En el valle inferior del río Chubut, Trelew y Gaiman son el corazón vivo de la colonización galesa en la Patagonia. Aquí, los colonos que desembarcaron en 1865 en Puerto Madryn encontraron la tierra y el agua que buscaban, y levantaron pueblos, chacras, capillas y molinos que todavía conservan el sello de aquella cultura traída desde Gales. Recorrerlos es hacer un viaje en el tiempo, entre el té galés, la historia de los pioneros y los tesoros paleontológicos de la región.
Trelew —'pueblo de Luis', en galés, en honor a su fundador Lewis Jones— es la ciudad de servicios del valle y alberga uno de los museos más importantes de Sudamérica: el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF), donde se exhiben dinosaurios patagónicos como gigantescos titanosaurios y otros hallazgos extraordinarios. Es, además, la puerta de entrada aérea a toda la zona, incluida la cercana Puerto Madryn.
A pocos kilómetros, Gaiman es el pueblo galés por excelencia: tranquilo, arbolado y entrañable, famoso en todo el país por sus casas de té, donde se sirve el clásico té galés con tortas caseras y dulces según recetas heredadas de los primeros colonos. Sumadas a la cercana Punta Tombo —con su enorme colonia de pingüinos— y a la vecindad con la Península Valdés, Trelew y Gaiman completan uno de los rincones más singulares de la Patagonia atlántica: el de la Gales argentina.
Trelew y Gaiman nacieron de la colonización galesa del Chubut. El 28 de julio de 1865, alrededor de 150 colonos galeses desembarcaron en Puerto Madryn a bordo del velero Mimosa, huyendo de la pobreza y de la prohibición de su idioma en las escuelas británicas, en busca de un lugar donde preservar su lengua y cultura. Desde la costa marcharon hacia el valle del río Chubut, donde fundaron Rawson y desarrollaron, mediante un ingenioso sistema de riego, una próspera colonia agrícola. Gaiman fue uno de los primeros pueblos del valle (su ejido se delineó hacia 1874) y se consolidó como núcleo de la vida galesa, con sus capillas, su cementerio, su escuela y, con el tiempo, sus famosas casas de té. Trelew surgió a fines del siglo XIX ligada al ferrocarril: su nombre significa 'pueblo de Luis' en galés, en homenaje a Lewis Jones, impulsor del tren que en 1889 unió el valle con Puerto Madryn, facilitando el transporte de la producción al puerto. Trelew creció como centro comercial y de servicios del valle, mientras Gaiman conservó su perfil de pueblo galés tradicional. En el siglo XX, la región sumó la industria (en especial la textil-lanera), la fruticultura del valle y, más tarde, el turismo: la herencia galesa, las casas de té, Punta Tombo y sus pingüinos, y la paleontología, con el Museo Egidio Feruglio de Trelew como gran referente. Hoy, Trelew y Gaiman combinan historia, cultura galesa, ciencia y naturaleza, vecinas de Puerto Madryn y la Península Valdés. La historia completa está en nuestra página de historia.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
La historia de Trelew y Gaiman empieza, en realidad, en Gales. A mediados del siglo XIX, un grupo de galeses, empujados por la pobreza, por el fracaso de aspiraciones nacionalistas y, sobre todo, por el temor a perder su lengua frente al avance del inglés —impuesto en la vida pública y en las escuelas—, soñó con fundar una colonia en algún lugar remoto donde pudieran vivir libremente conservando su cultura. Tras explorar distintas opciones, eligieron la Patagonia argentina.
El 28 de julio de 1865, alrededor de 150 colonos galeses desembarcaron en Puerto Madryn, tras una larga travesía desde Liverpool a bordo del velero Mimosa. La costa que encontraron era árida y hostil, sin agua dulce a la vista. Comprendieron que para sobrevivir debían internarse hacia el sur, en busca del valle del río Chubut, del que tenían referencias como una tierra con agua y suelo cultivable.
Los hombres marcharon a pie hasta el valle, donde se les sumarían luego las familias. Allí, junto al río Chubut, fundaron Rawson y comenzaron a levantar la colonia. Los primeros años fueron durísimos: cosechas perdidas, hambre y aislamiento estuvieron a punto de hacer fracasar el proyecto. Pero los colonos perseveraron, y con ingenio y trabajo lograron domesticar el valle, sentando las bases de los pueblos que vendrían: entre ellos, Gaiman y Trelew.
La clave del éxito de la colonia galesa fue el agua. Tras varios años de cosechas fallidas, los colonos comprendieron que la lluvia escasa de la Patagonia no bastaba, y desarrollaron un ingenioso sistema de riego: canales que tomaban el agua del río Chubut y la distribuían por las chacras del valle. Ese sistema, pionero en la región, transformó el árido valle en una próspera zona agrícola.
Con el riego asegurado, la colonia floreció. El valle inferior del Chubut se cubrió de chacras de trigo y otros cultivos, y los galeses construyeron molinos harineros para procesar su producción. El trigo del Chubut llegó a ganar premios internacionales por su calidad. Alrededor de las chacras crecieron pueblos, capillas (las célebres 'capillas galesas' donde se reunía la comunidad), escuelas y cementerios, que dieron forma a una sociedad organizada y laboriosa.
Gaiman fue uno de los primeros pueblos del valle: su ejido se delineó hacia 1874 y se consolidó como uno de los núcleos más característicos de la vida galesa, con su arquitectura de ladrillo, sus capillas y, más tarde, sus casas de té. El valle galés —con Rawson, Gaiman, Dolavon y otros parajes— se convirtió así en una experiencia única de colonización en la Patagonia, que dejó una huella cultural todavía muy viva.
Mientras Gaiman se afirmaba como pueblo agrícola y centro de la vida galesa, Trelew nació más tarde y con otro perfil, ligado al ferrocarril. A fines del siglo XIX, para sacar la producción del valle hacia el mar, se construyó un ferrocarril que uniera la zona agrícola con Puerto Madryn, donde estaba el puerto. El tren se inauguró en 1889 y resultó decisivo para el desarrollo de la región.
En torno a la estación de ese ferrocarril surgió Trelew, cuyo nombre lo dice todo: significa 'pueblo de Luis' en galés, en homenaje a Lewis Jones, una de las figuras impulsoras de la colonia y del propio ferrocarril ('tre' es pueblo y 'lew' deriva de Lewis). La nueva localidad creció rápidamente como punto de carga, comercio y servicios, convirtiéndose con el tiempo en la ciudad más importante del valle inferior del Chubut.
Así quedaron definidos los roles que, en buena medida, las dos localidades conservan hasta hoy: Trelew como centro urbano, comercial y de servicios —y, más tarde, puerta aérea de la región—, y Gaiman como el pueblo galés tradicional, más pequeño y entrañable, custodio de la herencia cultural de los colonos.
A lo largo del siglo XX, la región fue cambiando y diversificándose. La inmigración no galesa, la actividad industrial —en especial la textil y lanera— y la fruticultura del valle modificaron el perfil económico, mientras la comunidad galesa mantenía vivas sus tradiciones: el idioma, las capillas, los coros, los eisteddfod (festivales de canto y poesía) y, por supuesto, el té galés.
Con el tiempo, esa herencia cultural se volvió también un gran atractivo turístico. Gaiman se hizo famosa en todo el país por sus casas de té, donde se sirve el clásico té galés con tortas y dulces según recetas heredadas de los colonos, y por su patrimonio histórico. Trelew, por su parte, sumó un atractivo de talla internacional: el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF), uno de los más importantes de Sudamérica, que exhibe los extraordinarios dinosaurios hallados en la Patagonia.
Hoy, Trelew y Gaiman combinan historia, cultura galesa, ciencia y naturaleza. Vecinas de Puerto Madryn y la Península Valdés, y base para visitar la colonia de pingüinos de Punta Tombo, forman parte de uno de los rincones más singulares de la Patagonia atlántica: la 'Gales argentina', donde el legado de aquellos colonos del Mimosa sigue echando raíces más de un siglo y medio después.
Junto a la historia de los colonos galeses y los dinosaurios patagónicos, Trelew guarda también un episodio trágico que marcó la historia política argentina del siglo XX: la Masacre de Trelew. El 15 de agosto de 1972, en plena dictadura de la autodenominada 'Revolución Argentina' encabezada por el general Alejandro Lanusse, veinticinco presos políticos de organizaciones armadas (ERP, FAR y Montoneros) protagonizaron una fuga del penal de máxima seguridad de Rawson, a pocos kilómetros de Trelew, y llegaron hasta el viejo aeropuerto de la ciudad con el objetivo de escapar hacia el Chile de Salvador Allende.
El plan se cumplió solo a medias: apenas seis fugados lograron abordar el avión que partió hacia Chile. Los diecinueve restantes, al ver frustrada la fuga, se entregaron a las autoridades militares bajo la promesa de que serían trasladados de regreso al penal de Rawson y que se respetaría su integridad. En cambio, fueron llevados a la Base Aeronaval Almirante Zar, en Trelew. En la madrugada del 22 de agosto de 1972, la guardia los sacó de sus celdas y abrió fuego contra ellos. Dieciséis de los diecinueve presos murieron fusilados; solo sobrevivieron Alberto Miguel Camps, María Antonia Berger y Ricardo René Haidar, gravemente heridos.
Durante décadas, el hecho fue presentado oficialmente como un intento de fuga frustrado, hasta que las investigaciones judiciales y los testimonios de los sobrevivientes establecieron que se trató de un fusilamiento planificado. Recién en 2012, casi cuarenta años después, la Justicia condenó a prisión perpetua a tres marinos responsables. Hoy, el viejo aeropuerto de Trelew funciona como Centro Cultural por la Memoria, y la ciudad recuerda cada 22 de agosto a las víctimas de lo que se conoce como la Masacre de Trelew, un antecedente temprano y brutal de la violencia estatal que la Argentina viviría a gran escala durante la dictadura de 1976-1983.