena parte de la música popular moderna. De aquella tierra salieron leyendas como Robert Johnson, Muddy Waters, B.B. King y Charley Patton.
Hoy, la 'Ruta del Blues' del Delta, con lugares míticos como Clarksdale y su 'cruce de caminos', atrae a peregrinos musicales de todo el mundo. El estado es también cuna del rey del rock, Elvis Presley, nacido en Tupelo, y de grandes escritores como William Faulkner, en Oxford. Junto a su patrimonio musical y literario, Misisipi ofrece las mansiones anteriores a la guerra de Natchez, los sitios de los derechos civiles y las playas del golfo, en un estado marcado por una historia intensa y dolorosa pero de enorme riqueza cultural.
El territorio de Misuri estuvo habitado desde hace unos once mil años. En la era de la cultura del Misisipi, la región en torno a la actual San Luis formaba parte del área de influencia de Cahokia —al otro lado del río, en Illinois—, la mayor ciudad prehistórica al norte de México, y en el propio San Luis se levantaban tantos montículos que la ciudad llegó a apodarse 'Mound City'.
Cuando llegaron los europeos, la región era hogar de pueblos como los missouria —que dieron nombre al estado y al río—, los osage, que dominaban vastos territorios de caza, y otros grupos de lengua siouan. El nombre 'Misuri' deriva de un término indígena que suele traducirse como 'los que tienen canoas de tronco' o 'pueblo de las grandes canoas'. Estos pueblos vivían de la caza del bisonte, la agricultura y el comercio a lo largo de los grandes ríos.
La colonización europea fue obra de los franceses. El primer asentamiento permanente fue Ste. Geneviève, fundado hacia 1750 por colonos francocanadienses atraídos por las tierras fértiles y las minas de plomo. En 1764, los comerciantes de pieles Pierre Laclède y Auguste Chouteau fundaron San Luis, en la orilla del Misisipi, que se convertiría en el gran centro del comercio de pieles del oeste.
El territorio pasó fugazmente a España y de nuevo a Francia, hasta que en 1803 Estados Unidos lo adquirió, junto con el resto de la Luisiana, en la histórica Compra de Luisiana. San Luis se convirtió así en la puerta de entrada al inmenso territorio recién adquirido, y en 1804 fue el punto de partida de la expedición de Lewis y Clark, que remontó el río Misuri para explorar y cartografiar el oeste hasta el Pacífico.
La solicitud de Misuri de ingresar en la Unión como estado esclavista desató, en 1820, una de las mayores crisis políticas de la joven república, resuelta con el célebre Compromiso de Misuri: el estado ingresó como esclavista, equilibrado con la admisión de Maine como estado libre, y se prohibió la esclavitud en el resto del territorio al norte de una determinada línea. El 10 de agosto de 1821, Misuri se convirtió en el estado número 24 de la Unión.
Situada en la confluencia de los dos grandes ríos, Misuri se erigió en la 'puerta del Oeste'. Sus ciudades fueron los puntos de partida de las grandes rutas de la expansión: de Independence y otras localidades partían los carromatos del Camino de Santa Fe, del Camino de Oregón y del Camino de California, y de Saint Joseph salían los jinetes del Pony Express. Por Misuri pasaron los pioneros que colonizaron el oeste del continente.
Como estado fronterizo y esclavista pero de lealtades divididas, Misuri vivió la Guerra Civil de forma especialmente cruenta. Aunque permaneció oficialmente en la Unión, contó con un gobierno confederado paralelo y su población quedó partida en dos. El estado fue escenario de una brutal guerra de guerrillas entre las partidas proconfederadas de los 'bushwhackers' y las prounionistas de los 'jayhawkers'.
De aquella violencia surgieron figuras que se convertirían en leyenda del bandolerismo del Oeste, como Jesse James, antiguo guerrillero confederado. La guerra dejó heridas profundas en el estado, cuyas comunidades quedaron enfrentadas durante generaciones. Tras el conflicto, Misuri continuó su crecimiento como gran centro comercial e industrial del interior del país.
Misuri hizo aportes decisivos a la música estadounidense. Kansas City, en el oeste del estado, se convirtió a comienzos del siglo XX en una de las grandes capitales del jazz, con un estilo propio y vibrante que dio figuras como Count Basie y Charlie Parker. En San Luis y sus alrededores floreció el ragtime de Scott Joplin y una honda tradición de blues. La cocina también dejó huella, con el célebre barbecue de Kansas City y de San Luis.
El símbolo más reconocible del estado es el Gateway Arch de San Luis, un arco de acero inoxidable de 192 metros construido en los años sesenta como monumento a la expansión hacia el oeste, hoy el corazón de un parque nacional. Misuri es además la tierra de dos grandes personajes: el escritor Mark Twain, criado en Hannibal a orillas del Misisipi, cuyos paisajes inspiraron 'Tom Sawyer' y 'Huckleberry Finn', y el presidente Harry Truman, de Independence. Con sus ríos, su música, sus montes Ozark y la cervecera Anheuser-Busch de San Luis, Misuri condensa buena parte de la historia del corazón de América.
Montana fue hogar de numerosos pueblos originarios adaptados a dos mundos distintos: las Grandes Llanuras del este y las Montañas Rocosas del oeste. En las praderas dominaban los blackfeet (pies negros), los crow (apsáalooke), los assiniboine, los gros ventre, los cheyenes del norte y los lakota, todos ellos grandes cazadores de bisontes que, tras la llegada del caballo, desarrollaron una cultura ecuestre nómada de enorme vitalidad. En los valles montañosos del oeste vivían los salish (flathead) y los kootenai.
Estos pueblos dependían del bisonte para casi todo: alimento, vestido, refugio y herramientas. La expedición de Lewis y Clark cruzó la región en 1805 y 1806, en su viaje de ida y vuelta al Pacífico, y fue una de las primeras en describir sus paisajes y sus habitantes. Su modo de vida se mantendría intacto durante décadas, hasta que la llegada masiva de colonos y la matanza de los bisontes lo destruyeron.
Montana fue escenario de la más célebre victoria indígena de todas las guerras del oeste. El 25 de junio de 1876, en el valle del río Little Bighorn, una gran coalición de guerreros lakota, cheyenes del norte y arapahoes, liderados espiritual y militarmente por figuras como Toro Sentado (Sitting Bull) y Caballo Loco (Crazy Horse), aniquiló por completo a las fuerzas del teniente coronel George Armstrong Custer y su Séptimo de Caballería.
El episodio, conocido como 'la última resistencia de Custer', conmocionó a Estados Unidos, que celebraba entonces el centenario de su independencia. Pero la victoria fue efímera: el ejército redobló la presión y, en pocos años, los grandes pueblos de las llanuras fueron confinados en reservas. El campo de batalla es hoy un monumento nacional que honra a los caídos de ambos bandos y recuerda el trágico choque de dos civilizaciones.
El destino económico de Montana lo cambió la minería. El descubrimiento de oro en la década de 1860, en lugares como Bannack y Virginia City, atrajo a los primeros colonos en masa y dio origen a bulliciosos pueblos mineros. Pero la verdadera fortuna estaba bajo tierra, en Butte: allí se hallaba un yacimiento de cobre tan colosal que la ciudad fue apodada 'la colina más rica del mundo' (the richest hill on earth).
El cobre de Butte, esencial en la era de la electricidad, convirtió a Montana en una potencia minera y desató la lucha de los 'reyes del cobre' —magnates como Marcus Daly y William A. Clark, cuya rivalidad marcó la política del estado—. La minería, la ganadería y el trigo, junto con la llegada del ferrocarril Great Northern, estructuraron la economía. Montana fue admitido como el estado número 41 de la Unión el 8 de noviembre de 1889, y sus riquezas mineras le valieron el apodo de 'Treasure State' (el estado del tesoro).
Más allá de las minas, Montana forjó su identidad en torno a la ganadería y la agricultura. Sus inmensas praderas se convirtieron en el reino del ganado y de los grandes ranchos, con sus vaqueros (cowboys), sus rodeos y una cultura del Oeste que perdura con fuerza. La llegada del ferrocarril a fines del siglo XIX abrió las llanuras del este a miles de granjeros —los 'honyockers'— que apostaron por el cultivo del trigo, con suertes desiguales frente a la sequía.
Hoy la economía de Montana sigue ligada a la tierra: la ganadería, el trigo, la minería y, cada vez más, el turismo de naturaleza y los ranchos de recreo. Con una de las densidades de población más bajas del país, el estado conserva grandes espacios abiertos y una fuerte identidad rural e independiente, ligada a los caballos, la caza, la pesca y la vida al aire libre, que le dan un carácter inconfundible dentro de Estados Unidos.
Montana es célebre por sus paisajes inmensos, que le valieron el sobrenombre de 'Big Sky Country' (el país del gran cielo), por la sensación de cielos infinitos que producen sus horizontes despejados. Su joya natural es el Parque Nacional Glacier, creado en 1910, en las Montañas Rocosas del norte, junto a la frontera con Canadá: un mundo de picos escarpados, valles glaciares, lagos alpinos de aguas turquesa y una fauna abundante de osos grises, cabras de montaña y alces.
El parque lo atraviesa una de las carreteras de montaña más espectaculares del mundo, la Going-to-the-Sun Road, y junto con su equivalente canadiense forma el Parque Internacional de la Paz Waterton-Glacier, Patrimonio de la Humanidad. Montana ofrece además la porción norte de Yellowstone, ríos legendarios para la pesca con mosca —como el Madison o el Missouri—, y ciudades con encanto del Oeste como Bozeman y Missoula. Naturaleza descomunal, historia del Oeste y grandes espacios definen el atractivo de este estado.
Mucho antes de la llegada de los colonos blancos, las praderas de lo que hoy es Nebraska estaban habitadas por naciones profundamente ligadas al bisonte y al maiz. En el centro y el este vivian los pawnee —el grupo indigena mas numeroso de la region, agricultores y cazadores organizados en aldeas de casas de tierra— junto a los omaha, los ponca, los otoe y los missouria. En el oeste, mas seco, dominaban los lakota (sioux) y los cheyene, jinetes nomadas de las Grandes Llanuras. El propio nombre 'Nebraska' proviene de una voz otoe-omaha que describe el rio Platte como 'agua plana', por su cauce ancho y somero.
La geografia llana del estado y sus rios de curso este-oeste lo convirtieron en un corredor natural hacia el Pacifico. Los tratados del siglo XIX fueron despojando a estos pueblos de sus tierras: los pawnee cedieron casi todo su territorio a mediados de siglo y en 1876 fueron trasladados al Territorio Indio de Oklahoma, mientras los omaha, tras cinco cesiones sucesivas —negociadas en parte por el jefe Logan Fontenelle en 1854—, quedaron confinados en una reserva al norte del estado, donde aun perviven.
Durante las decadas de 1840 y 1850, cientos de miles de emigrantes cruzaron Nebraska siguiendo el valle del rio Platte, la gran autopista de la conquista del Oeste. Por alli discurrian juntos el Camino de Oregon, el de California y el de los mormones, que compartian el mismo corredor a lo largo de casi todo el estado. Formaciones rocosas como Chimney Rock, Scotts Bluff y Courthouse Rock se convirtieron en hitos legendarios que los diarios de los pioneros mencionan una y otra vez como senales de que dejaban atras la pradera y se acercaban a las montanas.
Aquel trafico incesante de carretas, ganado y personas transformo para siempre el ecosistema de las llanuras y presiono a las naciones indigenas, cuyas tierras de caza quedaban partidas por las rutas. Fuertes militares como Fort Kearny y Fort Laramie (justo al oeste) protegian a los emigrantes y anunciaban la ocupacion definitiva del territorio.
Dos leyes federales de 1862 sellaron el destino de Nebraska. La Homestead Act ofrecia 160 acres de tierra a cualquier colono que los trabajara y mejorara durante cinco anos, y disparo una avalancha de granjeros —muchos de ellos inmigrantes europeos— que araron la pradera. Al mismo tiempo, el ferrocarril transcontinental comenzo a tenderse hacia el oeste desde Omaha, que se convirtio en su punto de partida oriental y en el gran nudo ferroviario del estado.
Nebraska fue admitida a la Union el 1 de marzo de 1867 como el estado numero 37. Poco despues, la capital se traslado de Omaha a la localidad de Lancaster, rebautizada Lincoln en honor al presidente asesinado dos anos antes. Omaha crecio de forma vertiginosa como capital de la industria de la carne, con enormes corrales (los Union Stockyards) y mataderos que la hicieron rival de Chicago, mientras la agricultura del maiz daba al estado su apodo perdurable de 'Cornhusker State'.
Nebraska es un estado de horizontes amplios y economia solidamente agropecuaria. En su tercio central y norte se extienden las Sandhills, el mayor sistema de dunas cubiertas de hierba del hemisferio occidental, un mar de colinas de arena estabilizadas por pastos que sostiene enormes ranchos ganaderos. El este, mas humedo, es tierra de maiz, soja y granjas familiares, mientras el maiz y la ganaderia siguen siendo el pilar economico del estado.
Cada primavera, el valle del Platte cerca de Kearney y Grand Island acoge uno de los espectaculos naturales mas asombrosos de Norteamerica: la parada de mas de medio millon de grullas canadienses (sandhill cranes) —en 2025 se contaron unas 736.000— que descansan y se alimentan durante semanas antes de seguir hacia sus zonas de cria en el norte. Omaha, la mayor ciudad, aporta el contrapunto urbano: sede del legendario inversor Warren Buffett y del gigante asegurador Mutual of Omaha, hoy exhibe un renovado casco historico (Old Market) y uno de los mejores zoologicos del pais.
Nebraska ha forjado una identidad ligada a la tierra, la sencillez y una notable tradicion literaria. La escritora Willa Cather, criada en la pradera de Red Cloud, inmortalizo la vida de los colonos inmigrantes en novelas como 'Mi Antonia' y 'Pioneros', que hoy definen buena parte de la imagen romantica del estado. El poblado historico de Nebraska City fue cuna del Arbor Day, la jornada de plantacion de arboles ideada por J. Sterling Morton en 1872 y hoy celebrada en todo el mundo.
El orgullo estatal se concentra tambien en el futbol americano universitario: los Cornhuskers de la Universidad de Nebraska llenan estadios de casi 90.000 personas, que en dia de partido convierten a Lincoln en la tercera 'ciudad' mas poblada del estado. Del carbon de las Sandhills a los rascacielos de Omaha, pasando por los caminos de los pioneros y la danza de las grullas, Nebraska encarna el espiritu tranquilo y trabajador del corazon agricola de Estados Unidos.
El arido territorio de Nevada, en la Gran Cuenca (Great Basin) —esa vasta region sin salida al mar donde los rios mueren en lagos salados o en el desierto—, fue durante milenios uno de los entornos mas duros habitados de Norteamerica. Alli sobrevivieron con ingenio los paiute del norte, los shoshone occidentales y los washoe, en torno al lago Tahoe, pueblos que dominaban el conocimiento de manantiales, pinones y caza menor para resistir en un paisaje de escasez extrema.
Los primeros europeos que cruzaron la region fueron exploradores y traperos a comienzos del siglo XIX, como Jedediah Smith y, mas tarde, John C. Fremont, que en la decada de 1840 cartografio la Gran Cuenca y le dio nombre. El territorio pertenecio a Mexico hasta 1848, cuando paso a Estados Unidos por el Tratado de Guadalupe Hidalgo al termino de la guerra entre ambos paises. Durante una decada fue una tierra de paso casi despoblada, apenas atravesada por emigrantes rumbo a California.
Todo cambio en 1859, cuando cerca de Virginia City se descubrio el Comstock Lode, uno de los mayores yacimientos de plata de la historia, acreditado a Henry Comstock. La noticia desato una fiebre minera que arrastro a miles de buscadores desde California y de todo el mundo, y de sus vetas se extrajeron unos 400 millones de dolares en plata y oro a lo largo de las decadas siguientes. Virginia City se convirtio en una de las ciudades mas ricas y bulliciosas del Oeste, con opera, periodicos —donde un joven Mark Twain empezo su carrera— y mansiones levantadas sobre el mineral.
Esa riqueza plateada dio a Nevada su apodo perdurable de 'Silver State' y modelo su cultura minera de auge y colapso. La bonanza atrajo capital, ferrocarriles y una poblacion cosmopolita, pero tambien la volatilidad que marcaria la historia economica del estado: pueblos que nacian de la noche a la manana y quedaban abandonados en cuanto se agotaba la veta.
La plata del Comstock convirtio a Nevada en una pieza estrategica en plena Guerra de Secesion. Aunque en su suelo no se libro ninguna batalla, el presidente Abraham Lincoln y el Congreso apresuraron su admision para asegurar votos electorales y apoyo parlamentario a la Union y a las enmiendas antiesclavistas. Como el territorio no llegaba a la poblacion habitual exigida, se hizo una excepcion: la constitucion estatal completa se telegrafio a Washington —uno de los telegramas mas largos y caros jamas enviados hasta entonces— para llegar a tiempo.
Asi, el 31 de octubre de 1864, apenas cinco anos despues del hallazgo de la plata, Nevada fue admitida como el estado numero 36. De aquel origen belico nacio su lema, 'Battle Born' ('Nacida en la batalla'), que aun figura en su bandera. Cuando la mineria decayo a fines del siglo XIX, el estado busco nuevas fuentes de ingresos por caminos poco convencionales.
En 1931, en plena Gran Depresion, Nevada tomo dos decisiones que definirian su futuro: legalizo el juego —al que prefirio llamar 'gaming'— y facilito los divorcios rapidos, atrayendo a quienes buscaban tramites imposibles en otros estados. Ese mismo ano comenzo la construccion de la presa Hoover sobre el rio Colorado, una obra colosal que dio empleo a miles de trabajadores, creo el lago Mead y suministro electricidad barata que hizo posible el crecimiento de una pequena parada ferroviaria en el desierto: Las Vegas.
A partir de los anos cuarenta y cincuenta, con la llegada de grandes casinos y hoteles —y de capital a veces vinculado al crimen organizado, con figuras como Bugsy Siegel y su Flamingo—, Las Vegas se transformo en la capital mundial del juego y el espectaculo. El celebre Strip, con sus resorts tematicos, sus espectaculos y su neon interminable, se convirtio en un icono global del entretenimiento y del exceso.
Mas alla del resplandor de Las Vegas, Nevada es un estado de vastos desiertos, sierras aisladas y espacios abiertos casi vacios. Alberga areas naturales sorprendentes como el Valle de Fuego, con sus formaciones de arenisca roja; la orilla oriental del lago Tahoe, compartido con California; y el remoto Parque Nacional Great Basin, con las cuevas de Lehman y bosques de pinos bristlecone milenarios. El Area 51 y los antiguos poligonos de pruebas nucleares del Nevada Test Site forman parte de su mitologia moderna, entre el secreto militar y la leyenda ovni.
Hoy Nevada vive del turismo, las convenciones y, cada vez mas, la tecnologia y la logistica: en las afueras de Reno, la 'Gigafactory' de Tesla simboliza esa diversificacion. Las Vegas y Reno concentran la mayor parte de una poblacion que ha crecido a gran velocidad, atraida por el clima, los empleos y la ausencia de impuesto a la renta. Del pico y la pala del Comstock al neon del Strip, Nevada sigue siendo el gran laboratorio de reinvencion del Oeste estadounidense.
El territorio de Nueva Jersey fue durante siglos hogar de los lenape (tambien llamados delaware), una red de comunidades algonquinas cuya tierra ancestral se extendia por partes de los actuales Nueva Jersey, Delaware, Pensilvania y Nueva York. Vivian de la pesca, la caza y el cultivo del maiz a lo largo de los rios Hudson, Raritan, Passaic y Delaware, y su lengua dio nombre a muchos accidentes geograficos de la region.
Los primeros europeos fueron los holandeses, que incorporaron la zona a su colonia de Nueva Holanda, seguidos por colonos suecos que fundaron asentamientos en el sur, junto al Delaware. Tras una pugna entre ambos, los holandeses se impusieron en 1655, pero en 1664 los ingleses arrebataron toda Nueva Holanda a los Paises Bajos y bautizaron el territorio como Nueva Jersey, en honor a la isla britanica de Jersey.
Por su posicion estrategica entre Nueva York y Filadelfia, las dos ciudades mas importantes de las colonias, Nueva Jersey fue un campo de batalla constante durante la Guerra de Independencia, hasta el punto de ganarse el sobrenombre de 'encrucijada de la Revolucion'. En la Nochebuena de 1776, George Washington cruzo el helado rio Delaware con el Ejercito Continental y, en la madrugada del 26 de diciembre, sorprendio y vencio a las tropas de mercenarios hessianos en la batalla de Trenton.
Aquella victoria, seguida poco despues por la de Princeton, revivio la moral de la causa independentista en su momento mas critico y es considerada por muchos historiadores una de las mas decisivas de la guerra. La escena del cruce, inmortalizada en el celebre cuadro de Emanuel Leutze, se convirtio en uno de los grandes iconos de la fundacion nacional. Nueva Jersey fue el tercer estado en ratificar la Constitucion, el 18 de diciembre de 1787.
Nueva Jersey se convirtio en uno de los grandes motores industriales del pais. En su laboratorio de Menlo Park, considerado el primer centro de investigacion y desarrollo industrial del mundo, Thomas Edison perfecciono entre 1876 y 1882 la lampara incandescente, invento el fonografo —que le valio el apodo de 'el mago de Menlo Park'— y sento las bases de la industria electrica y del sonido grabado. La ciudad de Paterson, con sus fabricas de seda alimentadas por las cataratas del Passaic, fue apodada 'Silk City' y simbolo de la Revolucion Industrial estadounidense.
Puertos, refinerias, fabricas quimicas y astilleros atrajeron oleadas de inmigrantes italianos, irlandeses, judios y de toda Europa. La proximidad a las grandes metropolis y una densisima red de carreteras y ferrocarriles hicieron del estado uno de los mas poblados, industrializados y prosperos del pais, aunque tambien uno de los mas urbanizados.
El apodo de 'Garden State' ('estado jardin') no es casual: pese a su intensa urbanizacion, Nueva Jersey conserva una importante produccion agricola de frutas y hortalizas —tomates, arandanos, duraznos— en sus tierras del sur y del centro, que abastecen los mercados de las grandes ciudades vecinas. Los Pine Barrens, un vasto bosque de pinos y humedales, y las montanas del noroeste ofrecen un contrapunto natural a las autopistas y refinerias del corredor Nueva York-Filadelfia.
Pero el gran atractivo turistico es su litoral atlantico, la celebre 'Jersey Shore', con kilometros de playas y animados paseos maritimos de madera (boardwalks) que se llenan de vida cada verano en localidades como Cape May, Wildwood o Asbury Park, esta ultima ligada al musico Bruce Springsteen, hijo del estado.
La ciudad emblematica del turismo de Nueva Jersey es Atlantic City, cuyo famoso paseo maritimo, inaugurado en el siglo XIX, fue el primer boardwalk del pais e inspiro los nombres de las casillas del juego de mesa Monopoly. Tras decadas de esplendor y posterior declive, en 1976 los votantes del estado aprobaron por estrecho margen legalizar los casinos exclusivamente en Atlantic City, como herramienta de renovacion urbana.
El primer casino abrio en 1978, el primero legal de toda la costa este de Estados Unidos, y la ciudad se transformo durante anos en la capital del juego del Atlantico, rival oriental de Las Vegas. Playas, entretenimiento, historia revolucionaria y la cercania a dos de las mayores metropolis del pais hacen de Nueva Jersey un destino de escapada tan popular como sorprendentemente variado.
El territorio del actual estado de Nueva York fue el corazon de la Confederacion Iroquesa (Haudenosaunee), una liga de naciones que hacia el siglo XV o XVI unio a cinco pueblos —mohawk, oneida, onondaga, cayuga y seneca—, a los que en el siglo XVIII se sumaron los tuscarora, para formar las Seis Naciones. Vivian en aldeas de 'casas largas', cultivaban las 'tres hermanas' (maiz, frijol y calabaza) y controlaban vastos territorios desde el valle del Hudson hasta los Grandes Lagos.
Su Gran Ley de la Paz, un sofisticado sistema de gobierno basado en el consejo y el consenso, ha sido senalada por algunos historiadores como una posible influencia en las ideas federales de los fundadores estadounidenses. Los iroqueses fueron durante generaciones una potencia diplomatica y militar de primer orden, cuya alianza disputaron franceses e ingleses.
En 1609, el explorador ingles Henry Hudson, al servicio de los Paises Bajos, remonto el rio que hoy lleva su nombre en busca de un paso hacia Asia. Los holandeses establecieron un puesto comercial de pieles en Fort Nassau (cerca de la actual Albany) y, en 1625, levantaron Fort Amsterdam en la punta de Manhattan; en torno a el crecio Nueva Amsterdam, un enclave comercial cosmopolita de la colonia de Nueva Holanda. En 1664, una flota inglesa tomo la ciudad sin apenas resistencia y la rebautizo Nueva York, en honor al duque de York.
Como una de las trece colonias, Nueva York fue escenario clave de la Guerra de Independencia, con batallas decisivas como la de Saratoga en 1777, considerada el punto de inflexion del conflicto. El 26 de julio de 1788 se convirtio en el undecimo estado en ratificar la Constitucion, y la ciudad de Nueva York fue incluso la primera capital de la nacion, donde George Washington juro su cargo en 1789.
La apertura del Canal Erie en 1825, impulsado por el gobernador DeWitt Clinton, transformo la economia del estado y del pais entero. Aquella via de agua de casi 600 kilometros conecto los Grandes Lagos con el oceano Atlantico a traves del rio Hudson, e hizo de la ciudad de Nueva York la gran puerta comercial de Estados Unidos. En su recorrido florecieron ciudades como Buffalo, Rochester, Syracuse, Utica y Albany, la capital estatal.
Durante mas de seis decadas, entre 1892 y 1954, mas de doce millones de inmigrantes entraron al pais por Ellis Island, en la bahia de Nueva York, bajo la mirada de la Estatua de la Libertad, regalo de Francia inaugurado en 1886. Italianos, irlandeses, judios de Europa del Este, alemanes y gentes de medio mundo hicieron de Nueva York el simbolo mismo del sueno americano y del crisol de pueblos.
La ciudad de Nueva York es la mas poblada de Estados Unidos y una de las grandes capitales mundiales de las finanzas, la cultura, la moda y las artes. Wall Street, Broadway, Times Square, el Central Park, la Quinta Avenida, los museos y los rascacielos de Manhattan —desde el Empire State hasta el nuevo World Trade Center— la convirtieron en un icono global. Fue tambien escenario de los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuya herida y posterior reconstruccion marcaron el inicio del siglo XXI.
Con sus cinco distritos —Manhattan, Brooklyn, Queens, el Bronx y Staten Island— y cientos de idiomas hablados en sus calles, la ciudad concentra buena parte de la vida cultural del pais. Del Renacimiento de Harlem al hip hop nacido en el Bronx, pasando por el jazz y el arte de vanguardia, Nueva York ha sido un motor creativo constante durante mas de un siglo.
El estado de Nueva York va mucho mas alla de su gran metropoli. Al noroeste, las Cataratas del Niagara, en la frontera con Canada, son una de las maravillas naturales mas visitadas del planeta, con su enorme herradura de agua que atrae a millones de turistas cada ano. Al norte se elevan los Adirondacks, con seis millones de acres de montanas, lagos y bosques protegidos, y Lake Placid, dos veces sede de los Juegos Olimpicos de Invierno (1932 y 1980).
Mas al sur, los Catskills, la region vinicola de los Finger Lakes y el valle del Hudson —salpicado de mansiones historicas— ofrecen escapadas rurales a poca distancia de la ciudad. En Long Island, los Hamptons se han convertido en el balneario de moda de la elite de la costa este. De las cataratas a los rascacielos, pocos estados condensan una variedad tan grande de paisajes e historia.
Durante miles de anos, el territorio de Nuevo Hampshire estuvo habitado por pueblos algonquinos, sobre todo abenaki agrupados en naciones como los pennacook, que vivian de la pesca en los rios, la caza y una agricultura estacional a lo largo de valles como el del Merrimack. Se calcula que estos pueblos poblaban la region desde hacia mas de 10.000 anos antes del contacto europeo.
La colonizacion inglesa comenzo en la decada de 1620 en torno a la costa, con asentamientos pesqueros y madereros cerca de Portsmouth, en la desembocadura del rio Piscataqua. Nuevo Hampshire fue una de las cuatro colonias fundacionales de Nueva Inglaterra y durante decadas alterno entre la administracion propia y la dependencia de Massachusetts, hasta consolidarse como colonia real con identidad propia.
Nuevo Hampshire tiene un lugar singular en la fundacion de Estados Unidos: el 5 de enero de 1776, seis meses antes de la Declaracion de Independencia, se convirtio en la primera de las trece colonias en adoptar una constitucion propia y en establecer un gobierno independiente de la corona britanica. Fue tambien el noveno y decisivo estado en ratificar la Constitucion federal, en junio de 1788, con lo que puso en vigor el nuevo pacto nacional.
Su lema, 'Live Free or Die' ('Vive libre o muere'), procede de un brindis del general John Stark, heroe local de la batalla de Bennington en la Guerra de Independencia. Esa frase, hoy impresa incluso en las matriculas del estado, resume el fuerte espiritu independiente, austero y libertario que aun caracteriza a la sociedad de Nuevo Hampshire.
En el siglo XIX, Nuevo Hampshire se industrializo aprovechando la energia de sus rios. Manchester, junto a las cataratas del Merrimack, se convirtio en sede de la Amoskeag Manufacturing Company, que llego a ser la mayor fabrica textil de algodon del mundo, con unas treinta naves y hasta 17.000 empleados en su apogeo. Aquellas hilanderias atrajeron oleadas de inmigrantes, sobre todo francocanadienses e irlandeses, que dieron a las ciudades del sur del estado su caracter obrero y catolico.
Como en toda Nueva Inglaterra, la industria textil entro en crisis a comienzos del siglo XX cuando la produccion migro al sur del pais en busca de mano de obra mas barata, y Amoskeag quebro en 1935. El estado reoriento entonces su economia hacia la manufactura de precision, la tecnologia y el turismo, y mantuvo su fama de baja carga fiscal, sin impuesto general a la renta ni a las ventas.
Desde 1920, Nuevo Hampshire celebra las primeras primarias presidenciales de Estados Unidos, un privilegio que defiende por ley estatal frente a cualquier intento de adelantarlo. Cada cuatro anos, este pequeno estado se convierte en el centro de la atencion nacional: los aspirantes recorren sus pueblos, cafeterias y ayuntamientos en una campana de contacto directo con los votantes, y el resultado suele funcionar como el primer gran termometro de una eleccion.
Ese peso desproporcionado en la politica nacional —el 'first-in-the-nation primary'— ha dado a Nuevo Hampshire una influencia muy superior a su tamano y ha convertido su tradicion civica de asambleas locales (town meetings) en parte de su identidad. Pocos lugares tan pequenos tienen un papel tan visible en la vida democratica del pais.
El gran atractivo turistico de Nuevo Hampshire es su naturaleza montanosa. Las White Mountains (Montanas Blancas) forman el macizo mas alto del noreste, coronado por el Monte Washington (1.917 m), celebre por tener 'el peor clima del mundo': en su cumbre se registro el 12 de abril de 1934 una racha de viento de 372 km/h (231 mph), durante decadas la mas rapida jamas medida por una estacion atendida por personas. El desfiladero de Franconia Notch, con sus cascadas y su telecabina, y la panoramica Kancamagus Highway completan el paisaje.
En otono, los bosques del estado estallan en rojos, naranjas y dorados que atraen a multitudes de 'leaf peepers' —cazadores de follaje— de todo el pais. A ello se suman lagos como el Winnipesaukee, pueblos de postal con iglesias de campanario blanco y una corta pero pintoresca costa atlantica en torno a Portsmouth. Naturaleza, historia y espiritu independiente hacen de Nuevo Hampshire uno de los rincones mas caracteristicos de Nueva Inglaterra.
Nuevo Mexico es una de las regiones de ocupacion humana mas antigua y continua de Estados Unidos. Entre los siglos IX y XIII, la cultura ancestral puebloana alcanzo su apogeo en Chaco Canyon, un complejo de 'grandes casas' de piedra —como Pueblo Bonito, de cientos de habitaciones— que funciono como centro ceremonial, astronomico y comercial de toda una civilizacion del suroeste. Sus descendientes, los pueblo, siguen habitando hoy aldeas milenarias como Taos, Acoma —la 'ciudad del cielo', encaramada sobre una mesa desde hace mas de mil anos— y Zuni.
Mas tarde llegaron a la region los navajos (dine) y los apaches, pueblos de origen atabascano que se adaptaron al desierto y las montanas. Los navajos conservan hoy la mayor reserva india del pais, que se extiende tambien por Arizona y Utah, y su cultura, junto a la de los pueblo, define buena parte de la identidad profunda de Nuevo Mexico.
La presencia espanola en Nuevo Mexico es muy temprana. En 1598, Juan de Onate llego desde el valle de Mexico con unos 500 colonos y soldados y miles de cabezas de ganado, y fundo el primer asentamiento espanol permanente de la region. En 1610, el gobernador Pedro de Peralta traslado la capital y establecio la villa de Santa Fe, al pie de las montanas Sangre de Cristo: es la capital estatal mas antigua de Estados Unidos, fundada una decada antes de que los peregrinos del Mayflower llegaran a Massachusetts.
El Camino Real de Tierra Adentro unio durante siglos la Ciudad de Mexico con Santa Fe, llevando ganado, plata y misioneros por un recorrido de mas de 2.500 kilometros. Sobre esa columna vertebral se levanto una sociedad colonial de raiz hispana e indigena que dejo una honda huella en la lengua, la arquitectura de adobe, la religion y la cocina de todo el norte de Nuevo Mexico.
En 1680, harto del trabajo forzado, los tributos y la represion de sus creencias, el conjunto de los pueblo se alzo en una rebelion coordinada por el lider religioso Po'pay. La Revuelta Pueblo del 10 de agosto de 1680 expulso a los espanoles de Nuevo Mexico durante doce anos, en la rebelion indigena mas exitosa de la historia de Norteamerica; la reconquista definitiva no se completo hasta 1692-1696. Aquel episodio dejo una marca duradera en el equilibrio entre culturas de la region.
Tras la independencia de Mexico en 1821, Nuevo Mexico paso a formar parte del nuevo pais, y el Camino de Santa Fe lo conecto con el este estadounidense. Al termino de la guerra entre Mexico y Estados Unidos, el territorio paso a manos estadounidenses en 1848. Fue tierra del Viejo Oeste, con figuras como el forajido Billy the Kid, y se convirtio en el estado numero 47 de la Union en 1912, uno de los ultimos del territorio continental en lograrlo.
En el siglo XX, Nuevo Mexico entro de lleno en la historia mundial. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Proyecto Manhattan establecio en 1943 el laboratorio secreto de Los Alamos, en una meseta aislada del norte del estado, donde un equipo dirigido por J. Robert Oppenheimer diseno las primeras bombas atomicas. El 16 de julio de 1945, en el desierto de Jornada del Muerto, cerca de Alamogordo, se llevo a cabo la prueba Trinity: la primera detonacion nuclear de la historia, que inauguro la era atomica.
Aquel legado cientifico perdura: Los Alamos y los laboratorios Sandia siguen siendo centros clave de investigacion nuclear y tecnologica. El estado combina ese pasado de vanguardia con paisajes de otro mundo, y su cielo limpisimo y despoblado lo ha convertido tambien en tierra de observatorios y de misteriosas leyendas ovni, como el famoso incidente de Roswell de 1947.
Nuevo Mexico es celebre por su luz y sus paisajes, que atrajeron a artistas como la pintora Georgia O'Keeffe, enamorada de los desiertos y las montanas en torno a Abiquiu. Santa Fe y Taos son capitales del arte y la arquitectura de adobe, con una mezcla unica de culturas nativa, hispana y anglosajona que se refleja en sus mercados, iglesias y ferias. Albuquerque, la mayor ciudad, celebra cada octubre el mayor festival de globos aerostaticos del mundo, cuando cientos de globos tinen el cielo del desierto al amanecer.
Sus paisajes van de los dunares de yeso de White Sands —de una blancura cegadora— a las profundas Cavernas de Carlsbad, un imponente sistema subterraneo declarado Patrimonio de la Humanidad y hogar de cientos de miles de murcielagos. Desierto, montanas, arte y cielos infinitos hacen de la 'Tierra del Encanto' uno de los destinos mas singulares y fotogenicos del suroeste estadounidense.
Mucho antes de la llegada de los europeos, el valle del rio Ohio fue hogar de antiguas culturas indigenas constructoras de monticulos. Entre el ano 800 a.C. y el 100 a.C. florecio la cultura adena, seguida por la cultura hopewell (aproximadamente del 100 a.C. al 400 d.C.), que levantaron impresionantes movimientos de tierra ceremoniales, geometricos y de gran precision, como los Newark Earthworks y los monticulos de Hopewell, usados como observatorios astronomicos y lugares de ritual. El celebre Serpent Mound, un monticulo con forma de serpiente de mas de 400 metros, es el mayor efigie de este tipo del pais.
Siglos despues, la region fue habitada por pueblos como los shawnee, los miami, los wyandot y los delaware, que ofrecieron una feroz resistencia al avance de los colonos. Lideres como el shawnee Tecumseh intentaron unir a las naciones indigenas frente a la expansion estadounidense a comienzos del siglo XIX.
Tras la independencia, Ohio formo parte del Territorio del Noroeste, la primera gran expansion organizada de Estados Unidos al oeste de los Apalaches, regida por la Ordenanza del Noroeste de 1787, que prohibia la esclavitud en la region y establecia el sistema para crear nuevos estados. Ohio fue el primer estado formado a partir de ese territorio, admitido a la Union el 1 de marzo de 1803 como el numero 17.
Su posicion privilegiada —entre el rio Ohio al sur y el lago Erie al norte— y la construccion de canales que unieron ambas cuencas lo convirtieron en una encrucijada del comercio y de la migracion hacia el oeste. Ciudades como Cincinnati, a orillas del Ohio, crecieron como grandes centros de procesamiento de carne de cerdo, lo que le valio el apodo de 'Porkopolis'.
En la segunda mitad del siglo XIX, Ohio se convirtio en uno de los grandes motores industriales del pais. La cercania a las minas de carbon y de hierro impulso el crecimiento de Cleveland, Youngstown, Canton y Akron: la Otis Steel Company de Cleveland construyo uno de los primeros hornos de solera abierta, y hacia 1892 Ohio era el segundo estado siderurgico del pais, solo por detras de Pensilvania. Akron se convirtio en la 'capital mundial del caucho', sede de Goodyear, Firestone y otras grandes fabricas de neumaticos.
Fue tambien una tierra de invencion prodigiosa: en Dayton, los hermanos Wright construyeron y disenaron su primer avion antes de probarlo en Carolina del Norte, y alli trabajaron figuras como Charles Kettering. Cincinnati, Dayton y Columbus completaban un tejido industrial diverso de maquinaria, quimica y manufactura.
Ohio dio al pais siete presidentes —Grant, Hayes, Garfield, Benjamin Harrison, McKinley, Taft y Harding—, lo que le valio, junto a Virginia, el apodo de 'madre de presidentes'. Su peso politico y su composicion social diversa lo han convertido, ademas, en uno de los estados 'bisagra' mas observados de cada eleccion presidencial: durante decadas, quien ganaba Ohio ganaba la Casa Blanca.
El estado tiene tambien un lugar destacado en la conquista del espacio: de Ohio salieron John Glenn, primer estadounidense en orbitar la Tierra y luego senador, y Neil Armstrong, nacido en Wapakoneta, el primer ser humano en pisar la Luna en 1969. Pocos estados han aportado tanto a la vida politica y a la epopeya espacial del pais.
Cleveland, a orillas del lago Erie, es sede del Salon de la Fama del Rock and Roll, un homenaje al genero que un locutor de radio de la ciudad, Alan Freed, ayudo a popularizar con ese nombre en los anos cincuenta. El estado combina sus grandes ciudades —Columbus, la capital y la mayor urbe, ademas de un pujante polo universitario; Cincinnati; Cleveland— con vastas zonas agricolas de maiz y soja en el interior.
Como estado industrial del 'Rust Belt' o cinturon del oxido, Ohio vivio el duro declive de muchas de sus fabricas a fines del siglo XX, pero sigue siendo un centro manufacturero, logistico, sanitario y de investigacion de primer orden, con instituciones como la Clinica Cleveland. Del misterio del Serpent Mound al neon del rock, Ohio resume buena parte de la historia industrial y politica del corazon de Estados Unidos.
La historia moderna de Oklahoma esta marcada por una de las mayores tragedias de la politica indigena estadounidense. Tras la Ley de Remocion India de 1830, el gobierno federal expulso de sus tierras del sureste a las llamadas 'Cinco Tribus Civilizadas' —cherokees, choctaw, chickasaw, creek (muscogee) y seminolas— y las deporto a marchas forzadas hacia lo que se designo como 'Territorio Indio', la actual Oklahoma. Aquel exodo, conocido como el Sendero de las Lagrimas, se cobro la vida de miles de personas por hambre, frio y enfermedad; solo entre los cherokees se calcula que murieron unos 4.000.
A aquellas cinco naciones se sumaron, a lo largo del siglo XIX, decenas de otros pueblos reubicados desde todo el pais. Por eso Oklahoma alberga hoy 39 naciones tribales reconocidas y una de las mayores poblaciones indigenas de Estados Unidos; el propio nombre del estado proviene de las palabras choctaw 'okla humma', que significan 'gente roja'.
En las decadas finales del siglo XIX, la presion de colonos y ferrocarriles llevo al gobierno a abrir al asentamiento blanco vastas franjas del Territorio Indio. El 22 de abril de 1889, al sonar el toque de corneta de la caballeria al mediodia, se dio inicio a la primera y mas famosa 'Land Run': unos 50.000 participantes se lanzaron a caballo y en carreta a reclamar parcelas de casi dos millones de acres, y en un solo dia nacieron de la nada ciudades como Oklahoma City y Guthrie.
Aquellas caoticas carreras por la tierra —hubo varias mas en los anos siguientes— dieron a Oklahoma su apodo de 'Sooner State', por los 'sooners', los que se colaban antes de la senal para reclamar los mejores terrenos. El caracter improvisado y fronterizo de aquella colonizacion quedo grabado en la identidad del estado.
En 1901 se descubrio petroleo cerca de Tulsa, y una fiebre del crudo transformo la economia del territorio: multiples companias petroleras instalaron sus oficinas en la ciudad, que se autoproclamo 'capital petrolera del mundo'. El 16 de noviembre de 1907, el Territorio Indio y el Territorio de Oklahoma se unieron para formar el estado numero 46 de la Union.
Aquella prosperidad convivio con una violencia racial extrema. En Tulsa florecio el prospero barrio afroamericano de Greenwood, apodado el 'Black Wall Street'. El 31 de mayo y el 1 de junio de 1921, turbas blancas atacaron y arrasaron el barrio en la Masacre Racial de Tulsa, uno de los episodios de violencia racial mas graves de la historia del pais, con centenares de muertos y miles de personas sin hogar, silenciado durante decadas.
En los anos treinta, Oklahoma quedo en el centro del Dust Bowl, considerado el peor desastre ecologico provocado por el ser humano en la historia de Estados Unidos. Anos de arado intensivo de la pradera, seguidos de una sequia prolongada, dejaron el suelo suelto y a merced del viento: enormes tormentas de polvo negro sepultaron granjas y cosechas. Combinado con el desplome economico de la Gran Depresion, el desastre arruino a miles de familias.
Cientos de miles de agricultores desesperados —los 'okies'— abandonaron el estado y emigraron hacia California en busca de trabajo, un exodo inmortalizado por John Steinbeck en 'Las uvas de la ira' y por las canciones de Woody Guthrie, hijo de Oklahoma. Aquella herida colectiva marco profundamente la memoria y la cultura del estado.
Oklahoma es hoy un cruce unico de culturas nativa, vaquera y surena. Su enorme poblacion indigena mantiene vivas lenguas, ceremonias y gobiernos tribales, y ciudades como Tahlequah son capital de la Nacion Cherokee. El National Cowboy and Western Heritage Museum de Oklahoma City y el legado de figuras como el humorista Will Rogers, orgullo cherokee del estado, celebran la tradicion del Oeste.
La memoria reciente tambien esta marcada por el atentado de Oklahoma City de 1995, el peor ataque terrorista domestico de la historia del pais, hoy recordado en un sobrio y emotivo memorial. Entre las praderas, las montanas Ouachita y Wichita, los lagos artificiales y una escena musical que va del country al rock de Tulsa, Oklahoma condensa buena parte del alma del corazon de Estados Unidos.
Oregon fue hogar de numerosos pueblos originarios —chinook, nez perce, klamath, umpqua, coos y muchos mas— que prosperaban gracias al salmon de sus rios, a la caza y a la enorme riqueza de sus bosques y su costa. En el bajo rio Columbia, los chinook desarrollaron una sociedad compleja basada en el comercio, y su lengua dio origen al 'chinook jargon', una lengua franca usada en todo el noroeste.
Los primeros exploradores europeos recorrieron la costa a fines del siglo XVIII, y en 1805 la expedicion de Lewis y Clark llego a la desembocadura del rio Columbia, donde paso el invierno en Fort Clatsop antes de emprender el regreso. La riqueza en pieles atrajo despues a companias britanicas y estadounidenses, que establecieron puestos comerciales como Fort Vancouver.
A partir de la decada de 1840, decenas de miles de colonos recorrieron el legendario Camino de Oregon, una travesia de unos 3.200 kilometros desde el rio Misuri, en busca de las fertiles tierras del valle del Willamette. Fue la mayor migracion terrestre voluntaria de la historia del pais, y las profundas rodadas de sus carretas aun son visibles en algunos tramos de la pradera. Los misioneros metodistas de Jason Lee habian fundado ya en 1834 el primer asentamiento estable del valle.
En 1843, los colonos reunidos en Champoeg organizaron un gobierno provisional, con leyes inspiradas en las de Iowa, mientras la region seguia disputada entre Gran Bretana y Estados Unidos. Aquella migracion masiva de pioneros inclino definitivamente la balanza a favor estadounidense: el Tratado de Oregon de 1846 fijo la frontera con Canada en el paralelo 49.
Oregon fue admitido como estado el 14 de febrero de 1859, el numero 33 de la Union. Su economia se baso durante mucho tiempo en la madera —de sus inmensos bosques de coniferas, con especies como el abeto de Douglas—, en la pesca del salmon y en la agricultura fertil del valle del Willamette, hoy tambien celebre por sus vinos Pinot Noir. Portland, en la confluencia de los rios Willamette y Columbia, crecio como el gran centro urbano y portuario del estado.
Su fundacion tuvo un origen curioso: en 1845, sus dos duenos, uno de Maine y otro de Massachusetts, decidieron el nombre de la ciudad a cara o cruz; gano el de Portland. A comienzos del siglo XX, Oregon se gano una reputacion pionera en democracia directa, con el 'Oregon System' de iniciativas y referendos que inspiro reformas en todo el pais.
En el siglo XX, Oregon forjo una fuerte identidad ecologista y de calidad de vida. Fue de los primeros estados en proteger todas sus playas como bienes publicos (la Beach Bill de 1967), en aprobar una ley pionera de deposito y reciclaje de envases (la Bottle Bill de 1971) y en frenar la expansion urbana descontrolada con limites de crecimiento en torno a las ciudades. Esa vocacion verde y su clima lluvioso alimentaron una cultura independiente, artesanal y algo excentrica.
Portland se convirtio en simbolo de esa forma de vida: ciudad de cervecerias artesanales, cafeterias, librerias, bicicletas y un lema no oficial, 'Keep Portland Weird' ('Mantengamos rara a Portland'). El estado combina hoy esa cultura urbana alternativa con una potente industria tecnologica —el llamado 'Silicon Forest'— y la sede de Nike, nacida en Oregon.
Oregon despliega paisajes de una belleza excepcional. Su joya es el Parque Nacional Crater Lake, establecido por Theodore Roosevelt en 1902 como el quinto mas antiguo del pais y el unico de Oregon: un lago de un azul intensisimo alojado en la caldera del volcan Mazama, derrumbado hace unos 7.700 anos, y el mas profundo de Estados Unidos con casi 600 metros. La costa de Oregon, con sus faros, acantilados y monolitos como Haystack Rock, se recorre por la panoramica carretera 101 y es publica en toda su extension.
Al norte, la garganta del rio Columbia —compartida con Washington— ofrece cascadas espectaculares como Multnomah Falls y miradores de vertigo a pocos minutos de Portland. Volcanes como el Monte Hood, bosques milenarios, desiertos altos en el este y una costa salvaje hacen de Oregon uno de los estados mas variados y fotogenicos del oeste estadounidense.
El territorio, habitado por los lenape (delaware), los susquehannock y otros pueblos, fue concedido en 1681 por el rey Carlos II de Inglaterra al cuaquero William Penn, como pago de una deuda que la corona tenia con su padre. Penn bautizo la tierra Pensilvania —'los bosques de Penn', en latin— y la concibio como un 'experimento santo' basado en la libertad religiosa, la tolerancia y un trato relativamente pacifico y justo con los indigenas, con quienes negocio la compra de tierras. Filadelfia, 'la ciudad del amor fraternal', fue trazada como la primera ciudad planificada de las colonias.
Aquella promesa de tolerancia atrajo a una poblacion excepcionalmente diversa: cuaqueros ingleses, luteranos y menonitas alemanes —los 'Pennsylvania Dutch', entre ellos los amish, que aun conservan su modo de vida sin electricidad ni automoviles—, escoceses-irlandeses y gentes de toda Europa, en una de las sociedades mas plurales de la America colonial.
Filadelfia fue el corazon de la fundacion de Estados Unidos. Alli se reunieron el Primer y el Segundo Congreso Continental, se firmo la Declaracion de Independencia el 4 de julio de 1776 y se redacto la Constitucion en 1787, ambos documentos aprobados en el Independence Hall, junto a la celebre Campana de la Libertad. La ciudad fue ademas capital de la nacion entre 1790 y 1800, mientras se construia Washington D.C.
Pensilvania fue el segundo estado en ratificar la Constitucion, el 12 de diciembre de 1787, apenas cinco dias despues de Delaware. Su papel central en el nacimiento del pais, tanto por sus ideas como por sus instituciones, la convirtio en el escenario simbolico por excelencia de los ideales fundacionales de la republica.
Durante la Guerra de Secesion, Pensilvania fue escenario de la batalla mas importante del conflicto. Entre el 1 y el 3 de julio de 1863, los ejercitos de la Union y de la Confederacion chocaron en los campos de Gettysburg, en el sur del estado, en el combate mas sangriento de toda la guerra, que dejo mas de 50.000 muertos, heridos o desaparecidos. La derrota del general Lee marco el punto de inflexion de la contienda y freno la invasion confederada del norte.
Meses despues, en noviembre de 1863, el presidente Abraham Lincoln pronuncio alli el Discurso de Gettysburg, apenas doscientas palabras que redefinieron el sentido de la guerra y de la propia democracia estadounidense. El campo de batalla es hoy uno de los sitios historicos mas visitados y venerados del pais.
Pensilvania fue el gran motor industrial de Estados Unidos. En 1859, en Titusville, Edwin Drake perforo el primer pozo petrolero comercial de la historia, inaugurando la industria del petroleo moderna. Pero fue el acero lo que definio al estado: con abundante carbon, hierro y coque, Pittsburgh —la 'ciudad del acero'— se convirtio en la capital siderurgica del pais, sede del imperio de Andrew Carnegie, cuyo primer gran molino de acero data de 1873, y de las fortunas de magnates como Henry Clay Frick.
El acero de Pittsburgh y el carbon de las montanas de antracita alimentaron el crecimiento del pais, sus ferrocarriles y sus rascacielos, y atrajeron a millones de inmigrantes europeos que trabajaron en las minas y las fabricas en condiciones durisimas, escenario de algunas de las mayores luchas obreras de la historia estadounidense.
Tras el declive de la industria pesada en la segunda mitad del siglo XX, que golpeo duramente al cinturon del oxido, Pittsburgh protagonizo una de las reconversiones mas admiradas del pais: de la contaminacion del acero paso a ser un polo de tecnologia, robotica, salud y educacion, con instituciones como la Universidad Carnegie Mellon. Filadelfia, por su parte, sigue siendo un gran centro historico, cultural, universitario y medico.
Por su peso demografico —es uno de los estados mas poblados— y su composicion social diversa, Pensilvania es uno de los estados 'bisagra' (swing states) mas decisivos en las elecciones presidenciales, disputado en cada ciclo. De los amish a los laboratorios de robotica, y de la Campana de la Libertad a Gettysburg, Pensilvania condensa siglos de historia estadounidense en su territorio.
El territorio del actual Rhode Island fue hogar de los narragansett y los wampanoag, pueblos algonquinos que dominaban la bahia. En 1636, el disidente religioso Roger Williams, expulsado de la colonia de la bahia de Massachusetts por sus ideas, se establecio en unas tierras que le cedieron los narragansett en la cabecera de la bahia y fundo Providence como un refugio de libertad religiosa y de separacion entre la Iglesia y el Estado, principios revolucionarios para la epoca.
Williams proclamo alli la 'libertad de conciencia', y su colonia se convirtio en la primera del mundo occidental en garantizar la libertad religiosa en su carta fundacional. A ese refugio de tolerancia llegaron cuaqueros, judios —que levantaron en Newport la sinagoga Touro, la mas antigua en pie del pais— y perseguidos de toda clase, atraidos por lo que Williams llamo un 'experimento vivaz' de convivencia.
Fiel a su caracter independiente, Rhode Island fue la primera de las trece colonias en renunciar formalmente a la lealtad a la corona britanica, el 4 de mayo de 1776, dos meses antes de la Declaracion de Independencia. Pese a su diminuto tamano, tuvo un papel destacado en el comercio maritimo colonial, incluido —con luces y muchas sombras— el comercio triangular de ron, esclavos y melaza, en el que sus mercaderes participaron activamente.
Paradojicamente, aquel mismo espiritu receloso del poder central lo convirtio en el ultimo de los trece estados originales en ratificar la Constitucion, el 29 de mayo de 1790, y solo tras ser amenazado con que sus exportaciones fueran gravadas como las de una nacion extranjera. Es, hasta hoy, el estado mas pequeno de Estados Unidos por superficie.
Rhode Island fue la cuna de la Revolucion Industrial estadounidense. En 1790, el inmigrante ingles Samuel Slater, que habia memorizado en secreto los disenos de las maquinas textiles britanicas, fundo en Pawtucket la primera hilanderia de algodon movida por agua exitosa del pais, la Slater Mill. Aquel molino, que empezo a producir en 1793, inauguro el sistema fabril estadounidense y valio a Slater el apodo de 'padre de la Revolucion Industrial americana' —y el de 'Slater el traidor' en su Inglaterra natal.
A lo largo del siglo XIX, la industria textil y joyera del estado atrajo a oleadas de inmigrantes irlandeses, italianos, portugueses y francocanadienses, que transformaron la sociedad y la cultura de ciudades como Providence, la capital, y Woonsocket. La joyeria y la orfebreria hicieron de Providence un importante centro manufacturero.
Rhode Island es celebre por su litoral y su gran bahia de Narragansett, salpicada de islas y puertos. Su joya es Newport, que a fines del siglo XIX se convirtio en el balneario de veraneo de la elite mas rica del pais: las familias Vanderbilt, Astor y Widener levantaron alli fastuosas 'cottages' —en realidad, autenticos palacios— como The Breakers y Marble House, hoy visitables y testimonio deslumbrante de la Edad Dorada (Gilded Age).
Newport es tambien capital mundial de la vela —sede durante decadas de la America's Cup— y escenario de festivales de jazz y de folk legendarios, como aquel de 1965 en el que Bob Dylan se paso a la guitarra electrica. Sus playas, sus mansiones y su paseo maritimo de acantilados (Cliff Walk) la convierten en uno de los destinos mas elegantes de Nueva Inglaterra.
A pesar de sus reducidas dimensiones, Rhode Island concentra un patrimonio notable. Providence, sede de la prestigiosa Universidad Brown y de la Rhode Island School of Design (RISD), una de las mejores escuelas de arte y diseno del mundo, se ha reinventado como una animada ciudad cultural y gastronomica, con eventos como el WaterFire que iluminan sus rios. Su casco historico conserva una de las mayores colecciones de arquitectura colonial del pais.
Entre playas, veleros, mansiones doradas y una historia de tolerancia pionera, el estado del 'Ocean State' demuestra que en el territorio mas pequeno de Estados Unidos cabe una concentracion sorprendente de historia, belleza y cultura. Su lema, 'Hope' ('Esperanza'), resume el espiritu con el que Roger Williams fundo su refugio hace casi cuatro siglos.
Tennessee fue el corazon del territorio cherokee, uno de los pueblos originarios mas avanzados del sureste, ademas de hogar de chickasaw en el oeste y de antiguos constructores de monticulos. Entre los cherokees destaco Sequoyah, el unico hombre conocido de la historia que ideo por si solo un sistema de escritura completo: su silabario, terminado hacia 1821, dio a la nacion cherokee una lengua escrita, periodicos y una alfabetizacion notable.
Fue tierra de frontera, colonizada por pioneros que cruzaron los Apalaches por rutas como el Wilderness Road, entre ellos figuras legendarias como Davy Crockett —nacido a orillas del arroyo Limestone— y John Sevier. Tras el efimero 'estado de Franklin', Tennessee se convirtio en el estado numero 16 de la Union el 1 de junio de 1796, y se gano el apodo de 'Volunteer State' por el gran numero de voluntarios que aporto a las guerras del pais.
La tragedia marco la historia indigena del estado. Pese al desarrollo de su lengua escrita, sus escuelas y su gobierno, e incluso a una sentencia favorable de la Corte Suprema, la mayoria de los cherokees fueron expulsados de la region en 1838 y deportados en marchas forzadas hacia el Territorio Indio de Oklahoma. Aquel exodo, el Sendero de las Lagrimas, se cobro miles de vidas por hambre, frio y enfermedad, y sigue siendo uno de los episodios mas oscuros de la politica indigena estadounidense.
El despojo de las tierras cherokees abrio el este de Tennessee a la colonizacion masiva. La memoria de aquel pueblo y de su expulsion pervive en sitios historicos y en la Eastern Band que logro permanecer en las montanas de la vecina Carolina del Norte.
Estado sureno y esclavista, Tennessee se unio a la Confederacion —fue el ultimo en separarse de la Union— y se convirtio en uno de los principales campos de batalla de la Guerra de Secesion, con enfrentamientos sangrientos como Shiloh (abril de 1862), en su momento la batalla mas sangrienta de la guerra, Stones River, Chattanooga y Franklin. Tras la derrota confederada, fue el primer estado en reincorporarse a la Union en 1866.
Un siglo despues, Tennessee volvio a estar en el centro de la historia nacional. En Memphis, el 4 de abril de 1968, fue asesinado Martin Luther King Jr. en el balcon del motel Lorraine, mientras apoyaba una huelga de trabajadores sanitarios negros. Su muerte conmociono al pais y al movimiento por los derechos civiles; el motel es hoy el Museo Nacional de los Derechos Civiles.
Ningun estado ha dado tanto a la musica popular de Estados Unidos como Tennessee. En Memphis, a orillas del Misisipi, nacieron el blues de Beale Street —con W. C. Handy como pionero— y, en los estudios de Sun Records, el rock and roll: alli grabaron por primera vez Elvis Presley, Johnny Cash, Jerry Lee Lewis y Carl Perkins. Elvis vivio en la ciudad, y su mansion Graceland es hoy uno de los lugares de peregrinacion mas visitados del pais. El sello Stax hizo de Memphis, ademas, una capital del soul.
Nashville, la capital del estado, es la 'Music City', cuna y meca del country: sede del historico Grand Ole Opry, del Country Music Hall of Fame y de la industria discografica que ha convertido al genero en un fenomeno mundial. Del blues al rock, del soul al country, Tennessee es la banda sonora de America.
Al este, Tennessee se eleva en los montes Apalaches y ofrece el Parque Nacional de las Great Smoky Mountains (Grandes Montanas Humeantes), compartido con Carolina del Norte: el parque nacional mas visitado de Estados Unidos, celebre por su biodiversidad extraordinaria, sus bosques neblinosos, sus cascadas y su rico patrimonio de los antiguos colonos de montana. Gatlinburg y Pigeon Forge —esta con el parque tematico Dollywood, de la cantante Dolly Parton, hija del estado— son sus bulliciosas puertas de entrada.
Entre el Misisipi al oeste, las mesetas centrales del bourbon del vecino Kentucky y las montanas del este, Tennessee combina naturaleza, musica e historia con una hospitalidad que lo ha convertido en uno de los estados mas entranables y visitados del Sur. Su whiskey de Tennessee, encabezado por Jack Daniel's de Lynchburg, completa su rico patrimonio cultural.
El vasto territorio de Texas fue dominio de pueblos muy diversos: los comanches —jinetes temibles que controlaron durante mas de un siglo las llanuras del centro y el oeste en lo que los historiadores llaman la 'Comancheria'—, los apaches lipan, los caddo del este —agricultores sedentarios cuya palabra 'tejas' ('amigos') dio nombre al estado— y los karankawa de la costa. Los espanoles colonizaron la region desde el siglo XVII y XVIII, fundando misiones como las de San Antonio, entre ellas la de San Antonio de Valero, que pasaria a la historia como el Alamo.
Tras la independencia de Mexico en 1821, el gobierno mexicano alento la llegada de colonos angloamericanos —los 'texians'—, encabezados por empresarios como Stephen F. Austin. Pronto superaron en numero a la poblacion hispana (los tejanos) y entraron en creciente conflicto con las autoridades mexicanas por cuestiones como la esclavitud, la religion y el gobierno centralista de Santa Anna.
En 1836, los colonos texanos se rebelaron contra Mexico. Durante trece dias de febrero y marzo, unos 200 defensores —entre ellos William Travis, Davy Crockett y Jim Bowie— resistieron el asedio del ejercito de Santa Anna en la mision del Alamo, en San Antonio, hasta caer todos. La heroica y tragica defensa se convirtio en un mito fundacional. Semanas despues, al grito de '¡Recuerden el Alamo!', el general Sam Houston sorprendio y vencio a Santa Anna en la batalla de San Jacinto, el 21 de abril de 1836, en apenas dieciocho minutos, y capturo al propio dictador mexicano.
Con los Tratados de Velasco, Texas logro su independencia. Durante casi diez anos fue una republica soberana —la 'Estrella Solitaria'—, con presidentes propios (Houston y luego Lamar), moneda, bandera y embajadas en Europa, hasta su anexion por Estados Unidos el 29 de diciembre de 1845 como el estado numero 28, un acto que precipito la guerra entre Estados Unidos y Mexico.
Texas se unio a la Confederacion en la Guerra de Secesion, y tras la derrota atraveso la dura Reconstruccion. En las decadas siguientes, el estado vivio la epoca dorada del ganado: enormes rebanos de reses longhorn eran conducidos por los vaqueros (cowboys) desde los ranchos texanos hasta las cabeceras de ferrocarril de Kansas, por rutas como el Chisholm Trail. Aquellos arreos legendarios forjaron la imagen del vaquero que se convertiria en simbolo universal de Estados Unidos.
La cultura texana se fue tejiendo con hilos mexicanos, sureños y del Oeste: de esa mezcla nacieron la cocina tex-mex, la musica y una identidad orgullosa y desmesurada. El rancho King, uno de los mayores del mundo, y la figura del ranchero simbolizan esa era en la que la tierra y el ganado eran la principal riqueza del estado.
El 10 de enero de 1901, el pozo Lucas de Spindletop, cerca de Beaumont, entro en erupcion y lanzo petroleo a mas de 45 metros de altura durante nueve dias, produciendo mas crudo en un solo dia que todos los demas pozos del mundo juntos. Aquel gusher inauguro la era del petroleo texano y transformo un estado rural y agricola en una potencia energetica mundial. Nacieron grandes companias, ciudades como Houston se dispararon y el 'oro negro' redefinio la economia texana.
El petroleo y el gas convirtieron a Texas en un gigante economico. Houston se autoproclamo 'capital energetica del mundo', sede de mas oficinas de companias petroleras que ninguna otra ciudad, y desarrollo ademas un enorme complejo petroquimico y el mayor centro medico del planeta, el Texas Medical Center.
En 1961, la NASA establecio en Houston el Centro de Naves Tripuladas —hoy Centro Espacial Johnson—, sede del control de las misiones espaciales estadounidenses: de alli salio la celebre frase 'Houston, tenemos un problema', y a el se dirigian los astronautas del programa Apolo que pisaron la Luna. La palabra 'Houston' fue, de hecho, la primera pronunciada por un ser humano sobre la superficie lunar.
Hoy Texas es el segundo estado mas grande y poblado del pais, con una economia que rivaliza con la de naciones enteras. Sus grandes ciudades combinan tradicion e innovacion: Houston, cosmopolita y energetica; San Antonio, con el Alamo y su animado River Walk; Dallas y Fort Worth, entre los rascacielos y los rodeos; y la creativa Austin, capital del estado, de la tecnologia y de la musica en vivo. Fiel al lema local, todo es mas grande en Texas.
Miles de años antes de que llegara el primer europeo, la meseta del Colorado y la Gran Cuenca que hoy forman Utah estaban habitadas por cazadores-recolectores y, más tarde, por agricultores sedentarios. Entre el año 1 y el 1300 d.C. florecieron dos grandes tradiciones: los ancestrales puebloanos (anasazi) en el sureste y la cultura Fremont en el centro y norte, que cultivaban maíz, frijol y calabaza, construían viviendas de adobe y graneros en los acantilados y dejaron uno de los legados de arte rupestre más ricos de Norteamérica. Paneles como Newspaper Rock, el Great Gallery del Horseshoe Canyon o los petroglifos de Nine Mile Canyon todavía cubren las paredes de arenisca con figuras humanas, borregos cimarrones y espirales enigmáticas.
Hacia el siglo XIII, un largo período de sequía provocó el abandono de esos asentamientos. En su lugar se consolidaron los pueblos que los colonos hallarían siglos después: los utes (que dieron nombre al estado) en las montañas y valles del centro y este; los paiutes del sur; los goshutes en los áridos desiertos del oeste; los shoshones en el norte; y los navajos (diné) y hopis en el extremo sureste. Eran pueblos móviles, adaptados a un territorio durísimo, que tras la llegada del caballo español se transformaron en hábiles jinetes y comerciantes.
El nombre 'Utah' deriva precisamente de los ute, a menudo interpretado como 'gente de las montañas'. Hoy el estado conserva varias reservas —entre ellas la Uintah y Ouray, una de las mayores del país— y la Nación Navajo se extiende por el rincón sureste, en torno a Monument Valley.
El primer registro europeo de la región llegó en 1776, cuando los frailes franciscanos Francisco Atanasio Domínguez y Silvestre Vélez de Escalante, en busca de una ruta terrestre entre Santa Fe y las misiones de California, cruzaron el centro de Utah y describieron el valle del lago Utah y a sus habitantes. No fundaron nada, pero abrieron el camino de lo que luego sería el Old Spanish Trail, la ruta comercial que unía Nuevo México con Los Ángeles bordeando el sur del actual estado.
Durante las décadas de 1820 y 1830, Utah fue territorio de los 'mountain men', los tramperos de castor que recorrían las Rocosas. Jim Bridger es considerado el primer europeo-americano que vio el Gran Lago Salado, hacia 1824-25; al probar su agua salada llegó a creer que había alcanzado un brazo del océano Pacífico. Los rendezvous anuales de tramperos, las expediciones de John C. Frémont —que cartografió y bautizó buena parte de la Gran Cuenca en la década de 1840— y el paso de caravanas hacia California (incluida la malograda partida Donner-Reed, que cruzó el desierto de sal en 1846) fueron dibujando el mapa de un territorio todavía mexicano y casi despoblado de colonos.
La historia moderna de Utah empieza el 24 de julio de 1847, cuando Brigham Young, líder de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, contempló el valle del Gran Lago Salado desde la boca del Emigration Canyon y —según la tradición— declaró: 'Este es el lugar, seguid adelante'. Los mormones huían de la persecución religiosa que los había expulsado de Illinois y Misuri, y buscaban un refugio remoto donde practicar su fe. Aquel día se conmemora aún hoy como Pioneer Day, la fiesta más importante del estado.
En un valle desértico y salino, los colonos aplicaron de inmediato un sistema de irrigación comunitaria que desviaba el agua de los cañones para regar los campos: una hazaña que hizo florecer la agricultura donde parecía imposible y que se convirtió en modelo de colonización de todo el Oeste árido. Bajo la dirección férrea de Young, se trazó Salt Lake City en torno al futuro Templo, y se enviaron colonos a fundar centenares de pueblos por Utah, Idaho, Nevada, Arizona y hasta California.
En 1849 los pioneros propusieron crear un enorme estado propio llamado Deseret —palabra del Libro de Mormón que significa 'abeja melífera', símbolo de laboriosidad que todavía figura en la bandera estatal—. El Congreso lo rechazó y en 1850 estableció en su lugar el Territorio de Utah, mucho más pequeño y con Brigham Young como primer gobernador.
La convivencia entre el territorio dirigido por la Iglesia y el gobierno federal fue tensa. En 1857-58 estalló la llamada Guerra de Utah, cuando el presidente James Buchanan envió tropas para imponer un gobernador no mormón; el conflicto terminó sin gran batalla, pero en su clima de miedo se produjo la Masacre de Mountain Meadows (septiembre de 1857), en la que una milicia local asesinó a unos 120 emigrantes de una caravana de Arkansas, uno de los episodios más oscuros de la historia del estado. En paralelo, la Guerra de Black Hawk (1865-1872) enfrentó a colonos y utes por la tierra y los recursos.
El 10 de mayo de 1869, en Promontory Summit, al norte del Gran Lago Salado, se clavó el Golden Spike (el 'clavo de oro') que unió las vías de la Union Pacific y la Central Pacific: nacía el primer ferrocarril transcontinental de Estados Unidos, y Utah quedaba conectada con ambas costas. El tren trajo consigo mineros, comerciantes y forasteros no mormones, y disparó la minería: la plata convirtió a Park City en uno de los pueblos más ricos del Oeste, mientras la mina de cobre a cielo abierto de Bingham Canyon —hoy una de las excavaciones humanas más grandes del planeta— se volvía un gigante industrial.
Durante décadas, el mayor obstáculo para que Utah se convirtiera en estado fue la práctica de la poligamia por parte de la Iglesia mormona. El gobierno federal aprobó leyes cada vez más duras —culminando en la Edmunds-Tucker Act de 1887—, que encarcelaron a cientos de hombres, confiscaron bienes de la Iglesia y privaron del voto a los polígamos e incluso a las mujeres de Utah (que habían sido de las primeras del país en votar, en 1870).
En 1890, el presidente de la Iglesia Wilford Woodruff emitió el Manifiesto, que ponía fin oficialmente a los nuevos matrimonios plurales. El gesto abrió la puerta a la reconciliación con Washington: los mormones se integraron en los partidos nacionales y, tras aprobar una constitución que prohibía la poligamia y garantizaba el sufragio femenino, Utah fue admitida como el estado número 45 de la Unión el 4 de enero de 1896, con Salt Lake City como capital.
El siglo XX transformó Utah de sociedad agraria y minera en un estado moderno y diversificado. El turismo descubrió sus paisajes irrepetibles: los cañones de arenisca roja del sur quedaron protegidos como los 'Mighty Five', los cinco parques nacionales que hoy son su gran imán —Zion (1919), Bryce Canyon (1928), Arches, Capitol Reef y Canyonlands—, además de monumentos como Monument Valley, en tierra navajo. El Gran Lago Salado, los salares de Bonneville (donde se baten récords de velocidad terrestre) y las montañas Wasatch, con 'la mejor nieve de la Tierra', completan una geografía única.
Esa nieve legendaria llevó a Salt Lake City y a Park City a organizar los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002, un hito que modernizó la infraestructura del estado y proyectó su imagen al mundo; instalaciones como el Utah Olympic Park siguen en uso, y la ciudad fue elegida para volver a ser sede en 2034.
En las últimas décadas, Utah se ha convertido en uno de los estados de mayor crecimiento del país, con un potente polo tecnológico apodado 'Silicon Slopes' en torno a Salt Lake City y Provo, una población joven y una economía pujante. Al mismo tiempo enfrenta desafíos ambientales serios, en especial el retroceso del Gran Lago Salado por la sequía y el consumo de agua, uno de los grandes debates del estado hoy.
El territorio que hoy es Vermont —del frances 'les verts monts', 'las montanas verdes'— fue durante miles de anos hogar de los abenaki, pueblos de habla algonquina que vivian de la caza, la pesca y la agricultura estacional en los valles del lago Champlain y los rios del interior. El explorador frances Samuel de Champlain recorrio la region en 1609 y dio su nombre al gran lago que separa hoy Vermont de Nueva York.
Durante el periodo colonial, la zona fue una tierra fronteriza y disputada entre franceses e ingleses, y despues entre las colonias de Nueva York y Nuevo Hampshire, que se atribuian su jurisdiccion y repartian las mismas tierras a colonos rivales. Esa pugna forjo el caracter combativo e independiente de los primeros pobladores, agrupados en milicias como los Green Mountain Boys de Ethan Allen.
En medio de la Revolucion, Vermont siguio un camino singular. El 15 de enero de 1777, delegados de una treintena de pueblos se reunieron y declararon la independencia de las jurisdicciones de Nueva York, Nuevo Hampshire y la corona britanica, creando la Republica de Vermont, un estado soberano de facto que existiria durante catorce anos.
Su constitucion de julio de 1777 fue historica: convirtio a Vermont en el primer territorio de lo que seria Estados Unidos en abolir por ley la esclavitud de los adultos —los hombres quedaban libres a los 21 anos y las mujeres a los 18—, la primera prohibicion de este tipo en el Nuevo Mundo. Aquella constitucion establecio ademas el sufragio masculino sin requisito de propiedad, en un notable avance democratico para la epoca.
Tras catorce anos como republica independiente —con su propia moneda, su servicio postal y su gobierno—, Vermont resolvio finalmente sus disputas territoriales con Nueva York mediante una compensacion economica. En 1791 se unio a la Union como el estado numero 14, el primero en incorporarse tras las trece colonias originales, y ademas como estado libre, para equilibrar la reciente admision de Kentucky como estado esclavista.
Su constitucion propia y su tradicion de asambleas locales (town meetings), en las que los vecinos deciden directamente los asuntos del pueblo, hicieron de Vermont un referente de democracia participativa. Aquella herencia civica e independiente sigue siendo un rasgo distintivo del caracter politico del estado.
La economia de Vermont fue tradicionalmente agricola: granjas lecheras, ganado y, sobre todo, la produccion de jarabe de arce (maple syrup), de la que es el mayor productor de Estados Unidos. Cada primavera, la savia de los arces azucareros se hierve para obtener el jarabe en un proceso —el 'sugaring'— que forma parte de la identidad del estado. El estado, muy rural y de baja poblacion, cultivo una fama de independencia politica y de cuidado del paisaje y el medio ambiente.
Esa identidad se refleja en su prohibicion de las vallas publicitarias en las carreteras —es uno de los pocos estados que no permite anuncios en las rutas—, en su fuerte tradicion civica y en productos iconicos como los helados Ben & Jerry's, nacidos en Burlington, su mayor ciudad, junto al lago Champlain. Vermont ha sido tambien pionero en politicas progresistas y ambientales.
Vermont es celebre por sus paisajes de postal: pueblos con iglesias de campanario blanco, graneros rojos, puentes cubiertos de madera y las Montanas Verdes que le dan nombre. En otono, el follaje que estalla en rojos, naranjas y dorados —uno de los mas espectaculares del mundo— atrae a multitudes de turistas, los 'leaf peepers', que recorren sus caminos rurales durante el pico de color.
En invierno, sus montanas se cubren de nieve y estaciones de esqui como Stowe —a los pies del Monte Mansfield, la cumbre mas alta del estado— y Killington estan entre las mejores del este del pais. Del jarabe de arce al esqui, y de sus granjas a su vida tranquila, Vermont ofrece la version mas idilica, verde y bucolica de Nueva Inglaterra.
Virginia fue la cuna de la America inglesa. En mayo de 1607, la Compania de Virginia establecio en Jamestown el primer asentamiento ingles permanente del continente, en tierras de la poderosa confederacion powhatan. La colonia estuvo al borde de la desaparicion durante sus primeros y hambrientos anos, y sobrevivio gracias al liderazgo del capitan John Smith, a la fragil paz sellada por el matrimonio del colono John Rolfe con Pocahontas, hija del jefe Powhatan, y sobre todo al cultivo del tabaco, que Rolfe convirtio en un producto de exportacion rentabilisimo.
El tabaco definio la economia y la sociedad de Virginia, basadas en grandes plantaciones. En agosto de 1619 llegaron a Point Comfort los primeros africanos esclavizados de la America inglesa, el inicio de una institucion que marcaria la historia del pais durante siglos. Ese mismo ano se reunio en Jamestown la Casa de los Burgueses, la primera asamblea representativa de las colonias.
Virginia fue la mas rica y poblada de las trece colonias, con una aristocracia de plantadores de tabaco que daria al pais buena parte de sus fundadores. En su seno se gestaron las ideas revolucionarias: fue un virginiano, Patrick Henry, quien pronuncio el celebre '¡Dadme la libertad o dadme la muerte!', y otro, Thomas Jefferson, quien redacto la Declaracion de Independencia.
La colonia aporto ademas al liderazgo militar y politico de la Revolucion a George Washington, comandante en jefe del Ejercito Continental. Williamsburg, la elegante capital colonial, fue durante decadas el centro politico e intelectual de Virginia y hoy es un museo viviente que recrea la vida del siglo XVIII.
Virginia fue la 'madre de presidentes': nacieron alli cuatro de los cinco primeros mandatarios de la nacion —Washington, Jefferson, Madison y Monroe— y, en total, ocho presidentes, mas que ningun otro estado. La independencia se sello en su suelo: en octubre de 1781, la rendicion britanica del general Cornwallis en el asedio de Yorktown puso fin practico a la Guerra de Independencia.
Menos de un siglo despues, Virginia fue el gran escenario de la Guerra de Secesion. Richmond fue la capital de la Confederacion, y en sus campos se libraron algunas de las batallas mas decisivas del conflicto, hasta la rendicion final del general Robert E. Lee ante Ulysses Grant en Appomattox, en abril de 1865, que puso fin a la guerra. La cercana Arlington alberga el gran cementerio nacional y el Pentagono.
Tras la guerra, Virginia vivio la Reconstruccion y luego las leyes segregacionistas de Jim Crow. En el siglo XX fue escenario de la 'resistencia masiva' contra la integracion escolar ordenada por la Corte Suprema en los anos cincuenta, uno de los capitulos mas duros del enfrentamiento por los derechos civiles en el Sur. Fue tambien un caso emblematico el de Loving contra Virginia (1967), que anulo la prohibicion de los matrimonios interraciales en todo el pais.
Hoy Virginia combina esa densa historia con una economia moderna: el norte del estado, junto a Washington D.C., es un enorme polo tecnologico, de defensa y de datos —por sus centros de internet pasa buena parte del trafico mundial—, mientras la bahia de Chesapeake alberga la mayor base naval del mundo en Norfolk.
El oeste de Virginia se eleva en los montes Apalaches: el Parque Nacional Shenandoah, con su panoramica Skyline Drive que serpentea a lo largo de las Blue Ridge Mountains, protege bosques, cascadas y miradores a poca distancia de la capital del pais, especialmente celebres en el otono. Al este, el Triangulo Historico —Jamestown, Williamsburg y Yorktown— resume, en pocos kilometros, el origen y el nacimiento de la nacion, del primer asentamiento a la independencia.
Entre las montanas del oeste, las playas y la bahia de Chesapeake al este, y la densa red de sitios historicos y campos de batalla que la recorren, Virginia es uno de los estados con mayor peso simbolico e historico de Estados Unidos, y un destino de primer orden para conocer la fundacion del pais.
Las escarpadas montañas de lo que hoy es Virginia Occidental fueron durante siglos coto de caza y ruta de pueblos como los shawnee, los cherokee y los mingo, que recorrian los valles apalaches sin grandes asentamientos permanentes en las zonas mas altas. La geografia abrupta, de crestas y valles profundos, mantuvo la region relativamente aislada y dificil de colonizar.
A lo largo del siglo XVIII, pioneros escoceses-irlandeses y alemanes cruzaron los Apalaches y se asentaron en los valles, forjando una sociedad de pequeños granjeros de montaña, muy distinta a la de las grandes plantaciones esclavistas del este de Virginia. Aquella diferencia geografica, economica y social entre las montañas del oeste y las tierras bajas del este marcaria el destino de la region.
El terreno montañoso del oeste de Virginia no favorecia las grandes plantaciones, de modo que sus habitantes tenian pocas granjas pequeñas y apenas poseian personas esclavizadas. Cuando Virginia se separo de la Union en 1861 para unirse a la Confederacion, muchos habitantes del oeste discreparon y decidieron permanecer leales a Estados Unidos. Reunidos en la Convencion de Wheeling, se separaron a su vez de Virginia y formaron su propio estado.
El 20 de junio de 1863, por proclamacion del presidente Abraham Lincoln, Virginia Occidental fue admitida a la Union como el estado numero 35. Es el unico estado del pais creado al desgajarse de un estado confederado durante la guerra, un origen singular que define su identidad y su relacion, a veces tensa, con su vecina del este.
A fines del siglo XIX y comienzos del XX, la poblacion de Virginia Occidental crecio con fuerza atraida por las oportunidades del carbon y la madera. Los ricos yacimientos de las montañas convirtieron a la mineria del carbon en la industria dominante del estado, que abastecio de combustible a la industria y los ferrocarriles del pais durante generaciones. Miles de inmigrantes europeos y afroamericanos del sur llegaron a trabajar en las minas.
Aquella riqueza se extrajo a un enorme costo humano. Las condiciones durisimas y los abusos de las compañias mineras desataron algunas de las luchas obreras mas violentas de la historia estadounidense, como la Batalla de Blair Mountain de 1921, el mayor levantamiento armado del pais desde la Guerra Civil, en el que miles de mineros se enfrentaron a las fuerzas de las compañias por el derecho a sindicalizarse. El carbon dio riqueza y penurias a partes iguales al estado.
Virginia Occidental es un estado casi enteramente montañoso, con algunos de los paisajes mas agrestes y hermosos de los Apalaches. Su joya es el New River Gorge, un profundo cañon labrado por uno de los rios mas antiguos del mundo, protegido desde 2020 como el mas reciente parque nacional del pais. Sobre el se tiende el New River Gorge Bridge, durante años el mayor puente de arco de acero de una sola luz del mundo, con 924 metros de vano, escenario cada otoño de un famoso festival de saltos base.
Los rapidos del New River y del Gauley hacen del estado una de las mecas del rafting de aguas bravas de Estados Unidos, mientras el Bosque Nacional Monongahela y las montañas Allegheny ofrecen senderismo, esqui y una naturaleza indomita. Los rios y las cumbres son hoy un motor turistico que busca relevar al carbon en declive.
Pocos estados tienen una identidad tan ligada a su paisaje. La cancion 'Take Me Home, Country Roads' de John Denver, con su verso 'Almost heaven, West Virginia' ('Casi el cielo, Virginia Occidental'), se convirtio en un himno no oficial que resume el orgullo de sus habitantes por sus 'montañas casi celestiales'. La cultura apalache del estado —su musica bluegrass y old-time, su artesania, su cocina y su fuerte sentido de comunidad— es una de las mas caracteristicas del pais.
Con una poblacion mayoritariamente rural y una economia golpeada por el declive del carbon, Virginia Occidental afronta importantes desafios, pero conserva un patrimonio natural y humano de enorme riqueza. De las guerras mineras a los rapidos del New River, y de los valles apalaches a los caminos rurales de la cancion, el estado montañes mantiene una personalidad recia e inconfundible.
El noroeste del Pacifico fue hogar de ricas culturas indigenas —duwamish, salish de la costa, makah, chinook, quinault y muchas mas— que prosperaban gracias a la abundancia del salmon, la madera de cedro rojo y la generosidad del mar. Desarrollaron sociedades complejas con jerarquias, ceremonias como el potlatch y un arte extraordinario que talló los celebres totems y canoas. La regularidad de las corridas de salmon les permitio una vida sedentaria y prospera poco comun entre los pueblos cazadores.
Exploradores españoles y britanicos recorrieron la costa a fines del siglo XVIII —el capitan George Vancouver cartografio el estrecho de Puget en 1792—, y tanto la ciudad de Seattle (por el jefe Seattle de los duwamish) como el estado (por el primer presidente, George Washington, unico estado que lleva el nombre de un presidente) recibieron nombres de aquel encuentro de mundos.
Durante decadas, todo el noroeste —el llamado 'Oregon Country'— fue territorio disputado entre Gran Bretana y Estados Unidos, con presencia comercial de ambas potencias a traves de companias como la Hudson's Bay Company. Misioneros como Marcus y Narcissa Whitman, que se instalaron en 1836 cerca de la actual Walla Walla, y los pioneros que llegaban por el Camino de Oregon fueron consolidando la presencia estadounidense.
El Tratado de Oregon de 1846 fijo la frontera con Canada en el paralelo 49 y dejo el actual estado de Washington en territorio estadounidense, primero como parte del Territorio de Oregon y desde 1853 como Territorio de Washington propio. La colonizacion presiono duramente a las naciones indigenas, que fueron confinadas en reservas tras diversos conflictos.
La economia de Washington se levanto sobre la explotacion forestal —de sus inmensos bosques de coniferas—, la pesca y, tras la llegada del ferrocarril en la decada de 1880, el comercio. Washington fue admitido como estado el 11 de noviembre de 1889, el numero 42 de la Union. Las grandes represas del rio Columbia, sobre todo la colosal Grand Coulee Dam, terminada en 1941 y en su momento la mayor estructura de hormigon del mundo, aportaron energia hidroelectrica barata y transformaron el arido este del estado en un vergel de manzanas, trigo y vino gracias al riego.
Ese contraste entre el oeste humedo y verde y el este seco y agricola define la geografia economica de Washington. La fiebre del oro de Klondike, a fines del siglo XIX, convirtio ademas a Seattle en el gran puerto de aprovisionamiento para los buscadores rumbo a Alaska, disparando su crecimiento.
En el siglo XX, Seattle se convirtio en cuna de gigantes industriales y tecnologicos. La Boeing Company, fundada en 1916, hizo del estado una potencia aeroespacial mundial y su mayor empleador durante generaciones, con enormes fabricas de aviones. En 1979, Microsoft traslado su sede a la region de Seattle, y en 1994 Amazon nacio en la ciudad: ambas compañias transformaron a Washington en uno de los grandes polos tecnologicos del planeta.
Seattle es tambien la patria de Starbucks —nacido en el mercado de Pike Place en 1971— y la cuna del grunge de los años noventa, con bandas como Nirvana y Pearl Jam que definieron una decada de la musica mundial. Esa combinacion de aviacion, software, cafe y musica hizo del estado un referente cultural y economico global.
Washington es un estado de contrastes naturales espectaculares. Al oeste se alza el imponente volcan Monte Rainier (4.392 m), la cumbre mas alta del estado, protegido en el segundo parque nacional mas antiguo del pais (1899) y coronado por el mayor sistema de glaciares de los 48 estados contiguos. El Parque Nacional Olympic protege selvas templadas lluviosas como la de Hoh —de las mas humedas del pais—, costas salvajes y montanas nevadas, mientras el North Cascades exhibe algunos de los picos mas agrestes de Estados Unidos.
Seattle, junto al estrecho de Puget, es la gran metropoli del noroeste, con su Space Needle heredada de la Feria Mundial de 1962, su mercado de Pike Place y una vibrante escena cultural. La garganta del rio Columbia, la isla de San Juan y sus ballenas orca, y la vida al aire libre completan el perfil de un estado celebre por su naturaleza, su cafe y su innovacion.
Wisconsin fue hogar de numerosos pueblos originarios: los ho-chunk (winnebago), los menominee, los ojibwe, los potawatomi, los sauk y los fox, entre otros, que vivian de la caza, la pesca en los Grandes Lagos y el cultivo del arroz salvaje (wild rice) en sus humedales. Cuando los primeros europeos llegaron en el siglo XVII, la region estaba densamente habitada por una docena de naciones distintas.
Los franceses fueron los primeros exploradores: Jean Nicolet piso Green Bay en 1634, y comerciantes como Radisson y Des Groseilliers establecieron un lucrativo comercio de pieles con las tribus. Durante mas de un siglo, las pieles de castor fluyeron desde los ojibwe, los menominee y otros pueblos, a traves de puestos franceses en La Pointe y Green Bay, hacia los mercados de Montreal y Londres.
Tras pasar a manos britanicas y luego estadounidenses, Wisconsin formo parte del Territorio del Noroeste. En el suroeste, el descubrimiento de ricos yacimientos de plomo atrajo a los primeros colonos en masa: hacia 1829, mas de 4.000 mineros trabajaban en torno a Mineral Point. Muchos se cobijaban en las propias galerias que excavaban, lo que les valio el apodo de 'badgers' (tejones), que se convertiria en el simbolo y el sobrenombre del estado, el 'Badger State'.
Wisconsin fue admitido a la Union el 29 de mayo de 1848 como el estado numero 30. Su nueva constitucion y su composicion social lo situaron desde el principio en el bando antiesclavista; de hecho, en Ripon, Wisconsin, se celebro en 1854 una de las primeras reuniones fundacionales del Partido Republicano, nacido en oposicion a la expansion de la esclavitud.
Wisconsin recibio una fuerte inmigracion europea, sobre todo de alemanes —el segundo grupo mas numeroso ya en 1850— y de escandinavos, que dejaron una honda huella en su cultura, su gastronomia, su arquitectura y su politica. Aquellos colonos, tras el declive del cultivo del trigo, reorientaron la agricultura hacia la ganaderia lechera: hacia 1899 mas del 90% de las granjas del estado tenian vacas, y hacia 1915 Wisconsin producia mas mantequilla y queso que cualquier otro estado, ganandose el titulo de 'America's Dairyland' ('la granja lechera de America'), del que sus habitantes se enorgullecen como 'cheeseheads'.
Milwaukee, la mayor ciudad, se convirtio en la capital cervecera de Estados Unidos: cuatro de las mayores cervecerias del pais —Miller, Pabst, Blatz y Schlitz— fueron fundadas alli por inmigrantes alemanes. La cerveza, el queso y las salchichas forman parte inseparable de la identidad del estado.
A comienzos del siglo XX, Wisconsin fue la cuna del movimiento progresista estadounidense. Bajo el liderazgo del gobernador y senador Robert 'Fighting Bob' La Follette, el estado se convirtio en un laboratorio de reformas: elecciones primarias directas, regulacion de los ferrocarriles y las grandes empresas, impuesto sobre la renta, leyes laborales pioneras y una estrecha colaboracion entre el gobierno y la universidad, conocida como la 'Idea de Wisconsin'.
Aquellas reformas convirtieron a Wisconsin en un modelo nacional de buen gobierno y de politica social avanzada durante decadas. Esa tradicion civica, unida a la herencia comunitaria de sus inmigrantes, forjo una cultura politica participativa que distinguio al estado en el Medio Oeste.
Wisconsin es un estado de agua y bosque: mas de 15.000 lagos, la costa de dos Grandes Lagos —Michigan y Superior— y extensos bosques del norte lo hacen un paraiso para la pesca, la navegacion, la caza y la vida al aire libre en todas las estaciones. Las Apostle Islands, en el lago Superior, con sus cuevas marinas heladas en invierno, y los acantilados del Door County son algunos de sus grandes atractivos naturales.
Milwaukee combina su herencia industrial y cervecera con festivales como el Summerfest —uno de los mayores del mundo—, un renovado frente lacustre y el museo de arte de Calatrava, mientras Madison, la capital, es una animada ciudad universitaria a orillas de sus lagos. Cuna de figuras como el arquitecto Frank Lloyd Wright, y hogar de la devocion por su equipo de futbol americano, los Green Bay Packers, Wisconsin combina naturaleza, tradicion y hospitalidad.
Wyoming fue territorio de pueblos como los shoshone, los cheyene, los arapaho, los lakota (sioux) y los crow, cazadores de bisontes que dominaban las Grandes Llanuras del este y los valles de las Montañas Rocosas al oeste. Vivian del bisonte, del que aprovechaban todo, y desde la llegada del caballo se convirtieron en habiles jinetes y guerreros que recorrian vastos territorios siguiendo las manadas.
A comienzos del siglo XIX, traperos y exploradores como John Colter —que fue probablemente el primer europeo-americano en ver los geiseres de Yellowstone hacia 1807— recorrieron la region. Por sus valles pasaban rutas de pioneros como el Camino de Oregon, el de California y el de los mormones, que atravesaban el estado a traves del South Pass camino al oeste, dejando su huella en la historia de la region.
La construccion del ferrocarril transcontinental de la Union Pacific en la decada de 1860 acelero la colonizacion del sur del territorio y dio origen a ciudades como Cheyenne y Laramie, a la vez que provocaba guerras con las naciones indigenas, que fueron confinadas en reservas como la de Wind River, compartida por shoshones y arapahoes. Wyoming se organizo como territorio en 1868.
Con la derrota de los sioux, el norte de Wyoming se abrio a la ganaderia: la economia del estado se construyo sobre los grandes ranchos —con sus vaqueros, sus rodeos y sus guerras de tierras entre grandes rancheros y pequeños colonos, como la celebre Johnson County War de 1892— y sobre la mineria del carbon que alimentaba al ferrocarril. Su capital, Cheyenne, celebra cada año el mayor rodeo al aire libre del mundo, el Frontier Days, heredero de aquella epoca.
Wyoming ocupa un lugar pionero en la historia de los derechos civiles: en 1869, siendo aun territorio, su legislatura se convirtio en el primer gobierno del mundo en conceder por ley el derecho de voto a las mujeres. El gobernador John Campbell firmo el 10 de diciembre de 1869 la ley de sufragio femenino, y en 1870 Louisa Swain, de Laramie, se convirtio en la primera mujer del pais en votar en unas elecciones generales.
Cuando Wyoming solicito la estadidad, mantuvo el voto femenino en su constitucion pese a las presiones del Congreso para que lo eliminara. Admitido como el estado numero 44 el 10 de julio de 1890, fue el primer estado de la Union con sufragio femenino pleno, de donde procede su apodo de 'Equality State' ('estado de la igualdad'). Fue tambien el primero en tener una gobernadora electa, Nellie Tayloe Ross, en 1925.
Wyoming alberga el Parque Nacional de Yellowstone, el primero del mundo, creado por el Congreso en 1872 con la idea revolucionaria de preservar un territorio salvaje para el disfrute de todos. Es un vasto ecosistema situado sobre un supervolcan activo, con la mayor concentracion de geiseres del planeta —encabezada por el celebre Old Faithful—, fuentes termales de colores imposibles como la Grand Prismatic Spring, cañones, cascadas y una fauna extraordinaria de bisontes, osos grizzly, lobos, alces y berrendos.
La creacion de Yellowstone inauguro el concepto mismo de parque nacional, que despues se extenderia por todo el mundo. Cada año, millones de visitantes recorren sus geiseres, praderas y bosques, en uno de los mayores santuarios de vida salvaje de la zona templada del planeta.
Junto a Yellowstone, el Parque Nacional Grand Teton exhibe una de las cadenas montañosas mas fotografiadas del planeta: los picos afilados de la cordillera Teton, que se alzan de forma abrupta, sin estribaciones, mas de 2.000 metros sobre el valle de Jackson Hole, reflejandose en lagos glaciares como el Jenny y el Jackson. Aquella pared de granito es una de las imagenes por excelencia del Oeste estadounidense.
Esa combinacion de geologia unica, vida silvestre y paisajes de alta montaña convierte al noroeste de Wyoming en uno de los grandes destinos turisticos y de aventura de Norteamerica. Con menos de 600.000 habitantes, Wyoming es el estado menos poblado del pais, un lugar de horizontes inmensos, cielos limpios y espacios abiertos que conserva como pocos el espiritu del Viejo Oeste.