Cómo se habla de verdad en Nueva Zelanda
36 expresiones que en los libros de texto no están: qué significan, cómo se pronuncian y cuándo usarlas.
El inglés neozelandés tiene dos capas y las dos te frenan. La primera es la vocal. Nueva Zelanda subió las vocales cortas un escalón: «pen» suena a «pin», «bed» a «bid», y la i de «fish» se fue al centro de la boca, así que «fish and chips» le suena a «fush and chups» hasta a un australiano. Si el cajero te dice «ten» y vos escuchás «tin», no te volviste sordo: está pasando eso. La segunda capa es el te reo māori, y acá tenés ventaja sobre cualquier angloparlante. Kia ora, whānau, kai, aroha o mahi no son folklore de postal: están en la radio, en los mails del laburo y en los carteles del hospital. Y se pronuncian con cinco vocales iguales a las del español, con la r de «para» y no la inglesa. Las trampas son tres: «wh» se dice casi siempre como una f (whānau es «fánau»), «ng» es el final de «sing», y el macrón sobre la vocal (ā, ē) la alarga, no la acentúa. Un argentino lee māori mejor que un inglés, y eso se nota el primer día. Y hay un tic de construcción que vas a copiar enseguida: la comparación cortada. «Sweet as», «cheap as», «easy as» no están incompletas. El «as» quedó solo y el final se perdió en el camino.
Los patrones que se repiten
Si entendés estas reglas, entendés palabras que no están en ninguna lista.
Jerga que se habla en toda Nueva Zelanda
Las que vas a escuchar en cualquier ciudad, desde el primer día. Si te aprendés solo estas, ya te desenvolvés.
La construcción viene de la comparación inglesa —«sweet as honey», «cheap as chips»—: en Nueva Zelanda se le cayó la segunda mitad y el «as» quedó solo. No está incompleta: así está terminada.
Es te reo māori literal: «kia» marca un deseo y «ora» es vida, salud. Palabra por palabra, el saludo dice «que tengas vida». Hace décadas que dejó de ser sólo māori: lo usa todo el país y aparece en avisos del Estado.
«Bro» es «brother» recortado, y lo neozelandés no es la palabra sino el alcance. Se asentó primero en el habla māorí y pasifika, y de ahí pasó a todo el país hasta volverse neutra: se dice a hombres y a mujeres, a conocidos y a desconocidos.
Se la explica como una reducción de «cheers» —que en Nueva Zelanda también sirve para agradecer—, y se asentó en el habla māorí y pasifika antes de generalizarse al resto. Como «cheers», sirve para agradecer y para estar de acuerdo.
La «she» no es ninguna mujer: el inglés de los dos lados del mar de Tasmania usó mucho tiempo el femenino para hablar de cosas y de situaciones. Donde otro inglés pone «it», acá se ponía «she».
En inglés estándar «choice» como adjetivo quiere decir «selecto, elegido entre los mejores» —de ahí los «choice cuts» de carne—. Nueva Zelanda le soltó el sentido y lo estiró a cualquier cosa buena.
Viene del oficio: era el compañero de trabajo, y en los barcos el segundo del capitán («first mate»). Llegó con el inglés de los colonos a los dos países, pero acá nunca ganó la pulseada: el lugar del tratamiento universal se lo quedó «bro».
Es te reo māori, y traducirlo por «familia» le saca la mitad: el whānau es el grupo extendido, los parientes y allegados con los que se comparten responsabilidades. Es la primera de las tres capas de la organización māorí, junto con el hapū (el clan) y el iwi (la tribu). Por eso aparece en leyes y en formularios.
Te reo māori para «comida». En el inglés neozelandés ya funciona como palabra propia: se combina con artículos ingleses («some kai») y se escribe en menús y en carteles de evento sin traducción al lado.
Te reo māori. «Aroha» cubre de una sola vez lo que el español reparte entre amor, compasión y empatía. «Aroha nui» es «mucho amor» y se usa para cerrar mensajes, en el lugar donde un argentino pondría «un abrazo».
Es māori y se desarma así: ao, nube; tea, blanca; roa, larga. De ahí «la tierra de la larga nube blanca». El nombre figura en la tapa del pasaporte neozelandés «Uruwhenua Aotearoa» y el debate sobre si debería reemplazar a «New Zealand» en todo lo demás está abierto y es político.
Lo que vas a escuchar en Auckland
Una muestra del libro de Auckland: las expresiones que más te van a servir ahí.
Hangi es a la vez el método y el pozo: la comida se cocina bajo tierra sobre piedras calentadas al fuego y tapada con hojas y tierra. Es cocina māorí anterior a la llegada de los europeos y sigue siendo la forma de darle de comer a mucha gente de una vez.
El postre se llama así por Anna Pávlova, la bailarina rusa que giró por Australia y Nueva Zelanda en los años veinte: alguien le puso su nombre a un merengue y quedó. Cuál de los dos países lo inventó es una pelea vieja y sin ganador.
Es palabra māori, y la batata llegó a Nueva Zelanda con los propios māoríes desde la Polinesia, siglos antes que los europeos: por eso el nombre polinesio le ganó al inglés «sweet potato», ya estaba acá. Hay además una discusión vieja entre lingüistas porque en quechua la batata se dice «kumar», y algunos ven ahí un rastro de contacto entre Polinesia y Sudamérica antes de Colón. No está resuelta.
El nombre quedó de cuando el negocio de la esquina vendía sobre todo leche y pan. Después vendió de todo y el nombre no se movió: por eso una «dairy» neozelandesa no tiene nada que ver con los lácteos.
Lo que vas a escuchar en Wellington
Una muestra del libro de Wellington: las expresiones que más te van a servir ahí.
No es exageración local: Wellington está pegada al estrecho de Cook, el embudo entre las dos islas por donde se encajona el viento del oeste. El apodo describe un dato de geografía, no una impresión.
El apodo se armó alrededor de Weta Workshop y de la industria que dejó Peter Jackson: los efectos y la postproducción de El Señor de los Anillos se hicieron en Wellington. Hubo incluso un proyecto de plantar un cartel estilo Hollywood en el cerro camino al aeropuerto, que se cayó por el rechazo de la gente.
Lo que vas a escuchar en Queenstown
Una muestra del libro de Queenstown: las expresiones que más te van a servir ahí.
Sale de los deportes de montaña: en escalada «to send» es completar una vía limpia, y se explica como un recorte de «ascend». De ahí pasó al esquí y al mountain bike, y en Queenstown terminó siendo el grito previo a cualquier salto.
Lo que vas a escuchar en Christchurch
Una muestra del libro de Christchurch: las expresiones que más te van a servir ahí.
El terremoto del 22 de febrero de 2011 mató a 185 personas y dejó el centro de Christchurch inutilizable. «The rebuild» es como la ciudad llama a todo lo que vino después, y se dice en presente porque todavía no terminó.
«Munted» ya existía en el inglés neozelandés con el sentido de arruinado o deformado, y el terremoto la convirtió en la palabra del momento: se usó para edificios, calles y cañerías, hasta en informes oficiales. De dónde sale antes de eso no está establecido.
La diseñó el arquitecto japonés Shigeru Ban, que viene trabajando con tubos de cartón en zonas de desastre desde los años noventa y ganó el premio Pritzker en 2014. Se levantó como catedral de transición porque la anglicana quedó destruida.
«Red zone» no es apodo: es la etiqueta oficial que el gobierno le puso al suelo donde no se podía volver a construir. Ahí el terreno se licuó —el subsuelo se comportó como un líquido— y se decidió no reconstruir: el Estado compró las casas y la zona quedó vacía.
Abrió en 2011 con containers de carga porque había que devolverle comercio al centro y todavía no se podía construir nada firme. Era provisorio, y de ahí lo copiaron ciudades de todo el mundo.
El nombre es literal: la organización nació después del terremoto para llenar con algo los terrenos que quedaron vacíos cuando se demolieron los edificios.
Cómo se habla en otros países
La misma palabra cambia de significado cruzando la frontera. Estas son las otras guías de jerga del sitio.