San Clemente del Tuyú es el primer balneario que aparece al recorrer la Costa Atlántica bonaerense desde Buenos Aires, y esa condición de 'puerta de entrada' le da un carácter único: acá conviven las playas de arena fina del mar abierto con los cangrejales, marismas y bañados de la Bahía de Samborombón, un humedal de importancia internacional (sitio Ramsar desde 1997). El resultado es un destino que ofrece mucho más que sol y playa: familias con chicos que vienen por Mundo Marino, pescadores que buscan corvinas en el muelle, observadores de aves que peregrinan a Punta Rasa y viajeros que descubren las únicas termas de la costa atlántica argentina.
El gran imán de San Clemente es Mundo Marino, el oceanario más grande de América del Sur, abierto en 1979, con shows de delfines y lobos marinos, túnel de tiburones y un centro de rescate de fauna marina que devolvió al mar a cientos de animales varados. Lo complementa Termas Marinas Park, un parque de aguas termales junto a la bahía que funciona todo el año y dentro del cual se alza el Faro San Antonio, una torre de hierro de 1892 fabricada en París y declarada Monumento Histórico Nacional. Fundado en 1935, el pueblo creció a ritmo pausado comparado con Mar del Plata o Pinamar, y conserva una escala humana y un ambiente familiar que los visitantes valoran.
La propuesta se completa con playas amplias de oleaje moderado —las del centro con balnearios equipados, las del norte más agrestes y tranquilas—, la rambla costera que se llena de vida en las noches de verano, la pesca deportiva de corvinas y pejerreyes, y las salidas de avistaje por la reserva de la bahía, donde vive una de las últimas poblaciones de venado de las pampas de la provincia. En enero y febrero el movimiento es intenso y conviene reservar alojamiento con anticipación; fuera de temporada, el pueblo adopta una calma ideal para descansar, pescar y disfrutar de las termas.
San Clemente del Tuyú tiene como fecha oficial de nacimiento el 23 de noviembre de 1935, día de la mensura y amojonamiento de los primeros lotes urbanos sobre tierras de la familia Leloir, en las antiguas estancias ganaderas del Tuyú (voz que en lengua indígena remite al barro o tierra blanda de la zona). Su desarrollo turístico despegó a mediados del siglo XX con la mejora de los caminos de la Costa, y se consolidó desde 1979 con la apertura de Mundo Marino, el oceanario más grande de Sudamérica. Mucho antes, en 1892, ya se había encendido en Punta Rasa el Faro San Antonio, fabricado en París y traído desarmado en barco, que guió durante más de un siglo la navegación en la entrada del Río de la Plata.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Hay un punto exacto sobre la costa bonaerense donde el agua dulce del Río de la Plata termina y empieza el mar abierto, y ese punto es Punta Rasa, en el extremo norte de San Clemente del Tuyú. Decenas de miles de aves playeras lo saben: cada año, viajando desde el Ártico hasta Tierra del Fuego, hacen escala exactamente ahí, en uno de los pocos lugares del planeta donde un río se convierte en océano de forma tan abrupta. San Clemente del Tuyú se ubica en el extremo norte de la costa atlántica bonaerense, en el Partido de la Costa, justo en ese punto donde el Río de la Plata se abre al mar abierto, en la zona de la Bahía de Samborombón. El topónimo 'Tuyú' proviene de la lengua de los pueblos originarios de la región pampeana y suele asociarse a la idea de un terreno bajo, anegadizo o barroso, lo que describe bien la geografía de bañados, médanos y albuferas de la zona.
Antes de la llegada de los europeos, la región pampeana estaba habitada por pueblos cazadores-recolectores, genéricamente vinculados a los querandíes en el ámbito bonaerense y, más al sur y al interior, a los grupos pampas y, posteriormente, tehuelches septentrionales. La franja costera de la Bahía de Samborombón, con sus bañados y su fauna, fue un territorio de tránsito y aprovechamiento estacional de recursos.
La Bahía de Samborombón, donde se inserta San Clemente, es uno de los humedales más importantes del país, hoy protegido por su valor para aves migratorias y por ser zona de cría del pejerrey y otras especies. Ese carácter de humedal y zona de transición entre el río y el mar marca toda la historia natural y humana del lugar.
Durante el período colonial y buena parte del siglo XIX, la región del Tuyú fue tierra de estancias ganaderas y de grandes extensiones de campo bajo, dedicadas a la cría de ganado en un entorno de bañados y pastizales. La presencia humana organizada más antigua del extremo del cabo es el Faro San Antonio, en Punta Rasa: una torre de hierro de 63 metros fabricada en París por la firma Barbier & Cía a partir de 1890, traída desarmada en barco, transportada en carretones tirados por bueyes y librada al servicio el 1 de enero de 1892 para guiar la navegación en el punto exacto donde el Río de la Plata se vuelve mar. Hoy es Monumento Histórico Nacional y sigue en funcionamiento.
El pueblo, en cambio, es mucho más joven de lo que su entorno sugiere. En 1934, la familia Leloir —dueña de las estancias de la zona— creó la sociedad 'Tierras de San Clemente S.R.L.' para lotear los llamados 'potreros de San Clemente', y ese mismo año don José Pereira instaló con su familia la primera proveeduría. La fecha oficial de nacimiento de San Clemente del Tuyú es el 23 de noviembre de 1935, día en que el agrimensor Juan Marchese realizó el acto formal de mensura y amojonamiento de los primeros lotes urbanos, en tierras donadas por Federico Leloir al Touring Club Argentino. Fue el primer loteo del entonces partido de General Lavalle destinado a balneario turístico.
Punta Rasa, en el límite norte de la localidad, es un sitio de enorme valor: allí confluyen el agua dulce y la salada, y es un punto clave en las rutas de aves migratorias que viajan entre el hemisferio norte y la Patagonia. Hoy es una reserva natural que protege ese ecosistema único.
El gran cambio para San Clemente llegó con el desarrollo del turismo de playa a lo largo del siglo XX. A medida que el balneario de masas se consolidaba en la Argentina —con Mar del Plata como faro—, la costa norte bonaerense empezó a loteares y a desarrollarse como destino accesible para la creciente clase media de Buenos Aires y el conurbano.
San Clemente del Tuyú quedó así en el inicio mismo de la llamada Costa Atlántica: es la primera localidad balnearia que se encuentra viniendo desde el norte por la Ruta 11, la puerta de entrada al cordón de balnearios que continúa con Las Toninas, Santa Teresita, Mar del Tuyú, Costa del Este, Aguas Verdes, La Lucila del Mar, San Bernardo y Mar de Ajó, entre otros. Su crecimiento estuvo ligado al turismo familiar de temporada.
En 1978 se creó el Partido de la Costa, separando estas localidades del antiguo partido de General Lavalle y dándoles una identidad administrativa propia, centrada por completo en el turismo de litoral atlántico. San Clemente se afianzó como una de las ciudades cabecera de ese nuevo partido.
El hito que dio a San Clemente del Tuyú proyección nacional fue la apertura de Mundo Marino, inaugurado a fines de la década de 1970. Concebido como un oceanario y parque de fauna marina, se convirtió con el tiempo en el mayor oceanario de la Argentina y uno de los más grandes de Sudamérica, con espectáculos de orcas, delfines, lobos marinos y pingüinos.
Mundo Marino transformó la economía de la localidad: dejó de ser solo un balneario familiar de playa para sumar un atractivo capaz de convocar visitantes durante buena parte del año, incluso fuera de la temporada estival. Generaciones de familias argentinas conocieron el mar y la fauna marina por primera vez en sus instalaciones.
Con el correr de las décadas, la institución fue incorporando un fuerte componente de conservación y rescate: la Fundación Mundo Marino se especializó en el rescate, rehabilitación y reintroducción de fauna marina varada en la costa atlántica, desde pingüinos hasta lobos marinos y tortugas. Así, el ícono turístico de San Clemente fue ganando también un rol científico y de protección de la fauna del litoral.
Detrás de los shows y las tribunas de Mundo Marino funciona, desde hace más de 40 años, una historia menos vistosa pero mucho más profunda: el Centro Provincial de Rescate y Rehabilitación de Fauna Marina, sostenido por la Fundación Mundo Marino. Desde sus primeros años de existencia, la institución enfocó buena parte de sus esfuerzos en la recepción y atención de aves y mamíferos marinos enfermos, empetrolados o varados a lo largo del litoral atlántico bonaerense, mucho antes de que la palabra 'sustentabilidad' formara parte del vocabulario turístico habitual.
El trabajo de campo es constante: una camioneta equipada recorre más de 25.000 kilómetros de playas por año, monitoreando la costa y respondiendo a los llamados de vecinos y guardavidas que reportan animales varados o en dificultades. A lo largo de su historia, el centro ha brindado asistencia a más de 10.500 animales silvestres, entre pingüinos magallánicos, lobos marinos, tortugas marinas y aves costeras. Uno de los cuadros más frecuentes es el llamado 'síndrome del pingüino varado': ejemplares juveniles que realizan su primera migración trófica y llegan a la costa con bajo peso, deshidratados, anémicos, hipotérmicos y con alto grado de parasitismo, producto del duro aprendizaje de cazar en el mar por primera vez.
El proceso de rehabilitación puede llevar semanas o meses de tratamiento veterinario, alimentación controlada y observación antes de que un animal esté en condiciones de volver al océano. Cuando eso ocurre, la liberación se convierte en una pequeña celebración para el equipo de veterinarios, cuidadores, voluntarios y estudiantes que participaron del proceso: en 2026, por ejemplo, once pingüinos magallánicos fueron devueltos al mar tras meses de recuperación. Esta faceta de rescate, poco visible para el turista que llega solo a ver los shows, es la que le da a Mundo Marino un rol que excede el entretenimiento: la convierte en una de las instituciones de conservación de fauna marina más activas de la Argentina, con un impacto que se extiende mucho más allá de las 14 hectáreas del parque.
Hoy San Clemente del Tuyú combina su perfil de balneario familiar con un componente naturalista cada vez más fuerte. Además de Mundo Marino, la zona ofrece la Reserva Natural Punta Rasa y la Bahía de Samborombón, paraísos para la observación de aves migratorias que atraen a observadores de todo el país. El Faro San Antonio, en Punta Rasa, sigue marcando el punto donde el río se hace mar.
La localidad cuenta también con otros atractivos turísticos como el complejo Termas Marinas, con su parque temático y mirador, y conserva sus playas amplias de aguas tranquilas, ideales para familias con chicos. Su ubicación en el inicio mismo de la Costa Atlántica la convierte en una base cómoda para recorrer las demás localidades del Partido de la Costa.
La identidad de San Clemente se construye así sobre tres pilares: el turismo de playa tradicional, el oceanario más grande del país y un entorno natural excepcional de humedales y aves migratorias. Esa mezcla de diversión familiar y naturaleza es lo que define al destino en la actualidad.