Mina Clavero es el corazón turístico del Valle de Traslasierra, del otro lado de las Sierras Grandes cordobesas, y posiblemente el destino con más agua de toda la provincia. La ciudad está surcada por tres ríos —el Mina Clavero, el Panaholma y el de Los Sauces— y por una infinidad de arroyos que tallan en la roca piletas naturales, toboganes y cascadas. No es casualidad que el río Mina Clavero haya sido elegido una de las Siete Maravillas Naturales de la Argentina: el agua es, acá, el gran protagonista del verano.
El pueblo es chico y se camina cómodo. Desde el puente central, en pocos minutos se llega a balnearios famosos como El Nido del Águila, donde paredones de hasta 22 metros encajonan el río y forman pozones profundos, o a sectores más tranquilos como Los Elefantes (también llamados Los Cajones) y La Toma, un verdadero parque acuático natural de ollas y toboganes de piedra. Es un destino pensado para el descanso en familia, con playas de arena, aguas frías y serranas, y una larga tradición de veraneo argentino.
Pero Mina Clavero es mucho más que río. Es base ideal para recorrer Traslasierra: a pocos kilómetros está Nono, con el sorprendente Museo Rocsen; el legendario Camino de los Túneles, una obra de ingeniería de los años 30 que cruza la Pampa de Pocho entre volcanes apagados y palmares; el Camino de las Altas Cumbres, que sube a la Pampa de Achala y al Parque Nacional Quebrada del Condorito; y los accesos al cerro Champaquí, el más alto de Córdoba. Río de día, sierra y rutas escénicas el resto del tiempo: esa mezcla hace de Mina Clavero un clásico que no pasa de moda.
La región del Valle de Traslasierra estuvo habitada por los comechingones (sus parcialidades locales, los tinquinas), que cultivaban la tierra con acequias y dejaron su huella en el nombre del lugar. Cuenta la tradición que la zona se llamaba Milac Navira, en alusión a un cacique de la zona, y que el nombre actual habría derivado de allí; otra versión sostiene que viene de una antigua 'Mina de Clavero', explotación minera ligada a la familia Clavero, apellido común en la comarca. Como paraje, Mina Clavero existe desde hace más de cuatro siglos, pero sin fecha cierta de fundación. En 1887 el Cura Brochero convenció a Doña Anastasia Fabre de Merlo de instalar la primera casa de huéspedes, gesto fundacional del turismo local; la municipalidad se creó en 1928 y el 11 de octubre —día del fallecimiento de Doña Anastasia, en 1946— se adoptó como fecha de la fundación espiritual y simbólica del pueblo. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La provincia mediterránea de las sierras y los ríos: tierra comechingona fundada por Cabrera en 1573, sede de la universidad más antigua del país y del gran legado jesuítico, cuna de la Reforma Universitaria y del Cordobazo, capital del turismo serrano y del cuarteto.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Mucho antes de que existiera el pueblo, el valle de Traslasierra —el que queda 'del otro lado' de las Sierras Grandes, mirando desde Córdoba— estaba habitado por los comechingones, el pueblo originario más extendido de las sierras cordobesas. En esta comarca vivían sus parcialidades locales, conocidas como tinquinas, que se asentaron en lo que hoy son Mina Clavero, Cañada Larga, Niña Paula y La Gloria. Eran agricultores: cultivaban la tierra en los lugares húmedos, abrían canales y acequias para regar, y sembraban maíz, zapallo, porotos, quinoa y camote. También criaban animales, practicaban la alfarería y, según la tradición, eran adoradores del sol y la luna. Su vínculo con el agua y con los ríos serranos marcó para siempre el carácter de este lugar.
De esa raíz indígena viene buena parte del misterio sobre el nombre. Se cuenta que la zona se llamaba antiguamente Milac Navira, en alusión a un poderoso cacique de la región, y que la traducción de ese nombre evocaba a las 'aguas turbulentas' o a la 'roca del agua creciente' —una descripción que cualquiera que haya visto el río encajonarse entre los paredones reconoce de inmediato—. Con el correr de los siglos, según una de las versiones, 'Milac Navira' se habría ido deformando hasta convertirse en 'Mina Clavero'. El nombre del pueblo guarda, entonces, el eco de sus primeros habitantes y del agua que lo define.
Hacia 1573, cuando la región del valle de Traslasierra todavía estaba habitada por los comechingones, llegaron las primeras expediciones españolas a explorar los pueblos y buscar minerales y tesoros. Pero, a diferencia de tantas ciudades argentinas que tienen un acta y una fecha de fundación, Mina Clavero existe como paraje desde hace más de cuatro siglos sin un día cierto de nacimiento. Durante mucho tiempo fue apenas un puñado de casas dispersas en un valle de ríos, lejos de los grandes caminos.
El gran impulso llegó de la mano de una figura muy querida en Córdoba: el Cura José Gabriel del Rosario Brochero, el célebre 'Cura Gaucho' de Traslasierra. Nacido el 16 de marzo de 1840 cerca de Santa Rosa de Río Primero, se ordenó sacerdote en 1866 y en 1869 fue nombrado cura vicario de todo el departamento San Alberto, un territorio de unos 10.000 habitantes que incluía Traslasierra entera. Se instaló en Villa del Tránsito —hoy Villa Cura Brochero, a pocos kilómetros de Mina Clavero— y con sus propias manos y el trabajo de sus feligreses construyó iglesias y capillas, levantó escuelas y abrió caminos entre las sierras. En la vejez contrajo lepra por su contacto con enfermos, a quienes visitaba y con quienes hasta compartía el mate, lo que lo dejó sordo y ciego antes de morir en 1914. Roma reconoció esa entrega: fue declarado venerable en 2004, beatificado en 2013 y canonizado por el papa Francisco el 16 de octubre de 2016, convirtiéndose en el primer santo nacido, criado y fallecido en la Argentina.
Fue este mismo cura quien, en 1887, convenció a Doña Anastasia Fabre de Merlo para que instalara en Mina Clavero una casa de huéspedes, la primera del pueblo, sembrando así la semilla de su vocación turística. Décadas después, el 1° de mayo de 1928 se creó la Municipalidad, dándole forma institucional a la comunidad. Y cuando Doña Anastasia falleció, el 11 de octubre de 1946, ese día quedó adoptado como fecha de la fundación espiritual y simbólica de Mina Clavero, en homenaje a la mujer que abrió las puertas del pueblo a los primeros viajeros.
Si algo define a Mina Clavero es el agua. El pueblo está surcado por tres ríos y una infinidad de arroyos, lo que lo convirtió, con el tiempo, en el destino con más cursos de agua de toda la provincia de Córdoba. El río Mina Clavero nace en las Altas Cumbres con aguas frías y cristalinas que descienden por la montaña; a la altura del pueblo se funden con las aguas más tibias del río Panaholma, que bajan desde la Pampa de Achala, y juntos dan origen a un tercer brazo, el río de Los Sauces. Esa red de cauces talló en la roca pozones, ollas, toboganes naturales y cascadas que son, hoy, los famosos balnearios del lugar.
A partir de aquella primera casa de huéspedes de Doña Anastasia, el veraneo fue creciendo. Las familias argentinas descubrieron las playas de arena, las aguas serranas y la frescura del valle, y Mina Clavero se transformó en uno de los grandes clásicos del turismo de río del país. Balnearios como El Nido del Águila —con sus paredones de hasta 22 metros—, La Toma y Los Elefantes se hicieron célebres. El reconocimiento mayor llegó cuando el río Mina Clavero fue elegido una de las Siete Maravillas Naturales de la Argentina, un sello que confirmó lo que los veraneantes ya sabían: que el agua es, acá, el verdadero tesoro.
La geografía de Traslasierra —un valle encerrado por la imponente muralla de las Sierras Grandes— hizo que llegar y salir de Mina Clavero fuera siempre un desafío. De ahí nacieron dos de las obras camineras más impresionantes de Córdoba. La primera es el Camino de los Túneles: una proeza de ingeniería emprendida en la década de 1930 para conectar la provincia de Córdoba con La Rioja, atravesando la montaña mediante cinco túneles excavados en la roca. Saliendo de Mina Clavero hacia Taninga, el camino (hoy RP28) cruza la Pampa de Pocho, una región sorprendente de palmares y volcanes apagados que asoman con sus conos erosionados, y ofrece vistas de cornisa que dejan sin aliento. En su entorno se conserva una porción del bosque nativo cordobés, con algarrobos, quebrachos y palmas caranday, y fauna como pumas, guanacos y más de un centenar y medio de especies de aves.
La segunda gran vía es el Camino de las Altas Cumbres, la ruta panorámica (RP34) que une Mina Clavero con el resto de Córdoba subiendo a la Pampa de Achala, el techo de las sierras. Sinuosa y de paisajes grandiosos, da acceso al nacimiento del río Mina Clavero —con su cascada de unos cien metros— y al Parque Nacional Quebrada del Condorito, donde planean los cóndores andinos. Estas rutas no son solo caminos: son, en sí mismas, atractivos turísticos que transformaron a Mina Clavero de aldea apartada en uno de los destinos serranos más visitados de la Argentina, y que cuentan, en cada curva y cada túnel, la historia del esfuerzo por vencer la montaña.
A pocos kilómetros, en el vecino pueblo de Nono, otra historia personal terminó de completar el mapa de atractivos de la zona. El francés Juan Santiago Bouchon, nacido en Niza en 1928 y formado en antropología y bellas artes en París, llegó a la Argentina en 1950 y se radicó en Nono en 1959. Diez años más tarde, el 6 de enero de 1969, inauguró en apenas 100 metros cuadrados el Museo Rocsen —Rocsen significa 'roca santa' en celta, nombre de una propiedad familiar perdida durante la Segunda Guerra Mundial—, donde empezó a volcar los objetos de sus viajes por el mundo. El museo nunca cerró un solo día hasta la muerte de Bouchon, el 1° de febrero de 2019, apenas semanas después de haber cumplido, el 6 de enero, sus primeros 50 años de vida ininterrumpida. Hoy administrado por la Fundación M. Rocsen que el propio Bouchon creó, reúne más de 65.000 piezas en más de cien temáticas distintas, y sigue siendo, junto al agua de Mina Clavero, uno de los grandes motivos para visitar este rincón de Traslasierra.