Un país chiquito con todo adentro: la bahía de Kotor entre montañas, playas del Adriático, monasterios colgados de la roca y los cañones más profundos de Europa en Durmitor.
La moneda local es el euro (€), aunque Montenegro no forma parte de la Unión Europea. Conviene llevar algo de efectivo para pueblos chicos y taxis; en ciudades y hoteles la tarjeta se acepta sin problema. Avisá al banco antes de viajar y revisá la cotización del día.
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Montenegro es uno de los estados más pequeños de Europa, pero carga con una de las historias más tercas del continente: la de un puñado de tribus de montaña que durante siglos se negaron a ser digeridas por el Imperio Otomano. Su nombre —Crna Gora, "Montaña Negra"— nombra a la vez su geografía y su destino: los picos oscuros del Lovćen fueron a la vez refugio, frontera y símbolo de una libertad que casi ningún otro rincón de los Balcanes cristianos logró conservar frente a Estambul.
En apenas dos mil años, este territorio fue provincia romana, corazón del reino medieval de Duklja, principado de la Zeta, teocracia gobernada por obispos guerreros de la casa Petrović-Njegoš, reino independiente reconocido en el Congreso de Berlín, pieza de dos Yugoslavias, socio menor de Serbia y, desde 2006, república soberana otra vez. Hoy usa el euro sin pertenecer a la eurozona, es miembro de la OTAN y candidato a la Unión Europea. Esta es su historia completa, del asentamiento ilirio a Bruselas.
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