Malakal es la ciudad del Nilo. Capital del estado del Alto Nilo, plantada sobre la orilla del Nilo Blanco a unos 650 kilómetros al norte de Yuba y justo por encima del punto donde el río Sobat le entrega sus aguas, fue durante un siglo el gran puerto fluvial del sur de Sudán: el lugar donde el vapor que bajaba de Jartum y el que subía desde el corazón del Sudd se cruzaban, cargaban y descargaban. Era, en la práctica, la puerta norte del sur.
Es también el corazón de una geografía humana antiquísima. Alrededor de Malakal viven los shilluk —que se llaman a sí mismos collo—, cuyo reino, fundado según la tradición en la segunda mitad del siglo XV y gobernado por un rey divino llamado reth, fue la estructura política más centralizada del alto Nilo. Su capital histórica, Fashoda —hoy Kodok—, está a poca distancia río abajo y dio nombre a uno de los incidentes diplomáticos más célebres del siglo XIX, cuando en 1898 Francia y el Reino Unido estuvieron a punto de ir a la guerra por este tramo de río. Hacia el este y el sur está el país nuer.
Y es, con toda crudeza, una de las ciudades más golpeadas de África en lo que va de siglo. Entre 2013 y 2015 cambió de manos doce veces durante la guerra civil sursudanesa y quedó devastada; desde entonces alberga uno de los mayores asentamientos de desplazados internos del país, que hasta febrero de 2026 fue el último sitio de Protección de Civiles administrado por la ONU en Sudán del Sur. Esta guía cuenta la historia de Malakal, su lugar en la del Nilo y su presente, con la sobriedad que el tema exige. No es una guía de viaje: todas las cancillerías relevantes desaconsejan viajar acá.
Malakal ocupa un punto estratégico del Nilo Blanco, justo aguas abajo de su confluencia con el Sobat, en el corazón del territorio del reino shilluk, cuya capital histórica —Fashoda, hoy Kodok— está a poca distancia río abajo. Ese tramo del río fue escenario en septiembre de 1898 del Incidente de Fashoda, el pulso entre la expedición francesa de Jean-Baptiste Marchand y las fuerzas anglo-egipcias de Herbert Kitchener que llevó a Francia y al Reino Unido al borde de la guerra y terminó con la retirada francesa: el episodio que selló el control británico sobre el valle del Nilo. Bajo el Condominio angloegipcio (1899-1956), Malakal se consolidó como guarnición y centro administrativo, y su crecimiento urbano moderno se documenta sobre todo a partir de 1908. En el siglo XX fue el puerto fluvial y el nudo comercial del norte del sur sudanés, atravesado por las dos guerras civiles. Tras la independencia de Sudán del Sur en 2011 quedó como capital del Alto Nilo y como centro de la región petrolera; la guerra civil iniciada en diciembre de 2013 la destruyó casi por completo y la convirtió en uno de los grandes centros de desplazamiento del país.
Leer la historia completa ↓El humedal más grande de la cuenca del Nilo y las ciudades fluviales que lo rodean: el canal de Jonglei inconcluso, Malakal y el reino shilluk, y Bor, donde empezó la segunda guerra.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Mucho antes de que existiera Malakal, esta orilla del Nilo Blanco era el corazón de una de las estructuras políticas más singulares de África: el reino shilluk. Los shilluk —que se llaman a sí mismos collo— son un pueblo nilótico que se asentó a lo largo de la ribera occidental del río en un patrón lineal casi sin equivalentes: cientos de aldeas alineadas kilómetro tras kilómetro sobre el agua, cada una con su jefe, todas bajo una única autoridad ritual.
La tradición atribuye la fundación del reino a Nyikang, una figura que habría vivido en la segunda mitad del siglo XV. El soberano, llamado reth, no era un rey en el sentido europeo sino un rey divino: se lo consideraba receptáculo vivo del espíritu de Nyikang, y su salud física se entendía místicamente ligada a la prosperidad de la nación entera. Esa concepción del poder hizo del reino shilluk un caso de estudio clásico de la antropología política del siglo XX.
Hacia 1690-1710, el reth Tugø, hijo de Dhøköödhø, estableció Fashoda como residencia permanente de los reyes y organizó el elaborado ritual de investidura que se mantendría durante siglos. Fashoda —hoy Kodok— está sobre la orilla occidental del Nilo, a poca distancia río abajo de donde después crecería Malakal, y sigue siendo el centro ceremonial del pueblo collo.
Río arriba y hacia el este, el paisaje humano cambia: es territorio nuer, y más al sur, dinka. Los tres pueblos comparten una economía pastoril y pesquera ligada al ciclo del agua del Sudd —crecida, retirada, bajada del ganado a las praderas de toic— y una historia de vecindad, intercambio y conflicto que ninguna frontera moderna alteró.
El nombre de la ciudad viene de esa raíz. Distintas versiones locales lo hacen derivar de una expresión collo —«Mal-ba-Kal»— que con el uso se contrajo hasta la forma actual. Malakal está, literalmente, rodeada de aldeas shilluk.
En el reparto colonial de África, pocas cosas importaban tanto como el Nilo. Quien controlara su curso controlaba Egipto, y quien controlara Egipto controlaba el canal de Suez y la ruta a la India. En la década de 1890, Francia diseñó una jugada audaz: mandar una expedición desde el Congo francés a través de África central hasta plantar bandera en el Nilo Blanco y forzar así una negociación con Londres.
La expedición la comandó el capitán Jean-Baptiste Marchand, que atravesó el continente con una columna pequeña y llegó a Fashoda —a poca distancia de la actual Malakal— en julio de 1898. Casi al mismo tiempo, por el norte, el ejército anglo-egipcio de Herbert Kitchener terminaba de reconquistar Sudán derrotando al Estado mahdista en la batalla de Omdurmán, en septiembre de ese año, y remontaba el río.
El encuentro se produjo el 19 de septiembre de 1898. Kitchener, con una fuerza muy superior, exigió la retirada; Marchand, con órdenes de mantenerse, se negó a moverse sin instrucciones de París. Ninguno disparó. Durante semanas, las dos potencias europeas más poderosas del momento estuvieron al borde de una guerra por un puñado de casas de barro sobre el Nilo Blanco. En noviembre de 1898, Francia ordenó la retirada.
El Incidente de Fashoda selló el control británico sobre el valle del Nilo y, paradójicamente, allanó el camino para la Entente Cordiale de 1904 entre Francia y el Reino Unido. Para los shilluk, el episodio significó otra cosa: su capital ritual pasó a llamarse Kodok en los mapas oficiales y su reino quedó absorbido en la administración del Condominio angloegipcio.
Y para esta orilla del Nilo significó, sobre todo, la llegada del Estado. En 1899 se estableció el Sudán angloegipcio, y con él la necesidad de un puesto administrativo y una guarnición en el alto Nilo. Ese puesto sería Malakal.
Malakal como ciudad es una creación del siglo XX. Bajo el Condominio angloegipcio (1899-1956), el asentamiento junto al Nilo, aguas abajo de la confluencia con el Sobat, se convirtió en guarnición de tropas británicas y, gradualmente, en centro administrativo de la provincia del Alto Nilo. Un estudio local sitúa el crecimiento urbano moderno de la ciudad entre 1908 y 1955.
Su razón de ser era el río. En una región sin carreteras, con un pantano inmenso al sur y una llanura inundable a los costados, el Nilo era la única infraestructura de transporte que existía, y Malakal era el gran puerto intermedio: el punto donde el vapor que bajaba de Jartum y el que subía desde el Sudd se cruzaban, cargaban y descargaban. Por acá pasaban el ganado, el sorgo, el pescado seco, el algodón, la mercadería importada y los pasajeros.
Esa función portuaria le dio a la ciudad un carácter mestizo y comercial que la distinguía del resto del sur: comerciantes sudaneses del norte, griegos, sirio-libaneses, etíopes y eritreos convivían con shilluk, nuer y dinka. La cocina, la arquitectura y la lengua de la ciudad —con mucho más árabe que en el sur profundo— reflejan esa condición de bisagra entre dos mundos.
Las cifras de población cuentan la historia del crecimiento: unos 33.750 habitantes en 1983, unos 139.450 en 2010, una estimación de 147.450 para 2014. En 1991 se fundó la Universidad del Alto Nilo, una de las instituciones de educación superior más antiguas del actual Sudán del Sur y un símbolo del papel de Malakal como capital regional.
Ese ascenso, sin embargo, ocurrió entre guerras. La primera guerra civil sudanesa (1955-1972) y la segunda (1983-2005) atravesaron la región entera, y Malakal —capital de provincia, puerto y guarnición— fue objetivo militar en las dos. La ciudad se acostumbró a vaciarse y volver a llenarse.
El descubrimiento de petróleo en el sur de Sudán, en los estados de Unidad y Alto Nilo, cambió el peso estratégico de la región y de Malakal. La ciudad se convirtió en centro logístico de esa industria y en un nudo de intereses que iban mucho más allá de lo local: el crudo del sur salía —y sigue saliendo— por oleoducto hacia Port Sudán, en el mar Rojo, lo que ató a los dos Sudanes en una dependencia mutua incómoda.
El Acuerdo Global de Paz de enero de 2005 puso fin a la segunda guerra civil y abrió un período de seis años de autonomía. El 9 de julio de 2011, tras un referéndum abrumador, Sudán del Sur se independizó y se convirtió en el país más joven del mundo. Malakal quedó como capital del estado del Alto Nilo y como una de las ciudades más importantes del nuevo país: puerto, universidad, aeropuerto internacional, centro administrativo y capital de una región petrolera.
Fueron dos años de expectativa enorme. Se hablaba de reconstruir el puerto, de rehabilitar la navegación del Nilo entre Yuba y Jartum, de infraestructura, de inversión. La ciudad recibió retornados que volvían del norte tras décadas de exilio y organizaciones internacionales que abrían oficinas.
El 15 de diciembre de 2013, un enfrentamiento dentro de la guardia presidencial en Yuba desencadenó una crisis política que en cuestión de días se convirtió en guerra civil, con una dimensión étnica que se propagó por todo el país. Malakal, con su mezcla de poblaciones y su valor estratégico, estaba en el peor lugar posible.
Lo que ocurrió en Malakal entre 2013 y 2016 no tiene muchos equivalentes contemporáneos. La documentación disponible indica que, a octubre de 2015, la ciudad había cambiado de manos doce veces desde el estallido de la guerra, en combates sucesivos entre fuerzas gubernamentales y de la oposición, y que quedó destruida. Cada cambio de control implicó saqueo, incendios y desplazamiento; la infraestructura urbana —mercado, hospital, escuelas, edificios administrativos— fue arrasada por completo o parcialmente una y otra vez.
La población hizo lo único que podía hacer: huir. Decenas de miles de civiles se refugiaron dentro del perímetro de la base de la Misión de las Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS). La ONU, ante una situación sin precedentes en su historia de mantenimiento de la paz, terminó formalizando esos perímetros como sitios de Protección de Civiles: bases militares convertidas en campamentos de refugio permanente dentro del propio país. Otros huyeron a las aldeas del interior, a las islas del Sudd o cruzaron a Sudán.
El sitio de Malakal se volvió el más grande y el más complejo, por la mezcla de comunidades que albergaba —shilluk, nuer, dinka— y por el reflejo interno de las tensiones que ardían afuera. El 8 de junio de 2023, por ejemplo, enfrentamientos dentro del campamento entre grupos nuer y shilluk dejaron al menos trece civiles muertos y una veintena de heridos, según los reportes de la época. La cifra se cita acá con atribución y sin adjetivos: es un dato, no una anécdota.
El acuerdo revitalizado de paz firmado en septiembre de 2018 detuvo el grueso de los combates, pero no resolvió la situación de las personas desplazadas. Con la mejora relativa de la seguridad, la ONU comenzó a transferir progresivamente los sitios de Protección de Civiles a la gestión y protección del Estado, convirtiéndolos en campamentos de desplazados internos convencionales. Organizaciones humanitarias advirtieron públicamente, en su momento, que las condiciones en Malakal no estaban maduras para ese paso.
Las cifras de desplazamiento dan la escala. A septiembre de 2024, los registros de seguimiento de desplazamiento contabilizaban en Malakal 89.434 personas desplazadas —casi quince mil más que un año antes— y 17.056 retornados. Y en materia alimentaria, la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC) proyectó para la zona niveles de emergencia, fase 4, desde noviembre de 2024 y al menos hasta julio de 2025.
El 13 de febrero de 2026, la Misión de las Naciones Unidas en Sudán del Sur transfirió a las autoridades del estado del Alto Nilo la responsabilidad sobre el sitio de Protección de Civiles de Malakal, el último que quedaba bajo tutela de la ONU en el país. Vivían allí alrededor de 40.000 personas, que se mueven con libertad entre el asentamiento y la ciudad. El representante especial adjunto interino del secretario general, Graham Maitland, formuló el criterio con precisión burocrática: el Gobierno es el garante primario de la protección de los civiles y UNMISS interviene solo cuando estos se encuentran bajo amenaza de violencia física y no hay alternativas de protección viables.
Es un cierre de época. Los sitios de Protección de Civiles fueron una improvisación histórica —bases militares de la ONU convertidas en ciudades— que duró más de una década y que albergó, en su pico, a cientos de miles de personas. Su desaparición como figura no significa que el desplazamiento haya terminado: significa que cambió de administrador.
El contexto nacional no invita al optimismo. El acuerdo revitalizado de 2018 nunca se implementó del todo, y en marzo de 2025 la detención domiciliaria del primer vicepresidente Riek Machar —después de enfrentamientos en Nasir, en este mismo estado del Alto Nilo, y en las afueras de la capital— puso el proceso, según los propios monitores del acuerdo, en su punto más frágil. A eso se suma la guerra estallada en Sudán en abril de 2023, que revirtió los flujos migratorios de la frontera norte y empujó a cientos de miles de personas hacia el sur, muchas de ellas por la ruta de Renk y Malakal.
Las cancillerías responden en consecuencia. El Ministerio de Asuntos Exteriores de España nombra específicamente Unidad, Alto Nilo y Jonglei como los estados de mayor riesgo del país. El Departamento de Estado estadounidense mantiene Sudán del Sur en Nivel 4 «No viajar». El FCDO británico desaconseja todos los viajes al conjunto del territorio.
Y sin embargo, Malakal sigue siendo Malakal: el puerto del Nilo Blanco, la salida del Sudd, la ciudad de los shilluk y los nuer, la capital de una provincia que fue durante un siglo la bisagra entre el sur y el norte. Su mercado se reconstruyó más de una vez. Su universidad sigue existiendo. El río sigue pasando. Contar su historia con precisión —incluida la parte dura, con fuentes y sin adornos— es lo mínimo que se le debe a una ciudad que fue destruida doce veces y sigue en pie.