Liechtenstein es un principado diminuto encajado entre Suiza y Austria, un país de castillos, montañas alpinas y valles del Rin que se recorre entero en pocos días. Es uno de los estados más chicos del mundo, pero regala paisajes enormes.
En Liechtenstein se usa el franco suizo (CHF), la misma moneda que en Suiza. Las tarjetas se aceptan casi en todos lados, pero conviene llevar algo de efectivo para pueblos chicos, refugios de montaña y transporte. Es un destino caro, así que calculá tus gastos con margen.
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Hay un país en los Alpes que cabe entero entre dos ciudades y que, sin embargo, tiene príncipe con castillo propio, moneda suiza, ejército disuelto por caro y una historia que empieza cuando una familia noble compró literalmente dos pedacitos de tierra para conseguir un asiento en el parlamento del Sacro Imperio. Liechtenstein mide 160 kilómetros cuadrados —menos que muchas ciudades— y tiene alrededor de 40.000 habitantes, pero es un Estado soberano con más de tres siglos de existencia, encajado entre Suiza y Austria, con el río Rin marcando toda su frontera occidental y una pared de montañas cerrándolo por el este.
Lo insólito de Liechtenstein no es solo su tamaño, sino su trayectoria: pasó de ser uno de los rincones más pobres y agrícolas de Europa, del que emigraba la gente por hambre a comienzos del siglo XX, a uno de los países con mayor renta por habitante del mundo, sede de una multinacional de herramientas que factura miles de millones y de un sector financiero enorme para su escala. Y es, además, la última monarquía de Europa donde el príncipe conserva poderes políticos reales, ratificados por el propio pueblo en un referéndum. Esta es la historia de cómo dos señoríos alpinos terminaron convertidos en este país improbable, contada con nombres, fechas y cifras.
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