Chipre es una isla del Mediterráneo oriental donde se cruzan playas de agua turquesa, ruinas grecorromanas, monasterios bizantinos y montañas de pinares. Conviene saber que la isla está dividida desde 1974: el sur es la República de Chipre, miembro de la Unión Europea, y el norte es la zona turcochipriota, reconocida únicamente por Turquía; se puede cruzar la frontera en Nicosia y visitar ambas partes sin mayores complicaciones.
En el sur, la República de Chipre usa el euro (€), así que las tarjetas se aceptan sin problema en ciudades y zonas turísticas. En el norte turcochipriota la moneda oficial es la lira turca (TRY), aunque muchos comercios aceptan también euros. Conviene llevar algo de efectivo para cruzar al norte, para pueblos pequeños y para tavernas familiares que a veces no toman tarjeta.
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Chipre es la tercera isla más grande del Mediterráneo y una de las más disputadas de su historia. Encrucijada entre Europa, Asia y África, fue codiciada por casi todos los imperios que pasaron por estas aguas: micénicos, fenicios, asirios, egipcios, persas, griegos, romanos, bizantinos, cruzados francos, venecianos, otomanos y británicos dejaron cada uno su capa sobre la anterior. De esa acumulación nació una identidad profundamente griega en lengua y religión, pero mestiza en todo lo demás.
Hoy la isla sigue partida en dos por una línea de alto el fuego que atraviesa hasta su propia capital. En el sur está la República de Chipre, miembro de la Unión Europea; en el norte, una entidad turcochipriota que solo Turquía reconoce. Esta es la historia de cómo la isla del nacimiento de Afrodita, del cobre y del vino más antiguo del mundo terminó siendo también el último territorio dividido de Europa.
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