Bor es una ciudad de llanura, ganado y río. Capital del estado de Jonglei, plantada sobre la orilla oriental del Nilo Blanco a unos 190 kilómetros al norte de Yuba, marca el punto exacto donde termina el Nilo navegable y empieza el Sudd: aguas arriba el río es un río, aguas abajo se desarma en el laberinto de papiros más grande de África. Es, en ese sentido, la puerta sur del gran humedal.
Es también el corazón del pueblo dinka bor, una de las secciones más numerosas del pueblo dinka, cuya vida entera está organizada alrededor del ganado y del calendario del agua: en la estación seca, los campamentos bajan a las praderas inundables que deja el río al retirarse; en la crecida, suben a las tierras altas. Y hacia el este se abren las llanuras de Jonglei, escenario de una de las mayores migraciones de mamíferos del planeta.
Pero Bor es, sobre todo, un lugar con una carga histórica que el país entero reconoce. Acá, el 16 de mayo de 1983, un batallón amotinado disparó los primeros tiros de la guerra que treinta años más tarde terminaría creando Sudán del Sur. Acá ocurrió, en noviembre de 1991, uno de los episodios más sangrientos de esa guerra. Y acá se libraron algunos de los peores combates de la guerra civil que estalló en diciembre de 2013. Esta guía cuenta todo eso con la sobriedad que exige, y advierte desde el primer renglón que todas las cancillerías relevantes desaconsejan viajar a este país.
Bor fue en la década de 1860 un punto de comercio de marfil sobre el Nilo, alcanzado ya en noviembre de 1839 por la primera de las expediciones fluviales que el oficial otomano Salim Qapudan condujo por encargo de Muhammad Ali de Egipto para forzar el Sudd. Bajo el Condominio angloegipcio se consolidó como centro administrativo del alto Nilo oriental. Su lugar en la historia moderna, sin embargo, se definió el 16 de mayo de 1983, cuando el batallón 105 se amotinó en el cuartel de Malual-Chaat contra el gobierno de Jartum: ese levantamiento, seguido por otros en Ayod, Pochalla y Pibor, dio origen al Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (SPLA), al que John Garang se sumó en junio de ese año, y desató la segunda guerra civil sudanesa. En noviembre de 1991, tras la ruptura del SPLA, la ciudad y su condado fueron escenario de la masacre de Bor. Con la independencia de 2011, Bor quedó como capital de Jonglei y sede de la Universidad Memorial John Garang; la guerra civil iniciada en diciembre de 2013 volvió a convertirla en campo de batalla.
Leer la historia completa ↓El humedal más grande de la cuenca del Nilo y las ciudades fluviales que lo rodean: el canal de Jonglei inconcluso, Malakal y el reino shilluk, y Bor, donde empezó la segunda guerra.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Bor está donde está por una razón hidrológica: es el último punto del Nilo Blanco donde el río todavía es un río. Aguas arriba viene desde Yuba con un cauce definido; aguas abajo se desarma en el Sudd, el laberinto de papiros, canales e islas flotantes que constituye el mayor humedal de África. Esa condición de umbral hizo de Bor, mucho antes de que fuera una ciudad, un lugar de embarque, de mercado y de encuentro.
La población de la zona es dinka bor, una de las grandes secciones del pueblo dinka —que se llama a sí mismo jieng—, pastores y pescadores nilóticos cuya sociedad está organizada íntegramente alrededor del ganado y del calendario del agua. En la estación de lluvias, entre abril o mayo y noviembre, las familias se retiran con los rebaños a las tierras altas y cultivan sorgo y mijo; cuando el agua se retira, bajan a las praderas de pasto tierno que la crecida deja al descubierto, las toic, y montan los campamentos de ganado que son el centro de la vida social. El ganado es riqueza, dote matrimonial, prestigio e identidad, y se sacrifica sobre todo en contextos ceremoniales.
El contacto con el mundo exterior llegó por el río y en el siglo XIX. En noviembre de 1839, la primera de las tres expediciones fluviales que el oficial naval otomano Salim Qapudan condujo por encargo de Muhammad Ali de Egipto para forzar el Sudd y buscar las fuentes del Nilo partió de Jartum y llegó hasta Bor. La segunda, en enero de 1841, alcanzó Gondokoro, junto a la actual Yuba. Ninguna encontró las fuentes, pero abrieron el río a la navegación desde Jartum hasta el sur profundo.
La consecuencia fue inmediata y brutal: la expansión del comercio de marfil y, con él, del comercio de esclavos por parte de funcionarios otomano-egipcios y de comerciantes extranjeros. Para la década de 1860, Bor funcionaba como centro de comercio de marfil sobre el Nilo. Bajo el Condominio angloegipcio establecido en 1899, el asentamiento se consolidó como puesto administrativo del alto Nilo oriental, y la evangelización anglicana echó raíces profundas en el país dinka bor, dejando una tradición cristiana que atravesaría todas las guerras del siglo siguiente.
Hay pocos lugares en el mundo de los que se pueda decir con precisión de calendario que allí nació un país. Bor es uno de ellos.
El contexto: el Acuerdo de Adís Abeba de 1972 había puesto fin a la primera guerra civil sudanesa y otorgado autonomía al sur. Durante los años setenta, esa autonomía se fue vaciando de contenido, y a comienzos de los ochenta el gobierno de Jaafar Nimeiry avanzó en la división de la región sur y en la imposición de la ley islámica al conjunto del país, incluido un sur mayoritariamente cristiano y de religiones tradicionales. También había ordenado el traslado al norte de unidades militares integradas por soldados del sur.
El 16 de mayo de 1983, el batallón 105 se amotinó en el cuartel de Malual-Chaat, en Bor, contra ese gobierno. La tradición atribuye el primer disparo al mayor Kerubino Kuanyin Bol, acompañado por William Nyuon Bany. El motín se propagó con rapidez: guarniciones de Ayod, Pochalla y Pibor siguieron el ejemplo en cuestión de días y semanas.
Jartum envió a sofocar el levantamiento a un oficial del sur, el coronel John Garang de Mabior, doctorado en economía agraria en los Estados Unidos. Garang llegó en junio de 1983 y se sumó al motín. Kerubino lo propuso como comandante en jefe del movimiento que estaba naciendo; él mismo quedó como segundo, Nyuon como tercero y Salva Kiir como cuarto. Así se formó el Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (SPLA) y su brazo político, el SPLM.
La segunda guerra civil sudanesa que comenzó ese día duraría veintidós años, hasta el Acuerdo Global de Paz de enero de 2005, y desembocaría en el referéndum de 2011 y en la independencia de Sudán del Sur. De los cuatro nombres de aquella jerarquía inicial, Salva Kiir sería el primer presidente del nuevo país. Todo eso empezó en un cuartel de Bor.
En agosto de 1991, el SPLA se partió. Riek Machar, Lam Akol y otros comandantes se separaron de la dirección de John Garang y formaron la facción conocida como SPLA-Nasir, invocando diferencias sobre el objetivo del movimiento —independencia del sur frente a la transformación de todo Sudán— y sobre el estilo de conducción de Garang. La ruptura tuvo una dimensión étnica inmediata: la nueva facción se apoyaba fundamentalmente en el pueblo nuer, mientras que el núcleo de la dirección de Garang era dinka.
El 15 de noviembre de 1991, combatientes nuer del SPLA-Nasir bajo el mando de Machar, junto con el llamado Ejército Blanco —milicias juveniles nuer—, atacaron el condado de Bor. Lo que siguió pasó a la historia como la masacre de Bor.
Las cifras deben darse con su fuente, porque están en disputa y porque el episodio sigue siendo objeto de investigación y de reclamos de justicia. Amnistía Internacional documentó al menos 5.000 dinka muertos; las estimaciones publicadas oscilan entre 5.000 y 20.000. Además de las muertes directas, se calcula que unas 25.000 personas más murieron a continuación por la hambruna provocada por la destrucción del ganado y el abandono de los cultivos y las tierras a causa del desplazamiento.
Machar desestimó inicialmente los relatos sobre la matanza calificándolos de propaganda y de mito. En 2012, ya como vicepresidente de Sudán del Sur independiente, pidió disculpas públicamente por su papel en los hechos.
La masacre de Bor dejó una herida que no cerró. La fractura dinka-nuer que se abrió en 1991 volvería a activarse, con las mismas denominaciones y en buena medida con los mismos nombres, en diciembre de 2013. Entender ese antecedente es imprescindible para entender lo que vino después: no fue un conflicto nuevo, fue una reapertura.
El Acuerdo Global de Paz firmado en enero de 2005 puso fin a la segunda guerra civil y abrió seis años de autonomía. John Garang, artífice del acuerdo, asumió como vicepresidente de Sudán en julio de 2005 y murió tres semanas después en un accidente de helicóptero. Salva Kiir lo sucedió al frente del SPLM.
El 9 de julio de 2011, tras un referéndum de resultado abrumador, Sudán del Sur se independizó. Bor quedó como capital del estado de Jonglei, el más extenso del país, y como una de sus ciudades más significativas: puerto sobre el Nilo, cabecera del sistema de la gran migración de antílopes hacia el este, sede administrativa y símbolo político por su papel fundacional.
En esos años se levantó la Universidad Memorial John Garang de Ciencia y Tecnología, que lleva el nombre del líder histórico del movimiento, y la ciudad recibió retornados que volvían tras décadas fuera. La carretera Yuba–Bor mejoró la conexión con la capital nacional. Se hablaba de reconstrucción, de inversión, de un país por hacer.
Jonglei, sin embargo, nunca dejó de ser un estado difícil. La violencia intercomunal entre grupos dinka, nuer y murle —ligada al robo de ganado, al secuestro de niños y a la competencia por el pasto y el agua, y agravada por décadas de militarización y por la ausencia de mecanismos de justicia efectivos— produjo episodios graves ya en 2011 y 2012, antes de que estallara la guerra nacional.
El 15 de diciembre de 2013, un enfrentamiento dentro de la guardia presidencial en Yuba desató una crisis política que en días se convirtió en guerra civil. Y Bor, por su historia, su composición y su posición estratégica sobre el Nilo, volvió a estar en el centro.
Bor fue uno de los primeros objetivos de la guerra civil sursudanesa. La ciudad cambió de control repetidamente entre fuerzas gubernamentales y de la oposición durante los primeros meses del conflicto, con combates urbanos, incendios y saqueos. Miles de civiles huyeron: al otro lado del río, al monte, o al interior de la base de la Misión de las Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS), que como en Malakal y otras localidades terminó convirtiéndose en un sitio de Protección de Civiles, una figura excepcional en la historia del mantenimiento de la paz.
El 17 de abril de 2014 ocurrió uno de los hechos más graves de toda la guerra. Un grupo armado —descrito en la cobertura de la época como una milicia progubernamental— se presentó ante la base de la ONU en Bor alegando ser una manifestación pacífica, ignoró los disparos de advertencia de los cascos azules, rompió el perímetro y abrió fuego contra los civiles refugiados en el interior, unos 5.000 en ese momento. Murieron 53 personas: 47 civiles, tres atacantes y tres cuya identidad no pudo determinarse, según el recuento publicado por Naciones Unidas. Entre las víctimas había desde un bebé de ocho meses hasta una mujer de sesenta y tantos años. La ONU calificó el ataque como posible crimen de guerra.
El acuerdo revitalizado de paz firmado en septiembre de 2018 detuvo el grueso de los combates. Los sitios de Protección de Civiles empezaron a transferirse a la gestión y protección del Estado, convirtiéndose en campamentos de desplazados internos convencionales, y el proceso culminó en febrero de 2026 con el traspaso del último de ellos, el de Malakal.
Esto no significó el fin de la violencia en Jonglei. Los enfrentamientos intercomunales y las movilizaciones armadas juveniles continuaron, y a ellos se sumó, desde 2019, un desastre de otro orden.
Desde 2019, Jonglei vive bajo el agua. Precipitaciones e ingresos de caudal excepcionales —atribuidos por la investigación a la combinación de un dipolo anómalo del océano Índico, El Niño y el cambio climático, y agravados por las descargas de las represas ugandesas sobre el Nilo— elevaron el nivel del Sudd a cotas sin memoria comparable. Entre 2020 y 2022, alrededor de 2,6 millones de personas fueron desplazadas en el país por conflicto e inundaciones combinados; solo en 2021 las inundaciones afectaron a cerca de 1,2 millones de personas, desplazaron a más de 300.000 y causaron daños estimados en 671 millones de dólares. Jonglei, Unidad y Alto Nilo concentraron tres cuartas partes de los afectados.
La diferencia con inundaciones anteriores es que el agua, en muchas zonas, no se retiró. Hay poblados que llevan años protegidos por diques de tierra levantados a mano, y algunos investigadores plantean que puede tratarse del primer caso de una población desplazada de forma permanente por el cambio climático. Para una sociedad organizada alrededor del ciclo anual de crecida y bajante y de la trashumancia del ganado, un agua que no baja no es una molestia: es el colapso del calendario que estructura la vida.
El contexto político tampoco ayuda. El acuerdo revitalizado de 2018 nunca se implementó del todo, y en marzo de 2025 la detención domiciliaria del primer vicepresidente Riek Machar puso el proceso, según los propios monitores del acuerdo, en su punto más frágil desde la firma. Las cancillerías respondieron con el máximo nivel de alerta, y el Ministerio de Asuntos Exteriores de España nombra específicamente a Jonglei entre los estados de mayor riesgo del país.
Y sin embargo, del otro lado de la balanza hay una noticia extraordinaria. En 2023, el primer censo aéreo integral de fauna de la historia de Sudán del Sur, realizado por African Parks junto con el gobierno entre el 28 de abril y el 15 de mayo con dos aviones que produjeron más de 330.000 imágenes, documentó en los parques de Boma y Bandingilo —al este de Bor— una migración de casi seis millones de antílopes: cerca de cinco millones de cobos de orejas blancas, algo menos de 300.000 tiangs, 350.000 gacelas de Mongalla y 160.000 reduncas. Es, por lejos, la mayor migración de mamíferos terrestres del planeta, y prácticamente nadie fuera de la región sabía que existía.
Esa es Bor: el lugar donde nació una guerra que terminó creando un país, donde el Nilo se convierte en pantano, donde el ganado organiza el mundo, donde el agua dejó de irse y donde, a pocas decenas de kilómetros, seis millones de antílopes siguen cruzando la llanura cada año como si nada de lo demás hubiera pasado.