Illinois alberga uno de los yacimientos arqueológicos más impresionantes de Norteamérica: Cahokia, cerca de la actual Collinsville. Entre los años 1050 y 1350, esta ciudad de la cultura del Misisipi fue el mayor centro urbano al norte de México, con una población que pudo superar los 15.000 habitantes y más de un centenar de montículos de tierra. El mayor de ellos, Monks Mound, se eleva unos 30 metros y cubre una base más extensa que la de la Gran Pirámide de Guiza.
Cuando llegaron los europeos, aquella gran civilización ya había desaparecido, y la región estaba habitada por la Confederación Illinois (o illiniwek), de la que deriva el nombre del estado, y más tarde por pueblos como los potawatomi, miami, sauk y kickapoo, de lengua algonquina, que dominaban las vastas praderas y los bosques ribereños.
Los primeros europeos en recorrer la región fueron los exploradores franceses Jacques Marquette y Louis Jolliet, que en 1673 navegaron el río Illinois. Marquette fundó luego una misión en la Gran Aldea de los Illinois. Francia estableció una serie de asentamientos —Kaskaskia, Cahokia— en el llamado 'País de los Illinois', que formaba parte de la Luisiana francesa y abastecía de trigo a Nueva Orleans.
Tras la derrota francesa en la Guerra de los Siete Años, en 1763 la región pasó a Gran Bretaña y, tras la independencia estadounidense, se integró en el Territorio del Noroeste. Illinois fue admitido como el estado número 21 de la Unión el 3 de diciembre de 1818. En 1837, la capital se trasladó a Springfield, gracias en parte a las gestiones de un joven legislador y abogado llamado Abraham Lincoln.
Illinois se enorgullece de su vínculo con Abraham Lincoln, hasta el punto de que sus matrículas rezan 'Land of Lincoln'. Aunque nació en Kentucky, Lincoln forjó su carrera política y jurídica en Springfield, donde vivió durante décadas antes de llegar a la presidencia. En Illinois se desarrollaron los célebres debates Lincoln-Douglas de 1858, centrados en la cuestión de la esclavitud.
Como presidente, Lincoln condujo a la Unión durante la Guerra Civil (1861-1865) y firmó la Proclamación de Emancipación. Tras su asesinato en 1865, fue sepultado en Springfield, donde su tumba y su antigua casa son hoy sitios de peregrinación histórica. El legado de Lincoln convirtió a Illinois en un lugar central de la memoria nacional estadounidense.
El acontecimiento que transformó a Illinois fue el ascenso vertiginoso de Chicago. Fundada como un modesto asentamiento junto al lago Michigan e incorporada como ciudad en 1837, su posición estratégica la convirtió en el gran nudo del comercio y los ferrocarriles del país: por allí pasaban el ganado, el grano y la madera del Medio Oeste. El Gran Incendio de Chicago, entre el 8 y el 10 de octubre de 1871, arrasó buena parte de la ciudad y causó unos 300 muertos.
La reconstrucción posterior fue, paradójicamente, la ocasión para una revolución arquitectónica: en Chicago nació el rascacielos moderno, con las primeras estructuras de acero de la Escuela de Chicago. La ciudad se consolidó como capital económica del interior, sede de la Bolsa de futuros agrícolas y escenario, en 1893, de una célebre Exposición Universal. Su horizonte junto al lago sigue siendo uno de los más admirados del mundo.
El crecimiento industrial de Illinois atrajo oleadas de inmigrantes europeos —alemanes, irlandeses, polacos, italianos— y, durante la Gran Migración del siglo XX, a cientos de miles de afroamericanos que dejaron el sur rural en busca de trabajo y libertad. Chicago se convirtió así en un crisol cultural y en cuna del blues eléctrico, del jazz y del gospel. La ciudad fue también escenario de hitos del movimiento obrero, como la revuelta de Haymarket de 1886, en el origen del Día del Trabajador.
Más allá de la gran metrópoli, Illinois es un estado profundamente agrícola: sus praderas de suelo negro y fértil lo convierten en uno de los mayores productores de maíz y soja del país. Para el viajero, el estado ofrece la riqueza urbana de Chicago —su arquitectura, sus museos, su gastronomía—, los sitios de Lincoln en Springfield, los montículos de Cahokia y la histórica Ruta 66, que arranca precisamente en Chicago rumbo al oeste.