Cómo se habla de verdad en Noruega
18 expresiones que en los libros de texto no están: qué significan, cómo se pronuncian y cuándo usarlas.
Noruega tiene una particularidad que casi ningún país tiene: dos formas escritas oficiales del mismo idioma y ninguna forma hablada oficial. El bokmål —el que vas a ver en los diarios y en los carteles— salió del danés que se usó durante los siglos de unión con Dinamarca. El nynorsk lo armó en el siglo XIX un lingüista, Ivar Aasen, juntando los dialectos rurales para darle al país una lengua propia. Los dos son oficiales y los chicos aprenden los dos en la escuela. Lo que eso significa en la práctica: nadie habla «noruego neutro». Cada uno habla su dialecto en la radio, en la oficina y en la televisión, y a nadie se le corrige. Para el que está aprendiendo es la parte difícil, porque el noruego del curso y el noruego de tu jefe en Bergen pueden sonar bastante distinto. Lo demás juega a favor. El noruego, el danés y el sueco se entienden entre sí. La gramática es simple al lado de la alemana: no hay casos y los verbos no cambian según la persona —«jeg er», «du er», «han er»—. Y las palabras se arman pegando piezas, así que una palabra larga es un rompecabezas que se desarma: «kjempebra» es «gigante» más «bien». Y un detalle que conviene saber antes: casi todos los noruegos hablan muy buen inglés, así que las ocasiones de practicar noruego las vas a tener que buscar vos. No te las van a dar.
Los patrones que se repiten
Si entendés estas reglas, entendés palabras que no están en ninguna lista.
Jerga que se habla en toda Noruega
Las que vas a escuchar en cualquier ciudad, desde el primer día. Si te aprendés solo estas, ya te desenvolvés.
Es la misma palabra que el «hey» inglés y el «hej» danés, y las lenguas nórdicas la usan igual: repetida es más casual, y con «då» pegado atrás se vuelve despedida.
Viene de «kose», mimar, acurrucar: «koselig» es, literalmente, lo que da ganas de acurrucarse. Es la palabra noruega equivalente al «hygge» danés y al «mysig» sueco, y las tres describen lo mismo: el confort de interior en un país donde el invierno dura medio año.
Es la misma raíz del «thanks» inglés y del «danke» alemán. Lo noruego es la cantidad de fórmulas fijas que se armaron con ella: hay una para la comida, una para la visita anterior y una para el final del día.
Es una interjección y nada más, pero tuvo un destino raro: los emigrantes noruegos la llevaron a Minnesota y Dakota del Norte en el siglo XIX, y ahí sigue viva en inglés —en remeras, en calcomanías— entre descendientes que ya no hablan una palabra de noruego.
«Skål» es, literalmente, el cuenco: la misma palabra nórdica que le dio al inglés su «scale», el platillo de la balanza. Se brindaba con un recipiente, y el nombre del recipiente quedó como la palabra del brindis.
Es la misma palabra que el «Hütte» alemán y el «hut» inglés: la choza. Lo noruego no es la palabra sino la cantidad —hay cientos de miles de hytter en el país— y que tener una no se lea como lujo sino como normalidad.
«Kjempe» es el gigante, y como prefijo multiplica cualquier adjetivo: kjempegod, kjempefin, kjempestor. Es el recurso más usado del noruego para exagerar, y literalmente «kjempebra» es «gigante-bien».
El nombre es viejísimo y a la vez tiene cien años: la ciudad se llamó Christiania —después Kristiania— desde 1624, cuando el rey danés Christian IV la reconstruyó tras un incendio y le puso su propio nombre, y recuperó el de Oslo en 1925.
Fue el puerto hanseático de Noruega: el Bryggen que se visita era el barrio de los comerciantes alemanes de la Liga, que estuvieron ahí cuatro siglos manejando el comercio del bacalao seco. Ese alemán dejó marca en el noruego: muchas palabras del comercio y de los oficios entraron por ahí.
La llamaron «el París del Norte» a fines del siglo XIX, cuando los viajeros se sorprendían de encontrar tiendas y modas europeas tan al norte. Era además el puerto desde donde salían las expediciones al Ártico.
Fue ciudad de conservas de pescado hasta que en 1969 se encontró petróleo en el mar del Norte, en el campo Ekofisk. Eso cambió el país entero: el fondo soberano noruego, que hoy es el más grande del mundo, salió de ahí.
Fue la primera capital de Noruega y su nombre viejo era Nidaros, por el río Nid: de ahí el nombre de la catedral, que se levantó sobre la tumba de Olaf II y fue destino de peregrinación durante toda la Edad Media. El camino que llega hasta ahí se volvió a marcar y hoy se puede caminar.
Lo que vas a escuchar en Noruega
Una muestra del libro de Noruega: las expresiones que más te van a servir ahí.
No es queso en sentido estricto: es el suero —lo que sobra de hacer queso— hervido durante horas hasta que el azúcar de la leche se carameliza. De ahí el color marrón y el gusto dulce. La versión que se come hoy se le atribuye a Anne Hov, una granjera de Gudbrandsdalen que a fines del siglo XIX le agregó crema al suero.
«Laks» es una de las palabras más viejas de Europa: la misma que el «lax» sueco, el «Lachs» alemán y el «lox» del yiddish que llegó a Nueva York con los bagels. Y hay un dato que suele sorprender: el sushi de salmón es noruego de origen. Japón no comía salmón crudo hasta que Noruega hizo una campaña, en los años ochenta, para venderle el suyo.
Es «paquete de comida», y es casi una institución: el noruego se lleva el pan de casa al trabajo en vez de comprar afuera, y hay papel específico para envolverlo. No es tacañería: es la forma normal de almorzar.
Es literal: «får» es oveja y «kål» es repollo, con la «i» que los une. Se eligió plato nacional en votaciones públicas y tiene día propio, el último jueves de septiembre, que es cuando llega el cordero de la temporada.
El nombre es latín: «aqua vitae», agua de vida. Es la misma idea del «aguardiente» español y del «whisky», que es esa frase traducida al gaélico. El noruego se hace de papa, lleva alcaravea, y hay una tradición de madurarlo en barricas que cruzan el ecuador en barco.
Salió al mercado en 1980. Que una pizza congelada sea un símbolo nacional es un chiste que los noruegos hacen sobre sí mismos, y lo hacen seguido: forma parte del repertorio de autoironía del país, junto con el clima y el precio del alcohol.
Cómo se habla en otros países
La misma palabra cambia de significado cruzando la frontera. Estas son las otras guías de jerga del sitio.