Cómo se habla de verdad en Israel
24 expresiones que en los libros de texto no están: qué significan, cómo se pronuncian y cuándo usarlas.
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El hebreo moderno es un caso único en el mundo: una lengua que durante siglos se escribió y se rezó pero casi no se habló, y que volvió a hablarse a partir de fines del siglo XIX. Eso explica lo que vas a escuchar en la calle: el esqueleto es hebreo, pero el slang es casi todo prestado. «Yalla», «sababa», «walla» y «halas» son árabes. «Chutzpah» es yiddish. «Balagan» llegó del ruso. Y el vocabulario de tecnología y de trabajo es inglés con acento hebreo. Del sonido te van a costar dos cosas. Una: la «ch» de las transcripciones no es la nuestra. Es una fricativa de garganta, parecida a una jota bien marcada, y está en todas partes —chutzpah, Hanukkah, lechem (pan)—. Dos: el alfabeto va de derecha a izquierda y no escribe las vocales, así que leer un cartel es completar con contexto. Los primeros días vas a depender del oído más que de la vista. Y hay algo que no es idioma pero funciona como tal: la franqueza. Un israelí te dice lo que piensa sin envolverlo, te interrumpe y te pregunta cuánto ganás. No es mala educación ni esperan que te ofendas, y tiene nombre propio: «dugri», hablar derecho. Si contestás con rodeos, te van a volver a preguntar.
Los patrones que se repiten
Si entendés estas reglas, entendés palabras que no están en ninguna lista.
Jerga que se habla en todo Israel
Las que vas a escuchar en cualquier ciudad, desde el primer día. Si te aprendés solo estas, ya te desenvolvés.
Del árabe «yā Allāh», «oh Dios»: era una invocación y quedó como un «dale». Y acá hay algo lindo para un hispanohablante: el «ojalá» del español viene de la misma familia, de «in shā' Allāh». Las dos salieron del mismo lugar y terminaron en extremos opuestos del Mediterráneo.
Del árabe, aunque la palabra exacta de la que viene se discute. Lo que no se discute es el uso: hay una palabra hebrea para «excelente», «metzuyan», y suena a examen. «Sababa» suena a persona, y por eso le ganó.
Llegó del ruso «balagán», que era la barraca de feria, el teatrito ambulante donde todo era grito y desorden. Y el ruso la había tomado del persa «bālāḫāna», la habitación de arriba. O sea que la palabra que define a Israel pasó por Persia y por Rusia antes de llegar.
La raíz es hebrea —«ḥuṣpah», descaro— pero el camino es largo: pasó al yiddish, del yiddish al inglés de Nueva York y volvió al hebreo de todos los días con el matiz que le dejó el yiddish, donde el descaro puede ser un elogio.
Del árabe «wa-Allāh», «y por Dios»: era un juramento. Hoy sirve de pregunta y de confirmación, y el componente religioso desapareció del todo, igual que en el «te juro» del español.
Del árabe «khalaṣ», terminado, se acabó. Es una de las palabras árabes que el hebreo adoptó para las cosas que se dicen a los gritos: cortar una discusión, cerrar un tema, frenar a un chico.
Es hebreo literal: «aj» es hermano y la «i» final es «mi». Llamar hermano a cualquiera existe también en el árabe de la región y en el español rioplatense: tres lenguas distintas con la misma idea.
Viene del hebreo rabínico: en el Talmud «stam» marca lo que está dicho sin autor, de manera general o indeterminada. De ahí pasó a «sin razón, nomás, porque sí». La jerga más usada del país salió de la literatura religiosa.
Es una bendición literal, «bendito el Nombre», y lo interesante es quién la dice: también los seculares, como respuesta automática a «¿cómo estás?», sin ninguna intención religiosa. Es el mismo mecanismo del «gracias a Dios» del español.
«Con la ayuda del Nombre». Es la versión hebrea del «inshallah» árabe y del «si Dios quiere» español: las tres culturas del Mediterráneo oriental le ponen una condición divina a cualquier plan futuro, y las tres lo dicen sin pensarlo.
«Jazak» es «sé fuerte», y la fórmula viene de la liturgia: se le dice al que acaba de leer la Torá en la sinagoga. De ahí pasó a la calle, y hoy se usa para felicitar a cualquiera que terminó algo difícil.
«Hashem» es, literalmente, «el Nombre»: se usa para no pronunciar el nombre de Dios, que en la tradición judía no se dice. «Hakadosh Baruj Hu» es «el Santo, bendito sea». No son apodos cariñosos: son maneras de hablar de alguien sin nombrarlo, y la regla es de las más viejas del judaísmo.
Lo que vas a escuchar en Tel Aviv
Una muestra del libro de Tel Aviv: las expresiones que más te van a servir ahí.
«Ḥummuṣ» es, en árabe, simplemente «garbanzo». El nombre completo del plato es «ḥummuṣ bi-ṭaḥīna», garbanzo con tahini, y lo que en el menú figura como hummus es en realidad la versión corta. Se come en toda la región, y de quién es el plato se discute en serio.
El nombre es árabe y el plato es anterior al Estado de Israel. La versión más aceptada lo hace llegar desde Egipto, donde se hace con habas en vez de garbanzos y se llama «ta'amiya». En el Levante se pasó al garbanzo, y de ahí a la calle israelí.
El nombre viene del turco «çevirme», dar vuelta: es el mismo verbo que está detrás del «döner» turco y del «gyros» griego. Tres idiomas distintos describiendo exactamente el mismo movimiento, el del trompo que gira.
El nombre se relaciona con un verbo del árabe magrebí que significa mezclar o sacudir. El plato llegó con los judíos del norte de África —de Túnez y de Libia— y pasó de comida de casa a emblema del desayuno israelí.
La palabra es griega: «pita» es pan o torta, y de ahí pasó al turco, al árabe levantino y al hebreo. Hay una explicación que la emparenta con la «pizza» italiana por la misma raíz, y no está probada.
Del árabe «ṭaḥīna», del verbo «ṭaḥana», moler. O sea que la palabra no nombra el sésamo sino el acto de molerlo: es, literalmente, «lo molido».
Lo que vas a escuchar en Jerusalén
Una muestra del libro de Jerusalén: las expresiones que más te van a servir ahí.
«Kotel» es muro en hebreo, y el nombre completo es «HaKotel HaMa'araví», el Muro Occidental. Un detalle que casi nadie aclara: no es un resto del Templo en sí, sino parte del muro de contención de la explanada que lo sostenía, de la ampliación que hizo Herodes. Y «Muro de los Lamentos» es un nombre que pusieron los europeos: en hebreo no se usa.
«Shuk» en hebreo y «souq» en árabe son la misma palabra semítica, con la misma raíz, en dos lenguas hermanas. Pasa con cientos de palabras: es lo que hace que el hebreo y el árabe suenen parecidos aunque no se entiendan entre sí.
El nombre es latín, «camino doloroso», y el recorrido no es un dato arqueológico: se fue fijando entre los siglos XIV y XVIII, y las catorce estaciones se establecieron recién en ese período. Varias no están en los evangelios: la de la Verónica, por ejemplo, viene de la tradición.
«Al-Masjid al-Aqsa» significa «la mezquita más lejana», y el nombre sale del Corán, que menciona un viaje nocturno de Mahoma hasta ahí. «Haram al-Sharif» es «el noble recinto» y nombra el complejo entero, no un edificio. Ojo con una confusión muy común: la cúpula dorada no es la mezquita de al-Aqsa, es la Cúpula de la Roca, que es otra construcción.
Las denominaciones que lo comparten se rigen por el «statu quo», un acuerdo de 1757 reafirmado en 1852 que congeló todo como estaba. De ahí sale la escalera de madera apoyada en una cornisa de la fachada desde el siglo XVIII: nadie puede moverla, porque moverla sería un cambio.
El barrio quedó bajo control jordano en 1948, fue destruido, y después de 1967 Israel lo reconstruyó casi desde cero: por eso es la parte de la Ciudad Vieja que se ve nueva. En las excavaciones de esa reconstrucción apareció el Cardo romano y buena parte de lo que hoy se visita.
Cómo se habla en otros países
La misma palabra cambia de significado cruzando la frontera. Estas son las otras guías de jerga del sitio.

