Más de 300 islas repartidas por el Pacífico Sur, playas de arena blanca, arrecifes de coral y una calidez humana que se ha vuelto legendaria: Fiyi es, para muchos, la idea misma del paraíso tropical. La vida gira en torno a dos grandes islas —Viti Levu, donde están Nadi y la capital, Suva, y Vanua Levu, más tranquila y verde— rodeadas por constelaciones de islotes como las Mamanuca y las Yasawa, hechos para el snorkel, el buceo y no hacer absolutamente nada. Pero Fiyi es mucho más que resorts frente al mar. Es un país de cultura viva, donde conviven la mayoría iTaukei (fiyiana), descendiente de los primeros navegantes del Pacífico, y una gran comunidad indofiyiana llegada hace más de un siglo. Esa mezcla se nota en la comida, en los templos hindúes junto a las iglesias metodistas y en el famoso "bula", el saludo que resume el espíritu acogedor de la isla. Se llega en avión a Nadi, se paga en dólares fiyianos y se conduce por la izquierda, pero lo que de verdad define un viaje a Fiyi es el ritmo: el "Fiji time", esa forma relajada de tomarse las cosas sin apuro. Conviene elegir la estación seca (de mayo a octubre), decidir cuántas islas explorar y dejarse llevar por el mar más transparente del Pacífico.
La moneda local es el dólar fiyiano (FJD, símbolo FJ$), dividido en 100 centavos. Aproximadamente 1 dólar estadounidense equivale a algo más de 2 dólares fiyianos, aunque conviene revisar la cotización del día. En los resorts, hoteles y comercios de las ciudades se paga con tarjeta sin problema (muchos aplican un recargo del 2-3 %), pero en las islas pequeñas, mercados y pueblos se maneja casi todo en efectivo, así que conviene llevar billetes chicos. Se puede cambiar dinero en el aeropuerto de Nadi y en bancos de Suva y Nadi. La propina no es una costumbre local: muchos resorts tienen una "caja de la aldea" comunitaria en lugar de propinas individuales.
Conversor completo de FJD →Casi todos los viajeros llegan a Fiyi por aire, al Aeropuerto Internacional de Nadi (código NAN), en el oeste de Viti Levu, la principal puerta de entrada del Pacífico Sur. La aerolínea de bandera es Fiji Airways, que conecta Nadi con Los Ángeles, San Francisco y Vancouver en América del Norte; con Sídney, Melbourne, Brisbane y Auckland en la región de Oceanía; y con Hong Kong, Singapur y Tokio en Asia. También operan otras compañías como Qantas, Air New Zealand y Virgin Australia. Desde América Latina, la ruta más habitual pasa por Estados Unidos (Los Ángeles) o por Auckland/Sídney. Una vez en Fiyi, para moverse entre islas se combinan los ferris y catamaranes que salen de la marina de Denarau (hacia las Mamanuca y Yasawa) con los vuelos internos de Fiji Airways y Fiji Link a Vanua Levu, Taveuni, Kadavu y otras islas exteriores.
La historia de Fiyi es la de un archipiélago encrucijada: unas 330 islas repartidas entre Melanesia y Polinesia, sembradas hace unos tres mil años por los navegantes lapita, maestros de la cerámica y del océano, que desde aquí saltarían a poblar Tonga, Samoa y, mucho más tarde, la lejana Hawái y Nueva Zelanda. Sobre ese sustrato milenario se levantó una de las sociedades melanesias más complejas del Pacífico, organizada en torno al vanua —la tierra, el pueblo y sus jefes entretejidos en una sola cosa— y a poderosas jefaturas rivales que, con sus grandes canoas de guerra drua, dominaban rutas de mar y alianzas que abarcaban archipiélagos enteros.
Su historia moderna gira en torno a dos encuentros que la marcaron para siempre. El primero fue el del jefe Cakobau y su islita de Bau, que con la ayuda de mosquetes europeos forjó hacia 1871 el primer reino que unía casi todo el actual Fiyi, para acabar cediéndolo a la reina Victoria en 1874. El segundo, apenas cinco años después, fue la llegada de los girmitiyas: más de sesenta mil trabajadores indios contratados que entre 1879 y 1916 cruzaron el océano para cortar caña de azúcar en las plantaciones coloniales, y cuyos descendientes indo-fiyianos son hoy casi la mitad del país.
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