Cómo se habla de verdad en Francia
18 expresiones que en los libros de texto no están: qué significan, cómo se pronuncian y cuándo usarlas.
El francés que te enseñaron y el que se habla en la calle se separan en tres puntos, y los tres se aprenden rápido. Uno: el «ne» de la negación desaparece. Nadie dice «je ne sais pas»; se dice «je sais pas», y en los mensajes se escribe así. Dos: «nous» casi no se usa. El «nosotros» de todos los días es «on», que se conjuga en tercera del singular: «on y va» es «vamos». Tres: las palabras se pegan y se comen el final. «Il y a» suena «ya», «je suis» suena «chui», «tu es» suena «t'es». Y después está el verlan, que es el rasgo más divertido del francés coloquial y el único que tenés que entender de verdad: se le dan vuelta las sílabas a la palabra. «Femme» da «meuf», «louche» da «chelou», «lourd» da «relou», «fou» da «ouf». El nombre del juego es el juego mismo: «l'envers» —el revés— dado vuelta queda «verlan». Y no es jerga de nicho: «meuf» y «ouf» las usa cualquier parisino de treinta y cinco años en una oficina. Fuera de París cambia lo que hay debajo. En Marsella hay provenzal —fada, minot, dégun— y en Lyon franco-provenzal, con ese «y» que reemplaza al «il». No son acentos: son lenguas que estuvieron ahí antes que el francés y que dejaron su vocabulario adentro.
Los patrones que se repiten
Si entendés estas reglas, entendés palabras que no están en ninguna lista.
Lo que vas a escuchar en París
Una muestra del libro de París: las expresiones que más te van a servir ahí.
Verlan de «femme»: se parte en dos y se da vuelta. Es el verlan más usado de todos y ya perdió el aire de código: la dice gente que no sabría explicarte qué es el verlan.
Verlan de «louche». Y «louche» en origen es el bizco, el de la mirada torcida: así que «chelou» arrastra, sin que nadie lo piense, la idea de algo que no te mira derecho.
Verlan de «lourd», pesado. Es la misma metáfora que usa el español cuando le dice «pesado» al que no te deja en paz: el peso como molestia.
Verlan de «fou». Y hay una casualidad perfecta: «ouf» es además el sonido del alivio en francés, el equivalente de nuestro «uf». Son dos palabras idénticas que no tienen nada que ver entre sí.
Es la galera, el barco de remos. La pena de galeras fue un castigo real en Francia hasta el siglo XVIII, y de ahí salió el verbo «galérer»: remar encadenado. Cuando un francés dice «c'est la galère» está usando una imagen que alguna vez fue literal.
«Taf» es el trabajo en argot y el origen se discute. La explicación más repetida lo hace venir de las iniciales de «travail à faire», y eso tiene toda la pinta de una etimología armada después del hecho. El verbo se construyó sobre el sustantivo, eso sí es claro.
Lo que vas a escuchar en Marsella
Una muestra del libro de Marsella: las expresiones que más te van a servir ahí.
Del provenzal «fadat», encantado por las hadas: la misma raíz del «fée» francés y del «hada» español, el latín «fata». Estar loco era estar tocado por las hadas, exactamente la idea que el español guarda en «encantado».
Del provenzal «minòt». Marsella conserva un montón de palabras del occitano, que era la lengua de la ciudad antes de que el francés la reemplazara: el acento marsellés y su vocabulario son lo que quedó de eso.
Del provenzal, como casi todo el vocabulario marsellés fuerte. No tiene traducción directa al francés estándar, y eso es justamente lo que la mantuvo viva: no hay otra palabra que haga el trabajo.
Del provenzal «degun», que viene del latín «nec unum»: ni uno. Es la misma construcción que el «ninguno» español y el «nessuno» italiano, armada por caminos separados a partir del mismo latín.
El origen se discute. La explicación más repetida la liga a las obreras que empaquetaban dátiles en el Marsella industrial, y no está probada. Lo que sí se puede seguir es el recorrido social: pasó de insulto de clase a etiqueta que algunas marsellesas usan con orgullo.
Se explica como un préstamo del español «chacharear», charlar, que llegó a Marsella por el Mediterráneo. «La tchatche» es la facilidad de palabra, y es de las cosas de las que Marsella se jacta.
Lo que vas a escuchar en Lyon
Una muestra del libro de Lyon: las expresiones que más te van a servir ahí.
Del franco-provenzal: «fena» es la mujer, del latín «femina», con el diminutivo que Lyon le pone a todo. Es palabra de la Lyon de los canuts y suena antigua incluso allá.
Es herencia del franco-provenzal, la lengua que se hablaba en Lyon, Saboya y la Suiza francófona antes de que el francés se impusiera: ahí el pronombre funcionaba así. No es un error del francés: es otra lengua asomando debajo.
Viene de una invocación religiosa del occitano, «bon Diéu», con el contenido gastado hasta no significar nada. Es el mismo recorrido del «ozú» andaluz, que era «oh, Jesús», o del «madre mía» español.
Eran los tejedores de seda de Lyon, y el nombre se explica por la caña del telar. Hicieron dos insurrecciones, en 1831 y 1834, que están entre las primeras revueltas obreras de Europa. El barrio de la Croix-Rousse se construyó con techos altísimos justamente para que entraran sus telares: la arquitectura todavía lo cuenta.
Es la palabra lyonnesa para la feria. La Vogue des Marrons de la Croix-Rousse es la más grande y cae en otoño, que es cuando se venden las castañas: el nombre lo dice.
Del franco-provenzal, igual que el «y» pronombre y que «fenotte». Son restos de la lengua que se hablaba en Lyon antes del francés, y sobreviven en las palabras que se usan todos los días.
Cómo se habla en otros países
La misma palabra cambia de significado cruzando la frontera. Estas son las otras guías de jerga del sitio.