Cómo se habla de verdad en Alemania
18 expresiones que en los libros de texto no están: qué significan, cómo se pronuncian y cuándo usarlas.
El alemán tiene un estándar escrito —el Hochdeutsch— y después tiene lo que se habla, que cambia mucho más de lo que admite cualquier manual. Al norte de una línea que cruza el país se habla Plattdeutsch, el bajo alemán, que no es un dialecto sino una lengua distinta y está reconocida como tal. Por eso en Hamburgo escuchás «Water» donde el estándar dice «Wasser», y «maken» donde dice «machen». La razón es histórica: hubo un cambio de consonantes que se extendió del sur hacia el norte y nunca llegó arriba. Al bajo alemán le pasó lo mismo que al inglés y al neerlandés, que son sus primos, y de ahí que «Water» te suene conocido. Para el oído castellano hay tres obstáculos concretos, y ninguno es el vocabulario. Uno: la parte del verbo que lleva el significado se va al final, así que hasta que la frase no termina no sabés qué pasó. Dos: las palabras se pegan sin límite, y una palabra larguísima es en realidad cuatro cortas que hay que separar con el ojo. Tres: hay dos sonidos que el español no tiene, el de «ich» y el de «ach», y confundirlos cambia la palabra. Y una cosa práctica que vale más que cualquier regla de gramática: el saludo te ubica en el mapa antes que el acento. «Moin» es del norte, «Hallo» sirve en el centro, y en Baviera y Austria es «Grüß Gott» o «Servus».
Los patrones que se repiten
Si entendés estas reglas, entendés palabras que no están en ninguna lista.
Lo que vas a escuchar en Berlín
Una muestra del libro de Berlín: las expresiones que más te van a servir ahí.
Es una sílaba que no significa nada por sí misma: funciona como marcador de contacto. En el norte alcanza para un saludo entero, y la respuesta puede ser la misma sílaba con otra entonación. Es lo más parecido que tiene el alemán a un «¿y?» rioplatense.
Viene de «Dicker», gordo, usado como trato cariñoso entre amigos: exactamente el mismo mecanismo del «gordo» rioplatense. Se asentó en el habla juvenil de Hamburgo y de ahí se extendió a todo el país.
Es «Alter», el viejo, usado como vocativo, igual que el «che, viejo» del español. De tratamiento pasó a exclamación: hoy se puede decir «Alter!» sin dirigírselo a nadie, sólo para marcar sorpresa.
Viene del latín «crassus», grueso, espeso: la misma raíz del «craso» español, el de «error craso». En alemán pasó de «burdo, grosero» a «extremo», y de ahí al uso juvenil, que sirve para lo buenísimo y para lo espantoso.
Es la forma del norte, y no una deformación: el bajo alemán nunca hizo el cambio de consonantes que en el sur convirtió «ik» en «ich». Por eso el berlinés dice «ick», el neerlandés dice «ik» y el inglés dice «I»: es la misma palabra detenida en etapas distintas.
En origen significa «cachondo, excitado», y antes de eso, en alemán antiguo, lujurioso o exuberante. El uso juvenil lo vació tanto que hoy se dice delante de la abuela, aunque la abuela se acuerde perfectamente del sentido viejo.
Lo que vas a escuchar en Baviera
Una muestra del libro de Baviera: las expresiones que más te van a servir ahí.
Es la fórmula «grüße dich Gott», que Dios te salude: un saludo católico del sur de Alemania y de Austria. La frontera no es de acento sino de religión e historia —el norte es mayoritariamente protestante y nunca lo usó—, y por eso suena rarísimo en Hamburgo.
Es latín literal: «servus» es siervo o esclavo, y la fórmula completa era «servus humillimus», su humildísimo servidor. Es la misma cortesía que dejó el «servidor» del español antiguo. Se usa en Baviera, Austria y buena parte de Europa central: el mapa de la palabra es el del viejo Imperio.
Es bávaro puro: «mia» es el «wir» del estándar y «san» es «sind». Es el lema del Bayern de Múnich y funciona como declaración de identidad: no dice qué son, dice que son algo aparte.
Es «behüte dich Gott» —que Dios te guarde— comprimido hasta dejarlo en dos sílabas. La invocación religiosa sigue ahí abajo aunque nadie la oiga, exactamente como en el «adiós» del español.
Es «habe die Ehre», tengo el honor, dicho rápido: una fórmula de cortesía de la época del Imperio austrohúngaro que sobrevivió en Baviera y Austria. Hoy suena a otro siglo, y los jóvenes la usan medio en broma.
Es «geh weiter» —seguí caminando— en bávaro. La imagen es la misma que el «andá» rioplatense: mandás al otro a seguir su camino para decirle que no le crees nada.
Lo que vas a escuchar en Hamburgo
Una muestra del libro de Hamburgo: las expresiones que más te van a servir ahí.
Se explica como «Morgen» recortado, pero la versión que más convence es otra: viene de «moi», que en bajo alemán y en frisón significa bueno o lindo. El saludo sería «buen día» sin la parte del día, y eso explica por qué sirve a las once de la noche.
Es bajo alemán y no tiene equivalente exacto en el estándar: «schnacken» es charlar sin tema. El sustantivo «Klönschnack» pega dos palabras que significan casi lo mismo, que es lo que hace el alemán cuando quiere subrayar algo.
Es palabra del bajo alemán de Hamburgo y el origen se discute; una explicación repetida la liga a los inmigrantes que no entendían el Platt. Lo que no se discute es el criterio: no es un insulto, es una categoría, y se puede ser Quiddje durante veinte años.
Es una palabra compuesta, y la primera mitad es la clave: «Schiet» es la forma del norte de «Scheiße» —sin el cambio de consonantes del sur—. Por eso es más suave que su equivalente alemán: en Hamburgo «Schiet» se dice sin escandalizar a nadie.
Se relaciona con «tüdeln», enredar, hacer un nudo: estar «tüdelig» es estar enredado. La imagen es la misma del «hecho un nudo» del español, aplicada a la cabeza.
Es la palabra del bajo alemán y tiene un pariente incómodo: de la misma raíz salió el «Dirne» del alemán estándar, que terminó significando prostituta. Es algo que les pasó a varias palabras para «muchacha» en distintas lenguas; el bajo alemán la conservó neutra.
Cómo se habla en otros países
La misma palabra cambia de significado cruzando la frontera. Estas son las otras guías de jerga del sitio.