Montana fue hogar de numerosos pueblos originarios adaptados a dos mundos distintos: las Grandes Llanuras del este y las Montañas Rocosas del oeste. En las praderas dominaban los blackfeet (pies negros), los crow (apsáalooke), los assiniboine, los gros ventre, los cheyenes del norte y los lakota, todos ellos grandes cazadores de bisontes que, tras la llegada del caballo, desarrollaron una cultura ecuestre nómada de enorme vitalidad. En los valles montañosos del oeste vivían los salish (flathead) y los kootenai.
Estos pueblos dependían del bisonte para casi todo: alimento, vestido, refugio y herramientas. La expedición de Lewis y Clark cruzó la región en 1805 y 1806, en su viaje de ida y vuelta al Pacífico, y fue una de las primeras en describir sus paisajes y sus habitantes. Su modo de vida se mantendría intacto durante décadas, hasta que la llegada masiva de colonos y la matanza de los bisontes lo destruyeron.
Montana fue escenario de la más célebre victoria indígena de todas las guerras del oeste. El 25 de junio de 1876, en el valle del río Little Bighorn, una gran coalición de guerreros lakota, cheyenes del norte y arapahoes, liderados espiritual y militarmente por figuras como Toro Sentado (Sitting Bull) y Caballo Loco (Crazy Horse), aniquiló por completo a las fuerzas del teniente coronel George Armstrong Custer y su Séptimo de Caballería.
El episodio, conocido como 'la última resistencia de Custer', conmocionó a Estados Unidos, que celebraba entonces el centenario de su independencia. Pero la victoria fue efímera: el ejército redobló la presión y, en pocos años, los grandes pueblos de las llanuras fueron confinados en reservas. El campo de batalla es hoy un monumento nacional que honra a los caídos de ambos bandos y recuerda el trágico choque de dos civilizaciones.
El destino económico de Montana lo cambió la minería. El descubrimiento de oro en la década de 1860, en lugares como Bannack y Virginia City, atrajo a los primeros colonos en masa y dio origen a bulliciosos pueblos mineros. Pero la verdadera fortuna estaba bajo tierra, en Butte: allí se hallaba un yacimiento de cobre tan colosal que la ciudad fue apodada 'la colina más rica del mundo' (the richest hill on earth).
El cobre de Butte, esencial en la era de la electricidad, convirtió a Montana en una potencia minera y desató la lucha de los 'reyes del cobre' —magnates como Marcus Daly y William A. Clark, cuya rivalidad marcó la política del estado—. La minería, la ganadería y el trigo, junto con la llegada del ferrocarril Great Northern, estructuraron la economía. Montana fue admitido como el estado número 41 de la Unión el 8 de noviembre de 1889, y sus riquezas mineras le valieron el apodo de 'Treasure State' (el estado del tesoro).
Más allá de las minas, Montana forjó su identidad en torno a la ganadería y la agricultura. Sus inmensas praderas se convirtieron en el reino del ganado y de los grandes ranchos, con sus vaqueros (cowboys), sus rodeos y una cultura del Oeste que perdura con fuerza. La llegada del ferrocarril a fines del siglo XIX abrió las llanuras del este a miles de granjeros —los 'honyockers'— que apostaron por el cultivo del trigo, con suertes desiguales frente a la sequía.
Hoy la economía de Montana sigue ligada a la tierra: la ganadería, el trigo, la minería y, cada vez más, el turismo de naturaleza y los ranchos de recreo. Con una de las densidades de población más bajas del país, el estado conserva grandes espacios abiertos y una fuerte identidad rural e independiente, ligada a los caballos, la caza, la pesca y la vida al aire libre, que le dan un carácter inconfundible dentro de Estados Unidos.
Montana es célebre por sus paisajes inmensos, que le valieron el sobrenombre de 'Big Sky Country' (el país del gran cielo), por la sensación de cielos infinitos que producen sus horizontes despejados. Su joya natural es el Parque Nacional Glacier, creado en 1910, en las Montañas Rocosas del norte, junto a la frontera con Canadá: un mundo de picos escarpados, valles glaciares, lagos alpinos de aguas turquesa y una fauna abundante de osos grises, cabras de montaña y alces.
El parque lo atraviesa una de las carreteras de montaña más espectaculares del mundo, la Going-to-the-Sun Road, y junto con su equivalente canadiense forma el Parque Internacional de la Paz Waterton-Glacier, Patrimonio de la Humanidad. Montana ofrece además la porción norte de Yellowstone, ríos legendarios para la pesca con mosca —como el Madison o el Missouri—, y ciudades con encanto del Oeste como Bozeman y Missoula. Naturaleza descomunal, historia del Oeste y grandes espacios definen el atractivo de este estado.