El estado toma su nombre del pueblo kansa (o kaw), de lengua siouan, cuyo etnónimo suele traducirse como 'pueblo del viento del sur'. Junto a ellos habitaban las Grandes Llanuras otras naciones: los osage, los pawnee, los wichita —de tradición más agrícola y sedentaria—, y, en el oeste, pueblos nómadas cazadores de bisontes como los cheyenes, los arapahoes, los kiowas y los comanches.
Estos pueblos vivían de la caza del bisonte, que recorría las praderas en manadas de millones de cabezas, y del cultivo del maíz en los valles fluviales. La región fue una de las últimas grandes zonas de resistencia indígena de las llanuras, antes de que la expansión ferroviaria y la matanza masiva de bisontes destruyeran su modo de vida en la segunda mitad del siglo XIX.
El primer europeo en pisar Kansas fue el conquistador español Francisco Vázquez de Coronado, que en 1541 se internó en las llanuras buscando el legendario reino dorado de Quivira, que resultó ser una aldea de los wichita. Durante siglos, la región quedó al margen de la colonización efectiva, como territorio de comercio de pieles bajo dominio francés y luego español.
Kansas pasó a Estados Unidos en 1803 con la Compra de Luisiana. Durante décadas fue considerada parte del 'Gran Desierto Americano' y territorio indio, cruzado por rutas legendarias como el Camino de Santa Fe y el Camino de Oregón, cuyos carromatos dejaban rodadas en la pradera camino del suroeste y del Pacífico.
Kansas ocupa un lugar central en la crisis que condujo a la Guerra Civil. La Ley de Kansas-Nebraska de 1854 estableció que serían los propios colonos quienes decidirían, mediante el voto ('soberanía popular'), si el nuevo territorio sería esclavista o libre. La medida convirtió a Kansas en un campo de batalla: llegaron en tromba colonos antiesclavistas del norte, que fundaron ciudades como Lawrence, y proesclavistas del vecino Misuri.
El enfrentamiento derivó en una guerra de guerrillas conocida como 'Bleeding Kansas' (el Kansas sangriento), con episodios como la matanza de Pottawatomie perpetrada por el abolicionista John Brown en 1856. Aquella violencia fue el ensayo general de la Guerra de Secesión. Finalmente, Kansas fue admitida el 29 de enero de 1861 como el estado número 34 y como estado libre, apenas semanas antes del estallido de la guerra, durante la cual sufriría todavía la sangrienta incursión confederada de Quantrill contra Lawrence en 1863.
Tras la Guerra Civil, Kansas se convirtió en el escenario por excelencia del Viejo Oeste ganadero. La llegada del ferrocarril y los grandes arreos de ganado desde Texas por el Camino Chisholm hicieron florecer las legendarias 'cowtowns' —Abilene, Wichita y, sobre todo, Dodge City—, donde los vaqueros terminaban el arreo. Dodge City llegó a despachar hasta medio millón de reses al año.
Aquellas ciudades, bulliciosas y sin ley, se poblaron de salones, tahúres y pistoleros, y dieron fama a alguaciles legendarios como Wyatt Earp y Wild Bill Hickok, que intentaban imponer el orden. La Ley de Asentamientos Rurales (Homestead Act) de 1862 atrajo, además, a miles de colonos —entre ellos comunidades de inmigrantes alemanes del Volga que trajeron el trigo de invierno— que roturaron la pradera y transformaron para siempre el paisaje.
Aquel trigo traído por los colonos convirtió a Kansas en el gran granero de Estados Unidos: es, año tras año, el mayor productor de trigo del país, con vastas llanuras onduladas cubiertas de espigas doradas. Junto al trigo, el girasol —su flor emblemática, que le da el apodo de 'Sunflower State'— y la ganadería completan una economía profundamente agrícola. La región de Flint Hills conserva, además, una de las últimas grandes praderas de hierba alta del continente.
Situado en pleno 'Callejón de los Tornados', Kansas es también sinónimo de esos violentos torbellinos, hasta el punto de que fue un tornado kansiano el que llevó a Dorothy a la tierra de Oz en el clásico de L. Frank Baum. El estado es la cuna del presidente Dwight Eisenhower, criado en Abilene, donde se levanta su biblioteca presidencial. Con sus museos del Viejo Oeste, sus praderas protegidas y su honda cultura rural, Kansas encarna el corazón geográfico y agrícola de la nación.