Cómo se habla de verdad en Dinamarca
18 expresiones que en los libros de texto no están: qué significan, cómo se pronuncian y cuándo usarlas.
El danés se escribe de una manera y se habla de otra, y ésa es toda la dificultad. Es la lengua nórdica que más reduce: las consonantes se ablandan, las sílabas finales se comen y hay un fenómeno que no existe en ninguna otra lengua europea, el «stød», una especie de corte de voz en medio de la palabra que distingue significados. Un sueco lee danés sin problema y lo escucha con esfuerzo; a vos te va a pasar lo mismo. La gramática, en cambio, es amable: no hay casos y los verbos no cambian según la persona —«jeg er», «du er», «han er»—. Lo difícil es la pronunciación, y como casi todos los daneses hablan buen inglés, el idioma no te va a frenar para trabajar: te va a frenar para integrarte, que es otra cosa. Lo que sí conviene aprender son las fórmulas, porque en Dinamarca son obligatorias y no decirlas se nota. «Tak for mad» después de comer en casa de alguien. «Tak for sidst» —gracias por la vez pasada— la próxima vez que lo veas. Y el «skål» tiene reglas: se mira a los ojos, se dice, se toma, y se vuelve a mirar antes de apoyar el vaso. Y después hay una palabra que vale el viaje: «pyt». Se dice cuando algo salió mal y no vale la pena. No tiene traducción y es la cosa más danesa que existe.
Los patrones que se repiten
Si entendés estas reglas, entendés palabras que no están en ninguna lista.
Jerga que se habla en toda Dinamarca
Las que vas a escuchar en cualquier ciudad, desde el primer día. Si te aprendés solo estas, ya te desenvolvés.
Es la misma palabra que el «hey» inglés y el «hei» noruego, y en danés sirve para las dos puntas: «hej» al llegar y «hej hej» al irse. Lo raro para un hispanohablante es que la despedida sea el saludo repetido.
Es la misma raíz del «thanks» inglés y del «danke» alemán. En danés arma fórmulas fijas que son obligatorias: «tak for mad» después de comer, «tak for sidst» cuando volvés a ver a alguien. No son opcionales.
Es un sonido antes que una palabra y no tiene traducción: se dice cuando algo salió mal y no vale la pena pelearla. En 2018 ganó una votación pública como palabra danesa favorita del país, y se vendieron botones de «pyt» para apretar en la oficina.
«Skål» es, literalmente, el cuenco: la misma palabra nórdica que le dio al inglés su «scale», el platillo de la balanza. Se brindaba con un recipiente y el nombre del recipiente quedó como la palabra del brindis.
Literalmente es «graso». Como elogio funciona igual que el «jugoso» o el «sabroso» del español aplicados a algo que no es comida: la grasa era lo valioso cuando la comida escaseaba, y el elogio quedó.
«Hygge» no es una palabra ancestral danesa: entró al danés desde el noruego y se la relaciona con la idea de cuidar y de sentirse seguro. Y en danés no es una filosofía sino un adjetivo de todos los días: «hyggeligt at møde dig» es simplemente «encantado de conocerte».
Es una muletilla y no una palabra: sirve para cambiar de tema, para arrancar una frase y para marcar sorpresa, y la entonación hace todo el trabajo. Las lenguas nórdicas tienen varias así, y son lo último que aprende un extranjero.
Es literal: «smør» es manteca y «brød» es pan, o sea «pan con manteca». El nombre quedó chico para lo que hoy se sirve en un restaurante, pero cuenta el origen: era el pan untado que el obrero se llevaba al trabajo.
«Rug» es centeno. En el norte de Europa el centeno aguanta el frío y el suelo pobre donde el trigo no crece: el pan oscuro de toda la región no es una elección de salud, es lo que se podía sembrar.
Los daneses lo llaman «pan de Viena» y el mundo lo llama «danish»: cada uno le atribuye el invento al otro. La explicación histórica es que en 1850 hubo una huelga de panaderos en Copenhague y los patrones trajeron austriacos, que llegaron con su técnica de hojaldre. Los daneses la adoptaron y le cambiaron las proporciones.
El carrito de salchichas tiene nombre propio —«pølsevogn»— y fecha: se autorizaron en 1921, con reglas sobre dónde pararse y qué se podía vender. El formato local es la «ristet hotdog» con pepinillo, cebolla frita y remoulade.
Lo que vas a escuchar en Dinamarca
Una muestra del libro de Dinamarca: las expresiones que más te van a servir ahí.
La fundó J.C. Jacobsen en 1847 y el nombre es su hijo Carl más «berg», la colina donde estaba la fábrica. Y tiene un dato que no es publicidad: en 1883 el laboratorio de Carlsberg aisló la levadura pura de la cerveza lager y la empresa decidió no patentarla, así que la cepa terminó usándose en todo el mundo.
«Snegl» es caracol: el nombre es la forma, igual que el «caracol» del español. La versión danesa lleva «remonce», una pasta de manteca y azúcar que la sueca no usa, y por eso es más pesada.
El nombre significa «puerto de los comerciantes»: la primera parte se relaciona con comprar y «havn» es puerto. O sea que la ciudad se llama por su función. El «Copenhagen» del inglés entró por el bajo alemán, y de ahí que no se parezca.
«Nyhavn» es «puerto nuevo», y era nuevo en 1670: se cavó como canal para que los barcos llegaran hasta el centro. Fue zona de marineros y de mala fama durante siglos, y las casas de colores son de ese período. Hans Christian Andersen vivió en tres direcciones distintas de esa misma cuadra.
Cómo se habla en otros países
La misma palabra cambia de significado cruzando la frontera. Estas son las otras guías de jerga del sitio.