En el corazón de la Patagonia andina, sobre la orilla norte del lago Nahuel Huapi, Villa La Angostura es uno de esos pueblos de montaña que parecen sacados de un cuento: casas de piedra y madera, jardines floridos, bosques de coihues y arrayanes, lagos de agua transparente y cumbres nevadas de fondo. La llaman el 'Jardín de la Patagonia', y es a la vez un refugio tranquilo y la puerta de entrada a algunos de los paisajes más célebres del sur argentino.
Su gran joya es el Parque Nacional Los Arrayanes, en la península de Quetrihué, un bosque único en el mundo de arrayanes centenarios de corteza color canela, fría y suave al tacto. Se llega caminando, en bicicleta o navegando por el Nahuel Huapi, y en torno a él se teje una de las leyendas más conocidas del lugar: la que vincula este bosque con la película Bambi de Walt Disney. A esto se suman el cerro Bayo —centro de esquí en invierno y mirador panorámico todo el año—, la cascada Inacayal y el Mirador del Belvedere.
Villa La Angostura es también el punto de partida de la mítica Ruta de los Siete Lagos, el camino escénico que serpentea entre bosques y espejos de agua hasta San Martín de los Andes. Y está a un paso de Bariloche, lo que la convierte en una base perfecta para combinar lo mejor de la región de los lagos. Naturaleza, montaña, lagos y arquitectura alpina, en uno de los rincones más encantadores de la Patagonia.
El bus de vuelta de Bariloche paró acá y me bajé solo para sacarle una foto al cartel. Me quedó pendiente la Ruta de los Siete Lagos, que es justamente este tramo: la quiero hacer en auto para parar en cada lago, que en colectivo no se puede.
Leer mi experiencia completa →La historia de Villa La Angostura es relativamente reciente como pueblo, pero la zona estuvo habitada mucho antes por los pueblos originarios. En los siglos XVIII y XIX, en el marco del proceso de araucanización, comunidades mapuches —originarias del otro lado de la cordillera— se fueron estableciendo en este territorio del lago Nahuel Huapi, sumándose a los habitantes previos de la región. El nombre del lugar proviene de la geografía: 'La Angostura' alude al istmo angosto —la angostura— que une la península de Quetrihué con el continente, un cuello de tierra estrecho sobre el lago. A comienzos del siglo XX llegaron las primeras familias criollas, pobladores mapuches e inmigrantes europeos, que levantaron establecimientos rurales y aserraderos. Federico Baratta es recordado como uno de los primeros colonos del paraje Correntoso, hoy parte de la villa. Un punto de inflexión fue la creación del Parque Nacional Nahuel Huapi en 1934, que bajo la dirección de Exequiel Bustillo impulsó un ambicioso plan de desarrollo y dio empuje turístico a toda la región; figuras como el italiano Primo Capraro fueron motores del desarrollo local. La fundación oficial de Villa La Angostura se fija el 15 de mayo de 1932, cuando se firmó el acta fundacional al inaugurarse la oficina de correos y telégrafos, el primer servicio público de la comunidad. En 1971, la península de Quetrihué, con su excepcional bosque de arrayanes, fue separada del Parque Nahuel Huapi y constituida como Parque Nacional Los Arrayanes. Desde entonces, Villa La Angostura creció como uno de los destinos turísticos más codiciados de la Patagonia. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La provincia de los volcanes, los lagos y la araucaria: tierra pehuenche y mapuche del norte patagónico, capital mundial de los dinosaurios gigantes, corazón del shale de Vaca Muerta y puerta de la Ruta de los Siete Lagos.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Villa La Angostura estuvo a punto de llamarse 'Agustín P. Justo', pudo haber sido apenas un aserradero perdido entre lagos, y terminó convertida en el 'Jardín de la Patagonia'. Pero mucho antes de los nombres, los colonos y los hoteles, la región del lago Nahuel Huapi ya era hogar de pueblos originarios que vivían de la caza, la pesca y la recolección en este territorio de bosques, lagos y montañas. El gran lago era una vía de comunicación y un eje de la vida de estas comunidades, en una zona de paso entre la Patagonia y la cordillera.
Entre los siglos XVIII y XIX se desarrolló el proceso conocido como araucanización: comunidades mapuches —originarias del otro lado de la cordillera de los Andes, en lo que hoy es Chile— fueron cruzando y estableciéndose en estos territorios, integrándose con los pueblos preexistentes y extendiendo su lengua y su cultura por la región. Los mapuches dejaron una huella profunda en la toponimia local, que todavía hoy se percibe en nombres como Quetrihué, Nahuel Huapi o Inacayal.
Esa presencia originaria es parte fundamental de la identidad de la zona. Topónimos de origen mapuche bautizan lagos, cerros y parajes, y recuerdan que estos paisajes, antes de ser un destino turístico, fueron durante siglos el hogar de pueblos que conocían cada rincón del bosque y del lago.
El nombre de Villa La Angostura nace directamente de la geografía del lugar. 'La Angostura' hace referencia al istmo angosto —la angostura— que une la península de Quetrihué con el continente: un cuello de tierra muy estrecho que se adentra en el lago Nahuel Huapi. Ese rasgo geográfico, tan particular, terminó dando nombre a todo el pueblo.
El área central de la localidad se concentró en torno al puerto del lago, en ese sector conocido como 'La Angostura' por el istmo de Quetrihué. A medida que el caserío crecía alrededor de ese punto, el nombre se fue imponiendo de manera natural, hasta quedar fijado de forma definitiva para la villa.
Una anécdota curiosa rodea el bautismo del pueblo: en su momento se barajó llamarlo 'Agustín P. Justo', en homenaje al entonces presidente de la Nación. Pero el propio mandatario, agradecido por el gesto, rechazó que una localidad llevara su nombre mientras él siguiera con vida. Así, el pueblo conservó el nombre que le había dado la propia tierra: La Angostura, por ese istmo estrecho que sigue siendo uno de sus rasgos más característicos.
A comienzos del siglo XX, la zona empezó a poblarse con nuevos habitantes. Familias criollas, pobladores mapuches e inmigrantes europeos fueron instalándose en el paraje, levantando establecimientos rurales y aserraderos que aprovechaban la madera de los bosques. La vida era dura y aislada, en una región de inviernos rigurosos y comunicaciones difíciles, pero la belleza del entorno y la riqueza de sus recursos atraían a los pioneros.
Entre los primeros colonos se recuerda a Federico Baratta, que se radicó en el paraje Correntoso —hoy parte de la villa—, y a figuras de gran empuje como el italiano Primo Capraro, considerado uno de los principales promotores del desarrollo de toda la región del Nahuel Huapi. Estos pioneros sentaron las bases de la economía y la sociedad locales, primero ligadas al campo y la madera, y más tarde al turismo.
La fundación oficial de Villa La Angostura se fija el 15 de mayo de 1932, cuando se firmó el acta fundacional al inaugurarse la oficina de correos y telégrafos, el primer servicio público de la comunidad. Aquel hito marcó el nacimiento institucional del pueblo y el comienzo de su lenta transformación de paraje rural y aislado en una de las localidades más queridas de la Patagonia.
El gran punto de inflexión para Villa La Angostura llegó con la creación del Parque Nacional Nahuel Huapi, en 1934. Bajo la dirección de Exequiel Bustillo, la institución impulsó un ambicioso plan de desarrollo que dotó a la región de infraestructura, caminos y servicios, y la proyectó como destino turístico. La zona, hasta entonces remota, empezó a transformarse poco a poco en un centro de atracción de visitantes.
El tesoro natural de la villa, sin embargo, ya estaba allí desde hacía siglos: el bosque de arrayanes de la península de Quetrihué. El arrayán es un árbol nativo andino-patagónico de corteza color canela, fría y lisa al tacto, que crece muy lentamente junto a ríos y lagos y puede superar los 15 metros de altura; en Quetrihué hay ejemplares de más de 600 años. Esa concentración de arrayanes centenarios es excepcional y casi única en el mundo.
Por su valor singular, el 11 de octubre de 1971, mediante la Ley 19.292, la península de Quetrihué fue separada del Parque Nacional Nahuel Huapi y constituida como Parque Nacional Los Arrayanes, dedicado a proteger ese bosque irrepetible. En torno a él floreció además una de las leyendas más conocidas del lugar: la que afirma que Walt Disney se inspiró en este bosque para la película Bambi. Diversas investigaciones la desmienten —Disney nunca habría estado allí—, pero la historia, junto con la 'casita de Walt Disney' del bosque, sigue viva como un atractivo turístico. Con el Parque Nacional como sello de identidad, Villa La Angostura terminó de consolidarse como uno de los destinos más codiciados de la Patagonia argentina.
Antes de que Villa La Angostura fuera un destino turístico, fue tierra de colonos. En 1902, una vez resuelta la cuestión de límites entre Argentina y Chile, el Gobierno nacional creó la Colonia Pastoril Nahuel Huapi y comenzó a entregar tierras a los pobladores bajo ciertas condiciones, con el doble objetivo de fomentar el asentamiento humano y afianzar la soberanía en una región hasta entonces remota, habitada por comunidades mapuches que vivían del pastoreo y del intercambio con Chile a través de los pasos cordilleranos.
Entre esos colonos llegó el italiano Primo Capraro, una de las figuras más determinantes en la historia temprana de la región del Nahuel Huapi. Capraro se dedicó primero a trabajar la tierra y montó un aserradero, aprovechando la riqueza forestal de la zona. Veinte años después de su llegada, en la boca del río Correntoso, levantó el primer emprendimiento turístico del área: un hotel pionero que anticipó lo que, décadas más tarde, se convertiría en la principal actividad económica de Villa La Angostura.
Los primeros turistas comenzaron a llegar a la zona hace casi un siglo, atraídos por los lagos, los bosques y la promesa de un paisaje alpino en el confín austral del continente. Ese turismo incipiente, sumado a la creación del Parque Nacional Nahuel Huapi en 1934 y a las obras impulsadas por Exequiel Bustillo, transformó gradualmente un paraje de colonos y aserraderos en uno de los destinos de montaña más consolidados y elegantes de la Patagonia, reconocible hoy por su arquitectura de piedra y madera de estilo alpino y por las rutas que la conectan con Bariloche y San Martín de los Andes.