Mucho antes de que existiera la capital, las tierras a orillas de los ríos Potomac y Anacostia estaban habitadas por pueblos de lengua algonquina. El más importante en el emplazamiento exacto de la actual Washington era el de los nacotchtank (también llamados anacostanos, de donde deriva el nombre del río Anacostia), vinculados a la confederación piscataway.
Estos pueblos vivían de la pesca, la caza y el cultivo del maíz en aldeas ribereñas. El contacto con los colonos europeos que se asentaron en Maryland y Virginia a lo largo del siglo XVII trajo enfermedades y desplazamientos que, en pocas décadas, hicieron desaparecer casi por completo su presencia de la zona.
El nacimiento de Washington fue fruto de un acuerdo político. La Ley de Residencia (Residence Act), firmada el 16 de julio de 1790, estableció que la nueva capital permanente se construiría en un distrito federal a orillas del río Potomac, en un terreno cedido por los estados de Maryland y Virginia. Se eligió un cuadrado de unos 260 kilómetros cuadrados, ubicado personalmente por el presidente George Washington.
El trazado de la ciudad se encargó al ingeniero francés Pierre Charles L'Enfant, que en 1791 diseñó un plan monumental de amplias avenidas diagonales, plazas y perspectivas inspirado en las capitales europeas. En el equipo de topógrafos que fijaron los límites del distrito participó Benjamin Banneker, astrónomo afroamericano. En 1800, el gobierno federal se trasladó desde Filadelfia y el Congreso celebró su primera sesión en la nueva sede.
La joven capital sufrió pronto un golpe devastador. Durante la Guerra de 1812 contra Gran Bretaña, el 24 de agosto de 1814, tras vencer en la batalla de Bladensburg, las tropas británicas entraron en Washington e incendiaron los principales edificios públicos, incluidos el Capitolio, la Biblioteca del Congreso y la Casa Blanca. La reconstrucción posterior consolidó el simbolismo de esos edificios.
En 1846, la porción del distrito cedida originalmente por Virginia, al otro lado del Potomac, le fue devuelta a ese estado (la llamada 'retrocesión'), lo que redujo Washington a las tierras aportadas por Maryland. Durante la Guerra Civil, la ciudad fue el bastión de la Unión, y en 1862 Abraham Lincoln firmó la emancipación de los esclavos del distrito, nueve meses antes de la Proclamación general.
Washington fue concebida como un escaparate del poder y los ideales de la república, y su National Mall es hoy el gran eje ceremonial del país. En torno a esa gran explanada se alzan el Capitolio, sede del Congreso; la Casa Blanca, residencia presidencial; el obelisco del Monumento a Washington; y los memoriales dedicados a Lincoln, Jefferson, Roosevelt, Martin Luther King y los veteranos de las guerras del país.
La capital es además el mayor complejo museístico de Estados Unidos: la Institución Smithsonian reúne más de una decena de museos de acceso gratuito —el de Aire y Espacio, el de Historia Natural, el de Historia Americana, el de Historia y Cultura Afroamericana—, junto a la Galería Nacional de Arte. Fue también escenario de la histórica Marcha sobre Washington del 28 de agosto de 1963, cuando Martin Luther King pronunció, ante el Monumento a Lincoln, su discurso 'Tengo un sueño'.
El Distrito de Columbia tiene un estatus único y paradójico: es la capital de la mayor democracia del mundo, pero durante buena parte de su historia sus habitantes carecieron de autogobierno y de representación con voto en el Congreso. En 1973, la Ley de Autonomía (Home Rule Act) devolvió a la ciudad la elección de su alcalde y un consejo municipal; en 1975 asumió Walter Washington, primer alcalde electo y primer alcalde negro. Aun así, los residentes solo tienen en el Congreso un delegado sin voto, lo que alimenta el debate sobre la conversión del distrito en estado.
Más allá de su función institucional, Washington es una ciudad viva y diversa, con barrios históricos como Georgetown, una vibrante escena cultural y gastronómica, y una población cosmopolita. Sus avenidas arboladas, sus cerezos en flor a orillas del Tidal Basin —regalo de Japón en 1912— y su concentración incomparable de historia y símbolos la convierten en uno de los grandes destinos del país.