La república más antigua del mundo todavía en pie, un diminuto Estado encaramado en el monte Titano, con tres torres medievales que vigilan la llanura de Emilia-Romaña.
San Marino usa el euro. Se paga con tarjeta casi en todos lados, pero conviene llevar algo de efectivo para los puestos y bares chicos del centro histórico.
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En un pedazo de Apeninos de apenas 61 kilómetros cuadrados, rodeado por completo de Italia, sobrevive la república más antigua del mundo que sigue en pie. San Marino se enorgullece de una fecha fundacional que parece salida de una estampa: el año 301, cuando un cantero cristiano llamado Marino se refugió en lo alto del monte Titano huyendo de la persecución y, sin proponérselo, fundó un estado que iba a durar más de mil setecientos años. La leyenda dice que en su lecho de muerte dejó una frase que se volvió lema nacional: dejaba a sus seguidores libres de todo otro hombre, 'relinquo vos liberos ab utroque homine'.
Lo asombroso no es el mito sino lo que vino después: mientras a su alrededor caían imperios, se unificaba Italia y dos guerras mundiales devastaban Europa, este puñado de castillos sobre una montaña se las arregló para conservar su independencia casi sin ejército, a fuerza de diplomacia, terquedad y una geografía imposible. Napoleón le ofreció su amistad y hasta ampliar sus fronteras, y San Marino dijo que no. Abraham Lincoln le escribió una carta de admiración. En 1944 abrió sus puertas a más de cien mil civiles que huían de la guerra. Esta es la historia de ese país minúsculo y testarudo, contada con fechas, nombres y cifras.
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