Cómo se habla de verdad en Japón
26 expresiones que en los libros de texto no están: qué significan, cómo se pronuncian y cuándo usarlas.
La buena noticia para un hispanohablante: el japonés tiene cinco vocales y suenan casi como las nuestras. Un argentino pronuncia japonés mucho mejor que un inglés desde el primer día. Las trampas son otras dos. Una: la vocal larga es otra palabra —«koko» es acá y «kōkō» es la escuela secundaria—, y si no la alargás no te entienden. Dos: el japonés separa palabras por el tono y no por la fuerza del acento, y ahí no hay atajo: se aprende escuchando. Lo que de verdad te va a ocupar las primeras semanas no es el vocabulario sino el nivel. El verbo cambia de forma según con quién hablás: hay una forma llana para los amigos, una neutra con «-masu» y una de cortesía alta para el cliente y el jefe. La regla práctica es simple: si dudás, usá «-masu». Queda bien con cualquiera y no ofende a nadie. Y hay un detalle que a un latino le va a resultar familiar. Un montón de palabras japonesas de todos los días llegaron del portugués en el siglo XVI, cuando los portugueses fueron los primeros europeos en pisar el archipiélago: «pan» es el pan, «botan» es el botón, «tabako» es el tabaco. Y la palabra que más vas a usar si vas a laburar allá —«baito», el trabajo de medio tiempo— no viene del inglés: viene del alemán «Arbeit».
Los patrones que se repiten
Si entendés estas reglas, entendés palabras que no están en ninguna lista.
Jerga que se habla en todo Japón
Las que vas a escuchar en cualquier ciudad, desde el primer día. Si te aprendés solo estas, ya te desenvolvés.
Es Kansai-ben que se volvió nacional: salió de Osaka y hoy la usa un adolescente de Tokio sin saber de dónde viene. Se explica como una deformación de «mecha», que ya funcionaba como intensificador.
Literalmente es «no termina», «no queda saldado»: el verbo «sumu» es terminar o liquidarse, y la forma negativa dice que lo que hiciste por mí no queda pagado. O sea que la disculpa más usada de Japón es, en origen, una deuda que se declara abierta.
No empezó siendo un elogio: «sugoi» describía algo que daba miedo, que te ponía la piel de gallina. De «espantoso» pasó a «impresionante» y de ahí a «genial» —el mismo camino que hizo «terrible» en español—.
Viene de «kawayui», y antes de «kawohayushi»: la incomodidad de ver algo que da lástima. El punto de partida fue la compasión y no la ternura, y el parentesco todavía se ve: «kawaii» (lindo) y «kawaisō» (pobrecito) son primas hermanas.
«Maji» es «majime» recortado: serio, formal. Así que «maji de?» pregunta literalmente «¿en serio?», con la misma palabra que usa el español. Se explica como jerga que se asentó en los años ochenta.
Es «tsukare», el cansancio, con honoríficos adelante y atrás: literalmente, «su honorable cansancio». No se agradece el resultado del trabajo sino el desgaste que te costó, y eso dice bastante de cómo se mira el trabajo allá.
«Ukeru» es recibir, aceptar —el mismo verbo de recibir un golpe o dar un examen— y en la jerga pasó a significar «me pega», «me causa». Es la misma lógica del «me mata» del español.
Sale del go, el juego de tablero: ahí el «dame» es la casilla neutra, la que no le sirve a ninguno de los dos jugadores. De ahí salió el sentido de inútil, y de inútil pasó a la negación de todos los días.
Lo que vas a escuchar en Tokio
Una muestra del libro de Tokio: las expresiones que más te van a servir ahí.
Se escribe en katakana porque es préstamo: la palabra y el plato llegaron de China, y se los relaciona con los «lamian», los fideos estirados a mano. En Japón el plato se convirtió en otra cosa, pero el nombre delata el viaje.
Es la forma humilde del verbo recibir: «itadaku» es, en origen, levantar algo por encima de la cabeza. Y no se le agradece al que cocinó: se le agradece a lo que te vas a comer. Esa es la diferencia con el «buen provecho».
Se explica como una palabra del habla cortesana femenina, una de esas formas elegantes de la corte que después se generalizaron a todo el idioma. Hoy no tiene ninguna marca de registro: la dice cualquiera.
Es «convenience store» acomodado al sistema de sonidos japonés y después recortado, que es lo que le pasa a todos los préstamos largos. El mismo mecanismo da «pasokon» (personal computer), «sumaho» (smartphone) y «famiresu» (family restaurant).
Nació como método de conservación, no como cocina: el pescado se fermentaba entre arroz y el arroz se tiraba. El nombre se relaciona con «sui», ácido, que es a lo que quedaba sabiendo. El sushi que conocés —pescado fresco sobre una bola de arroz— es del siglo XIX y de Tokio.
Los tres caracteres lo explican enteros: «i» es quedarse, «saka» es sake y «ya» es local. El izakaya era la tienda de sake donde el cliente se quedaba a tomar en vez de llevarse la botella, y la comida llegó después.
Lo que vas a escuchar en Osaka
Una muestra del libro de Osaka: las expresiones que más te van a servir ahí.
Viene de «ōki ni arigatō» —muchas gracias— y Osaka le cortó la segunda mitad: quedó el «muy» y se fue el «gracias». Es el mismo mecanismo del «sweet as» neozelandés, que también se quedó con la primera parte de la frase.
Es «akanu», la forma negativa antigua del verbo «aku», abrirse o resolverse: lo que no se abre, no va. El Kansai conservó formas verbales viejas que el japonés estándar reemplazó, y ésta es una de las más usadas.
Es la versión de Kansai de «hontō ni», y no es una deformación: las dos se armaron sobre «hon», que es lo verdadero, lo auténtico, con una segunda parte distinta en cada caso.
Es «shiyō ga nai» comprimido: no hay manera de hacerlo. El estándar lo aprieta en «shōganai» y el Kansai lo aprieta un paso más. Y no es resignación triste: es la fórmula con la que se cierra un tema.
«Aho» y «baka» significan lo mismo y pesan al revés según el mapa: en Osaka «aho» es cariñoso y «baka» ofende; en Tokio es exactamente lo contrario. Es el caso de jerga regional más citado de Japón, y equivocarse se nota enseguida.
Es la forma de Kansai de «ikura», cuánto, y se relaciona con «nanihodo»: qué cantidad. Osaka fue durante siglos la ciudad de los comerciantes, y el habla local tiene eso marcado: preguntar el precio de frente no es mala educación, es el oficio.
Lo que vas a escuchar en Hokkaido
Una muestra del libro de Hokkaido: las expresiones que más te van a servir ahí.
Es «shitara» —entonces, en ese caso— con la terminación de Hokkaido. Sirve de despedida porque es la primera mitad de una frase que no se termina: «entonces…», y lo que sigue se da por sabido. El español hace lo mismo con «bueno…».
Es «dekai» con la consonante doblada, que es lo que hace Hokkaido para enfatizar: la doble alarga y agranda. El recurso existe en el japonés estándar —«sugoi» se vuelve «suggoi»— pero acá es la forma normal de la palabra.
Es «deshō» comprimido, la forma que pide confirmación, con la consonante doble de Hokkaido. Hace exactamente lo mismo que el «¿no?» rioplatense: cierra la frase buscando que el otro acuerde.
Las dos palabras son la misma: «kowai» viene de una raíz que significaba duro, rígido. Desde ahí el japonés estándar se fue para «aterrador» y Hokkaido se fue para «estar duro de cansancio». Cada una se quedó con una mitad del sentido original.
Es palabra de Hokkaido sin equivalente en el estándar y el origen se discute. Lo interesante es por qué existe: Hokkaido se colonizó recién en el siglo XIX con gente venida de todo Japón, y su dialecto es una mezcla de aportes del norte de Honshū más vocabulario propio que no viene de ninguna parte.
Donde el estándar dice «suteru» —tirar, descartar— Hokkaido dice «nageru», lanzar. No es un error: es otro verbo para la misma acción, y es uno de los rasgos que más rápido delata a alguien de la isla cuando se muda a Tokio.
Cómo se habla en otros países
La misma palabra cambia de significado cruzando la frontera. Estas son las otras guías de jerga del sitio.