Potrero de los Funes es una villa serrana puntana enclavada en torno a un embalse rodeado de cerros, a solo 19 km de la capital de San Luis. Es uno de los paseos más populares de la provincia, célebre por su lago, su entorno natural y, muy especialmente, por el Circuito Internacional Potrero de los Funes, un autódromo único en el mundo que bordea el espejo de agua.
El embalse, formado sobre el río Potrero por uno de los diques más antiguos de Sudamérica, es el centro de la vida del lugar: invita a deportes náuticos, pesca, caminatas por su perímetro y a disfrutar del paisaje serrano. El famoso circuito que lo rodea —que recibió al Campeonato FIA GT y al TC2000, y hoy se recorre libremente como camino panorámico— es una atracción en sí misma, y la villa ofrece alojamiento, gastronomía y actividades de naturaleza en un entorno apacible. A pocos kilómetros, el Salto de la Moneda suma una cascada serrana de aguas cristalinas.
Esta guía recorre lo esencial de Potrero de los Funes: el lago y el circuito automovilístico, las actividades náuticas y de naturaleza, el Salto de la Moneda, los miradores y caminatas serranas, la cercanía con San Luis capital, los precios y la gastronomía a la orilla del agua. Un destino ideal para una escapada serrana relajada o una excursión de día desde la capital puntana.
Potrero de los Funes nació en torno a uno de los diques más antiguos de Sudamérica: la ley para construirlo se sancionó en 1855, el primer dique de 1860 fue destruido por una creciente, se reconstruyó en 1876 y en 1927 se reemplazó por la presa actual. Su nombre evoca a la familia Funes, pobladores de la zona desde tiempos coloniales. Apenas a 19 km de la capital, se consolidó como balneario y centro turístico provincial. Su fama mundial llegó con el circuito que bordea el lago: usado desde 1978, abandonado tras una tragedia en 1987 y reconstruido en 2008 como Circuito Internacional, recibió al Campeonato FIA GT (2008, 2010 y 2011) y al TC2000, hasta que un fallo judicial por contaminación sonora puso fin a las carreras. Hoy es un camino panorámico abierto al público. La versión completa está en la página de historia.
Leer la historia completa ↓La 'Puerta de Cuyo' entre la sierra y el llano: tierra de comechingones y ranqueles, aporte al Ejército de los Andes, patria del coronel Pringles, de las Sierras de los Comechingones y del cañón rojo de las Sierra de las Quijadas.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Hay un autódromo en el mundo donde, si un piloto se salía de trazada en la curva equivocada, no terminaba en la grava: terminaba en un lago. Ese lugar existe, está a 19 kilómetros de una capital de provincia argentina, y su historia es más extraña de lo que parece: fue pista de carreras, escenario de una tragedia, sede de un campeonato mundial y, finalmente, un camino panorámico donde cualquiera puede manejar hoy por el mismo asfalto que pisaron los GT1 más rápidos del planeta. Se llama Potrero de los Funes, y para entender cómo una villa serrana de San Luis llegó a figurar en el calendario del automovilismo mundial junto a Spa-Francorchamps hay que empezar mucho antes, por el agua.
Potrero de los Funes se ubica en un valle de las Sierras de San Luis, a unos 1.000 metros de altura, en una región de cerros graníticos y arroyos que fue habitada durante milenios por pueblos originarios —entre ellos grupos emparentados con los comechingones y huarpes— antes de la llegada española. El nombre lo dice casi todo: 'potrero' era un terreno serrano de pastoreo, y 'de los Funes' remite a la familia que ocupó estas tierras desde tiempos coloniales, cuando el valle se repartía entre estancias dedicadas a la cría de ganado en las faldas de las Sierras Puntanas.
Durante siglos fue eso: un paraje rural de paso, con ranchos dispersos, ganado y arroyos que bajaban de la sierra. Lo que transformó al valle para siempre fue una decisión tomada en 1855, cuando la provincia sancionó la ley para construir un dique sobre el río Potrero. Nadie imaginaba entonces que ese embalse terminaría rodeado por una pista de carreras homologada por la FIA.
El embalse de Potrero de los Funes no es un dique cualquiera: es uno de los más antiguos de Sudamérica. La ley que aprobó su construcción se sancionó el 9 de mayo de 1855, apenas dos años después de la Constitución Nacional, cuando Argentina todavía discutía su organización como país. El primer dique se levantó en 1860, en una época en la que las grandes obras hidráulicas eran una rareza absoluta en el continente. La montaña, sin embargo, no se dejó domar fácil: una creciente destruyó esa primera presa, que debió reconstruirse en 1876.
La presa definitiva llegó en 1927, cuando la estructura del siglo XIX fue reemplazada por el dique actual, que embalsa las aguas del río Potrero —alimentado por arroyos serranos como Los Molles y La Bolsa— en un espejo de agua de hasta 33 metros de profundidad. El resultado fue una postal inesperada en el paisaje puntano: un lago de montaña rodeado de cerros, a media hora de la capital provincial.
Ese lago cambió el destino del valle. Lo que era un paraje ganadero se convirtió, con el correr de las décadas del siglo XX, en el balneario predilecto de los sanluiseños: primero con pescadores de carpa y pejerrey, casillas de fin de semana y picnics familiares; después con hosterías, campings y cabañas. La villa creció abrazada al perímetro del lago, sobre el camino que lo rodea — un detalle urbanístico que décadas más tarde resultaría decisivo, porque ese anillo de asfalto de poco más de seis kilómetros tenía, sin que nadie lo hubiera planeado, la forma exacta de un circuito de carreras.
La idea de correr alrededor del lago se concretó en 1978, cuando el camino perimetral del embalse fue adaptado como circuito semipermanente de 6.206 metros. Durante casi una década, Potrero de los Funes recibió al automovilismo argentino en un escenario que no se parecía a ningún otro: las tribunas eran las laderas de los cerros, y el lago hacía de trampa natural para los errores de frenaje. El Turismo Carretera, la categoría más popular del país, corrió allí con multitudes que llegaban desde toda la región.
La fiesta terminó de golpe el 15 de agosto de 1987. Ese día, durante una fecha del Turismo Carretera, dos accidentes provocaron la muerte de dos espectadores y dejaron un piloto herido. La conmoción fue tal que el circuito se abandonó: el trazado volvió a ser simplemente el camino de la villa, y durante veinte años el automovilismo desapareció de Potrero de los Funes. El lago siguió atrayendo turistas —pescadores, familias, deportistas náuticos—, pero la pista quedó como un recuerdo incómodo.
El renacimiento llegó de la mano de la billetera provincial. A principios de 2008, el gobierno de San Luis —que venía invirtiendo fuerte en infraestructura turística y deportiva— encaró la reconstrucción total del trazado: diez meses de obra y 56 millones de pesos de entonces (unos 18 millones de dólares) para convertir el viejo camino en un circuito moderno de 6.270 metros, homologado por la Federación Internacional del Automóvil como grado 2, con capacidad para 52.000 espectadores. El 23 de noviembre de 2008 se inauguró el flamante Circuito Internacional Potrero de los Funes con una fecha histórica: el Campeonato FIA GT, el TC2000, la Fórmula Renault Argentina y la Copa Mégane, todos en un mismo fin de semana.
El debut internacional fue un golpe de efecto. Stéphane Ratel, el empresario francés organizador del Campeonato FIA GT, quedó tan impresionado con el escenario que ubicó a Potrero de los Funes entre los 'grandes circuitos del mundo', comparándolo con La Sarthe (Le Mans), Spa-Francorchamps y Mount Panorama (Bathurst). No era para menos: los Maserati, Ferrari, Lamborghini y Corvette del GT mundial corriendo entre cerros serranos, con el lago a metros del asfalto, produjeron algunas de las imágenes más espectaculares de la historia del automovilismo sudamericano.
El FIA GT volvió en 2010 y 2011, ya con estatus de Campeonato Mundial GT1 — las únicas fechas de ese mundial disputadas en Argentina. En paralelo, el circuito se convirtió en un clásico del calendario nacional: el TC2000 (luego Súper TC2000) corrió allí ininterrumpidamente entre 2008 y 2014, junto a la Fórmula Renault. Para la villa, el impacto fue enorme: cada fin de semana de carreras llenaba hoteles y cabañas de San Luis a Merlo, y el nombre Potrero de los Funes viajó por las transmisiones internacionales a todo el mundo.
Pero el mismo rasgo que hacía único al circuito —estar literalmente adentro de un pueblo, sobre sus calles— fue su condena. Los vecinos de la villa, que habían elegido Potrero justamente por su tranquilidad serrana, iniciaron acciones legales contra la provincia por la contaminación sonora y el impacto de los eventos en una zona declarada de descanso. La justicia les dio la razón: las carreras se acabaron. La última actividad de velocidad fue en 2018, y desde entonces el Circuito Internacional no puede usarse para competencias automovilísticas.
Más allá del asfalto y los motores, la identidad profunda de Potrero de los Funes está en el paisaje de las Sierras de San Luis, parte de las Sierras Pampeanas, una de las formaciones montañosas más antiguas del país. Estos cerros de granito, cubiertos de bosque nativo de molles, espinillos y churquis, guardan rincones que ningún campeonato mundial pudo eclipsar.
El más famoso es el Salto de la Moneda, una cascada de unos 15 metros que el arroyo labró sobre una quebrada de granito, desembocando en pozas cristalinas de hasta 5 metros de profundidad. Su nombre original era 'Salto Grande', pero la gente lo rebautizó por un fenómeno curioso: la mica de las rocas del fondo refleja el sol como si alguien hubiera arrojado monedas de plata al agua. Se llega tras un trekking de unos 3 kilómetros entre molles y helechos, siempre con guías habilitados, y en verano sus pozas son el mejor remedio contra el calor puntano.
Para los montañistas, el entorno ofrece desafíos mayores: el cerro Valle de Piedra (1.953 m), que se sube en una jornada siguiendo el arroyo Los Molles, y el cerro Retana (2.152 m), una de las cumbres más altas de las Sierras de San Luis, cuya travesía de un día completo regala vistas que van desde las Salinas del Bebedero hasta las Sierras de las Quijadas.
Hoy Potrero de los Funes vive una segunda vida serena: hoteles junto al agua —incluidas las suites flotantes vidriadas del Hotel Potrero, las primeras de Argentina, inauguradas en 2016—, kayaks y velas en el lago, parrillas con chivito puntano y un circuito mundialista convertido en el paseo panorámico más original del país. El pueblo que alguna vez rugió con los GT1 eligió, al final, el sonido del agua contra el granito. Y quizás por eso vale más que nunca la pena visitarlo.