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Argelia
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Argelia

El país más grande de África, con siete ciudades romanas y kasbahs Patrimonio de la Humanidad, un Mediterráneo casi virgen y el Sahara más espectacular del planeta en el Tassili y el Hoggar: Argelia es el gran destino que casi nadie tiene todavía en el radar.

🧭 Datos esenciales

Moneda
Dinar argelino (DZD)
Idioma
Árabe y tamazight (oficiales), francés muy extendido
Capital
Argel
Mejor época
Mar–may y sep–nov (norte); oct–abr (Sahara)

🌍 Sobre Argelia

Argelia es uno de los grandes secretos del turismo mundial: el país más extenso de África, con más de 1.600 kilómetros de costa mediterránea, una cadena de ciudades romanas asombrosamente conservadas y el corazón más puro y dramático del Sahara. Durante años estuvo prácticamente cerrada al viajero por trabas burocráticas y por el recuerdo de la ‘década negra’ de los años 90, y esa reputación —hoy superada— explica por qué recibe poquísimos turistas. Para el que se anima, el premio es enorme: sitios de nivel Patrimonio de la Humanidad casi sin nadie, y una hospitalidad que desarma.

El norte concentra la historia y la vida urbana: Argel, la ‘blanca’, con su Casba laberíntica Patrimonio de la Humanidad y su imponente basílica; Tipasa y sus ruinas romanas al borde del mar; Timgad y Djémila, dos ciudades romanas de manual perdidas entre montañas; Constantina, colgada sobre un cañón y cosida por puentes vertiginosos; Orán, mediterránea y musical; y Tlemcen, joya del arte hispano-morisco. La Cabilia bereber, con sus montañas y la costa de Béjaïa, agrega naturaleza y una identidad cultural fortísima.

Pero lo que vuelve a Argelia inolvidable es el Gran Sur. El valle del M’zab en Ghardaïa, las mesetas del Tassili n’Ajjer con su arte rupestre, las dunas rojas de la Tadrart cerca de Djanet y los picos volcánicos del Hoggar alrededor de Tamanrasset, con el amanecer mítico del Assekrem, componen uno de los paisajes desérticos más espectaculares de la Tierra. Todo eso se visita con agencias locales, en 4x4 y con permisos —el desierto no se recorre por libre—, en viajes organizados que hoy son el principal motivo por el que muchos aterrizan en Argelia.

💱 Moneda y tipo de cambio

La moneda es el dinar argelino (DZD). Acá hay algo que tenés que entender sí o sí antes de viajar: existen dos cotizaciones, y la brecha es enorme. La oficial ronda los 133 dinares por dólar (verificado julio 2026), pero el mercado paralelo —perfectamente tolerado y usado por todo el mundo, con epicentro en la plaza Port-Saïd (‘Square’) de Argel— paga cerca de 238 dinares por dólar, casi el doble. En la práctica, cambiar al cambio oficial en un banco es tirar la mitad de tu plata; los viajeros llevan euros o dólares en efectivo, en billetes nuevos y grandes, y los cambian en el paralelo (por lo general a través de tu hotel, tu agencia o un contacto de confianza, más seguro que ir solo a la plaza). Argelia es un destino de EFECTIVO: las tarjetas extranjeras casi no funcionan, los cajeros rara vez aceptan Visa/Mastercard internacionales y no hay forma confiable de sacar dinares con tu tarjeta, así que tenés que entrar con todo el efectivo que vayas a necesitar. La propina (‘bakchich’) no es obligatoria pero se agradece: algo suelto para el mozo, el guía o el chofer del 4x4 en el desierto.

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✈️ Cómo llegar y moverte

Desde Latinoamérica no hay vuelos directos: el camino natural es cruzar el Atlántico hasta un hub europeo o de Medio Oriente (Madrid, París, Barcelona, Estambul, Roma) y de ahí saltar a Argel con Air Algérie, Iberia, Vueling, Air France, Turkish o ITA Airways; desde San Pablo o Buenos Aires contá entre 18 y 26 horas totales según la escala. El aeropuerto principal es el Houari Boumediene de Argel (ALG); Orán (ORN) y Constantina (CZL) reciben algunos vuelos internacionales. La visa es OBLIGATORIA para los latinoamericanos y no se saca en la frontera del norte: hay que tramitarla antes en un consulado argelino, con carta de invitación o reserva de hotel, seguro y prueba de fondos, y desde hace poco funciona además un portal de e-visa para varias nacionalidades. La gran novedad es el sur: si armás un viaje al Sahara (Djanet, Tamanrasset, Tassili) con una agencia local autorizada y el 70% del itinerario es en esas regiones, la agencia te gestiona una autorización de ‘visa a la llegada’ y volás directo a esos aeropuertos del desierto. Dentro del país las distancias son gigantescas (Argelia mide más de 2,3 millones de km²), así que para cubrir norte y sur casi siempre se combina avión doméstico (Air Algérie, la red interna es amplia y barata) con tramos en tren o en auto/4x4 con chofer.

🎒 Qué hacer y qué ver

Perderse en la Casba de Argel
El casco histórico de la capital, Patrimonio de la Humanidad, es un dédalo vertiginoso de callejones empinados, casas otomanas encaladas, patios ocultos y escaleras que caen hacia el Mediterráneo. Conviene recorrerlo con un guía local para no perderse y para entender su historia —fue el corazón de la resistencia durante la guerra de independencia—. Alrededor, la ‘Argel blanca’ despliega su arquitectura colonial francesa, el puerto y miradores de postal.
Caminar entre las ruinas romanas de Timgad y Djémila
Son dos de las ciudades romanas mejor conservadas del mundo y dos sitios UNESCO. Timgad, ‘la Pompeya de África’, exhibe su damero perfecto, su arco de Trajano y su teatro en medio de una llanura desnuda. Djémila (la antigua Cuicul), encaramada entre montañas, suma templos, plazas y unos mosaicos deslumbrantes en su museo. Lo increíble es que casi siempre las vas a tener para vos solo.
Cruzar los puentes de Constantina
Constantina es una de las ciudades más espectaculares de África: está construida sobre una meseta partida por el cañón profundo del río Rhumel, y una serie de puentes altísimos —entre ellos el peatonal Sidi M’Cid, suspendido a casi 175 metros— cosen los dos bordes del abismo. Pasear por sus miradores, asomarse al vacío y recorrer su medina y sus mezquitas otomanas es una experiencia de vértigo puro.
Ver el atardecer en Tipasa, junto al mar
A una hora al oeste de Argel, Tipasa es un yacimiento romano y púnico Patrimonio de la Humanidad tendido sobre acantilados frente al Mediterráneo. Recorrer sus columnas, su basílica y su teatro con el sonido de las olas de fondo, y cerrar el día con el sol cayendo sobre las ruinas y el agua turquesa, es una de las estampas más bellas y accesibles del país. El escritor Albert Camus le dedicó páginas memorables.
Descubrir el valle del M’zab en Ghardaïa
En la puerta del desierto, el valle del M’zab es un conjunto UNESCO de cinco ciudades-oasis fortificadas construidas por la comunidad ibadí hace mil años, con casas apiladas en colores ocres y pastel alrededor de una mezquita-fortaleza. Ghardaïa, su mercado bajo arcadas y su urbanismo hipnótico —que inspiró a Le Corbusier— te meten de lleno en un modo de vida sahariano tradicional, austero y fascinante.
Explorar el arte rupestre del Tassili n’Ajjer
Cerca de Djanet, en el extremo sureste, el Tassili n’Ajjer es una meseta lunar de bosques de roca y arcos naturales que guarda una de las mayores galerías de arte prehistórico del planeta: miles de pinturas de hasta 12.000 años con jirafas, ganado y escenas de una época en que el Sahara era verde. Es Patrimonio de la Humanidad y se visita en trekkings de varios días con guías tuareg, durmiendo bajo las estrellas.
Acampar en las dunas rojas de la Tadrart
La Tadrart Rouge, al sur de Djanet, es para muchos el desierto más hermoso del mundo: dunas anaranjadas gigantes, arcos de piedra, cañones y lagunas fósiles con más grabados rupestres. Se recorre en 4x4 con una agencia local, en circuitos de varios días acampando entre las formaciones, cocinando pan en la arena y compartiendo té con los tuareg. Es una experiencia de aventura mayúscula, remota y absolutamente inolvidable.
Subir al Assekrem en el Hoggar
Alrededor de Tamanrasset se levanta el macizo volcánico del Hoggar, un paisaje de agujas de basalto y picos afilados. El clásico es subir al Assekrem, a más de 2.700 metros, para ver uno de los amaneceres más famosos del Sahara desde la ermita donde vivió el religioso Charles de Foucauld. Los tuareg del Ahaggar guían estas excursiones y el frío de la madrugada en pleno desierto es una sorpresa que no se olvida.
Recorrer Tlemcen, joya del arte morisco
En el noroeste, cerca de Marruecos, Tlemcen fue capital de reinos medievales y conserva un patrimonio hispano-morisco de primer nivel: la Gran Mezquita almorávide, las ruinas de Mansourah, los palacios y las madrazas, y un entorno de cascadas y mesetas. Es una ciudad culta y elegante, menos visitada aún que el resto, ideal para entender la herencia andalusí y bereber del país.
Disfrutar Orán y la costa de la Cabilia
Orán, la segunda ciudad, es mediterránea, desenfadada y musical: cuna del raï, con su fuerte de Santa Cruz sobre la bahía, su paseo marítimo y su mezcla de herencias española, otomana y francesa. Más al este, la región bereber de la Cabilia y la costa de Béjaïa —con el parque nacional de Gouraya y la Corniche— ofrecen montañas verdes, calas y una identidad amazigh orgullosa, un contrapunto perfecto al desierto.

📅 Cuándo ir: clima y mejor época

Argelia es enorme y tiene, en la práctica, dos climas y dos temporadas. En el norte mediterráneo (Argel, Orán, Constantina, las ciudades romanas, la Cabilia) el mejor momento es la primavera (marzo a mayo) y el otoño (septiembre a noviembre): temperaturas agradables, campos verdes en primavera y cielos despejados para recorrer ruinas y ciudades a pie. El verano (junio a agosto) es caluroso y es cuando los argelinos toman las playas del Mediterráneo; el invierno es suave pero lluvioso, con nieve en las montañas del Atlas y la Cabilia.

En el Sahara la lógica se invierte por completo: la temporada va de octubre a abril, cuando el calor es soportable y las noches, frías y estrelladas (puede helar de madrugada en el Hoggar y el Tassili). De mayo a septiembre el desierto es extremo, con temperaturas que superan de sobra los 45 °C, y prácticamente no se hacen circuitos. Por eso el gran viaje al Gran Sur —Djanet, Tamanrasset, la Tadrart— se arma casi siempre entre noviembre y marzo, la ventana ideal también para combinarlo con el norte en un mismo viaje si tenés margen de días.

🍽️ Qué comer

La cocina argelina es mediterránea y sahariana a la vez, generosa y muy influida por lo bereber, lo árabe, lo otomano y lo francés. El plato bandera es el cuscús —de sémola fina, coronado con cordero o pollo y verduras de estación—, que se come especialmente los viernes y en toda ocasión familiar. Al lado brillan la chorba (una sopa espesa de cordero, tomate y menta que rompe el ayuno en Ramadán), la chakhchoukha (masa desgarrada en salsa de tomate y carne), el mtewem (albóndigas con ajo) y los tajines guisados. La herencia francesa dejó un culto al pan (baguettes por todos lados) y una repostería finísima: reinan los dulces árabes bañados en miel y agua de azahar como los makrout de dátil, los baklawa y los kalb el louz.

Comer es barato y sabroso. En un puesto o un restaurante popular, un plato abundante de cuscús o una chorba salen apenas unos pocos dólares; el famoso sándwich callejero —una baguette rellena de tortilla, papas fritas y salsa harissa— es el clásico de bajo presupuesto. Argelia es tierra de té a la menta muy azucarado y de cafés cargados al estilo francés, que se toman en cafeterías siempre llenas de hombres charlando. Ojo con un punto importante: es un país musulmán y el alcohol, aunque legal y producido localmente (hay buenos vinos argelinos de tradición francesa), es discreto y no se consigue en cualquier lado, sobre todo fuera de las grandes ciudades y jamás en el desierto profundo.

🛟 Seguridad y salud

Argelia arrastra una fama de peligrosa que hoy no se corresponde con la realidad del viajero: la ‘década negra’ de los años 90 quedó atrás y las zonas turísticas del norte y del Gran Sur son seguras y tranquilas, con una población extraordinariamente hospitalaria y poco acostumbrada al turista, lo que juega a favor. Dicho esto, hay que ser sobrio con la geografía: las regiones fronterizas del extremo sur y sureste (con Malí, Níger y Libia) y ciertas áreas remotas tienen riesgo real y están sujetas a restricciones; por eso el desierto se visita SIEMPRE con agencias autorizadas, guías locales y, en muchos tramos, escolta o permisos —no es un destino para aventurarse por tu cuenta—. En las ciudades, los riesgos son los urbanos habituales (algún carterista, cuidar el celular de noche); la violencia contra turistas es rara. Los números de emergencia son el 17 (policía), el 14 (protección civil/bomberos y ambulancia) y el 1055 (gendarmería, útil en ruta).

En salud, Argelia no exige la vacuna de la fiebre amarilla salvo que llegues de un país con transmisión, y no es un destino de malaria en las zonas turísticas habituales. Conviene estar al día con las vacunas de rutina y sumar hepatitis A y B y fiebre tifoidea; consultá igual a un centro de medicina del viajero antes de salir. El gran cuidado es el agua: no tomes de la canilla, usá embotellada y cuidá la comida en puestos (mejor caliente y recién hecha). Para el Sahara, prepará el cuerpo para la amplitud térmica (calor de día, frío de noche), llevá protección solar seria, sombrero y mucha hidratación. Y algo clave dado que las tarjetas casi no funcionan: contratá un buen seguro de viaje con cobertura médica y de evacuación, porque en el desierto la asistencia está lejos.

💰 Cuánto cuesta viajar

Argelia puede ser muy barata en el día a día, con una salvedad enorme: casi todo depende del cambio. Si cambiás en el mercado paralelo (cerca de 238 dinares por dólar en julio de 2026, contra los 133 del oficial), tu plata rinde casi el doble y el país se vuelve baratísimo; si cambiás al oficial, todo cuesta el doble. Con cambio paralelo, en modo mochilero —hoteles sencillos, transporte público y trenes, comida en puestos— podés moverte por el norte con unos 25–40 USD por día. En modo intermedio, con hoteles decentes, algún vuelo interno y restaurantes, contá 50–90 USD por día. La comida y el transporte son lo más económico; el alojamiento de calidad, más escaso, es lo que empuja el gasto hacia arriba.

El gran costo aparte es el Sahara: los circuitos por el Gran Sur (Djanet/Tassili/Tadrart o Tamanrasset/Hoggar) se contratan con agencias e incluyen 4x4, guía tuareg, cocinero, permisos y acampada, y suelen costar del orden de 100–180 USD por persona y por día según el grupo, más los vuelos internos hasta el desierto. A eso se suma la tasa de la ‘visa a la llegada’ para el sur, en torno a 96 euros. Para dimensionar: un viaje de dos semanas combinando lo mejor del norte (Argel, ciudades romanas, Constantina) con una semana en el desierto puede rondar los 1.500–2.500 USD por persona en tierra, sin contar el vuelo internacional desde Sudamérica (habitualmente 1.200–2.000 USD ida y vuelta). Recordá entrar con todo el efectivo en euros o dólares, porque no vas a poder sacar plata con tarjeta.

🤝 Cultura y consejos prácticos

Argelia es un país trilingüe en la práctica: el árabe argelino (‘darija’) es la lengua de la calle, el tamazight o bereber es cooficial y muy vivo en regiones como la Cabilia, y el francés funciona como segunda lengua de facto —se ve en carteles, se usa en los negocios y lo habla buena parte de la gente, sobre todo en ciudades—. El inglés todavía se entiende poco fuera del ámbito turístico y el español prácticamente no se usa, así que unas palabras de francés te van a salvar en casi cualquier situación; en el desierto, muchos guías tuareg manejan francés e inglés básico. La cultura es cálida, familiar y profundamente hospitalaria: es normal que te inviten un té o a comer, y rechazarlo de plano puede resultar descortés. Es un país musulmán conservador, así que conviene vestir con respeto (sobre todo las mujeres, con hombros y piernas cubiertos fuera de las playas), pedir permiso antes de fotografiar personas y ser prudente con el tema del alcohol y con los gestos de afecto en público.

En lo práctico: los enchufes son de tipo C y F (dos patas redondas, estilo europeo), la corriente es de 230V, y aunque en las ciudades hay buena cobertura, en el Sahara te quedás sin señal casi todo el tiempo. Para conectividad conviene comprar una SIM local (Djezzy, Mobilis u Ooredoo) apenas llegás, con el pasaporte; los datos son baratos pero la velocidad es irregular. Sumá que Argelia es país de efectivo puro —tarjetas casi inservibles, así que llevá euros/dólares físicos— y que la burocracia y los horarios piden paciencia. El viernes es el día de descanso (muchos comercios y sitios cierran) y el ritmo general es pausado. La mejor actitud para disfrutarla es la del viajero curioso y flexible: Argelia recompensa con creces a quien llega con tiempo, respeto y ganas de un destino todavía sin masificar.

📜 Historia de Argelia

Argelia es el país más grande de África, un gigante en el que el Mediterráneo azul del norte se derrama, a través de mesetas y montañas, hacia el corazón del Sahara, que ocupa más de cuatro quintas partes de su territorio. Esa inmensidad guarda una historia de una densidad extraordinaria: aquí pintaron los primeros artistas del planeta las paredes del Tassili n’Ajjer, aquí Masinisa forjó el primer Estado bereber unificado, aquí Roma levantó ciudades como Timgad y Djémila que hoy están entre las mejor conservadas del mundo, y aquí predicó San Agustín, uno de los padres de la Iglesia. Por estas tierras pasaron fenicios, romanos, vándalos, bizantinos, árabes, otomanos y franceses, y de esa acumulación de siglos nació una nación profundamente amazigh y árabe a la vez, musulmana y mediterránea.

Esta es la historia completa de Argelia: desde los cazadores del Sahara verde y el reino de Numidia hasta la Argelia de hoy, pasando por la islamización, las grandes dinastías bereberes, la Regencia corsaria de Argel, la brutal conquista francesa de 1830 y la colonización de poblamiento, y la guerra de independencia de 1954-1962, una de las más sangrientas y decisivas de la descolonización. Un país que cargó con más de un siglo de dominación colonial y con la tragedia de su propia «década negra», pero que sigue siendo uno de los grandes protagonistas del mundo árabe, africano y mediterráneo.

Leer la historia completa de Argelia →

❓ Preguntas frecuentes sobre Argelia

¿Necesito visa para Argelia siendo latinoamericano?
Sí. Los argentinos y la mayoría de los latinoamericanos necesitan visa para entrar a Argelia y, para el norte, hay que tramitarla antes en un consulado argelino (con carta de invitación o reserva de hotel, seguro y prueba de fondos); además ya funciona un portal de e-visa para varias nacionalidades (verificado julio 2026). La gran novedad es el sur: si armás un viaje al Sahara (Djanet, Tamanrasset, Tassili) con una agencia autorizada y el 70% del itinerario es en esas regiones, la agencia te gestiona una ‘visa a la llegada’ y volás directo, sin pasar por el consulado. La tasa de esa visa ronda los 96 euros.
¿Es seguro viajar a Argelia?
Sí, mucho más de lo que su fama sugiere. La violencia de la ‘década negra’ de los años 90 quedó atrás y las zonas turísticas del norte y del Gran Sur son seguras y tranquilas, con gente muy hospitalaria. La salvedad importante es geográfica: las fronteras del extremo sur y sureste (Malí, Níger, Libia) tienen riesgo real y restricciones, por eso el desierto se visita siempre con agencias autorizadas y permisos, nunca por tu cuenta. En las ciudades, los cuidados son los urbanos de siempre.
¿Cuántos días conviene quedarse?
Depende de cuánto quieras abarcar. Con 5 a 7 días podés ver Argel, Tipasa y alguna ciudad romana o Constantina. Para sumar el Sahara —que es el gran motivo para ir— sumá al menos 5 a 7 días más, porque los circuitos por el Tassili, la Tadrart o el Hoggar duran varios días y requieren vuelos internos. Lo ideal para combinar lo mejor del norte y una semana de desierto son 12 a 16 días. Las distancias son enormes, así que no quieras apurar.
¿Cómo manejo la plata y el cambio en Argelia?
Con cuidado, porque hay dos cotizaciones. La oficial ronda los 133 dinares por dólar y la del mercado paralelo, tolerado y usado por todos, cerca de 238 (verificado julio 2026): cambiar en el paralelo hace rendir tu plata casi el doble. Argelia es un destino de EFECTIVO puro: las tarjetas extranjeras casi no funcionan y no hay forma confiable de sacar dinares con tu tarjeta, así que tenés que entrar con todos los euros o dólares que vayas a gastar, en billetes nuevos, y cambiarlos por lo general vía tu hotel o tu agencia.
¿Cuál es la mejor época para ir?
Depende de la zona. Para el norte (Argel, ciudades romanas, Constantina, la costa), lo mejor es la primavera (marzo–mayo) y el otoño (septiembre–noviembre), con clima agradable. Para el Sahara, la temporada es de octubre a abril, cuando el calor es soportable y las noches, frías y estrelladas; de mayo a septiembre el desierto es extremo (más de 45 °C) y casi no se hacen circuitos. Si querés combinar norte y desierto en un mismo viaje, la ventana ideal es entre noviembre y marzo.
¿Se puede recorrer el Sahara por libre?
No. El Gran Sur argelino (Tassili n’Ajjer, Tadrart, Hoggar) se visita siempre con agencias locales autorizadas, en 4x4 y con guías tuareg, y en muchos tramos con permisos o escolta por su cercanía a fronteras sensibles. Además, la propia ‘visa a la llegada’ para el sur depende de que contrates un tour organizado. No es un capricho burocrático: es un desierto inmenso y remoto donde perderse o quedarse sin asistencia es un peligro real. La buena noticia es que las agencias resuelven todo (transporte, comida, acampada y permisos).
¿Qué idioma se habla y me arreglo con inglés?
Se habla árabe argelino y tamazight (bereber), pero el francés funciona como segunda lengua de facto: se ve en los carteles y lo maneja buena parte de la gente, sobre todo en ciudades. El inglés todavía se entiende poco fuera del ámbito turístico y el español casi no se usa, así que unas palabras de francés te van a facilitar muchísimo el viaje. En el desierto, varios guías tuareg hablan francés e inglés básico. Un ‘bonjour’, un ‘merci’ y un ‘salam’ abren muchas puertas.
¿Cuánto cuesta un viaje a Argelia?
En el día a día puede ser muy barata si cambiás en el mercado paralelo: en modo mochilero por el norte, 25–40 USD por día; en modo intermedio, 50–90 USD. El gran costo aparte es el Sahara: los circuitos con agencia (4x4, guía, permisos, acampada) rondan 100–180 USD por persona y por día, más los vuelos internos y la tasa de visa del sur (unos 96 euros). Un viaje de dos semanas combinando norte y una semana de desierto puede salir 1.500–2.500 USD en tierra, sin contar el vuelo internacional desde Sudamérica (1.200–2.000 USD ida y vuelta).
Ciudades y destinos

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⛰️

Argel y el centro

3 destinos
Argel
Argel
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Casba de Argel
Casba de Argel
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Tipasa
Tipasa
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📍

El noreste romano y Constantina

4 destinos
Constantina
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Timgad
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Djémila
Djémila
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Annaba
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El noroeste andalusí

2 destinos
Orán
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Tlemcen
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La Cabilia y la costa bereber

2 destinos
Béjaïa
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Tizi Ouzou y el Djurdjura
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Las puertas del desierto

2 destinos
Ghardaïa y el valle del M’zab
Ghardaïa y el valle del M’zab
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Timimoun
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El Gran Sur sahariano

3 destinos
Tassili n’Ajjer
Tassili n’Ajjer
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Djanet y la Tadrart Rouge
Djanet y la Tadrart Rouge
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Tamanrasset y el Hoggar
Tamanrasset y el Hoggar
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💡 Datos curiosos

Con casi 2,4 millones de km² Argelia es el país más grande de África y el décimo del mundo: más del 80% de su territorio es desierto del Sahara, y cabrían dentro varias veces países como Francia o España.
Argelia tiene siete sitios Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO —entre ellos cuatro conjuntos romanos y bereberes casi intactos— y aun así recibe una fracción minúscula de los turistas que van a la vecina Marruecos o a Túnez.
En el macizo del Tassili n’Ajjer hay más de 15.000 pinturas y grabados rupestres de hasta 12.000 años de antigüedad que muestran jirafas, elefantes y ríos: la prueba de que el Sahara alguna vez fue una sabana verde y húmeda.
San Agustín de Hipona, uno de los pensadores más influyentes de la historia del cristianismo, nació y fue obispo en lo que hoy es Annaba, en la costa noreste argelina.
El nombre ‘Argelia’ y su capital ‘Argel’ vienen del árabe ‘al-Yazair’ (‘las islas’), por los islotes que había frente al viejo puerto y que hoy están unidos a tierra firme.
Timgad, fundada por el emperador Trajano hacia el año 100 d.C., es una ciudad romana tan completa y con un trazado en cuadrícula tan perfecto que la llaman ‘la Pompeya de África’.
El valle del M’zab, en pleno desierto, es un conjunto de cinco ciudades-oasis fortificadas construidas por los ibadíes hace mil años; su urbanismo fue tan admirado que inspiró a arquitectos como Le Corbusier.
El fútbol es religión: la selección argelina, ‘los Fennecs’ (por el zorro del desierto), desató celebraciones históricas en el país tras sus campañas mundialistas y su título en la Copa África.