Los Saltos del Moconá son una de las maravillas naturales más singulares de la Argentina: una falla geológica sobre el río Uruguay, en el este de la provincia de Misiones y en plena frontera con Brasil, que da origen a una cascada longitudinal única en el mundo. A diferencia de casi todas las cataratas, que cortan el río de orilla a orilla (de manera transversal), acá el agua cae a lo largo del cauce, paralela al río, formando una pared de agua que se extiende por varios kilómetros. Del lado brasileño los mismos saltos se llaman Salto del Yucumã.
El gran detalle a tener en cuenta es que los saltos no siempre se ven: dependen por completo del caudal del río Uruguay. Cuando llueve mucho y el río viene crecido, el agua tapa la falla y los saltos prácticamente desaparecen; cuando el río está bajo, la pared de agua emerge en todo su esplendor, con caídas que pueden ir de unos pocos metros hasta seis, ocho o incluso diez metros en aguas muy bajas. Por eso conviene viajar en época seca y consultar el estado del río antes de ir.
El parque está rodeado de selva paranaense, dentro del Parque Provincial Moconá y la enorme Reserva de Biósfera Yabotí. Para acercarse a la pared de agua se hacen paseos náuticos en gomón o lancha que remontan la corriente bordeando la falla, y hay senderos para caminar entre helechos arborescentes, tacuaras y árboles centenarios. El pueblo de acceso es El Soberbio, una localidad tranquila a orillas del río Uruguay desde donde salen las excursiones.
El nombre Moconá proviene del guaraní y suele traducirse como 'el que todo lo traga', en alusión a la fuerza del río al engullir el agua en la falla. Los saltos se formaron por una antigua fractura geológica en el lecho del río Uruguay y son compartidos con Brasil, donde se conocen como Yucumã. La historia geológica y cultural completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La provincia de la selva paranaense y la tierra colorada: hogar de las célebres reducciones jesuítico-guaraníes hoy Patrimonio de la Humanidad, de la yerba mate que pobló su monte y de las Cataratas del Iguazú, una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo.
Leer la historia de Misiones →Sin precios exactos: escala de $ (económico) a $$$$$ (lujo), con 2-3 opciones por categoría.
Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Imaginá un río que se cae dentro de sí mismo. No una catarata que corta el cauce de orilla a orilla, como el Iguazú o el Niágara, sino una pared de agua de casi 3 kilómetros de largo que corre paralela a la corriente, como si el río Uruguay se desdoblara y una mitad se desplomara sobre la otra. Eso son los Saltos del Moconá, y no existe otro fenómeno igual en el planeta: la cascada longitudinal más extensa del mundo, escondida en plena frontera entre la Argentina y Brasil.
Los saltos están en el este de la provincia de Misiones, dentro del departamento de San Pedro, rodeados por la selva paranaense del Parque Provincial Moconá y la Reserva de Biósfera Yabotí. Del lado brasileño, en el estado de Rio Grande do Sul, el mismo accidente recibe el nombre de Salto del Yucumã y está protegido por el Parque Estadual do Turvo. Lo extraordinario es la dirección en la que cae el agua: en casi todas las cataratas del mundo el río se corta de lado a lado y el agua cae de manera transversal al cauce; en Moconá ocurre lo contrario, el agua cae a lo largo del río, en sentido longitudinal, formando una pared de agua que acompaña la corriente durante kilómetros.
La explicación de este fenómeno está bajo el agua, en la geología del lecho del río Uruguay. En esta zona, el río corre sobre una gran falla o fractura geológica que, en lugar de cruzar el cauce de lado a lo ancho, lo recorre en sentido longitudinal. Esa fractura formó un escalón en el fondo del río: de un lado el lecho es somero, casi una plataforma de roca; del otro se abre un cañón profundo, que en algunos puntos alcanza unos 90 metros de profundidad y, según las fuentes, hasta cerca de 170 metros en los tramos más hondos.
El resultado es que el agua que viene corriendo por la parte baja del río 'cae' lateralmente hacia ese cañón a lo largo de toda la línea de la falla, en vez de hacerlo en un único frente transversal. Por eso, en lugar de una pared de agua que cruza el río, se forma una pared de agua que lo acompaña en paralelo durante kilómetros. La falla se extiende, del lado argentino, entre las desembocaduras del arroyo Yabotí y el río Pepirí Guazú, y es producto de movimientos geológicos muy antiguos sobre las coladas de basalto que forman la región.
Una particularidad que sorprende a muchos visitantes es que los Saltos del Moconá no se ven siempre: hay días, semanas e incluso meses en que prácticamente desaparecen. La razón es que todo depende del caudal del río Uruguay, que es muy variable y responde a las lluvias de toda la cuenca, aguas arriba, e incluso a la apertura de represas en Brasil.
Cuando llueve mucho y el río viene crecido, el nivel del agua sube por encima de la falla y la tapa: la pared de agua se aplana y los saltos casi no se distinguen, además de que el paseo náutico y hasta el ingreso al parque pueden suspenderse, porque el camino cruza arroyos como el Yabotí que se inundan. En cambio, cuando el río está bajo —típicamente en la época más seca del otoño y el invierno— la falla queda expuesta y los saltos se ven en todo su esplendor. La altura de las caídas también cambia con el caudal: con el río bajo pueden alcanzar entre 6 y 8 metros, e incluso llegar a unos 10 metros en aguas excepcionalmente bajas, mientras que con el río alto se reducen a apenas unos pocos metros o desaparecen. Por eso, para visitar Moconá no alcanza con elegir bien la temporada: conviene consultar el estado del río en los días previos.
El nombre Moconá proviene de la lengua guaraní, hablada por los pueblos originarios de la selva misionera. La traducción más difundida es 'el que todo lo traga' o 'el que todo lo engulle', en alusión a la fuerza con que el río parece tragarse el agua al precipitarse en la falla. Es un nombre muy gráfico: quien observa la corriente desaparecer en el escalón de roca entiende de inmediato esa imagen del río que devora el agua. A continuación, algunas precisiones sobre los nombres del lugar.
Los saltos están protegidos por el Parque Provincial Moconá, un área natural de la provincia de Misiones creada para conservar tanto el fenómeno geológico como la selva que lo rodea. A su vez, el parque se encuentra dentro de la Reserva de Biósfera Yabotí, una extensa área protegida de unas 250.000 hectáreas reconocida por la UNESCO, que resguarda uno de los últimos grandes bloques continuos de selva paranaense (o selva misionera) que quedan en la Argentina.
Este ambiente alberga una biodiversidad notable: árboles añosos, helechos arborescentes, tacuaras y lianas, además de fauna emblemática como el yaguareté, el puma, monos y una enorme variedad de aves, aunque ver a los grandes felinos es muy poco probable. Para el visitante, el parque ofrece un centro de visitantes, senderos interpretativos que se internan en la selva y los paseos náuticos que, cuando el caudal lo permite, remontan la corriente para acercarse a la pared de agua. La combinación de un fenómeno geológico único con la selva subtropical convierte a Moconá en uno de los destinos de naturaleza más especiales del Litoral argentino.
El pueblo que sirve de puerta de entrada a los saltos es El Soberbio, una localidad tranquila a orillas del río Uruguay, frente a Brasil, en el sureste de Misiones. Es una zona de colonización relativamente reciente, poblada a lo largo del siglo XX por inmigrantes y por familias rurales, con una fuerte impronta de la producción agrícola de la selva. El Soberbio es conocido como 'la capital nacional de las esencias' por su producción de aceites esenciales —citronela, menta y otras—, además de yerba mate y cultivos de chacra.
Durante mucho tiempo los saltos fueron casi inaccesibles, conocidos sobre todo por los pobladores de la zona y por aventureros. Con la creación del parque y la mejora —siempre relativa— de los caminos, Moconá se fue consolidando como destino turístico, aunque conserva un carácter agreste y poco masificado, muy condicionado por el clima y el caudal del río. Hoy El Soberbio vive en buena medida de ese turismo de naturaleza: ofrece alojamientos, lodges en plena selva, operadores de excursiones y paseos náuticos, en un entorno donde la frontera con Brasil, la selva paranaense y el río Uruguay se dan la mano alrededor de uno de los espectáculos naturales más singulares del planeta.