Antes de la llegada de los europeos, el territorio de Arkansas estaba habitado por pueblos indígenas de tradiciones muy diversas. En el sureste vivían los quapaw, agricultores de las tierras bajas del delta del Misisipi; en el norte y el oeste, los osage dominaban vastos territorios de caza; y en el suroeste, los caddo mantenían una cultura de aldeas agrícolas y montículos ceremoniales, heredera de las antiguas sociedades constructoras de montículos.
El propio nombre del estado deriva de un término de los osage para referirse a los quapaw, transmitido a través del francés, y suele traducirse como 'gente del viento del sur'. Estos pueblos fueron los primeros afectados por el contacto europeo y, más tarde, por las políticas de expulsión que los desplazaron hacia el Territorio Indio, en la actual Oklahoma.
El primer europeo en pisar la región fue el español Hernando de Soto, que cruzó el río Misisipi y recorrió el centro de Arkansas en 1541. Más de un siglo después llegaron los franceses: los exploradores Marquette y Jolliet descendieron el río en 1673, y en 1686 Henri de Tonti, lugarteniente de La Salle, fundó el Arkansas Post junto a una aldea quapaw, el primer asentamiento europeo permanente del territorio.
Arkansas formó parte de la Luisiana francesa y luego española, hasta que en 1803 pasó a Estados Unidos con la Compra de Luisiana, que a un tiempo duplicó el tamaño del país. En 1819 se organizó como territorio propio, con su capital primero en Arkansas Post y luego en Little Rock, y comenzó a poblarse de colonos que llegaban desde los estados del sureste.
Arkansas fue admitida como el estado número 25 de la Unión el 15 de junio de 1836. Su economía quedó profundamente marcada por una división geográfica que aún persiste: en las tierras bajas y fértiles del sureste y del delta del Misisipi se extendieron las grandes plantaciones de algodón, trabajadas por esclavos, que en 1860 representaban más de una cuarta parte de la población; en cambio, en las montañas del noroeste predominaban las pequeñas granjas de subsistencia.
Esa fractura se reflejó en la Guerra Civil: Arkansas se separó de la Unión en 1861 y se sumó a la Confederación, aunque muchos habitantes de las montañas simpatizaban con el Norte. El estado fue escenario de batallas como la de Pea Ridge (1862) y sufrió una guerra de guerrillas devastadora. Fue readmitido en la Unión en 1868, tras la Reconstrucción, que dio paso a largas décadas de segregación.
Arkansas ocupa un lugar central en la historia de los derechos civiles por la crisis de la escuela secundaria Central High School de Little Rock en 1957. Cuando nueve estudiantes afroamericanos —los 'Little Rock Nine'— intentaron ingresar al centro, hasta entonces reservado a blancos, en aplicación del fallo de la Corte Suprema Brown contra el Consejo de Educación (1954), el gobernador Orval Faubus desplegó la Guardia Nacional para impedirlo.
El enfrentamiento obligó al presidente Dwight Eisenhower a enviar tropas federales del Ejército para escoltar a los estudiantes y hacer cumplir la integración escolar, en una de las confrontaciones más dramáticas entre un gobierno estatal y el federal desde la Guerra Civil. Las imágenes dieron la vuelta al mundo y convirtieron a Little Rock en un símbolo de la desegregación. Hoy el edificio es un sitio histórico nacional.
Apodado 'The Natural State', Arkansas es un estado de gran belleza y variedad geográfica. Al noroeste se elevan los montes Ozark y, más al sur, los Ouachita, con bosques, ríos cristalinos y senderos. En su corazón se encuentra Hot Springs, cuyas aguas termales fueron protegidas ya en 1832 y forman hoy un peculiar Parque Nacional integrado a la ciudad, con su histórica hilera de balnearios de la 'Bathhouse Row'.
El estado guarda además una rareza mundial: el Crater of Diamonds State Park, cerca de Murfreesboro, el único yacimiento de diamantes del planeta abierto al público, donde los visitantes pueden buscar y quedarse con las gemas que encuentren. En el terreno humano, Arkansas es la tierra natal del presidente Bill Clinton, nacido en Hope y criado en Hot Springs, cuya biblioteca presidencial se levanta en Little Rock. Todo ello, junto a la cultura del río, el bluegrass y la cocina sureña, define el atractivo del estado.