Federación es la capital del relax termal del Litoral argentino: una ciudad moderna, arbolada y tranquila, a orillas del lago de Salto Grande, cuyo gran imán es su complejo termal, uno de los más visitados y prestigiosos del país. Miles de personas llegan cada año a sumergirse en sus piscinas de aguas mineralizadas y cálidas, en un entorno cuidado de jardines y verde, para descansar, relajarse y desconectar del trajín cotidiano.
La ciudad tiene, además, una historia tan singular como conmovedora: la Federación que se visita hoy es 'nueva'. La ciudad original quedó bajo las aguas del embalse formado por la represa binacional de Salto Grande en los años 70, y sus habitantes debieron trasladarse a una ciudad construida desde cero en tierras más altas. Esa epopeya de la mudanza dejó una marca profunda en la identidad federaense, que el visitante puede conocer a través de monumentos y museos.
Esta guía recorre lo esencial de Federación con mirada práctica y cálida: cómo disfrutar del complejo termal y el parque acuático, qué hacer en la ciudad y a orillas del lago, cuándo ir, dónde alojarse y comer, y cómo combinarla con otros destinos del río Uruguay. Federación es el destino ideal para una escapada de descanso, salud y bienestar en pleno Litoral.
La Federación original fue fundada en el siglo XIX a orillas del río Uruguay, en el noreste de Entre Ríos. En la década de 1970, la construcción de la represa binacional de Salto Grande (entre Argentina y Uruguay) y el embalse resultante obligaron a relocalizar por completo la ciudad: la vieja Federación quedó sumergida bajo las aguas y se construyó una nueva ciudad en tierras más altas, adonde se trasladó la población a fines de los años 70. Años más tarde, el 24 de noviembre de 1994, una perforación impulsada por el gobierno provincial en busca de agua termal —la primera exitosa de la Mesopotamia argentina, con asesoramiento de YPF— hizo brotar agua caliente del Acuífero Guaraní a más de 800 metros de profundidad; el parque termal se inauguró en 1997 y transformó a Federación en un gran centro termal y turístico. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La provincia mesopotámica entre el Paraná y el Uruguay: tierra de charrúas y minuanes, feudo del federalismo de Urquiza —el vencedor de Caseros—, cuna de las colonias judías y suizas de la Argentina, de termas, palmares y del carnaval de Gualeguaychú.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Pocas ciudades del mundo pueden contar lo que cuenta Federación: es un mismo pueblo que se fundó tres veces, en tres lugares distintos. Y el hilo arranca con un apellido ilustre: en 1777, el comandante Juan de San Martín —el padre del Libertador José de San Martín— fundó la estancia y posta de Mandisoví, una parada del sistema de transporte de mercaderías entre los pueblos de las Misiones jesuíticas y el puerto de Buenos Aires. Ese caserío del noreste entrerriano fue el primer antepasado directo de la Federación actual.
El segundo capítulo llegó siete décadas después. A partir del 20 de marzo de 1847, por orden del gobernador Justo José de Urquiza, el poblado de Mandisoví fue trasladado y refundado a orillas del río Uruguay, con un nombre nuevo y cargado de política: 'Pueblo de la Federación', en homenaje a la causa federal que enfrentaba a federales y unitarios y de la que Entre Ríos era protagonista. Durante más de un siglo, esa Federación creció como una típica ciudad ribereña entrerriana: con su plaza, su iglesia, su puerto sobre el río y una vida ligada a la actividad agropecuaria, forestal y al comercio fronterizo con el vecino Uruguay. Generaciones de federaenses nacieron, vivieron y construyeron su identidad en esa ciudad a la vera del río.
Nada hacía prever que esa ciudad también desaparecería. Pero a mediados del siglo XX, un gran proyecto de infraestructura binacional —la represa de Salto Grande, sobre el río Uruguay, entre Argentina y Uruguay— pondría en marcha una transformación radical del territorio. El embalse que se formaría tras la represa cubriría vastas extensiones de tierra y, entre ellas, la ciudad de Federación. El destino de toda una comunidad quedaría sellado, otra vez, por una mudanza: la tercera y la más dolorosa.
La represa de Salto Grande, una obra hidroeléctrica binacional construida en la década de 1970 sobre el río Uruguay, fue concebida para generar energía y aprovechar el caudal del río compartido por Argentina y Uruguay. Pero su embalse implicaba inundar enormes superficies, y la ciudad de Federación quedaba dentro del área que sería cubierta por las aguas. La decisión fue inevitable: había que trasladar la ciudad entera.
Así comenzó una de las epopeyas urbanas más singulares de la Argentina. Se construyó una nueva Federación en tierras más altas, a poca distancia, con su nuevo trazado, sus calles, sus casas y sus servicios. La ciudad nueva se inauguró oficialmente el 25 de marzo de 1979 —fecha que hoy lleva el nombre de su avenida principal— y la población fue relocalizada en un proceso cargado de emoción: las familias dejaban atrás sus casas de toda la vida, sus recuerdos, su iglesia, su paisaje, para empezar de nuevo en otro lugar. La vieja Federación quedó bajo las aguas del embalse, convertida en una ciudad sumergida.
Ese traslado dejó una herida y, a la vez, una identidad. La memoria de la vieja Federación —de lo que se perdió, de lo que quedó bajo el agua— se transformó en parte central del alma de la ciudad nueva, que la conserva en museos, monumentos y relatos. Federación es una de las poquísimas ciudades argentinas trasladadas por completo, y su historia es un testimonio conmovedor de cómo el progreso y las grandes obras pueden transformar de raíz la vida de una comunidad. La ciudad nueva, planificada y moderna, nació con la nostalgia de su predecesora hundida.
La nueva Federación, nacida del traslado, encontró un futuro inesperado bajo sus propios pies. A comienzos de los años 90, el gobierno provincial —bajo la gestión del gobernador Mario Moine— puso en marcha un programa para explorar el potencial termal del subsuelo entrerriano, y Federación fue elegida como uno de los puntos de perforación. Con asesoramiento técnico de YPF y una inversión de alrededor de 1,2 millones de dólares, se perforó el suelo de la ciudad en busca de agua caliente. El 24 de noviembre de 1994, a poco más de 800 metros de profundidad, brotó el agua termal: potable, mineralizada y a unos 42-43 grados, proveniente del gran Acuífero Guaraní, el mismo que alimenta las termas de Uruguay y Brasil. Fue la primera perforación termal exitosa de toda la Mesopotamia argentina.
Federación apostó por las termas, y el resultado superó las expectativas. En 1997 se inauguró el parque termal, el primero de Entre Ríos, que con el tiempo se convirtió en uno de los más reconocidos y visitados de la Argentina. La ciudad, antes conocida sobre todo por la épica de su mudanza, pasó a ser sinónimo de relax, salud y bienestar termal. El turismo trajo hoteles, restaurantes, servicios y miles de visitantes, transformando por completo la economía y el perfil de Federación.
A las termas se sumaron el parque acuático, el aprovechamiento turístico del lago de Salto Grande —con sus playas, su pesca y su náutica— y una infraestructura pensada para el descanso. Así, la ciudad que había nacido de una pérdida —la de la vieja Federación bajo las aguas— renació gracias a un don del subsuelo, las aguas termales. Hoy, Federación combina la memoria emotiva de su pasado sumergido con el dinamismo de un destino turístico próspero, en una de las historias de transformación y resiliencia más notables del Litoral argentino.
El éxito del complejo termal inaugurado a fines del siglo XX transformó por completo a Federación y, con ella, a buena parte de la provincia de Entre Ríos, que descubrió en las aguas termales un nuevo y poderoso recurso turístico. El modelo de Federación fue pionero: tras su hallazgo de 1994 y la apertura de su parque termal, otras localidades entrerrianas —Concordia, Colón, Villa Elisa, Chajarí, Gualeguaychú, La Paz, Concepción del Uruguay, San José— perforaron sus propios pozos y desarrollaron complejos termales, hasta convertir a Entre Ríos en el gran corredor termal de la Argentina.
Federación se consolidó como la cabecera de ese fenómeno. Su parque termal fue ampliando servicios e instalaciones, sumando piscinas, un parque acuático con toboganes y juegos de agua, áreas de spa y una infraestructura hotelera y gastronómica pensada para el visitante. La ciudad ordenó su crecimiento en torno al turismo de salud y bienestar, con calles arboladas, espacios verdes y la costanera sobre el lago de Salto Grande como complemento natural de las termas.
Hoy, Federación recibe a cientos de miles de turistas al año y figura entre los destinos termales más elegidos del país, especialmente para escapadas de fin de semana, vacaciones de invierno y descanso familiar. La ciudad celebra su identidad termal con eventos y festivales, y mantiene viva, al mismo tiempo, la memoria de la vieja Federación sumergida. Esa doble condición —la del dolor del traslado y la del renacimiento por las aguas— hace de Federación un caso ejemplar de resiliencia y reinvención, una ciudad que supo transformar una pérdida en un destino próspero y reconocido.