El territorio de Iowa estuvo habitado durante miles de años por pueblos indígenas, testimonio de lo cual son los túmulos con forma de animales del Effigy Mounds, a orillas del Misisipi, obra de antiguas culturas de los bosques. Cuando llegaron los europeos, la región era hogar de varias naciones: los ioway (baxoje), de lengua siouan, que dieron nombre al estado; los meskwaki (fox) y los sauk; los dakota (sioux); y los otoe y ho-chunk, entre otros.
Estos pueblos vivían de la caza del bisonte en las praderas, de la agricultura del maíz en los valles fluviales y del comercio. El nombre 'Iowa' deriva del río homónimo, y este a su vez del etnónimo del pueblo ioway. La rica tierra negra de las praderas, que sería la clave de la futura riqueza agrícola del estado, sostenía entonces uno de los ecosistemas de pastizales más extensos de Norteamérica.
Iowa pasó a Estados Unidos en 1803, como parte de la Compra de Luisiana. Durante décadas fue territorio de paso y comercio de pieles, con escasa presencia colona. El punto de inflexión llegó con la Guerra de Black Hawk de 1832, un conflicto en el vecino Illinois liderado por el jefe sauk Halcón Negro (Black Hawk).
Tras la derrota indígena, el tratado conocido como la Compra de Black Hawk obligó a los sauk y meskwaki a ceder una amplia franja de tierra a lo largo del Misisipi, que se abrió a la colonización y desató la llegada masiva de colonos a Iowa. Curiosamente, parte de los meskwaki logró regresar años después y, mediante una compra de tierras autorizada por la legislatura estatal en 1856, estableció un asentamiento permanente que perdura hasta hoy.
El Territorio de Iowa se estableció en 1838, y el 28 de diciembre de 1846 Iowa fue admitida como el estado número 29 de la Unión, con Des Moines como capital. La colonización fue rápida y masiva: atraídos por la extraordinaria fertilidad de la pradera, llegaron colonos del este de Estados Unidos y, sobre todo, oleadas de inmigrantes europeos, en especial alemanes y escandinavos, cuya herencia sigue marcando la cultura, la gastronomía y los apellidos del estado.
Comunidades singulares como las Amana Colonies —fundadas por una comunidad religiosa alemana de vida comunal— o los asentamientos de origen neerlandés, checo y noruego dan fe de esa diversidad. Durante la Guerra Civil, Iowa aportó proporcionalmente más soldados que casi cualquier otro estado a la causa de la Unión, con más de 75.000 voluntarios.
Iowa es, por excelencia, el corazón agrícola de Estados Unidos. Su suelo, formado por la acumulación de materia orgánica de la pradera durante milenios, es uno de los más fértiles del planeta. El estado es el mayor productor de maíz del país y también líder en la cría de cerdos, además de un gran productor de soja, huevos y etanol. La agricultura y la agroindustria son el eje de su economía e identidad.
Este dominio agrícola ha dado forma al paisaje y a la vida de Iowa: interminables campos ondulados de maíz y soja, silos, graneros y pequeñas ciudades rurales. La feria estatal de Iowa, una de las más grandes y famosas del país, celebra cada verano esa cultura del campo. La imagen del granero y los campos infinitos, inmortalizada en obras como el cuadro 'American Gothic' —pintado por el iowano Grant Wood—, es inseparable del estado.
Pese a su tamaño modesto, Iowa ejerce una influencia política desproporcionada en Estados Unidos gracias a sus caucus, las asambleas partidarias que durante décadas fueron las primeras del calendario en el proceso de selección de los candidatos presidenciales. Por su condición de 'primeros en la nación', los caucus de Iowa convirtieron al estado, cada cuatro años, en el centro de la atención política del país, con aspirantes recorriendo pueblo por pueblo sus 99 condados.
Más allá de la política, Iowa ofrece al viajero un retrato auténtico del Medio Oeste rural: los pueblos pintorescos, los puentes cubiertos del condado de Madison —famosos por la novela y la película—, la herencia europea de las Amana Colonies, la casa natal del presidente Herbert Hoover en West Branch y las orillas de los dos grandes ríos que enmarcan el estado, el Misisipi y el Misuri. Es la esencia tranquila y fértil del corazón de América.