Ciudades de diseño sobre el agua, bosques y lagos infinitos, auroras boreales en la Laponia y el sol de medianoche: Suecia es naturaleza nórdica y buena vida en partes iguales.
La moneda local es la corona sueca (SEK). Suecia es uno de los países más 'cashless' del mundo: se paga casi todo con tarjeta o celular, así que llevá una tarjeta sin comisiones y no necesitás cargar mucho efectivo. Conviene avisar al banco antes de viajar y revisar la cotización del día.
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La historia de Suecia es la de un país grande, largo y poco poblado, tendido entre el Báltico y las montañas de la frontera noruega, que pasó de ser un mosaico de reinos de campesinos y navegantes a convertirse en una de las grandes potencias militares de Europa y, más tarde, en el laboratorio social más famoso del continente. De sus costas orientales salieron, en la era vikinga, los varegos que remontaron los ríos rusos hasta Constantinopla y Bagdad y que, según la tradición, dieron su nombre a la Rus de Kiev, la matriz de Rusia. Sobre ese sustrato pagano —con su gran templo de Uppsala y sus dioses Odín, Thor y Frey— se levantó, siglo a siglo, un reino cristiano que aprendió a mirar hacia el mar Báltico como quien mira un patio propio.
El arco sueco es de una amplitud asombrosa: la unión de los tres reinos escandinavos en la Unión de Kalmar de 1397 y su ruptura sangrienta a manos de Gustav Vasa, que en 1523 fundó el Estado moderno; el imperio del Báltico de los siglos XVII y XVIII, la Stormaktstiden o "Era de la Gran Potencia", con Gustavo Adolfo cayendo en los campos de la Guerra de los Treinta Años y Carlos XII marchando hasta Poltava; el derrumbe de ese imperio y la pérdida de Finlandia en 1809; la llegada al trono de un mariscal de Napoleón, Bernadotte, que fundó la dinastía todavía reinante e inauguró dos siglos de paz; la gran emigración de un millón de suecos pobres a América; la neutralidad ambigua en las dos guerras mundiales; y, por fin, el folkhemmet, el "hogar del pueblo" de la socialdemocracia, con su Estado de bienestar, sus Volvo e Ikea y el asesinato nunca resuelto del primer ministro Olof Palme. En todo ese relato late, silenciada durante mucho tiempo, la historia de los sami, el pueblo indígena del norte, sometido a colonización, escuelas segregadas y biología racial, y hoy en proceso de reparación. Recorrer Suecia —de Gamla Stan a la Laponia ártica, de la muralla medieval de Visby a los astilleros de Malmö— es transitar esa historia superpuesta de hierro, mar y modernidad.
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