Un archipiélago en el corazón del Mediterráneo donde conviven ciudades barrocas amuralladas, templos más antiguos que las pirámides y algunas de las aguas más transparentes de Europa. Malta es sol, historia milenaria e inglés en todas partes.
Malta es un archipiélago diminuto en el corazón del Mediterráneo, entre Sicilia y el norte de África, donde conviven ciudades barrocas amuralladas, templos megalíticos más antiguos que las pirámides y algunas de las aguas más transparentes de Europa. Es un país de escala humana, se recorre entero en pocos días, con más de 300 días de sol al año, historia por todos lados y una mezcla cultural única fruto de siglos de dominios (fenicios, árabes, caballeros de la Orden de Malta, británicos).
El país son tres islas habitadas. Malta, la principal, concentra la capital La Valeta, las Tres Ciudades, la antigua capital medieval Mdina y las zonas turísticas de Sliema y St. Julian's. Gozo, la segunda isla, es más verde, rural y tranquila, ideal para bucear y desconectar. Y Comino, casi deshabitada, es famosa por el Blue Lagoon, una laguna de agua turquesa. Todo se conecta con buses baratos y ferries cortos.
Lo mejor de Malta es esa combinación difícil de encontrar: playas y buceo de primer nivel, un patrimonio histórico impresionante para lo chico que es, y precios más razonables que buena parte del Mediterráneo occidental. Como bonus para el viajero latinoamericano, se habla inglés en todo el país. Lo que sorprende es lo densa que es en atractivos: en una isla que se cruza en auto en 45 minutos hay para una semana.
La moneda es el euro (€), así que si venís de otros países de la eurozona no necesitás cambiar nada. Las tarjetas se aceptan sin problema en hoteles, restaurantes y comercios, pero conviene llevar algo de efectivo para los buses, kioscos, mercados y el ferry a Gozo. Hay cajeros por todos lados en las zonas turísticas.
El aeropuerto (MLA) queda a quince minutos de La Valeta. Malta no tiene tren —el ferrocarril cerró en 1931—, así que todo se resuelve con los buses de Malta Public Transport, que cubren la isla y hacen centro en La Valeta, y con los ferries. Los ferries rápidos cruzan de La Valeta a Sliema y a las Tres Ciudades en minutos y ahorran vueltas largas por tierra; el de Ċirkewwa a Gozo sale cada media hora y admite autos. Se maneja por la izquierda y las calles son angostas, así que muchos prefieren no alquilar. Las distancias son cortas: de punta a punta de la isla hay menos de treinta kilómetros.
Malta tiene clima mediterráneo con muchísimo sol. La mejor época para combinar playa y recorridas es de mayo a octubre, con el mar cálido para nadar de junio a octubre. Julio y agosto son los meses de pleno verano: calor fuerte (30-35°C), mar ideal, pero también los precios más altos, el Blue Lagoon abarrotado y las fiestas en su punto. Si podés, apuntá a mayo, junio, septiembre o principios de octubre para tener buen clima y playa con menos gente y mejores precios.
La primavera y el otoño son perfectos para el turismo cultural (La Valeta, Mdina, templos) porque no hace tanto calor para caminar. El invierno (diciembre a marzo) es suave (15-18°C de día) pero con más viento y algo de lluvia, y el mar queda frío para bañarse; a cambio, hay muy pocos turistas y precios bajos. Un evento a cazar son las fiestas patronales de los pueblos (festas) en verano, con fuegos artificiales y bandas, y el Carnaval en febrero.
La cocina maltesa mezcla influencias italianas, árabes y británicas. Hay que probar el fenek (conejo, el plato nacional, guisado o frito), los pastizzi (empanaditas de hojaldre rellenas de ricota o arvejas, baratísimas, unos 1-2 USD, el snack callejero por excelencia), el ftira (una especie de pan/pizza maltesa) y el rabbit stew. De la herencia británica quedan el hábito del té y algún fish and chips. Una comida en una taberna local ronda los 15-25 USD por persona con bebida.
Para comer barato, los pastizzerias y los puestos de comida callejera son la mejor opción; para darse un gusto, el pescado fresco en Marsaxlokk (el pueblo pesquero, ideal los domingos de mercado) es imperdible. La cerveza local Cisk y el vino maltés acompañan bien. La propina no es obligatoria pero se suele dejar un 5-10% si el servicio fue bueno. Verificado julio 2026.
Malta es uno de los países más seguros de Europa: la criminalidad violenta es muy baja y podés caminar tranquilo de día y de noche, incluso las mujeres viajando solas. Los cuidados son los básicos de cualquier destino turístico (algún carterista en zonas concurridas, cuidado con las estafas de alquiler de autos o excursiones no oficiales). En la zona de fiesta de Paceville, los recaudos habituales con el alcohol y las pertenencias. El número de emergencias es el 112.
No hacen falta vacunas y el agua de la canilla es potable, aunque tiene gusto salobre (mucha gente prefiere agua embotellada para beber, es barata). El sol del Mediterráneo pega fuerte: protector solar, gorra y agua, sobre todo en verano. La atención médica es buena (Malta está en la UE); un seguro de viaje que cubra el Espacio Schengen alcanza, y conviene que incluya actividades acuáticas si vas a bucear. Verificá que la póliza cubra buceo si es tu plan.
Malta es de los destinos más accesibles del Mediterráneo occidental. Un día en plan mochilero cuesta entre 45 y 75 USD: cama en dorm de hostel por 27-40 USD, comida callejera y algún taberna por 15-25 USD, y transporte en bus muy barato (el boleto ronda 2,50-3 USD en verano, y hay un pase semanal ilimitado de unos 27 USD que conviene mucho). Verificado julio 2026.
Un viaje de nivel medio, con hotel de 3 estrellas (70-120 USD la noche) y comer en restaurantes, ronda los 110-150 USD por día. Los ferries son baratísimos: Gozo unos 5 USD ida y vuelta a pie, La Valeta-Sliema 1,60 USD. El gasto que se dispara es el ferry al Blue Lagoon de Comino (25-40 USD) y las excursiones en barco. Las entradas a museos y templos rondan los 6-11 USD. Cifras de referencia de julio 2026.
Malta tiene dos idiomas oficiales: el maltés (una lengua semítica única, la única de raíz árabe escrita en alfabeto latino) y el inglés, que se habla en todo el país; esto es una enorme ventaja para el viajero, porque te comunicás sin problema. Con español no te vas a arreglar, pero con inglés básico alcanza de sobra. Los malteses son cálidos, católicos muy practicantes y de vida familiar; el domingo muchos comercios cierran. El voltaje es de 230V con enchufe tipo G (el británico de tres patas planas), herencia colonial: necesitás adaptador británico, no el europeo.
La conectividad es buena y una SIM o eSIM de la UE funciona sin roaming extra porque Malta está en la Unión Europea. Un par de consejos de quien estuvo: los buses son la forma barata de moverse pero pueden ser lentos e impuntuales en verano, así que dejá margen de tiempo; y manejá con cuidado si alquilás auto, porque en Malta se conduce por la izquierda (como en Reino Unido), algo que descoloca a los latinoamericanos.
En un archipiélago de apenas 316 kilómetros cuadrados en el centro exacto del Mediterráneo caben más capas de historia que en países cien veces más grandes. Antes que las pirámides de Egipto y mucho antes que Stonehenge, unos agricultores neolíticos levantaron acá los templos de piedra más antiguos que se conservan en pie sobre la Tierra. Después pasaron todos: fenicios y cartagineses, romanos y bizantinos, árabes, normandos, la Orden de los Caballeros de San Juan, Napoleón por un puñado de años y el Imperio británico durante más de siglo y medio. Cada uno dejó algo, y la suma es este país improbable donde se reza en un idioma semítico escrito con alfabeto latino y se maneja por la izquierda.
La historia de Malta es la de una roca estratégica que nunca eligió del todo su destino, disputada porque quien la controlaba controlaba el paso entre el este y el oeste del Mediterráneo. De ahí el Gran Asedio otomano de 1565, de ahí el bombardeo brutal de la Segunda Guerra Mundial que le valió la George Cross a toda una población civil. Recién en 1964 los malteses se gobernaron a sí mismos por primera vez en milenios. Esta es esa historia larga, contada con nombres, fechas y cifras.
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Estas son las fuentes que más citamos en las guías de este país, con la cantidad de veces que aparecen. Los datos duros —entradas, horarios, requisitos, transporte— salen de la fuente oficial y llevan la fecha en que los verificamos. Las recomendaciones de dónde comer o dormir salen de guías y reseñas, y lo aclaramos en cada ficha.