Cómo se habla de verdad en Australia
43 expresiones que en los libros de texto no están: qué significan, cómo se pronuncian y cuándo usarlas.
Lo que más te va a costar en Australia no son las palabras nuevas: son las que ya sabés. El inglés australiano corre los diptongos un casillero. El de «day» se abre y queda cerca de «dai», así que «g'day» te llega como «gudái» y «mate» como «máit». El de «nice» se cierra hacia atrás y de ahí sale ese «noice» que todo el mundo imita. Sumale que es un inglés no rótico —la r al final de sílaba no se pronuncia, «car» es «caa»— y que las vocales sin acento se aplastan hasta casi desaparecer. Las primeras dos semanas vas a entender la mitad de lo que ya entendías. El segundo golpe es el recorte. Australia abrevia todo y le pega una vocal al final: -o (arvo, servo, bottle-o, ambo, journo) o -ie (brekkie, barbie, Tassie, sunnies, tradie). No es habla de pibes ni descuido: un albañil de cincuenta años dice «smoko» en la obra y «rego» en el taller, y así se escribe en los avisos de laburo. Si entendés el mecanismo dejás de aprender palabras de a una y empezás a deducirlas. El tercero es el tono. Mucho de lo que suena a pregunta no lo es: la frase sube al final también cuando te están contando algo. Y mucho de lo que suena a agresión es lo contrario: «you bloody legend» es el elogio más alto que te van a hacer en una cocina australiana.
Los patrones que se repiten
Si entendés estas reglas, entendés palabras que no están en ninguna lista.
Jerga que se habla en toda Australia
Las que vas a escuchar en cualquier ciudad, desde el primer día. Si te aprendés solo estas, ya te desenvolvés.
A fines del siglo XIX «barrack» significaba abuchear y burlarse del rival —ese sentido todavía vive en el inglés británico—. En el fútbol australiano se dio vuelta y terminó queriendo decir lo contrario: alentar a los tuyos. De dónde salió el verbo antes de eso está discutido.
«Good day» era un saludo corriente en el inglés del siglo XIX a los dos lados del Atlántico. En Inglaterra quedó sonando a otra época; en Australia se quedó y se apretó hasta las dos sílabas que escuchás hoy.
«Mate» es viejísima y viene del oficio: era el compañero de trabajo, y en los barcos el segundo del capitán (de ahí «first mate»). Que en Australia se use con cualquiera está pegado a la idea de «mateship», la lealtad entre iguales que el país se cuenta como virtud propia desde los campamentos mineros y las trincheras.
Es un australianismo que se exportó: hoy la dice un canadiense o un inglés sin saber de dónde la sacó. En Australia convive con «no dramas», que significa exactamente lo mismo.
«Cheer» viene del francés antiguo «chiere», que quería decir cara o semblante: «good cheer» era buen semblante y después buen ánimo. De ahí salió el brindis, y del brindis el agradecimiento. Ese último salto es del inglés británico del siglo XX, y Australia lo llevó más lejos que nadie.
No es slang nuevo: «reckon» es inglés antiguo, de una raíz germánica que significa contar o calcular —la misma del alemán «rechnen»—. En Inglaterra quedó con olor a campo o a otro siglo; Australia la conservó como la manera normal y neutra de decir «me parece».
«Heap» es montón, pila, y existe en inglés desde siempre. Lo australiano (y neozelandés) es usarla de adverbio: no «a heap of», sino «heaps good», «heaps better». Ese uso no prendió ni en el inglés británico ni en el americano.
Es el caso insignia del sufijo -o: «afternoon» cortado en la primera sílaba y cerrado en «o». La misma receta da servo (service station), bottle-o (bottle shop), ambo (ambulance officer), journo (journalist), smoko (la pausa del cigarrillo) y rego (la patente del auto).
La «she» no es ninguna mujer: el inglés australiano usó mucho tiempo el femenino para hablar de cosas y de situaciones. Es el mismo mecanismo de «she's apples» (está todo bien) o de «she's a beauty» dicho de un auto. Donde otro inglés pone «it», Australia ponía «she».
Otro -o, y el que más vas a escribir: «hospitality» —bares, cocinas, hoteles— cortado y cerrado en o. El que trabaja ahí es «hospo worker», y así figura en los avisos.
Lo que vas a escuchar en Sydney
Una muestra del libro de Sydney: las expresiones que más te van a servir ahí.
Acá actúa el otro sufijo, el -ie: «breakfast» cortado y cerrado en «ie», igual que barbecue da barbie, mosquito da mozzie, sunglasses da sunnies y tradesman da tradie.
Mismo sufijo -o que arvo, sobre «avocado». Que la palta tenga apodo propio dice bastante del lugar que ocupa en la mesa australiana.
Sufijo -ie sobre «barbecue». El atajo se hizo famoso afuera por una campaña de turismo australiana de los años ochenta, «throw another shrimp on the barbie», una frase que ningún australiano diría: acá al camarón se le dice «prawn», no «shrimp». El «shrimp» estaba puesto para que lo entendieran los estadounidenses.
La inventó el químico Cyril Callister en Melbourne en 1922, por encargo de la alimenticia Fred Walker & Co. La materia prima es el residuo de levadura que dejan las cervecerías, y la idea era competir con el Marmite británico. El nombre lo eligió un concurso público.
Lo que vas a escuchar en Melbourne
Una muestra del libro de Melbourne: las expresiones que más te van a servir ahí.
La ciudad se bautizó en 1837 por William Lamb, segundo vizconde de Melbourne, que era primer ministro británico en ese momento. El gentilicio pierde la segunda «o» —Melburnian, no Melbournian— y los locales te lo corrigen.
«Suss» es «suspect» recortado, y arranca en la jerga policial británica: las «sus laws» eran las que permitían detener a alguien por sospecha. De sospechar pasó a investigar, y en Australia a simplemente averiguar algo, sin nada turbio adentro.
Lo que vas a escuchar en Queensland
Una muestra del libro de Queensland: las expresiones que más te van a servir ahí.
El estado se separó de Nueva Gales del Sur en 1859 y se llamó así por la reina Victoria, que firmó la separación. El grito es de cancha: se consolidó con el State of Origin, la serie que Queensland juega contra Nueva Gales del Sur. «Queenslander» es además el nombre de la casa típica del estado, de madera y sobre pilotes.
Sufijo -o sobre «tropics». «Gone troppo» se decía del que se desarmaba por el calor, la humedad y el aislamiento del norte tropical, y no era del todo un chiste.
Sufijo -ie sobre Brisbane. La ciudad se llama como el río, y el río por Thomas Brisbane, gobernador de Nueva Gales del Sur en los años veinte del siglo XIX.
Sufijo -ie sobre Gold Coast, y con artículo: «the Goldie». El oro del nombre no es minería: el apodo salió en los años cincuenta por lo que costaba la tierra ahí, y recién después se volvió nombre oficial.
No hay acuerdo sobre de dónde sale: se la asocia al río Bogan, en Nueva Gales del Sur, pero es apenas una hipótesis. Lo que sí está claro es que se volvió palabra nacional a fines de los años ochenta, y que de insulto pasó a etiqueta que algunos usan con orgullo.
Lo que vas a escuchar en Perth
Una muestra del libro de Perth: las expresiones que más te van a servir ahí.
Sufijo -o sobre Fremantle. El puerto lleva el nombre de Charles Fremantle, el capitán de la Royal Navy que en 1829 tomó posesión de la costa oeste en nombre de Gran Bretaña.
Perth se llamó así por Perth, en Escocia, la ciudad de George Murray, que era el secretario de Colonias británico cuando se fundó. El gentilicio es «Perthite»: usar otro te delata al toque.
El sandgroper es un insecto de verdad, que cava túneles en la arena y vive sobre todo en Australia Occidental. De ahí sale el mote, y los de allá lo usan como bandera y no como insulto.
El holandés Willem de Vlamingh llegó en 1696, vio los quokkas y los tomó por ratas gigantes: llamó a la isla «Rottenest», nido de ratas. Quedó el nombre y quedó el error. El «Rotto» es el sufijo -o de siempre.
Lo que vas a escuchar en Tasmania
Una muestra del libro de Tasmania: las expresiones que más te van a servir ahí.
Sufijo -ie sobre Tasmania, que a su vez lleva el nombre de Abel Tasman, el navegante holandés que pasó por ahí en 1642. Antes la isla se llamaba Tierra de Van Diemen: le cambiaron el nombre en 1856, en buena medida para despegarla de su fama de colonia penal.
El nombre lo pusieron los colonos europeos por los chillidos y gruñidos que largaba de noche, que suenan a un animal mucho más grande de lo que el bicho mide en realidad.
Cómo se habla en otros países
La misma palabra cambia de significado cruzando la frontera. Estas son las otras guías de jerga del sitio.