Guía para viajar: de las Cataratas del Iguazú a la Patagonia de los lagos, del Norte multicolor de Salta y Jujuy al tango de Buenos Aires. Un país-continente con selva, montañas, glaciares y mar. Argentina es el segundo país más grande de Sudamérica y uno de los más diversos del mundo: en un mismo viaje podés pasar de la selva subtropical de Misiones a los glaciares patagónicos, y de los cerros de colores del Norte a las playas del Atlántico. Acá tenés todo lo que necesitás para organizar tu viaje. 👇
La moneda local es el peso argentino ($). Su cotización frente al dólar cambia seguido, así que conviene consultar el valor del día. 💡 Tip de viajero: pagar con tarjeta extranjera suele tomar un tipo de cambio conveniente, y siempre viene bien llevar algunos dólares en efectivo.
Conversor completo de ARS →✈️ En avión: la principal puerta de entrada es Buenos Aires, con dos aeropuertos: Ezeiza (EZE) para vuelos internacionales y Aeroparque (AEP), pegado al centro, para vuelos de cabotaje y regionales. 🛫 Aerolíneas: Aerolíneas Argentinas (la de bandera), Flybondi y JetSMART (low-cost), además de LATAM, American, United, Iberia, Air Europa, Copa, Gol y Azul desde el exterior. 🔁 Vuelos internos: casi todo el cabotaje pasa por Aeroparque (Buenos Aires). Desde ahí llegás a Iguazú, Bariloche, El Calafate, Ushuaia, Mendoza, Salta, Jujuy, Córdoba, Puerto Madryn y más. Como el país es enorme, para distancias largas el avión te ahorra días enteros.
La historia argentina es la de un territorio descomunal —el octavo país más extenso del planeta, con casi 2,8 millones de kilómetros cuadrados que van del altiplano andino a los hielos australes— habitado durante más de diez mil años por decenas de pueblos originarios profundamente distintos entre sí. Sobre esa geografía inmensa, la corona española tejió desde el siglo XVI una periferia pobre y desconectada, más atada a la plata de Potosí que al Atlántico, que recién en 1776 se convirtió en la cabecera de un virreinato propio con capital en Buenos Aires. De aquella criatura tardía del imperio nacería, tras la Revolución de Mayo de 1810 y la Independencia jurada en Tucumán en 1816, una nación que tardó más de cuatro décadas de guerras civiles en darse una forma estable.
El país que se organizó bajo la Constitución de 1853 se lanzó a un proyecto de país agroexportador que, entre 1880 y 1930, recibió una de las mayores oleadas inmigratorias de la historia —millones de italianos, españoles y de media Europa— y llegó a figurar entre las economías más prósperas del mundo. Ese ascenso vertiginoso convivió con la violencia fundacional de la Conquista del Desierto, con un orden político restringido y con desigualdades que el siglo XX intentaría corregir con el voto universal, el radicalismo y, sobre todo, el peronismo.
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