Viajá con Gus
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Sobre mí

Última actualización: julio de 2026

Me llamo Gustavo Nicolás Ledesma, aunque todo el mundo me dice Gus. Nací en Posadas, Misiones, sobre el río Paraná. Tengo veintinueve años y soy de Piscis.

Este sitio lo escribo yo. No es una redacción ni una agencia: es una persona a la que los aviones y el turismo le tiraron desde chico, y que terminó armando la guía que le hubiera servido a él.

Una maestra de cuarto grado

Estaba en cuarto grado cuando la escuela nos llevó a las reducciones jesuíticas de San Ignacio. Para un chico de Posadas queda cerca, una hora de ruta, pero era la primera vez que yo veía algo así: unas ruinas enormes, de piedra colorada, en medio del monte misionero.

Volviendo de ese viaje me quedé hablando con mi maestra de cuarto, Gladis. Le conté dos cosas: que me gustaba viajar y que me gustaban los idiomas. Lo segundo no era una pose —había empezado inglés a los ocho años, en tercer grado, así que para cuarto ya iba por mi segundo año en el instituto.

Ella me contó que tenía un sobrino guía de turismo que trabajaba en las Cataratas del Iguazú. Que hablaba inglés, que hacía mucha propina, y que la propina venía en dólares y en euros. Y después me dijo la frase que me acomodó la vida entera:

Tenés que estudiar turismo.

Yo tenía ocho años. No tenía la menor idea de lo que significaba estudiar turismo: no sabía que existían carreras distintas, ni títulos distintos, ni universidades que lo dieran. Pero me quedó dando vueltas y no se me fue más. Para séptimo grado ya estaba decidido.

La escuela a la que ni se me ocurría que podía ir

Por esa época me enteré de que una escuela privada de Posadas tenía orientación en turismo. Y no hice nada con esa información, porque ni siquiera se me cruzó por la cabeza que fuera una opción.

No era solo una cuestión de plata. Era que estaba directamente fuera de mi manera de pensar. Vengo de un barrio humilde y de una familia humilde: toda mi familia fue a escuela pública, mis primos fueron a escuela pública, yo estaba en la escuela pública de mi barrio. Un colegio privado no entraba en el mapa de las cosas que a mí me podían pasar. Ni lo descarté: nunca llegué a considerarlo.

Por qué no quería estudiar en mi barrio

Cuando llegué a séptimo hubo que buscar secundaria en serio, y yo tenía una sola condición: que no fuera en mi barrio.

El motivo era muy concreto. Tres veces por semana, cuando tenía inglés, me tomaba el colectivo desde mi barrio hasta el centro de Posadas para llegar al instituto. Una hora de viaje, siendo un nene. Quería salir del secundario y llegar caminando, unas cuadras y listo. El problema es que en el centro había muy pocas secundarias públicas.

El error que me acomodó todo

Mi tía se hizo cargo de la búsqueda. Averiguó, comparó, y me llevó a anotarme al C.E.P. N.º 4, en pleno centro. Yo ni lo cuestioné: era la opción que había.

No había lugar.

Entonces caminó dos cuadras más —estaba ahí nomás, del otro lado de la manzana— y me anotó en el Colegio Provincial Superior N.º 1 Martín de Moussy, que en Posadas todo el mundo llama simplemente el Nacional. Llegó a casa y nos avisó: en el primero no había vacantes, así que los inscribí en este otro.

El Nacional no tenía la mejor fama de la ciudad. Pero al tiempo me enteré de una cosa que todavía hoy me parece demasiada coincidencia: era la única escuela pública de Posadas con orientación en turismo.

Pensalo conmigo. Toda la primaria hablando de turismo. Una maestra que me mete la idea en la cabeza a los ocho años. Una escuela privada con orientación en turismo a la que yo sabía que no iba a poder ir. Una escuela pública del centro donde no había lugar. Y terminar, por descarte y por dos cuadras, justo en la única pública que tenía la orientación que yo quería.

Si hubiera habido un banco libre en el C.E.P. N.º 4, mi vida era otra.

Los años de estudiar de más

Gus con Paula, su primera amiga de la facultad
Con Paula, mi primera amiga de la universidad.

Al inglés lo seguí hasta sexto año del instituto, que terminé cuando estaba en cuarto año del colegio. Podría haber seguido, pero decidí frenar: en quinto año del secundario me anoté en italiano. Suena a dato menor y no lo es, porque es la costumbre que después me salvó en Brasil.

Cuando arranqué la facultad no me anoté en una carrera: me anoté en dos, y seguí con el italiano. Tenía la Licenciatura en Turismo de lunes a viernes, italiano dos veces por semana, y la Tecnicatura en Ciencias Políticas y Administración Gubernamental los sábados de ocho de la mañana a cinco de la tarde, de corrido.

Me quedaba el domingo para los prácticos de la tecnicatura, y durante la semana no me podía atrasar ni un día con turismo. Y fue exactamente lo que pasó: me atrasé y me quedé sin vida social. Duré un cuatrimestre. Para la segunda mitad del año dejé la tecnicatura, y a italiano lo estiré hasta noviembre y también lo dejé.

En tercer año me enteré de que la carrera de Guía de Turismo, aunque es otra cosa, compartía un montón de materias y te reconocían varias. Me anoté y cursé las dos en paralelo. Esta vez funcionó, y por una razón que no tiene nada que ver con el horario: tenía dos amigas cursando conmigo. Terminamos todo el primer año de guía.

De la licenciatura cursé las materias de los cuatro años, completas. Lo que no hice fue el taller de tesis, que está en quinto.

El primer trabajo

En primer año también empecé a trabajar, y fue en turismo desde el día uno. Un amigo, Facundo, tenía un hostel en Posadas y nos ofreció a mi amiga Marcela y a mí ser recepcionistas. Era medio un voluntariado —pagaba algo, no mucho— pero era nuestra primera experiencia laboral en lo nuestro.

Ese hostel explica todo lo que vino después. Cuando unos meses más tarde me fui solo a Brasil a golpear puertas de hostels, no estaba inventando nada: estaba ofreciendo lo único que sabía hacer.

El verano que me fui a Brasil con mil pesos

Gus en una playa de Santa Catarina, Brasil, 2016
Brasil, 2016. Me fui con el pasaje de ida y mil pesos.

Terminando primer año me fui solo a Brasil con el pasaje de ida nada más y mil pesos. Me echaron de un hostel por mirar el sol, un desconocido me dio cincuenta reales cuando no tenía para comer, choqué en moto contra una camioneta a los tres días de llegar, y volví hablando portugués.

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Cómo trabajo

No copio de otros blogs. Cada guía se arma leyendo la fuente oficial y citándola, y a cada dato que puede cambiar le pongo la fecha en que lo verifiqué. Cuando una fuente no confirma algo, lo digo en vez de inventarlo.

Donde estuve, lo cuento en primera persona. Donde no estuve, no invento la experiencia.

Si viste un dato viejo o algo que cambió, escribime a contacto@viajacongus.com. Leo todo.