La Península Valdés es uno de los grandes santuarios de fauna marina del planeta y uno de los lugares más asombrosos de la Patagonia argentina. Esta enorme península de la costa de Chubut, unida al continente por el istmo Carlos Ameghino y abrazada por los golfos San José y Nuevo, fue declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco en 1999 por su excepcional concentración de mamíferos marinos y su rol clave en la conservación de especies amenazadas.
Sus aguas y sus costas son escenario de un espectáculo natural que cambia con las estaciones: la ballena franca austral que llega a reproducirse, las colonias de lobos marinos de un pelo, los elefantes marinos —cuya población aquí es la única reproductiva del continente americano—, los pingüinos de Magallanes y una rica avifauna. Y, como joya única en el mundo, las orcas que practican el 'varamiento intencional': se lanzan sobre la playa aprovechando las olas para cazar lobitos marinos, una conducta cultural transmitida de generación en generación.
Recorrer la península es atravesar una estepa de horizontes inmensos salpicada de salinas, acantilados y playas, donde la vida marina se concentra en miradores y reservas como Punta Norte, Caleta Valdés, Punta Delgada y la lobería de Punta Pirámide. Todo gira en torno a Puerto Pirámides, el único pueblo, desde donde parten los barcos de avistaje de ballenas. Naturaleza en estado puro, en uno de los destinos imperdibles del turismo argentino.
La Península Valdés es ante todo un tesoro natural, pero también tiene una rica historia humana. La estepa y las costas estuvieron habitadas durante milenios por los pueblos tehuelches, cazadores-recolectores de la Patagonia. El nombre 'Valdés' fue dado por el navegante Alessandro Malaspina en homenaje a Antonio Valdés, ministro de Marina de España, durante sus expediciones de fines del siglo XVIII; la zona fue escenario, además, de un efímero asentamiento español: el Fuerte San José, fundado en 1779 en el golfo San José, uno de los primeros establecimientos hispánicos en la costa patagónica, que funcionó hasta 1810, cuando fue destruido en un malón. Durante el siglo XIX y XX, la península se explotó sobre todo a través de la actividad salinera —de sus grandes salinas se extraía sal— y la ganadería ovina en grandes estancias, que todavía existen. El istmo que une la península con el continente lleva el nombre de Carlos Ameghino, hermano del célebre naturalista Florentino Ameghino, en homenaje a sus exploraciones en la Patagonia. El gran cambio llegó con la valorización de su fauna marina y la conciencia conservacionista: se crearon reservas para proteger ballenas, lobos, elefantes marinos y pingüinos, y en 1999 la Unesco la declaró Patrimonio Natural de la Humanidad. Hoy la Península Valdés combina estancias ganaderas, el pequeño pueblo de Puerto Pirámides y un turismo de naturaleza de fama mundial, cuidadosamente regulado para conservar este ecosistema único. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa →Corazón de la Patagonia atlántica y andina: tierra tehuelche y mapuche, escenario de la única gran colonia galesa de América, cuna del petróleo argentino en Comodoro Rivadavia, hogar de las ballenas de Península Valdés y del bosque milenario de los Alerces.
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