El Nilo Blanco entra en Sudán del Sur con fuerza de río de montaña y, poco después, se desarma. Sobre una llanura casi sin pendiente el agua se abre en decenas de brazos y forma el Sudd, el humedal de agua dulce más grande de la cuenca del Nilo. Su superficie media ronda los 30.000 km², pero en la estación húmeda puede superar los 130.000 km²: alrededor del 21 % del territorio del país. Fue designado sitio Ramsar de importancia internacional en 2006, con una extensión inscripta de unos 57.000 km².
El nombre viene del árabe sadd, "barrera" u "obstrucción", y describe exactamente lo que fue durante milenios. Las islas flotantes de papiro y de junco se despegan del fondo, derivan y taponan los canales; una embarcación puede quedar encerrada durante semanas. Los antiguos egipcios nunca lo atravesaron. En el año 61, según el relato de Séneca y Plinio, los soldados enviados por el emperador Nerón a buscar el nacimiento del Nilo llegaron hasta un pantano infranqueable y volvieron: ese fue el límite del mundo conocido para Roma en el África ecuatorial.
Esa barrera tuvo una consecuencia histórica enorme. Mientras el norte del actual Sudán se islamizaba y se arabizaba desde el siglo VII, mientras el reino de Funj y después el Egipto otomano organizaban estados sobre el Nilo medio, el sur quedó del otro lado del pantano, con sus propias lenguas, religiones y formas de organizarse. No fue aislamiento total —hubo comercio, guerra y movimiento de pueblos— pero sí una frontera lo bastante espesa como para que las dos mitades del futuro Sudán se desarrollaran por caminos distintos.
El Sudd tampoco es un vacío: es uno de los ecosistemas más ricos de África. Se han registrado más de 400 especies de aves —incluidas poblaciones enormes de picozapato— y alrededor de 70 especies de peces, y sus llanuras de inundación sostienen migraciones de mamíferos de más de un millón de individuos. Para dinka y nuer, el ciclo del Sudd es el calendario mismo: en la estación seca las familias bajan con el ganado a los pastos de la llanura inundable, los toich, y en la estación de lluvias vuelven a las tierras altas.
Hablantes de lenguas protonilóticas se instalaron en la región del Alto Nilo hace unos cinco mil años. Durante siglos convivieron con pueblos de lenguas sudánicas centrales y komanas, hasta que a partir del siglo XIV los hablantes nilóticos —dinka (jieng), nuer (naath), shilluk y luo— se expandieron y se volvieron dominantes en las llanuras del Nilo.
Dinka y nuer son hoy los dos pueblos más numerosos del país. Ambos organizan la vida alrededor del ganado vacuno, pero llamarlos simplemente "pastores" se queda corto: el ganado es a la vez alimento, moneda, dote matrimonial, prestigio, poesía y vínculo con los antepasados. Un varón dinka recibe un nombre de buey al llegar a la adultez y compone cantos para su animal favorito. La trashumancia entre las tierras altas de la estación de lluvias y los pastos inundables de la estación seca no es folklore: es la única estrategia que permite mantener rebaños grandes en una llanura que se convierte en mar durante meses.
Ni dinka ni nuer construyeron estados centralizados con reyes y ejércitos. Se organizaron en linajes, secciones territoriales y figuras de autoridad ritual —los "maestros de la lanza pescadora" entre los dinka, los "jefes de piel de leopardo" entre los nuer— cuyo poder era sobre todo de mediación: contener las venganzas, fijar compensaciones, hacer llover. Esa arquitectura política descentralizada fue durante mucho tiempo leída por los administradores coloniales como "anarquía"; en realidad era un sistema sofisticado para repartir riesgo, agua y pasto en un ambiente extremo.
El mismo sistema explica una tensión que atraviesa toda la historia del país: la competencia por pastos, aguadas y ganado entre comunidades vecinas. El robo de ganado era una práctica regulada, con reglas y compensaciones. Lo que la cambió de escala fue la llegada masiva de armas automáticas durante las guerras del siglo XX, cuando los ejércitos de Jartum y las guerrillas armaron a comunidades enteras y convirtieron un conflicto acotado en algo mucho más letal.
No todo el sur fue descentralizado. Sobre la orilla occidental del Nilo Blanco, los shilluk (chollo) construyeron uno de los estados más originales de África oriental. La tradición sitúa su fundación alrededor de 1490 con Nyikang, figura semilegendaria a la que se atribuye poder sobre la lluvia y un origen mezclado de humano y cocodrilo. Cada reth —el rey shilluk— es considerado una reencarnación de Nyikang, y su cuerpo es tratado como el cuerpo mismo de la nación: el reino shilluk fue durante décadas uno de los casos de estudio favoritos de la antropología política por su modelo de "realeza divina".
El reino alcanzó su apogeo en el siglo XVIII, mientras el sultanato de Funj declinaba. El reth Tugo (c. 1690-1710) estableció la capital en Fashoda, sobre el Nilo, y desde ahí los shilluk controlaron las rutas fluviales. En el siglo XIX contaban unos 200.000 habitantes repartidos en centenares de aldeas permanentes, con una economía de cereales y pesca y una densidad de población comparable a la de tramos del Nilo egipcio. La expansión turco-egipcia desde 1821 empujó la frontera norte del reino hacia el sur, la primera incursión esclavista documentada es de 1826, y hacia 1865 los shilluk habían perdido su independencia política. La institución, sin embargo, no desapareció: la realeza shilluk sobrevive como jefatura tradicional y el reth Kwongo Dak Padiet ocupa el trono desde 1993.
En el otro extremo del país, entre los bosques del suroeste, los azande construyeron el mayor conjunto estatal de la región. Llegaron al actual Sudán del Sur en el siglo XVI, y en el XVIII la aristocracia avongara (vungara) impuso su autoridad y organizó una serie de reinos con ejércitos, tributos y una justicia basada en oráculos y ordalías. Su nombre suele traducirse como "la gente que posee mucha tierra". Son célebres por su metalurgia —el shongo, el cuchillo arrojadizo de varias hojas— y por su música de sanza. El estudio que Edward Evans-Pritchard publicó en 1937 sobre brujería, oráculos y magia entre los azande se convirtió en uno de los libros más influyentes de la antropología del siglo XX.
El último gran rey azande independiente, Gbudwe, resistió a turcos, mahdistas, belgas y británicos hasta ser derrotado por estos últimos en 1905. Décadas más tarde, entre fines de los años 30 y los 50, la administración británica ensayó en su territorio el "Zande Scheme": un proyecto de modernización agrícola que reasentó a unas 60.000 personas en aldeas planificadas para producir algodón. El plan fracasó por falta de infraestructura y de capacitación, y dejó como saldo el recuerdo de un desplazamiento forzado más.
En 1821, el Egipto de Muhammad Ali —formalmente provincia otomana— invadió Sudán y liquidó el sultanato de Funj. La expansión hacia el sur fue más lenta: Ali Khurshid Pasha penetró en tierras dinka en 1827 y, entre 1839 y 1842, las expediciones fluviales del almirante Salim Qabudan lograron por primera vez forzar el Sudd y llegar hasta la altura de la actual Yuba. Las guarniciones que se fundaron enseguida se despoblaron por enfermedad y deserción, pero la ruta quedó abierta, y por ella entró todo lo demás.
Lo que siguió fue una economía de saqueo. Desde los años 1850, comerciantes de Jartum —muchos de ellos con socios europeos— montaron a lo largo de los ríos una red de campamentos fortificados llamados zaribas, desde donde cambiaban armas por marfil, tomaban rehenes para forzar el pago de tributos en colmillos y capturaban personas. El más poderoso de esos "príncipes mercaderes" fue al-Zubayr Rahma Mansur, que se armó un ejército privado, dominó Bahr el Ghazal desde su base de Deim Zubeir y en 1874 derrotó y mató a Ibrahim, el último sultán de Darfur. Hacia mediados de la década de 1870 se estima que unas 30.000 personas por año eran capturadas y enviadas fuera de la región.
El impacto fue devastador y desigual: algunas comunidades fueron diezmadas, otras se armaron y se convirtieron en intermediarias, y en el medio quedó una desconfianza duradera entre el sur y los comerciantes del norte que la política posterior no hizo más que profundizar. La huella física todavía se ve: Deim Zubeir figura en la lista indicativa del Patrimonio Mundial de la UNESCO como sitio de la ruta de la esclavitud.
El jedive Ismail Pasha, alarmado por el poder de los mercaderes y presionado por las campañas abolicionistas europeas, creó en 1869 la provincia de Ecuatoria y puso al frente al explorador británico Samuel Baker, con el mandato de suprimir la trata. Baker fracasó. Charles Gordon, nombrado en 1874, derrotó al hijo de al-Zubayr y terminó con el control de los mercaderes, pero él mismo admitía no ejercer autoridad real más allá de sus pocos fuertes. Su sucesor desde 1878, Emin Pasha, quedó aislado cuando la revuelta mahdista cortó las comunicaciones con Egipto; fue "rescatado" por la célebre y sangrienta expedición de Henry Morton Stanley, y en 1889 Ecuatoria dejó de existir como puesto egipcio.
El siglo XIX europeo estaba obsesionado con una pregunta: dónde nace el Nilo. Sudán del Sur fue el corredor obligado de esa obsesión, y su puerta fue Gondokoro, un fondeadero sobre el Nilo en tierra bari, a pocos kilómetros de la actual Yuba, visitado por primera vez por europeos en las expediciones de 1841-1842 y convertido enseguida en centro de tráfico de marfil y de personas.
Ahí ocurrió una de las escenas más célebres de la exploración africana: el 15 de febrero de 1863, John Hanning Speke y James Grant, que bajaban desde el lago Victoria, se encontraron con Samuel Baker y Florence von Sass, que subían desde el norte. Speke y Grant le contaron a Baker que se hablaba de otro gran lago al oeste; con ese dato, Baker llegó al lago Alberto en 1864. Los bari, mientras tanto, pasaron de recibir a los forasteros a defenderse de ellos: los traficantes levantaron depósitos fortificados cerca de Gondokoro donde retenían a la gente hasta embarcarla río abajo.
El reparto colonial complicó todavía más el mapa. En 1894, Leopoldo II de Bélgica obtuvo en arriendo la llamada Enclave de Lado, una franja sobre la orilla occidental del Nilo que incluía Lado, Gondokoro y Rejaf, con la que buscaba conectar su Estado Libre del Congo con el río. La enclave volvió a la administración anglo-egipcia en 1910, un año después de la muerte del rey, y su frontera artificial partió al medio a pueblos como los bari y los ma'di.
El episodio más famoso fue el de Fashoda, la vieja capital shilluk. El capitán francés Jean-Baptiste Marchand llegó allí el 10 de julio de 1898 con unos 120 tiradores africanos, después de catorce meses de marcha desde la costa atlántica, y firmó un tratado con las autoridades shilluk. El 18 de septiembre apareció Herbert Kitchener, recién salido de su victoria en Omdurmán, con unos 1.500 hombres. No hubo un disparo: los dos oficiales brindaron con whisky y esperaron órdenes de sus gobiernos. Francia se retiró el 3 de noviembre de 1898 y la convención anglo-francesa de marzo de 1899 fijó las esferas de influencia. Fashoda fue rebautizada Kodok. La crisis, que estuvo cerca de provocar una guerra europea, terminó empujando a Londres y París hacia la Entente Cordiale de 1904; para los shilluk significó simplemente que su territorio quedaba dentro del imperio británico.
Desde 1899 Sudán fue gobernado como condominio anglo-egipcio, una ficción jurídica bajo la cual el poder real era británico. En el sur, los administradores —apodados "bog barons", los barones del pantano— gobernaban a través de jefes designados que actuaban como jueces e intermediarios, pero a los que se destituía, exiliaba, reemplazaba y a veces rehabilitaba con una facilidad que erosionó su legitimidad. El trabajo forzado para obras públicas fue habitual: cuando la población se negaba, las fuerzas del gobierno la reclutaban de noche.
La conquista no fue pacífica ni rápida. Entre 1902 y 1926 hubo revueltas casi continuas: el ataque de los dinka agar bajo Myang Mathiang en 1902, los alzamientos atuot de 1907, 1909 y 1917, las campañas kresh y binga entre 1908 y 1912, la resistencia anuak de 1912, la sumisión didinga recién en 1922 tras las campañas de los King's African Rifles, las revueltas toposa de 1926. En 1919, un ataque de los dinka aliab que mató a ocho policías fue respondido con bombardeos aéreos británicos.
En paralelo, el gobierno delegó la educación y la salud del sur en las misiones cristianas: un decreto de 1905 prohibió la actividad misionera al norte del paralelo 10 y repartió el sur entre distintas confesiones. Las escuelas misionales fueron el único sistema educativo disponible —unos 700 alumnos en 1925— y la primera escuela secundaria del sur abrió recién en Rumbek, en 1949.
La pieza clave llegó en 1928, cuando Harold MacMichael formalizó la "Southern Policy": promover el inglés en lugar del árabe como lengua franca, limitar la presencia de comerciantes del norte y formar un cuadro administrativo local de habla inglesa. Las Closed Districts Ordinances de los años veinte y la Passports and Permits Ordinance de 1922 llegaron a exigir permisos para viajar entre el norte y el sur. Fue, en los hechos, la administración de dos colonias distintas dentro de un mismo país.
Y después se dio marcha atrás de golpe. Presionada por el nacionalismo del norte, Gran Bretaña revirtió la Southern Policy en 1946 y reabrió las fronteras internas en 1947, tras veinticinco años de cierre. En junio de ese año, la Conferencia de Yuba reunió a delegados británicos y sudaneses y resolvió que norte y sur formarían un solo Estado con una asamblea legislativa común. Los representantes del sur llegaban con muy poca formación política, sin partidos propios y sin garantías escritas. En 1954, en el proceso de "sudanización" de la administración previo a la independencia, de unos 800 puestos jerárquicos apenas seis fueron para sureños. Sobre ese agravio se construyó todo lo que vino después.
El 18 de agosto de 1955, la guarnición del Cuerpo de Ecuatoria en Torit —integrada por soldados del sur— se amotinó ante la orden de ser trasladada y reemplazada por tropas del norte. El motín se extendió a otras localidades de Ecuatoria y fue reprimido con dureza. Sudán todavía no era independiente: faltaban poco más de cuatro meses para el 1 de enero de 1956. Es decir que la primera guerra civil sudanesa empezó antes que el propio Estado sudanés.
Los años siguientes fueron de insurgencia dispersa y de exilio. En 1962-1963 los distintos grupos guerrilleros confluyeron en el Anyanya —el nombre alude a un veneno—, que se convirtió en el mayor movimiento insurgente del sur, y en el plano político surgió el SANU y más tarde el Movimiento de Liberación de Sudán Meridional. El golpe de Estado de Yaafar Numeiri en 1969 y la creciente presión internacional abrieron finalmente una vía negociada.
Las conversaciones se hicieron en Adís Abeba bajo el auspicio del emperador Haile Selassie, con mediación del Consejo Mundial de Iglesias y de la Conferencia de Todas las Iglesias de África —la figura clave fue el pastor liberiano Burgess Carr—. Abel Alier encabezó la delegación del gobierno y Ezboni Mondiri la del movimiento sureño, cuyo jefe militar era Joseph Lagu. El Acuerdo de Adís Abeba de 1972 creó la Región Autónoma del Sur de Sudán, con asamblea y ejecutivo propios y capital en Yuba, e incorporó a los combatientes del Anyanya al ejército y a la policía.
La guerra había durado diecisiete años. Las estimaciones más citadas hablan de entre 500.000 y un millón de muertos, de los cuales más de 100.000 combatientes; el resto fueron civiles muertos por violencia, hambre y enfermedad. Siguieron once años de paz relativa, los únicos que el sur conoció en el siglo XX.
La paz de Adís Abeba se deshizo por donde estaba más floja. En mayo de 1983, el 105º batallón del ejército sudanés, acuartelado en Malual-Chaat, cerca de Bor, se negó a ser trasladado al norte y se sublevó bajo el mando de Alier Nhialmangardit. Jartum envió a negociar a un coronel del propio ejército, hijo de la región y con doctorado en economía: John Garang de Mabior. Garang se pasó a los amotinados y de esa fusión nació el Ejército y Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán, SPLA/SPLM.
Garang había nacido en 1945 en Wangulei, en una familia dinka pobre; estudió economía en el Grinnell College de Iowa y se doctoró en la Iowa State University con una tesis sobre desarrollo agrícola —incluido el canal de Jonglei—. Su proyecto no era la independencia del sur sino lo que llamó el "Nuevo Sudán": un país entero, secular, democrático y multiétnico, en el que las periferias marginadas —sur, Nuba, Nilo Azul, Darfur— sumadas serían mayoría. Esa idea le dio al SPLM aliados en todo Sudán y, a la vez, tensiones internas permanentes con quienes querían la separación lisa y llana.
Ese mismo año, el presidente Numeiri terminó de romper el pacto: el 5 de junio de 1983 abolió la Región Autónoma del Sur y la dividió en tres, y en septiembre declaró la sharia como ley para todo el país, incluidas las regiones no musulmanas. Las llamadas "leyes de septiembre" introdujeron penas de amputación y flagelación para ciudadanos cristianos y de religiones tradicionales. La segunda guerra civil sudanesa ya estaba en marcha y duraría veintidós años.
Fue una guerra de dimensiones enormes y de una crueldad sostenida. Las estimaciones más difundidas hablan de alrededor de dos millones de muertos por combate, hambre y enfermedad, y de unos cuatro millones de desplazados. El hambre se usó como arma por los distintos bandos: la hambruna de 1988 en Bahr el Ghazal, ligada a las razias de las milicias murahilín contra comunidades dinka, se cobró unas 250.000 vidas; la de 1998, en la misma región, más de 70.000 según Human Rights Watch.
Dos proyectos concebidos en Jartum y El Cairo alimentaron la ruptura. En 1978, Chevron encontró petróleo cerca de Bentiu, en pleno territorio de la región autónoma; el yacimiento fue bautizado Unity. Casi al mismo tiempo empezaron las obras del canal de Jonglei, un canal de 360 km destinado a saltear el Sudd para que el agua que allí se evapora llegara a Egipto y a Sudán. Para los habitantes del sur, la lectura fue directa: el petróleo y el agua de su tierra iban a irse al norte. La "redivisión" de 1983, que creó un nuevo estado de Unity alrededor de Bentiu, reforzó la sospecha de que se estaba recortando el mapa para quedarse con los pozos.
El SPLA atacó ambos proyectos. Las obras del canal se detuvieron en 1984, con 240 de los 360 km ya excavados por una draga gigantesca que sigue oxidándose en la llanura, y nunca se retomaron. Chevron suspendió sus operaciones ese mismo año tras un ataque que mató a tres trabajadores extranjeros. La explotación petrolera se reanudó en los años noventa con consorcios asiáticos y europeos, y Human Rights Watch documentó en su informe de 2003 cómo el desplazamiento forzado de población civil acompañó la expansión de los campos petroleros del Alto Nilo occidental.
La otra herida fue interna. El 28 de agosto de 1991, Riek Machar, Lam Akol y Gordon Kong Chuol anunciaron desde Nasir la destitución de Garang como jefe del SPLM. La "Declaración de Nasir" invocaba la falta de democracia interna y la reivindicación explícita de la independencia del sur, pero la fractura se volvió rápidamente étnica y militar. En noviembre de 1991, fuerzas de la facción de Nasir y milicias del Ejército Blanco nuer atacaron la región de Bor: se estima que unos 2.000 civiles murieron en la violencia y otros 25.000 por la hambruna que siguió. La facción de Machar terminó recibiendo apoyo de Jartum durante buena parte de los años noventa.
Esa guerra dentro de la guerra dejó una frase que los propios historiadores sursudaneses repiten: durante la segunda guerra civil murieron más sureños peleando entre sí que peleando contra el norte. Machar y Garang se reconciliaron formalmente en 2002, en vísperas de las negociaciones de paz, pero el trauma de 1991 nunca se procesó del todo y volvió a aparecer, con otros nombres, en 2013.
Las negociaciones que terminaron la guerra se hicieron en Kenia, bajo el paraguas de la IGAD y con el respaldo de Estados Unidos, el Reino Unido, Noruega e Italia. El Protocolo de Machakos, en julio de 2002, fijó el principio decisivo: el sur tendría derecho a un referéndum de autodeterminación. El Acuerdo General de Paz (CPA) se firmó el 9 de enero de 2005 en Nairobi entre el gobierno de Omar al Bashir y el SPLM. Restablecía la autonomía del sur, repartía los ingresos del petróleo por mitades, dejaba la sharia fuera del sur y ponía fecha al referéndum: 2011.
El 9 de julio de 2005, John Garang juró como primer vicepresidente de Sudán; era la primera vez que un cristiano y sureño ocupaba el segundo cargo del país. Cientos de miles de personas lo recibieron en Jartum. Veintiún días después, el 30 de julio, el helicóptero presidencial ugandés en el que regresaba de una reunión con Yoweri Museveni se estrelló en las montañas del sur. Su muerte desató disturbios en Jartum, Yuba y Malakal con más de cien muertos, y estuvo a punto de hacer descarrilar el acuerdo. Lo sucedió su segundo, Salva Kiir Mayardit, mucho menos comprometido con la idea del "Nuevo Sudán" y más cercano a la opción separatista.
El referéndum se celebró entre el 9 y el 15 de enero de 2011, con observación internacional. El 98,83 % de los votos fue por la independencia, con una participación superior al 97 %. El 9 de julio de 2011, a la medianoche, nació la República de Sudán del Sur; el 14 de julio fue admitida como Estado miembro número 193 de la ONU y el 28 de julio como miembro 54 de la Unión Africana. Yuba, la vieja misión anglicana, era la capital de un país nuevo.
La separación dejó cuentas abiertas. Sudán del Sur se quedó con la mayor parte de los yacimientos, pero el único camino de exportación eran los oleoductos y el puerto de Sudán. La disputa por las tarifas de tránsito llevó a Yuba a cerrar la producción en enero de 2012 y, en abril, a un choque abierto: fuerzas sursudanesas tomaron el campo petrolero de Heglig el 10 de abril y se retiraron nueve días después ante la contraofensiva sudanesa. Recién en septiembre de 2012 los dos presidentes firmaron ocho acuerdos que reanudaron las exportaciones y crearon una zona desmilitarizada de 10 km en la frontera. Abyei y varios tramos del límite siguen sin resolverse.
La independencia llegó sin instituciones y con un ejército que era en realidad una suma de facciones. La tensión política dentro del SPLM entre el presidente Salva Kiir y su vicepresidente Riek Machar, destituido en julio de 2013, terminó de reventar el 15 de diciembre de 2013, cuando estallaron combates dentro de la guardia presidencial en Yuba. Kiir denunció un intento de golpe encabezado por Machar; Machar lo negó y huyó de la capital. En cuestión de días la violencia se extendió y adquirió un componente étnico marcado, sobre todo entre comunidades dinka y nuer, aunque el conflicto involucró a muchos otros grupos y facciones y las responsabilidades por atrocidades fueron documentadas de ambos lados.
Los episodios más graves quedaron registrados por la ONU y por organizaciones de derechos humanos: la matanza de civiles en Yuba en los primeros días, la toma y retoma de Bor, la matanza de Bentiu de abril de 2014 —en la que investigadores de la ONU documentaron cientos de civiles asesinados en una mezquita, un hospital y una iglesia—, y la destrucción de Malakal, que hacia octubre de 2015 había cambiado de manos doce veces. En febrero de 2016, un ataque armado dentro del propio sitio de protección de civiles de la ONU en Malakal dejó una veintena de muertos entre los desplazados que se refugiaban ahí.
El acuerdo de paz de agosto de 2015 devolvió a Machar a Yuba como vicepresidente, pero duró poco: entre el 8 y el 11 de julio de 2016 los combates volvieron a la capital y dejaron al menos 300 muertos, incluidos civiles y dos cascos azules chinos; Machar escapó a pie hacia el suroeste y terminó saliendo del país. Human Rights Watch y la ONU documentaron asesinatos, violaciones masivas y saqueos durante esos días.
La cifra más citada sobre el costo humano proviene de un estudio de la London School of Hygiene & Tropical Medicine publicado en 2018: alrededor de 383.000 muertes atribuibles a la crisis entre diciembre de 2013 y abril de 2018, de las cuales aproximadamente la mitad por violencia directa y el resto por la destrucción de los servicios de salud y la inseguridad alimentaria. Más de cuatro millones de personas fueron desplazadas —cerca de 1,8 millones dentro del país y unos 2,5 millones hacia el exterior, sobre todo a Uganda y Sudán—, lo que la convirtió en la mayor crisis de refugiados de África.
El 12 de septiembre de 2018, en Adís Abeba, Kiir, Machar y el resto de las partes firmaron el Acuerdo Revitalizado para la Resolución del Conflicto en Sudán del Sur (R-ARCSS), negociado bajo mediación de la IGAD con un papel central de Sudán y Uganda. El texto preveía una fase pretransicional de ocho meses, un gobierno de unidad con cinco vicepresidentes —uno de ellos debía ser mujer—, la unificación de las fuerzas armadas de todas las facciones y elecciones al final de un período de transición de tres años. El gobierno revitalizado se formó recién en febrero de 2020, con Machar como primer vicepresidente.
El calendario nunca se cumplió. La unificación del ejército avanzó a los tropezones, la constitución permanente quedó sin escribir y las elecciones se postergaron dos veces: primero de 2022 a diciembre de 2024 y luego, con una enmienda constitucional aprobada el 21 de septiembre de 2024, hasta diciembre de 2026. La violencia nunca se detuvo del todo: los enfrentamientos intercomunales por ganado, tierra y venganzas —en Jonglei, Warrap, Unity, Ecuatoria Central— siguieron causando miles de muertos y desplazados cada año, con un patrón que combina disputas locales antiguas, disponibilidad de armas y manipulación política.
En marzo de 2025, los combates en Nasir, en el Alto Nilo, entre fuerzas gubernamentales y milicias del Ejército Blanco nuer —con al menos 250 muertos reportados— derivaron en el arresto domiciliario de Riek Machar y en la detención de varios dirigentes del SPLM/A-IO. En septiembre de 2025 Machar fue formalmente acusado de asesinato, traición y crímenes de lesa humanidad, un proceso que buena parte de los observadores considera el golpe más serio al acuerdo de 2018. Al momento de escribir esto, las elecciones siguen convocadas para diciembre de 2026 y su realización está en duda.
A todo eso se sumó el efecto de la guerra que estalló en Sudán en abril de 2023. Cientos de miles de personas cruzaron la frontera hacia el sur, entre refugiados sudaneses y sursudaneses que regresaban. En febrero de 2024 se rompió el oleoducto que lleva el crudo sursudanés al Mar Rojo: como el petróleo representa alrededor del 90 % de las exportaciones del país, el efecto fue inmediato. Las exportaciones cayeron de unos 186.000 barriles diarios en enero de 2024 a unos 58.000 en diciembre, la economía se contrajo un 24,5 % en 2024 y la inflación cerró ese año en torno al 115 %, según el Banco Mundial. La recuperación posterior de los envíos permitió un rebote fuerte en 2025, pero la dependencia sigue intacta.
La emergencia humanitaria es de las más graves del mundo. Para 2026, la ONU estima que más de 10 millones de personas —dos tercios de la población— necesitan asistencia, y que entre abril y julio de ese año más de 7,8 millones enfrentan hambre en nivel de crisis o peor, con 2,2 millones de menores de cinco años en riesgo de desnutrición aguda y advertencias de riesgo creíble de hambruna en cuatro condados de Alto Nilo y Jonglei. Y sin embargo, el 26 de julio de 2026 llegó una noticia de otro signo. El Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, reunido en su 48.ª sesión en Busan, inscribió el Paisaje Migratorio de Boma-Badingilo en la Lista del Patrimonio Mundial: el primer sitio de Patrimonio de la Humanidad de Sudán del Sur. Abarca los parques nacionales de Boma y Bandingilo más los corredores que los conectan —unos 12 millones de hectáreas de sabanas, humedales y bosques— y el censo aéreo de 2024 confirmó allí unos seis millones de antílopes: cob de orejas blancas, tiang, gacela de Mongalla y redunca, la Gran Migración del Nilo. La inscripción se hizo por procedimiento de urgencia y, simultáneamente, el sitio fue incluido en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro por el avance de la caza comercial y los efectos del cambio climático. Que el país más joven del mundo consiga su primer Patrimonio Mundial y que llegue ya en peligro, el mismo día, describe bastante bien a Sudán del Sur.
Las 5 historias, una detrás de la otra. Usá los botones de arriba para saltar a la que buscás.
Bahr el Ghazal —"el río de las gacelas" en árabe— es la gran región del noroeste, un mosaico de sabanas, ríos estacionales y bosques de galería habitado por dinka en el este y por el conjunto de pueblos conocidos como fertit —balanda, kresh, binga, ndogo, jur— en el oeste, además de los luo.
En el siglo XIX fue el epicentro de la economía de saqueo del alto Nilo. Desde los años 1850, comerciantes llegados de Jartum montaron a lo largo de los ríos una red de campamentos fortificados —las zaribas— desde los que cambiaban armas por marfil y capturaban personas. El más poderoso fue al-Zubayr Rahma Mansur, que construyó un ejército privado, dominó toda la región desde su base de Deim Zubeir y en 1874 derrotó y mató a Ibrahim, el último sultán de Darfur. Hacia mediados de la década de 1870 se estima que unas 30.000 personas por año eran capturadas y sacadas de la región.
El gobierno egipcio, alarmado por el poder de al-Zubayr, envió a Charles Gordon, que derrotó a su hijo y terminó con el control de los mercaderes; poco después, la revuelta mahdista barrió con la administración. La huella quedó: Deim Zubeir integra la lista indicativa del Patrimonio Mundial de la UNESCO como sitio de la ruta de la esclavitud, y la memoria de esas razias sigue siendo un componente fuerte de la identidad regional.
Esa historia se prolongó en el siglo XX. Durante la segunda guerra civil, las milicias murahilín de los baggara del sur de Darfur y Kordofán, armadas por Jartum, realizaron razias sistemáticas contra comunidades dinka de Bahr el Ghazal, con secuestros y esclavización documentados por organismos de derechos humanos y por la propia relatoría de la ONU en los años noventa.
Wau, sobre la orilla occidental del río Jur, a unos 650 km al noroeste de Yuba, es la segunda ciudad del país: el censo de 2008 la ubicaba tercera y las estimaciones de 2022 la sitúan en torno a los 320.000 habitantes.
Su fundación moderna es una rareza colonial. A fines de 1897, la misión francesa del capitán Marchand —la misma que después llegaría a Fashoda— estableció aquí un puesto que bautizó Fort Desaix, sobre un emplazamiento que ya había sido zariba de comerciantes de marfil y esclavos. Cuando los franceses se retiraron tras el arreglo de 1899, el puesto volvió a llamarse Wau, igual que Fort Dupleix volvió a ser Deim Zubeir.
Bajo el condominio anglo-egipcio, Wau se convirtió en la capital de la provincia de Bahr el Ghazal y en el mayor centro misionero del oeste del sur. Diez misioneros combonianos partieron de Jartum hacia Wau en 1904, y en 1913 se erigió la prefectura apostólica de Bahr el Ghazal. La catedral de Santa María —abierta en 1956, de ladrillo, con cúpula y rosetón— es la mayor de la región y sigue siendo el edificio emblemático de la ciudad. En 1959-1962 se completó el ramal ferroviario de 445 km que une Babanusa, en Sudán, con Wau, de los cuales unos 250 km corren en territorio sursudanés: es la única línea férrea del país y funciona de manera intermitente.
Esa historia hizo de Wau la ciudad más mestiza del país: luo, fertit, balanda, jur, dinka y comerciantes del norte conviven en barrios de trazado colonial. También la volvió especialmente sensible a la política étnica. Entre 2016 y 2017 la ciudad sufrió episodios graves de violencia: los combates y las matanzas de junio de 2016 y abril de 2017 desplazaron a decenas de miles de personas, y unas 8.500 se refugiaron dentro del recinto de la catedral católica.
Rumbek, capital del estado de los Lagos, está a unos 375 km al noroeste de Yuba, en pleno país dinka agar. Es una ciudad chica —unos 32.000 habitantes según estimaciones de 2011— con un peso simbólico enorme en la historia del sur.
En 1949, la administración anglo-egipcia abrió acá la primera escuela secundaria del sur de Sudán. Hasta entonces, la educación sureña era casi exclusivamente misionera y no pasaba del nivel intermedio, mientras el norte contaba con secundarias y con el Gordon Memorial College desde principios de siglo. Rumbek Secondary School formó a buena parte de la primera generación de dirigentes políticos del sur, y ese desfasaje educativo explica en gran medida el hecho de que en 1954, en el reparto de cargos previo a la independencia, apenas seis de unos 800 puestos jerárquicos fueran para sureños.
Durante la segunda guerra civil, Rumbek fue una de las plazas más disputadas y terminó bajo control del SPLA, que la usó como centro administrativo de las zonas liberadas. Tras el Acuerdo General de Paz de 2005 funcionó como sede provisoria del Gobierno del Sur de Sudán mientras se acondicionaba Yuba, un interregno breve pero que dejó a la ciudad edificios oficiales, una pista aérea activa y la Universidad de Rumbek.
Hoy Rumbek es sobre todo un centro ganadero: mercados de vacas, campamentos en la estación seca y una cultura dinka agar muy viva, con la lucha tradicional como deporte social por excelencia. También arrastra un problema serio de violencia intercomunal —disputas por ganado, tierras y venganzas familiares entre secciones dinka— que la ha convertido en una de las zonas rurales con más incidentes registrados del país.
Bahr el Ghazal fue una de las regiones donde la administración británica encontró más resistencia. En 1902, los dinka agar atacaron a las fuerzas del gobierno bajo el liderazgo de Myang Mathiang. Siguieron los alzamientos atuot de 1907, 1909 y 1917 y las campañas de kresh y binga entre 1908 y 1912. En 1919, un ataque de los dinka aliab mató a ocho policías; la respuesta del gobierno incluyó bombardeos aéreos, una de las primeras utilizaciones de aviación militar contra población civil en el continente.
Ese patrón —autoridad colonial delgada, jefes designados y depuestos a voluntad, trabajo forzado para obras públicas— es el que los administradores llamaban gobernar y las comunidades vivían como intromisión. La región quedó, además, en el borde exacto entre el mundo pastoril nilótico y las sociedades agrícolas fertit del oeste, una frontera cultural que la política colonial y después la política nacional usaron y agravaron.
Los fertit no son un pueblo sino una categoría que agrupa a comunidades distintas del oeste de Bahr el Ghazal, con lenguas sudánicas centrales y ubangianas, tradicionalmente agricultoras y cazadoras. Fueron de las principales víctimas de las razias del siglo XIX y, durante la segunda guerra civil, algunas de sus milicias fueron armadas por Jartum frente al SPLA, que era percibido como dominado por los dinka. Esa fractura sigue siendo el trasfondo de las tensiones de Wau.
La lucha tradicional, los cantos de buey, los campamentos de ganado y una densísima cultura oral son la otra cara de la región: prácticas vivas, no reliquias, que estructuran hasta hoy la vida social de agar, rek, malual y gok.
Si hay una palabra que marca la historia reciente de Bahr el Ghazal es hambruna. En 1988, la combinación de razias de las milicias murahilín contra comunidades dinka, desplazamiento masivo, bloqueo de la ayuda y una mala cosecha provocó una catástrofe que se cobró unas 250.000 vidas, sobre todo en esta región. Fue una de las hambrunas peor documentadas en su momento y una de las que más contribuyó a instalar el concepto de "hambre como arma de guerra".
Diez años después se repitió el patrón. La hambruna de 1998 en Bahr el Ghazal, agravada por una sequía ligada a El Niño pero causada sobre todo por los ataques a civiles, la destrucción y confiscación de alimentos y las restricciones al acceso humanitario, causó más de 70.000 muertes según Human Rights Watch. Las imágenes de esa crisis dieron la vuelta al mundo y aceleraron la presión internacional que años más tarde desembocó en las negociaciones de paz.
Después de 2005, la región vivió una recuperación desigual: retorno de refugiados desde Sudán y desde el exterior, reapertura del ferrocarril de manera intermitente, crecimiento de Wau y Aweil. La guerra de 2013 la afectó menos que a Jonglei o Alto Nilo en términos de frentes militares, pero la golpeó con violencia urbana en Wau, con inseguridad rural crónica y con el colapso económico general.
El impacto de la guerra de Sudán desde 2023 se siente acá con especial fuerza, porque Bahr el Ghazal limita con Darfur y Kordofán: por los pasos del norte entran refugiados sudaneses y sursudaneses que retornan, en una región que ya era de las más pobres del país. Aweil y Wau se convirtieron en puntos de recepción, con la ayuda humanitaria estirada al límite.
El Sudd no es un lago ni un río: es un sistema. El Nilo Blanco llega desde el sur como Bahr el Jebel, se topa con una llanura de pendiente mínima y se abre en decenas de brazos, lagunas y canales que cambian de lugar cada año. La superficie media ronda los 30.000 km², pero en la estación húmeda puede superar los 130.000 km², cerca del 21 % del territorio nacional. Fue designado sitio Ramsar en 2006, con unos 57.000 km² inscriptos, uno de los humedales protegidos más grandes del mundo.
La vegetación dominante son el papiro, la typha y el jacinto de agua, que forman islas flotantes capaces de desprenderse del fondo y taponar un canal entero. De ahí el nombre: sadd, "barrera" en árabe. Cerca de la mitad del agua que entra al Sudd se pierde por evaporación y transpiración antes de salir por el norte, un dato que está en el centro de todas las discusiones sobre el agua del Nilo.
La vida animal es extraordinaria: más de 400 especies de aves —con poblaciones muy importantes de picozapato, el ave más buscada por los observadores que llegan al país—, unas 70 especies de peces, sitatungas, cocodrilos, hipopótamos y grandes concentraciones de antílopes en las llanuras de inundación.
Para la gente del río, el Sudd es el calendario. Dinka, nuer y shilluk mueven sus rebaños siguiendo el ciclo de crecida y bajante: en la estación seca bajan a los toich, los pastos de la llanura inundable; con las lluvias vuelven a los asentamientos de tierra firme. Ese sistema, afinado durante siglos, es también el que más sufre cuando las inundaciones se vuelven extremas: las crecidas sostenidas desde 2019 dejaron bajo agua franjas enteras de Unity y Jonglei durante años seguidos y desplazaron a cientos de miles de personas.
La idea de saltear el Sudd para que el agua que allí se evapora llegara a Sudán y a Egipto es vieja: se estudió desde comienzos del siglo XX y quedó formalizada en los acuerdos de aguas del Nilo entre El Cairo y Jartum. El proyecto final preveía un canal de unos 360 km entre Bor y la desembocadura del Sobat, capaz de sumar varios miles de millones de metros cúbicos anuales al caudal aguas abajo.
Las obras arrancaron en 1978 con una excavadora gigante traída desde Pakistán. Del lado sursudanés, la lectura fue política antes que técnica: el agua se iba al norte y a Egipto, mientras la población local perdía los pastos inundables de los que depende su ganadería y su pesca. La oposición al canal fue uno de los detonantes de la protesta estudiantil y del descontento que precedieron a 1983.
La obra se detuvo en 1984, después de excavar 240 de los 360 km, cuando el SPLA atacó las instalaciones. Nunca se retomó. La excavadora sigue en el lugar, oxidándose en la llanura, convertida en una de las imágenes más elocuentes del país. La zanja abierta, sin revestimiento, alteró localmente el drenaje y sirve de trampa para animales.
El proyecto reaparece cada tanto en la agenda —Egipto lo mencionó públicamente en 2021 y en años siguientes— y cada vez vuelve la misma discusión: cuánta agua se ganaría aguas abajo frente a cuánto se perdería en el humedal, en el modo de vida de sus habitantes y en un ecosistema hoy protegido por la convención Ramsar. No hay decisión tomada y el canal sigue siendo, sobre todo, un símbolo.
Malakal está sobre la orilla oriental del Nilo Blanco, poco al norte de la confluencia con el Sobat, a unos 650 km de Yuba. Es la capital del Alto Nilo, el gran puerto fluvial del norte del país y, durante mucho tiempo, la segunda o tercera ciudad en población: el censo de 2008 y las estimaciones posteriores la ubicaban en torno a las 140.000-150.000 personas antes de la guerra.
A pocos kilómetros río arriba está Kodok, la vieja Fashoda, capital del reino shilluk desde fines del siglo XVII y escenario del incidente de 1898 entre Marchand y Kitchener. Malakal es el centro urbano de una región donde conviven shilluk, nuer y dinka, y esa composición explica buena parte de su historia reciente. La ciudad alberga la Universidad del Alto Nilo, fundada en 1991, y uno de los dos aeropuertos internacionales del país.
La guerra de 2013 la destruyó. Malakal fue el punto donde el conflicto se volvió más intensamente urbano: hacia octubre de 2015 había cambiado de manos doce veces y quedó prácticamente arrasada. Decenas de miles de civiles se refugiaron en el sitio de protección de civiles de la ONU instalado en las afueras, uno de los mayores del país. En febrero de 2016, hombres armados entraron al propio sitio de protección: el ataque dejó una veintena de muertos entre los desplazados y destruyó buena parte de los refugios, un episodio que obligó a la ONU a revisar su propio dispositivo.
Hoy Malakal sigue albergando uno de los campamentos de desplazados más grandes y prolongados del país, y recibe además parte del flujo de personas que cruzan desde Sudán desde 2023. Es una ciudad que no terminó de reconstruirse y que las cancillerías desaconsejan visitar.
Bor está sobre la orilla oriental del Nilo, a unos 190 km al norte de Yuba, en el borde sur del Sudd. Es la capital de Jonglei y el corazón de los dinka bor. Desde la década de 1860 fue un punto del comercio de marfil sobre el río; en el siglo XX se volvió cabecera administrativa y, con el canal de Jonglei, el extremo sur de la obra.
En mayo de 1983, el 105º batallón acuartelado en Malual-Chaat, cerca de Bor, se sublevó bajo el mando de Alier Nhialmangardit antes que aceptar el traslado al norte. De ese motín, y de la incorporación del coronel John Garang enviado a negociar, nació el SPLM/A. Es decir que la segunda guerra civil sudanesa empezó acá.
Ocho años después, Bor fue escenario de uno de los episodios más dolorosos de esa misma guerra. Tras la Declaración de Nasir de agosto de 1991, fuerzas de la facción de Riek Machar y milicias del Ejército Blanco nuer atacaron la región en noviembre: se estima que unos 2.000 civiles murieron en la violencia y otros 25.000 por la hambruna y el desplazamiento que siguieron. Machar pidió públicamente perdón por esos hechos en 2011. En 2013 y 2014 la ciudad volvió a cambiar de manos varias veces entre el ejército y las fuerzas de la oposición.
Bor tiene también otra cara: es sede de la Universidad Memorial John Garang, sus escuelas figuran habitualmente entre las mejores del país en los exámenes nacionales, y la ruta asfaltada Yuba-Bor la conecta con la capital. Vive de la agricultura, la ganadería y la pesca, y es la puerta natural hacia el Sudd y hacia las llanuras por donde pasa la gran migración de antílopes.
Las llanuras del Sudd concentran hoy la emergencia humanitaria más aguda del país. Alto Nilo y Unity reciben el grueso de los retornados y refugiados que cruzan desde Sudán desde que estalló la guerra allí en abril de 2023, y alojan los campamentos de desplazados más grandes y más prolongados de Sudán del Sur.
En marzo de 2025, los combates en Nasir, sobre el Sobat, entre fuerzas gubernamentales y milicias del Ejército Blanco nuer —con al menos 250 muertos reportados— desencadenaron la crisis política que terminó con el arresto domiciliario de Riek Machar y la detención de dirigentes del SPLM/A-IO. Es un recordatorio de que esta región concentra a la vez la vulnerabilidad humanitaria y el nudo político del país.
Las cifras de 2026 son duras y conviene darlas con su fuente. Según la ONU, más de 10 millones de personas en todo el país necesitan asistencia, y entre abril y julio de 2026 más de 7,8 millones enfrentan hambre en nivel de crisis o superior; 73.300 personas fueron clasificadas en catástrofe (fase 5 de la CIF), un aumento del 160 % respecto de la estimación anterior, y las agencias advierten un riesgo creíble de hambruna en cuatro condados de Alto Nilo y Jonglei en un escenario de agravamiento del conflicto.
A eso se suma el agua. Las inundaciones excepcionales que comenzaron en 2019 mantuvieron bajo el agua áreas enteras de Unity, Jonglei y Alto Nilo durante varias temporadas consecutivas, destruyendo cosechas, ahogando ganado y desplazando a cientos de miles de personas. En un territorio cuya economía y cultura giran alrededor del ciclo del río, la alteración de ese ciclo es una crisis en sí misma. El Sudd sigue siendo un tesoro ecológico global; para quienes viven en él es, sobre todo, un modo de vida bajo presión.
El Parque Nacional de Boma fue establecido en 1977 y ocupa unos 22.800 km² de pastizales y llanuras de inundación en el este del país, contra la frontera etíope, al pie de la meseta de Boma. Es uno de los parques más extensos de África y durante décadas fue prácticamente imposible de estudiar: la guerra impidió cualquier relevamiento serio entre los años ochenta y los 2010.
Su especie emblemática es el cob de orejas blancas, un antílope que se mueve en columnas de decenas de miles de individuos junto con tiang, gacelas de Mongalla y redunca. El sistema Boma-Bandingilo se conecta con el Parque Nacional de Gambella, en Etiopía, y forma un corredor migratorio continuo. También hay búfalos, elefantes, jirafas, leopardos, guepardos y cebras, y poblaciones importantes de buitres de Rüppell.
En agosto de 2022, African Parks firmó con el gobierno un acuerdo de diez años renovables para gestionar Boma y Bandingilo. El relevamiento aéreo realizado entre abril de 2023 y enero de 2024 —unos 120.000 km² sobrevolados, cerca de 60.000 fotografías, más de cien animales con collar— estimó alrededor de cinco millones de cob de orejas blancas, unos 300.000 tiang, 350.000 gacelas de Mongalla y 160.000 redunca: en total, unos seis millones de antílopes. Es, con diferencia, la mayor migración de mamíferos terrestres registrada en el planeta.
El 26 de julio de 2026, en su 48.ª sesión en Busan, el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO inscribió el Paisaje Migratorio de Boma-Badingilo en la Lista del Patrimonio Mundial —el primer sitio del país, unos 12 millones de hectáreas— y a la vez en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro, señalando que la caza comercial creció a una escala sin precedentes y que los próximos años serán decisivos. El parque sigue siendo, en la práctica, inaccesible para el turismo por la situación de seguridad y la falta absoluta de infraestructura.
Torit es hoy la capital de Ecuatoria Oriental, una ciudad de tamaño medio a unos 150 km al este de Yuba, a 615 metros de altura y al pie de las montañas del sureste, en tierra lotuho (latuka). Pero su nombre está grabado en la historia del país por una sola fecha.
El 18 de agosto de 1955, la guarnición del Cuerpo de Ecuatoria acantonada en Torit —formada por soldados sureños— se amotinó al recibir la orden de trasladarse al norte y ser reemplazada por tropas norteñas. El motín se extendió a Yuba, Yei y Maridi, fue reprimido con dureza y muchos de los amotinados se internaron en el monte con sus armas. Faltaban poco más de cuatro meses para la independencia de Sudán, el 1 de enero de 1956: la primera guerra civil empezó, literalmente, antes que el país.
De esos hombres y de los grupos que se les fueron sumando nació en 1962-1963 el Anyanya, la guerrilla que peleó hasta el Acuerdo de Adís Abeba de 1972. Torit siguió siendo estratégica en la segunda guerra: la ciudad cambió de manos varias veces entre el SPLA y el ejército sudanés en los años noventa y fue una de las plazas más disputadas de Ecuatoria.
Hoy Torit es un nudo de rutas —por ahí pasa el camino de Yuba hacia Lokichogio y Kenia—, sede administrativa y base natural para subir hacia las montañas de Imatong, la cadena más alta del país, con el monte Kinyeti (3.187 m), y hacia las colinas Didinga. Fue elevada a municipio en agosto de 2013.
Kapoeta, en el sureste árido, cerca de las fronteras con Kenia y Etiopía, es el centro urbano de la tierra toposa. Los toposa son un pueblo nilótico del grupo turkana, emparentado en lengua y cultura con karamojong, turkana, jiye y nyangatom, y su tradición cuenta que llegaron desde las montañas Losolia, en la actual Uganda, empujados por sequías severas; hacia 1830 ya estaban asentados en la región de Kapoeta. A fines del siglo XIX y comienzos del XX participaron activamente en el comercio de marfil hacia los mercados etíopes.
Su economía es ganadera: vacas, ovejas y cabras. El ganado define la riqueza, el matrimonio y el prestigio, y la estación seca es tiempo de campamentos y de grandes danzas. Los toposa son conocidos también por su trabajo de cuentas, sus tocados y sus escarificaciones, y por una organización por generaciones de edad que estructura la vida social.
Su historia reciente estuvo marcada por la instrumentalización política. El SPLA tomó Kapoeta el 25 de febrero de 1988 y algunos combatientes toposa se sumaron a la guerrilla; pero después de la fractura del SPLM/A en 1991, el gobierno de Jartum armó a milicias toposa —se calcula que llegó a entregar unas 50.000 armas ligeras en la región— explotando las tensiones con los dinka, que eran mayoría en la conducción del SPLA. Kapoeta cayó en manos del gobierno y sus aliados en 1992 y el SPLA recién la recuperó en junio de 2002. Esa avalancha de armas convirtió los robos de ganado tradicionales, con reglas y compensaciones, en enfrentamientos mucho más mortales con turkana, didinga y nyangatom, un problema que sigue vigente.
Hoy Kapoeta es un cruce comercial fronterizo con mercados de ganado y una vida urbana modesta, en una de las zonas más secas y menos comunicadas del país.
Chukudum es un pueblo al pie de las montañas Didinga, en el condado de Budi, un rincón de clima más fresco y paisajes verdes en medio del sureste árido. Es el corazón del pueblo didinga, de lengua surmica —un grupo distinto tanto de los nilóticos de las llanuras como de los bantúes—, que vive en los valles, las mesetas y las laderas de esas montañas. La tradición recogida por el antropólogo Jack Driberg en 1922 sostiene que llegaron desde el sureste, bordeando el sur del lago Turkana, y que hace unos dos siglos vivían en el suroeste de Etiopía.
Los didinga resistieron la ocupación británica más que la mayoría de sus vecinos: recién se sometieron en 1922, después de campañas de los King's African Rifles. Su economía combina el ganado con la agricultura de laderas, y sus montañas —que superan los 2.000 metros— tienen un régimen de lluvias mucho más generoso que la llanura.
Chukudum tiene además un lugar propio en la historia política del país: en 1994 fue sede de la Primera Convención Nacional del SPLM, la reunión en la que el movimiento intentó reorganizarse tras la crisis de 1991, separar formalmente el ala política de la militar y darse estructuras civiles de gobierno en las zonas liberadas. Fue uno de los hitos que preparó el camino hacia las negociaciones de paz.
La relación con el SPLA, sin embargo, fue tensa desde que las fuerzas del movimiento entraron en la zona en 1985. El conflicto estalló en 1999, cuando el oficial didinga Peter Lorot, postergado en un ascenso, mató a su rival y se levantó en armas con sus seguidores; los combates desplazaron a unas 16.800 personas de Chukudum hacia las aldeas de las alturas. Es un episodio poco conocido fuera del país y muy presente en la memoria local.
El este de Ecuatoria Oriental es una de las zonas más secas del país y, a la vez, una de las más ricas en oro aluvial. La minería artesanal y de pequeña escala se expandió con fuerza después de 2005: distintos relevamientos estiman decenas de miles de personas trabajando en unos ochenta sitios de la región, entre ellos Nanaknak, Napotpot, Namorunyang y Lauro, en las colinas Didinga. Un informe del Enough Project documentó cómo esa actividad quedó entrelazada con redes políticas y militares y con muy poca regulación efectiva.
El oro es una fuente de ingresos real para familias toposa y didinga en una zona sin casi otra alternativa monetaria, pero también trajo conflictos por el acceso a los sitios, degradación de cursos de agua y presencia de intermediarios armados. La lógica se parece a la del petróleo a escala nacional: un recurso valioso en un territorio con instituciones débiles.
La otra variable estructural es el clima. La región vive de una sola estación de lluvias corta y sufre sequías recurrentes que empujan a los rebaños fuera de sus áreas habituales, con el consiguiente choque con vecinos. Los años recientes de sequías e inundaciones extremas en el Cuerno de África agravaron ese ciclo, y la crisis alimentaria golpea especialmente al sureste.
Geográficamente, este es también el punto de contacto de Sudán del Sur con Kenia, Uganda y Etiopía. La ruta de Yuba a Torit, Kapoeta y Nadapal, hacia Lokichogio y Kenia, es una de las principales arterias de importación del país. Y en el extremo noreste, la meseta de Boma y la cuenca del Pibor, tierra de los murle y los anuak, cargan con una de las historias de violencia intercomunal más severas del país: los ciclos de razias de ganado, secuestros de niños y represalias en el Gran Pibor motivaron desde 2012 advertencias específicas de organismos internacionales.
El extremo sur del país, en el condado de Magwi, es tierra ma'di. Es un pueblo de lengua sudánica central —no nilótica—, agricultor y de aldeas estables, cuyo territorio se extiende desde Nimule hacia el sur hasta los distritos ugandeses de Adjumani y Moyo, y hacia el norte hasta el río Nyolo, donde se mezcla con acholi, bari y lulubo.
Esa continuidad quedó partida por una frontera dibujada en Europa. En 1894, Leopoldo II de Bélgica arrendó la Enclave de Lado, sobre la orilla occidental del Nilo, para conectar su Estado Libre del Congo con el río. A la muerte del rey, en 1910, la enclave pasó a la administración anglo-egipcia y el límite entre Sudán y el protectorado de Uganda se fijó en la línea que hoy conocemos. Los ma'di, como los bari y los acholi, quedaron divididos entre dos colonias y después entre dos países.
Esa frontera fue después una vía de escape y un cordón umbilical. Durante las dos guerras civiles, cientos de miles de sursudaneses cruzaron a Uganda; en sentido inverso, en los años ochenta y noventa, ugandeses del norte huyeron hacia el sur de Sudán. Los campamentos de refugiados de Adjumani, en Uganda, siguen albergando a decenas de miles de personas de esta región.
El paisaje también cambia acá: el Nilo baja desde Uganda encajonado, con rápidos, y a los costados aparecen colinas boscosas y una vegetación mucho más densa que en las llanuras del norte. Es la puerta verde del país.
El Parque Nacional de Nimule fue establecido en 1954, dos años antes de la independencia de Sudán, y con sus 410 km² es uno de los más pequeños y a la vez de los más accesibles del país. Protege el tramo del Nilo justo después de que el río entra desde Uganda, con colinas de bosque seco, riberas de galería y las islas del cauce.
Su fauna emblemática son los elefantes —una de las poblaciones más viables que quedan en Sudán del Sur—, los hipopótamos, los cocodrilos del Nilo, los uganda kob, los búfalos y una avifauna rica de ribera. La forma clásica de recorrerlo es en bote por el río, que da además la mejor perspectiva de las colinas de la orilla ugandesa.
El parque no salió indemne de la guerra. Su fauna sufrió la caza para alimento y comercio durante décadas de conflicto, y su gestión estuvo interrumpida durante largos períodos. La cercanía de Nimule, ciudad fronteriza en constante crecimiento, ejerce además presión sobre los límites del área protegida.
Nimule ciudad es el principal paso terrestre del país. Por ahí entra la mayor parte de las importaciones que llegan desde Mombasa y Kampala, y por ahí pasa la ruta Yuba-Nimule, asfaltada y reabierta en 2012 con una inversión reportada de unos 225 millones de dólares: fue el primer camino pavimentado de larga distancia del Sudán del Sur independiente y sigue siendo su arteria más importante.
A unos 6,5 km al norte de Nimule, dentro del área del parque, el Nilo se estrecha entre paredes de roca y se despeña en los rápidos de Fola (o Fula). No es una caída vertical espectacular al estilo de las cataratas Victoria: es un tramo de varios kilómetros de rápidos y saltos donde todo el caudal del Nilo Blanco se comprime y ruge, uno de los paisajes fluviales más impresionantes del país.
Este tramo del río tiene nombre propio: el Bahr el Jebel, "el río de la montaña", el nombre árabe del Nilo Blanco entre Nimule y el Sudd. Aguas abajo de Fola el río recupera el ancho y unos 200 km más al norte, pasada Yuba, empieza a desarmarse en el gran pantano. En términos de navegación, Fola es la razón por la que el Nilo nunca funcionó como vía continua entre Uganda y Egipto: era el tope sur para los vapores que subían desde Jartum, y por eso Gondokoro y Rejaf fueron durante el siglo XIX el final de la línea.
Ese mismo desnivel es el gran activo energético del país. Los planes para construir en Fola la principal central hidroeléctrica de Sudán del Sur —con potencias estudiadas del orden de varios cientos de megavatios— existen desde antes de la independencia, pero quedaron congelados por la inseguridad posterior a 2013 y por la falta de financiamiento. Hoy Sudán del Sur sigue siendo uno de los países con menor acceso a electricidad del mundo, con la mayor parte de la generación a base de gasoil.
El proyecto abre además un debate legítimo: una represa en Fola afectaría un tramo protegido dentro del Parque Nacional de Nimule y el régimen del río aguas abajo. No hay todavía una decisión tomada.
Durante la segunda guerra civil, Nimule fue una plaza clave para el SPLA: controlarla significaba mantener abierta la línea de abastecimiento desde el norte de Uganda. Esa importancia la convirtió en objetivo. Desde mediados de los años noventa, el Ejército de Resistencia del Señor (LRA) de Joseph Kony —que según numerosos informes recibió apoyo del gobierno de Jartum a partir de 1993 como fuerza proxy contra el SPLA y contra Kampala— se instaló en partes de los condados de Magwi y Yuba y sometió la zona a emboscadas, saqueos y secuestros.
Las consecuencias para la población ma'di y acholi fueron severas: aldeas enteras se vaciaron y se reagruparon alrededor de Nimule, que pasó a albergar a desplazados de todo el condado. Los ataques del LRA sobre la ruta a Yuba continuaron de manera intermitente incluso después del Acuerdo General de Paz de 2005, hasta que el grupo se replegó hacia la República Centroafricana y el noreste del Congo.
Con la paz de 2005 el movimiento se invirtió. El ACNUR organizó la repatriación voluntaria de cientos de miles de sursudaneses desde Uganda, y Nimule se convirtió en el gran punto de entrada de los que volvían: una ciudad de tránsito, mercados y camiones, que creció mucho más rápido que sus servicios.
La guerra de 2013 volvió a invertir el flujo: Uganda pasó a ser el país que más refugiados sursudaneses recibió —más de un millón en total—, y buena parte de ellos salió por este mismo paso. También fue por acá por donde entraron las tropas ugandesas que en diciembre de 2013 se desplegaron en apoyo del gobierno de Salva Kiir, una intervención que resultó decisiva en los primeros meses de la guerra y que fue muy discutida en la región.
De todas las regiones de Sudán del Sur, esta es la que más se parece a un lugar en funcionamiento. La combinación de ruta asfaltada, frontera activa y clima húmedo hizo de Magwi y del corredor Nimule-Yuba una de las zonas agrícolas más productivas del país: maíz, sorgo, mandioca, poroto, sésamo. Buena parte del alimento que llega a los mercados de la capital sale de acá o entra por acá desde Uganda.
Eso no la vuelve pacífica. La ruta Yuba-Nimule sufrió emboscadas durante los años más duros del conflicto, y las tensiones entre comunidades de agricultores ma'di y acholi y ganaderos dinka desplazados por la guerra —por el acceso a la tierra y por el pastoreo sobre cultivos— generaron episodios graves de violencia, sobre todo entre 2014 y 2018. El retorno de refugiados desde Uganda reabrió además disputas por tierras ocupadas durante la ausencia de sus dueños.
Para el viajero, este es el rincón más practicable del país: los parques de Nimule y las cataratas de Fola están a unas cinco horas por asfalto desde Yuba y son de los pocos atractivos naturales que se visitan con cierta regularidad. Aun así, prácticamente todas las cancillerías desaconsejan viajar a Sudán del Sur, y cualquier salida se organiza con operador local, permisos y una lectura actualizada de la situación.
El horizonte de la región está atado a dos cosas: que la ruta siga abierta y que el proyecto hidroeléctrico de Fola avance o no. En un país donde casi todo depende del petróleo del norte y de un oleoducto que atraviesa un Sudán en guerra, este corredor verde del sur es la alternativa económica más tangible que existe.
Antes que Yuba existieran Lado, Gondokoro, Mongalla y Rejaf: una hilera de aldeas bari sobre las dos orillas del Nilo Blanco, en el punto donde el río deja de ser navegable hacia el sur. Los bari son un pueblo agropastoril de lengua propia, emparentado con mundari, kakwa, pojulu y kuku, que combinaba el sorgo con el ganado y el pescado y que tenía en sus "jefes de la lluvia" una autoridad ritual reconocida.
Gondokoro fue visitada por europeos por primera vez en las expediciones fluviales de 1841-1842 enviadas desde Egipto, que llegaron hasta el pie de los rápidos. En pocos años se convirtió en el principal puerto del comercio de marfil y de personas del alto Nilo: los traficantes de Jartum levantaron depósitos fortificados donde retenían a los cautivos hasta embarcarlos río abajo. La relación de los bari con los forasteros pasó rápidamente de la curiosidad a la resistencia armada.
El 15 de febrero de 1863, en ese fondeadero, John Hanning Speke y James Grant —que venían del lago Victoria— se encontraron con Samuel Baker y Florence von Sass, que subían desde el norte. Fue uno de los encuentros más famosos de la historia de la exploración africana y ocurrió a pocos kilómetros de donde hoy está el centro de la capital.
A fines del siglo XIX la zona quedó dentro de la Enclave de Lado, la franja que Leopoldo II de Bélgica arrendó en 1894 para conectar su Estado Libre del Congo con el Nilo. Rejaf fue capital de la enclave y escenario en 1897 de una batalla entre las fuerzas del Estado Libre y los mahdistas. La enclave volvió a la administración anglo-egipcia en 1910, y la frontera trazada entonces partió al medio el territorio bari.
Yuba es una ciudad joven y algo improbable. Nació entre 1920 y 1921, cuando la Church Missionary Society levantó una misión y la Nugent Memorial Intermediate School sobre el emplazamiento de una pequeña aldea bari. A fines de esa década las autoridades anglo-egipcias trasladaron a los habitantes bari originales para construir un centro administrativo, y la ciudad empezó a crecer como cabecera de la provincia de Ecuatoria.
Un actor inesperado fue clave en esa etapa: la comunidad de comerciantes griegos que abastecía al ejército británico. Nunca superaron las 2.000 personas, pero construyeron buena parte de los edificios del centro y mantuvieron una relación fluida con la población bari. Todavía quedan en pie algunas de esas casas de galerías y techos altos, y el viejo cementerio griego.
En junio de 1947, Yuba fue sede de la Conferencia que decidió que el norte y el sur de Sudán formarían un solo Estado. Casi sesenta años después, tras el Acuerdo General de Paz de 2005, se convirtió en capital interina del Gobierno Autónomo del Sur de Sudán, y el 9 de julio de 2011, en capital de la República de Sudán del Sur.
El crecimiento fue vertiginoso y desordenado: de unos 163.000 habitantes en 2005 a alrededor de 525.000 en las estimaciones de 2017, con barrios enteros levantados sobre terrenos sin servicios. En septiembre de 2011 el gobierno anunció que trasladaría la capital a Ramciel, un punto casi despoblado a unos 250 km al norte, en el centro geográfico del país; el proyecto nunca se concretó. Hoy Yuba concentra el aparato estatal, la economía formal, las agencias internacionales y la mayor parte del tráfico aéreo del país.
Sobre el borde occidental de Yuba se levanta Jebel Kujur, un cerro granítico de unos 680 metros que en la estación seca parece un montón de piedra polvorienta y que con las lluvias se cubre de verde. Su nombre original en bari es Korok; "kujur" es la palabra que en el árabe local designa al curandero o al especialista ritual, y remite a la carga espiritual que la elevación tuvo siempre para la gente de la zona.
Durante la segunda guerra civil, entre 1983 y 2005, el cerro fue territorio disputado. Yuba estaba en manos del ejército sudanés y el SPLA usaba las alturas de Jebel Kujur como puesto de observación sobre la ciudad, hasta que fue descubierto y desalojado. Los alrededores estuvieron minados durante años y el desminado siguió mucho después del fin de la guerra.
Hoy es la caminata clásica de la capital: dos o tres horas de subida entre bloques de granito hasta una cima desde la que se ven el trazado de la ciudad, el Nilo Blanco y la llanura que se pierde hacia el norte. Sus paredes de granito son además el único sector con vías de escalada equipadas del país. Como todo en Sudán del Sur, la visita depende por completo de la situación de seguridad del momento y conviene hacerla con guía local.
A unos 75 km al norte de Yuba, sobre el Nilo Blanco, está Terekeka, centro de la tierra mundari. Los mundari son un pueblo de entre 70.000 y 100.000 personas, hablan una lengua del grupo karo emparentada con el bari, el kakwa y el kuku, y combinan el ganado con el cultivo de sorgo y la pesca en el río.
Sus campamentos de ganado son probablemente la imagen más difundida del país: cientos de vacas de cuernos enormes —del tipo ankole-watusi— entre humaredas de estiércol quemado que ahuyentan a los mosquitos, y personas cubiertas de ceniza blanca, que funciona como repelente, protector solar y antiséptico. Los hombres jóvenes lavan su pelo con orina de vaca, que la vuelve anaranjada, algo que consideran bello. Todo eso tiene una lógica práctica y estética precisa, y conviene mirarlo así y no como una postal exótica: son ganaderos profesionales trabajando.
El ganado es también el eje de la economía política de la región: define matrimonios, alianzas y disputas. Y ahí aparece el costado difícil. Los robos de ganado entre comunidades mundari, dinka bor y otras vecinas, una práctica que antes tenía reglas y compensaciones, se volvieron mucho más letales con la proliferación de armas automáticas después de décadas de guerra. Terekeka y su entorno han sido escenario repetido de esos enfrentamientos, y también de tensiones por el paso de rebaños sobre tierras de cultivo.
Para el visitante, Terekeka es hoy la excursión más habitual desde la capital: se llega por ruta en unas dos o tres horas y se visitan los campamentos siempre con permiso previo y guía. La norma básica —vale la pena decirlo— es preguntar antes de fotografiar y pagar lo acordado.
El Parque Nacional de Bandingilo (o Badingilo) fue creado en 1992 y cubre unos 10.000 km² de sabana arbolada y llanuras de inundación a ambos lados del Nilo Blanco, entre Ecuatoria Central y Ecuatoria Oriental. Es la pieza occidental de un sistema mucho más grande que se completa con Boma, más al este.
Por ahí pasa lo que hoy se conoce como la Gran Migración del Nilo. Entre diciembre y marzo, en plena estación seca, cob de orejas blancas, tiang y gacelas de Mongalla se concentran en las llanuras de Bandingilo, donde las hembras paren en los pastizales ricos de la orilla oriental del Nilo; con las primeras lluvias, entre abril y junio, el movimiento se invierte hacia el norte y el este, en dirección a Boma y a la etíope Gambella.
Durante décadas nadie supo cuántos animales eran. En agosto de 2022, la ONG African Parks firmó con el gobierno un acuerdo de diez años renovables para gestionar Boma y Bandingilo, y entre abril de 2023 y enero de 2024 llevó adelante el mayor relevamiento aéreo de fauna hecho en el país: sobrevolaron unos 120.000 km², tomaron cerca de 60.000 fotografías y siguieron más de cien animales con collar. El resultado sorprendió al mundo de la conservación: alrededor de seis millones de antílopes, más del doble de la célebre migración del Serengeti-Masái Mara.
El 26 de julio de 2026, el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, reunido en su 48.ª sesión en Busan, inscribió el Paisaje Migratorio de Boma-Badingilo —unos 12 millones de hectáreas de sabanas, humedales y bosques, con los dos parques y los corredores que los conectan— como el primer sitio del Patrimonio Mundial de Sudán del Sur, por procedimiento de urgencia, y al mismo tiempo lo incluyó en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro por el avance de la caza comercial y los efectos del cambio climático. Bandingilo está a menos de una hora de Yuba en línea recta y, aun así, sigue siendo uno de los grandes parques inexplorados del mundo.
Yuba no fue solo la sede del poder: fue el lugar donde empezaron las dos crisis más graves del país independiente. El 15 de diciembre de 2013, los combates dentro de la guardia presidencial en la capital abrieron la guerra civil. En los días siguientes se documentaron matanzas de civiles en barrios de Yuba, sobre todo contra población nuer, y decenas de miles de personas se refugiaron en las bases de la ONU, que improvisaron los primeros "sitios de protección de civiles" del país.
El acuerdo de agosto de 2015 devolvió a Riek Machar a la ciudad como vicepresidente, y durante unos meses hubo dos ejércitos acantonados en la misma capital. El 8 de julio de 2016, un tiroteo en las puertas del palacio presidencial derivó en cuatro días de combates con tanques y helicópteros dentro de la ciudad: al menos 300 muertos, entre ellos civiles y dos cascos azules chinos. Human Rights Watch y la ONU documentaron asesinatos, violaciones masivas —incluidas agresiones a trabajadoras humanitarias en el complejo Terrain— y saqueos generalizados. Machar escapó a pie hacia el suroeste y terminó cruzando a la República Democrática del Congo.
De esa etapa quedan marcas visibles en la ciudad y una memoria muy reciente. El mausoleo de John Garang, en el centro, es el monumento nacional por excelencia y el escenario de los actos oficiales; el memorial de los héroes y el propio Jebel Kujur completan el circuito histórico que hoy ofrecen los guías locales. Desde 2018 la capital vive una calma tensa, con episodios de violencia acotados y un pulso político que en 2025 volvió a agitarse con el arresto domiciliario y el procesamiento de Machar.
Casi nada de lo que le pasó a Sudán del Sur le pasó solo: estas son las historias de al lado.