Sobre las aguas protegidas del golfo Nuevo, en la costa atlántica de Chubut, Puerto Madryn es una de las grandes capitales del turismo de naturaleza de la Argentina. Su amplia costanera, sus playas y su mar relativamente cálido para la Patagonia la hacen agradable para pasear y bañarse en verano, pero su gran fama viene del mar mismo: es la puerta de entrada a la Península Valdés y uno de los mejores lugares del mundo para ver de cerca a la ballena franca austral.
Cada año, entre el otoño y la primavera, las ballenas francas llegan al golfo Nuevo y al golfo San José para aparearse y tener sus crías, y se las puede observar desde embarcaciones e incluso desde la costa. A esto se suman los lobos y elefantes marinos, los pingüinos de Magallanes y la enorme colonia continental de Punta Tombo, y una rica vida submarina que hace de Madryn un destino destacado para el buceo y el snorkel.
La ciudad tiene además una identidad histórica muy fuerte: aquí desembarcaron, el 28 de julio de 1865, los primeros colonos galeses que llegaron a la Patagonia a bordo del velero Mimosa, en busca de un lugar donde preservar su lengua y su cultura. Esa herencia, sumada a la naturaleza, los museos y la gastronomía de mar, convierte a Puerto Madryn en un punto de partida ideal para descubrir lo mejor de la costa patagónica.
La zona del golfo Nuevo estuvo habitada durante milenios por pueblos originarios, en especial los tehuelches (aónikenk y gününa küne), cazadores-recolectores que recorrían la estepa y la costa patagónica. El nombre 'Madryn' proviene de Sir Love Jones-Parry, barón de Madryn (en Gales), que exploró estas costas en 1862 buscando un sitio para la colonia galesa, y bautizó el lugar en alusión a su finca galesa. El hito fundacional de la ciudad es el desembarco galés: el 28 de julio de 1865, alrededor de 150 colonos galeses llegaron a bordo del velero Mimosa, partido desde Liverpool, y desembarcaron en lo que entonces era la inhóspita Bahía Nueva. Huían de la pobreza, de un movimiento independentista frustrado y de la prohibición de su idioma en las escuelas británicas, y buscaban un territorio donde conservar libremente su lengua y su cultura. Aquellos primeros colonos se refugiaron en cuevas excavadas en la barranca —en lo que hoy es el Parque Histórico Punta Cuevas— antes de marchar hacia el valle del río Chubut, donde fundarían Rawson, Trelew y Gaiman. El crecimiento de Puerto Madryn como ciudad llegó más tarde, impulsado por el ferrocarril que la unió con el valle del Chubut (1889), el puerto, y en el siglo XX por la industria —con la instalación de la planta de aluminio Aluar en los años 70— y, finalmente, por el turismo de naturaleza. Hoy, declarada 'Capital Nacional del Buceo', Puerto Madryn vive en gran medida del turismo asociado a las ballenas, la fauna marina y la cercana Península Valdés. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓Corazón de la Patagonia atlántica y andina: tierra tehuelche y mapuche, escenario de la única gran colonia galesa de América, cuna del petróleo argentino en Comodoro Rivadavia, hogar de las ballenas de Península Valdés y del bosque milenario de los Alerces.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Imaginate 150 personas bajando de un velero después de dos meses en altamar, con la ilusión de encontrar un valle fértil como el que les habían prometido, y encontrándose en cambio con una costa árida, sin un árbol a la vista y sin una sola gota de agua dulce cerca. No naufragaron: llegaron exactamente donde querían llegar. Así empezó Puerto Madryn, una de las pocas ciudades del mundo fundada no por conquista ni por accidente, sino por la decisión deliberada de un pueblo entero de reinventarse a 8.000 kilómetros de su tierra natal.
Mucho antes de la llegada de los europeos, la región del golfo Nuevo y la costa atlántica de Chubut estuvo habitada por los pueblos tehuelches —aónikenk en el sur y gününa küne (tehuelches septentrionales) en el norte—, cazadores-recolectores que recorrían la inmensa estepa patagónica y se acercaban a la costa para aprovechar sus recursos. Eran hábiles cazadores de guanacos y ñandúes, y conocían a la perfección este territorio de mar, acantilados y meseta, adaptado a un clima extremo de vientos constantes y escasas lluvias.
La Patagonia atlántica fue avistada y recorrida por navegantes europeos desde el siglo XVI, en la época de los grandes viajes de exploración, pero durante siglos siguió siendo una tierra remota y escasamente poblada por colonos. El golfo Nuevo, una gran bahía protegida, ofrecía un fondeadero natural en una costa por lo demás hostil y batida por el viento, aunque ningún proyecto de colonización europeo había prosperado allí de forma estable.
Fue recién a mediados del siglo XIX cuando esta costa empezó a atraer un proyecto de colonización estable, vinculado no a la Argentina ni a España, sino a un pueblo que buscaba, lejos de su tierra, un lugar donde sobrevivir como comunidad: los galeses. Su llegada marcaría para siempre la historia de Puerto Madryn y de todo el valle del Chubut, y daría origen a uno de los capítulos más singulares de la inmigración en la Argentina: una colonia que, a diferencia de tantas otras, no llegó buscando oro ni tierras fértiles fáciles, sino un refugio cultural.
El nombre de la ciudad tiene origen galés y se debe a Sir Love Jones-Parry, barón de Madryn. En 1862, este noble galés viajó a la Patagonia junto a Lewis Jones —otra figura clave de la colonización— para explorar las costas y evaluar si la región era apta para asentar la colonia que planeaban en Gales. Buscaban un territorio lejano y poco poblado donde su gente pudiera vivir libremente, conservando su lengua y su cultura.
Durante esa exploración recorrieron la zona del golfo Nuevo, y al lugar donde más tarde se levantaría la ciudad se lo bautizó 'Madryn', en alusión a la finca o propiedad galesa de Jones-Parry. Así, antes incluso de que existiera el pueblo, el sitio ya llevaba un nombre traído desde Gales, testimonio de la impronta que esa cultura dejaría en toda la región.
El proyecto de colonización galesa nacía de una mezcla de motivos: la pobreza y las difíciles condiciones de vida en Gales, el fracaso de aspiraciones nacionalistas y, sobre todo, el temor a la pérdida de la identidad galesa frente al avance del inglés, que estaba siendo impuesto en la vida pública y en las escuelas. La Patagonia, vasta y despoblada, parecía el lugar ideal para empezar de nuevo.
El 28 de julio de 1865 es la fecha fundacional de Puerto Madryn y un hito de toda la historia patagónica. Ese día, alrededor de 150 colonos galeses desembarcaron en lo que entonces se conocía como Bahía Nueva, tras una larga y dura travesía desde Liverpool a bordo del velero Mimosa, un viejo barco de carga reconvertido para el viaje. El grupo había partido empujado por la pobreza, por un movimiento independentista frustrado y por la prohibición de su idioma en las escuelas británicas.
La realidad que encontraron fue desoladora: una costa árida, ventosa y sin agua dulce a la vista, muy distinta de las tierras fértiles que algunos habían imaginado. Para sobrevivir los primeros tiempos, los colonos excavaron cuevas en la barranca cercana al mar, en el sitio que hoy se conoce como Punta Cuevas y que se conserva como Parque Histórico, con un Museo del Desembarco que narra aquella epopeya.
Poco después, los hombres comenzaron a marchar a pie hacia el sur, en busca del valle del río Chubut, donde encontrarían el agua y la tierra cultivable que necesitaban. Allí fundarían los pueblos de Rawson, Trelew y Gaiman, núcleo de la colonia galesa. Puerto Madryn quedó, en esos primeros años, más como punto de desembarco que como lugar de asentamiento, pero la fecha del 28 de julio quedó grabada como su nacimiento y se celebra cada año con la Fiesta del Desembarco.
Tras el desembarco, Puerto Madryn creció lentamente como punto de contacto entre el mar y la colonia del valle. Un impulso decisivo llegó en 1889 con la inauguración del ferrocarril que unió Puerto Madryn con el valle del río Chubut (Trelew), facilitando el transporte de personas y de la producción agrícola galesa hacia el puerto. La ciudad empezó a consolidarse como centro portuario de la región, aunque durante décadas siguió siendo un pueblo modesto, muy por detrás en población de Trelew y Gaiman, los verdaderos centros de la colonia galesa en el valle.
Durante el siglo XX, Madryn fue diversificando su economía. Un cambio profundo llegó en la década de 1970 con la instalación de la planta de aluminio Aluar, la primera productora de aluminio primario de la Argentina, que transformó a la ciudad en un polo industrial y atrajo población y trabajo de todo el país. Esa actividad industrial convivió, con el tiempo, con el desarrollo creciente del turismo, que terminaría por darle a la ciudad su perfil más reconocible en las décadas siguientes.
La cercanía a la Península Valdés —declarada Patrimonio Mundial de la Unesco en 1999 por sus valores naturales excepcionales— y la presencia de la ballena franca austral, los lobos y elefantes marinos y los pingüinos convirtieron a Puerto Madryn en una de las grandes capitales del turismo de naturaleza de la Argentina. La ballena franca, que llegó a estar al borde de la extinción por la caza comercial del siglo XIX y principios del XX, encontró en las aguas protegidas del golfo Nuevo y el golfo San José un santuario ideal para reproducirse, y su regreso masivo es hoy uno de los grandes símbolos de conservación exitosa de la Patagonia.
Hoy Puerto Madryn es conocida también como 'Capital Nacional del Buceo', y buena parte de su vida gira en torno al mar: las ballenas, la fauna, las excursiones a Valdés y Punta Tombo, sin olvidar nunca la herencia galesa que le dio origen. Cada 28 de julio, la ciudad revive el desembarco del Mimosa con la Fiesta del Desembarco, un recordatorio de que esta capital patagónica del turismo de naturaleza nació, ante todo, de la obstinación de un puñado de familias que se negaron a dejar morir su lengua.