Maine fue, durante unos 12.000 años, hogar de pueblos de lengua algonquina agrupados en la Confederación Wabanaki —'gente de la tierra del alba', por ser de los primeros en ver salir el sol en Norteamérica—. La integraban los penobscot, los passamaquoddy, los maliseet y los micmac, entre otros. Vivían de la pesca, la caza, la recolección y una agricultura estacional, y se desplazaban con las estaciones entre la costa y el interior boscoso.
Estos pueblos mantenían una profunda relación con los ríos, los bosques y el mar de la región. Fueron de los primeros en entrar en contacto con los europeos que exploraban la costa noreste, y establecieron alianzas comerciales —sobre todo con los franceses— que influirían en las guerras coloniales. Varias de estas naciones conservan hoy comunidades y territorios en el estado.
La costa de Maine fue una de las primeras del continente en recibir a los europeos. Hay indicios de un posible contacto vikingo en torno al año 1000, sugerido por el hallazgo de una moneda noruega del siglo XI. Ya en la época de las exploraciones, en 1604 el francés Pierre Dugua, señor de Mons, estableció un efímero asentamiento en la isla de Santa Cruz.
Los ingleses lo intentaron en 1607 con la colonia de Popham, en la desembocadura del río Kennebec, fundada casi al mismo tiempo que Jamestown; pero el duro invierno y las dificultades hicieron que se abandonara al cabo de poco más de un año. Durante el periodo colonial, Maine quedó integrada en la colonia de la Bahía de Massachusetts, de la que sería parte durante más de un siglo, y fue escenario de las guerras entre franceses e ingleses y sus respectivos aliados indígenas.
Durante casi toda la época colonial y las primeras décadas de la independencia, Maine fue un distrito de Massachusetts, del que estaba separado geográficamente por la franja de New Hampshire. El deseo de autonomía de sus habitantes coincidió con un momento decisivo de la política nacional.
En 1820, Maine se convirtió en el estado número 23 de la Unión, el 15 de marzo, como parte del Compromiso de Misuri: para mantener el equilibrio entre estados libres y esclavistas en el Senado, Maine ingresó como estado libre al mismo tiempo que Misuri lo hacía como estado esclavista. Así, el nacimiento de Maine quedó ligado a la gran cuestión que dividía al país, la de la esclavitud, aunque el propio Maine fue siempre un estado libre y bastión del abolicionismo.
La economía de Maine se ha basado tradicionalmente en la extraordinaria riqueza de sus recursos naturales. Más del 80% de su territorio está cubierto de bosques, lo que le valió el apodo de 'Pine Tree State' (el estado del pino): la madera y el papel fueron durante siglos pilares de su industria, y los altos pinos blancos de Maine surtieron de mástiles a la marina británica.
La relación con el mar es igualmente honda. La construcción naval prosperó en sus astilleros durante la era de la vela, y la pesca definió la vida de sus pueblos costeros. Sobre todo, Maine es hoy sinónimo de la langosta: es, con gran diferencia, el mayor productor del país, y la imagen de las trampas, las boyas de colores y los pueblos pesqueros es inseparable del estado. Junto a ello, los arándanos silvestres (wild blueberries) y la papa del norte, en el condado de Aroostook, completan su tradición productiva.
El gran atractivo turístico de Maine es su litoral: una costa recortada y rocosa, salpicada de penínsulas, islas, calas y decenas de faros históricos que la convierten en una de las más pintorescas de Estados Unidos. Su joya es el Parque Nacional Acadia, en la isla Mount Desert, en torno a Bar Harbor: fue el primer parque nacional al este del río Misisipi, con sus montañas de granito que caen al mar, sus bosques y su famosa Cadillac Mountain, uno de los primeros lugares del país donde se ve amanecer.
Más allá de Acadia, el visitante encuentra pueblos marineros de postal, la animada ciudad de Portland con su renombrada escena gastronómica, los grandes bosques del interior —paraíso del senderismo, la canoa y la pesca, con el monte Katahdin como extremo norte del sendero de los Apalaches— y una identidad de Nueva Inglaterra tranquila, independiente y ligada a la naturaleza. Con sus otoños de colores, sus veranos frescos y su cocina de mariscos, Maine es un destino de belleza serena en el rincón nordeste del país.