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Historia del país

Historia de Brasil

Los pueblos originarios: doce mil años antes de Cabral

Mucho antes de que un europeo pusiera un pie en la costa, el territorio del actual Brasil estaba habitado por millones de personas repartidas en cientos de pueblos y decenas de familias lingüísticas. Las evidencias arqueológicas más antiguas, en sitios como la Serra da Capivara (Piauí), remontan la presencia humana a por lo menos doce mil años, y para algunos investigadores mucho más. Lejos de una masa homogénea, se trataba de un mosaico extraordinario: los especialistas calculan que en 1500 se hablaban en la región más de mil lenguas distintas.

En el litoral y a lo largo de los grandes ríos predominaban los pueblos tupí-guaraníes —tupinambás, tupiniquins, potiguaras, carijós—, agricultores y guerreros cuya expansión desde el corazón de la Amazonia se completó alrededor del año 1000 de nuestra era. Su lengua, el tupí antiguo, se convirtió en la 'língua geral' de los primeros siglos coloniales y dejó una huella imborrable en la toponimia brasileña: nombres como Ipanema, Paraná, Iguaçu, Maracanã o Guanabara son de origen tupí. En el interior del Planalto Central y del sertão vivían los pueblos del tronco macro-jê —kayapó, xavante, bororó—, y en la Amazonia decenas de pueblos arawak, caribes y tupíes organizados en torno a los ríos.

La arqueología de las últimas décadas derribó el viejo mito de una Amazonia 'vacía' e incapaz de sostener sociedades complejas. En la isla de Marajó, en la desembocadura del Amazonas, floreció durante casi mil años la cultura marajoara, célebre por sus refinadas urnas funerarias de cerámica policromada. En la región de Santarém prosperó la cultura tapajónica, y por toda la cuenca aparecen geoglifos, terraplenes, caminos y las famosas 'terras pretas': suelos oscuros y fértiles creados por la actividad humana continuada, prueba de una gestión sofisticada del ambiente a lo largo de siglos.

Ese mundo denso y diverso fue arrasado por la conquista. Las epidemias de viruela, sarampión y gripe traídas por los europeos, contra las que los indígenas no tenían defensas, mataron a la inmensa mayoría de la población nativa en pocas generaciones, mucho antes incluso de que llegaran los colonos. A ese colapso demográfico se sumaron la esclavización y las guerras. Hoy los pueblos indígenas siguen resistiendo —yanomami, kayapó, guaraní-kaiowá y tantos otros—, guardianes de una herencia que es la primera capa, la más profunda, de la identidad brasileña.

https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_precabralina_de_Brasihttps://es.wikipedia.org/wiki/Pueblos_tup%C3%ADes

El desembarco de Cabral, el palo brasil y las capitanías

El 22 de abril de 1500, la flota del navegante portugués Pedro Álvares Cabral, que se dirigía a la India, avistó el monte Pascoal en el actual sur de Bahía y desembarcó en las cercanías de Porto Seguro. Cabral tomó posesión de la tierra en nombre de la corona de Portugal y ofició una primera misa. El territorio ya había quedado, por el Tratado de Tordesillas de 1494 —que dividía el mundo entre Portugal y España—, dentro de la esfera portuguesa, lo que explica por qué Brasil es hoy el único país lusófono de América.

Durante las primeras décadas, la corona portuguesa, absorta en el lucrativo comercio de especias asiáticas, casi no se ocupó de la nueva tierra. La única riqueza que se explotó fue el palo brasil (pau-brasil), un árbol del que se extraía un valioso tinte rojo y que terminó dando nombre al país. La extracción se hacía por trueque: los portugueses intercambiaban espejos, cuchillos y herramientas de metal por el trabajo de los indígenas, que cortaban y transportaban la madera hasta las factorías costeras. Franceses y holandeses merodeaban esas mismas costas, disputando el negocio.

Para asegurar la posesión frente a esos rivales, la corona organizó a partir de 1534 la colonización efectiva. Dividió el litoral en quince capitanías hereditarias, extensas franjas de tierra concedidas a nobles y comerciantes portugueses —los capitães donatários— que debían poblarlas y defenderlas a su costa. El sistema fracasó casi por completo: solo dos capitanías, Pernambuco y São Vicente, prosperaron, mientras la mayoría sucumbió al hambre, los ataques indígenas y la falta de recursos.

Ante ese fracaso, en 1548 la corona creó un Gobierno General para centralizar la administración. El primer gobernador, Tomé de Sousa, desembarcó en 1549 y fundó Salvador de Bahía, que sería la capital de Brasil durante más de dos siglos. Con él llegaron los primeros jesuitas, encabezados por el padre Manuel da Nóbrega y, poco después, por el joven José de Anchieta: evangelizadores incansables, fundadores de São Paulo y São Luís, y defensores —a su modo paternalista— de los indígenas frente a la voracidad de los colonos.

https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Brasilhttps://pt.wikipedia.org/wiki/Hist%C3%B3ria_do_Brasil

El ciclo del azúcar, la esclavitud africana y los quilombos

La primera gran riqueza de Brasil fue el azúcar. En los engenhos del Nordeste —sobre todo en Pernambuco y Bahía, en la fértil franja costera del massapê— se levantó a partir del siglo XVI una economía de plantación que hizo de la colonia el mayor productor de azúcar del mundo. Era un sistema de una brutalidad extrema: en torno a la casa-grande del señor y la senzala de los esclavos giraba toda la vida social, en un régimen que el sociólogo Gilberto Freyre analizó en su clásico 'Casa-Grande & Senzala'.

Ante la resistencia de los indígenas y la mortandad provocada por las epidemias, Portugal recurrió masivamente a la trata atlántica de africanos. A lo largo de tres siglos, cerca de cinco millones de personas esclavizadas fueron traídas a Brasil —los estudios más citados calculan unos 4,9 millones de desembarcos—, lo que convirtió al país en el mayor destino de la esclavitud en toda la historia de América: recibió casi la mitad de todos los africanos que cruzaron el Atlántico. Venían de Angola, del Congo, de la Costa de Guinea, de las tierras yoruba y bantú, y de su sufrimiento y su cultura nació buena parte del alma brasileña.

De esa población africana surgieron los quilombos, comunidades de esclavos fugados que se organizaban en el interior selvático. El más célebre fue el Quilombo dos Palmares, en la Serra da Barriga de la actual Alagoas, que llegó a reunir a unas veinte mil personas y resistió durante casi un siglo a las expediciones enviadas para destruirlo. Su último gran líder, Zumbi dos Palmares, se convirtió en símbolo de la resistencia negra: cuando en 1694 las tropas del bandeirante Domingos Jorge Velho arrasaron el quilombo, Zumbi siguió luchando hasta caer en una emboscada el 20 de noviembre de 1695. Esa fecha es hoy el Día de la Conciencia Negra en Brasil.

La herencia africana es una de las matrices decisivas de la cultura brasileña: el candomblé y otras religiones de matriz africana, la capoeira —arte marcial disfrazado de danza—, la cocina del dendê, y los ritmos que serían la raíz del samba. Salvador de Bahía es hoy considerada la ciudad más negra fuera de África. Pero esa herencia convive con una desigualdad estructural que hunde sus raíces en la esclavitud: la población afrodescendiente, que es mayoritaria en el país, sigue siendo la más golpeada por la pobreza y la violencia, una deuda histórica que Brasil aún no termina de saldar.

https://es.wikipedia.org/wiki/Quilombo_de_los_Palmareshttps://pt.wikipedia.org/wiki/Quilombo_dos_Palmares

Los bandeirantes, el oro de Minas Gerais y la Inconfidência

Mientras el Nordeste vivía del azúcar, desde São Paulo partían hacia el interior las bandeiras: expediciones de exploradores mestizos, los bandeirantes, que se internaban durante meses o años en el sertão en busca de indígenas para esclavizar y de metales preciosos. Aunque su figura fue mitificada como la de los pioneros que expandieron las fronteras de Brasil mucho más allá de la línea de Tordesillas, los bandeirantes fueron también implacables cazadores de esclavos que destruyeron las reducciones jesuíticas del Guairá y del Tape.

A fines del siglo XVII, esa búsqueda dio por fin con su premio: los bandeirantes hallaron enormes yacimientos de oro en las 'minas generales' del interior, en la actual Minas Gerais. Se desató entonces la mayor fiebre del oro de la historia americana. Decenas de miles de personas —portugueses, esclavos africanos, aventureros de toda la colonia— acudieron a la región, y en pocas décadas surgieron ciudades ricas y refinadas: Vila Rica (hoy Ouro Preto), Mariana, São João del-Rei, Diamantina, Sabará. El descubrimiento de diamantes multiplicó la bonanza.

De aquella riqueza floreció una de las cumbres del arte colonial americano: el barroco minero, cuyo máximo exponente fue el escultor Antônio Francisco Lisboa, el Aleijadinho ('el lisiadito'), autor de los profetas de piedra jabón de Congonhas pese a la enfermedad que le deformaba las manos. El eje económico y demográfico de Brasil se desplazó del Nordeste azucarero hacia el sudeste minero, y en 1763 la capital se trasladó de Salvador a Río de Janeiro, más cercana a las minas.

La corona portuguesa gravaba el oro con impuestos cada vez más pesados —el 'quinto real'— y con la temida 'derrama', el cobro forzoso de los atrasos. Cuando el oro empezó a agotarse, el descontento de la élite minera estalló en 1789 en la Inconfidência Mineira, la primera gran conspiración por la independencia de Brasil, inspirada en la Revolución Americana y en la Ilustración. Descubierta y aplastada, la conjura tuvo un solo condenado a muerte: Joaquim José da Silva Xavier, un alférez apodado Tiradentes ('sacamuelas'), el más humilde del grupo. Fue ahorcado y descuartizado en 1792, y su cuerpo, exhibido en público como escarmiento. Con el tiempo se convirtió en el gran mártir y héroe de la independencia brasileña, y el día de su muerte, el 21 de abril, es feriado nacional.

https://en.wikipedia.org/wiki/Inconfid%C3%AAncia_Mineirahttps://es.wikipedia.org/wiki/Ouro_Preto

La corte en Río y la independencia de 1822

La historia de la independencia brasileña es singular en toda América. En 1807, las tropas de Napoleón invadieron Portugal, y en un episodio sin precedentes la familia real portuguesa entera —unas quince mil personas, con el príncipe regente Juan a la cabeza— huyó a través del Atlántico bajo escolta británica. En marzo de 1808, la corte se instaló en Río de Janeiro, que se convirtió durante trece años en la capital de todo el Imperio portugués: el único caso en la historia en que una colonia albergó a la metrópoli de un imperio europeo.

La presencia de la corte transformó a Brasil. El regente —luego rey Juan VI— abrió los puertos al comercio con las naciones amigas (sobre todo Gran Bretaña), fundó el Banco de Brasil, la Biblioteca Nacional, la Imprenta Regia, el Jardín Botánico y academias militares y de arte. En 1815, para elevar el estatus de la colonia, Brasil fue proclamado Reino Unido a Portugal y los Algarves. Río dejó de ser una capital colonial para convertirse en una verdadera capital imperial.

Cuando la Revolución Liberal de 1820 estalló en Oporto, las Cortes portuguesas exigieron el regreso del rey y pretendieron devolver a Brasil su antiguo estatus de colonia. Juan VI volvió a Lisboa en 1821 y dejó como regente a su hijo, el príncipe Pedro. Presionado por las Cortes para que él también volviera, Pedro se plantó: el 9 de enero de 1822, en el episodio conocido como 'Dia do Fico', declaró que se quedaba en Brasil. Fue el comienzo de la ruptura.

Los meses siguientes fueron de creciente tensión con Lisboa. El 7 de septiembre de 1822, mientras viajaba de Santos a São Paulo, Pedro recibió nuevas órdenes humillantes de las Cortes. A orillas del riacho Ipiranga proclamó entonces la independencia con el célebre grito 'Independência ou Morte!'. Brasil no se fragmentó como la América española: nació unido y como monarquía. Pedro fue coronado emperador Pedro I. Portugal reconoció la independencia recién en 1825, tras una compensación negociada con la mediación británica, y algunas provincias del norte y el nordeste resistieron con las armas antes de sumarse al nuevo Imperio.

https://es.wikipedia.org/wiki/Independencia_de_Brasilhttps://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_del_Brasil

El Imperio, el café y la abolición de la esclavitud

El Imperio de Brasil duró casi setenta años y fue el único caso de monarquía duradera en la América independiente. Pedro I, autoritario y enredado en la política portuguesa, abdicó en 1831 en favor de su hijo de apenas cinco años y volvió a Europa. Siguió un período turbulento de regencias, sacudido por rebeliones provinciales como la Cabanagem en Pará, la Sabinada en Bahía, la Balaiada en Maranhão y la larga Guerra de los Farrapos en Río Grande do Sul. Para frenar la fragmentación, en 1840 se adelantó la mayoría de edad de Pedro II, que a los catorce años asumió el trono.

Pedro II reinó casi medio siglo, hasta 1889, y dio al país una estabilidad institucional inusual en la región. Culto, austero y respetado, arbitró entre liberales y conservadores en un sistema parlamentario y convirtió a Brasil en una potencia sudamericana. Bajo su reinado, el Imperio venció junto a Argentina y Uruguay en la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay (1864-1870), el conflicto más sangriento de la historia de Sudamérica, que dejó al Paraguay devastado y fortaleció el peso político del ejército brasileño.

La economía se reorientó hacia el café, que hizo la fortuna del valle del Paraíba y luego del oeste de São Paulo, y convirtió a Brasil en el mayor productor mundial. Para reemplazar la mano de obra esclava se estimuló, a partir de la segunda mitad del siglo, una enorme inmigración europea —italianos, portugueses, alemanes, españoles— y más tarde japonesa. La gran cuestión del siglo, sin embargo, fue la esclavitud. Bajo presión británica y del creciente movimiento abolicionista —con figuras como Joaquim Nabuco, André Rebouças y José do Patrocínio—, la abolición se hizo por etapas: la ley Eusébio de Queirós de 1850 prohibió la trata; la Lei do Ventre Livre de 1871 liberó a los hijos de esclavas; la Lei dos Sexagenários de 1885 liberó a los mayores de sesenta años.

El golpe final llegó el 13 de mayo de 1888, cuando la princesa Isabel, regente en ausencia de su padre, firmó con una pluma de oro la Lei Áurea, que abolió por fin la esclavitud sin ninguna reparación ni tierra para los libertos. Brasil fue el último país de Occidente en dar ese paso. La medida, que dejó en la ruina a muchos terratenientes esclavistas, minó el ya escaso apoyo de la élite rural a la monarquía. Apenas un año y medio después, el 15 de noviembre de 1889, un golpe militar encabezado por el mariscal Deodoro da Fonseca depuso a Pedro II y proclamó la República. El emperador partió al exilio en Europa, donde murió en 1891.

https://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_del_Brasilhttps://pt.wikipedia.org/wiki/Lei_do_Ventre_Livre

La República Velha y la política del café con leche

La Primera República o República Velha (1889-1930) nació de un golpe militar, pero pronto quedó en manos de las oligarquías rurales. La Constitución de 1891 estableció un régimen federal y presidencialista inspirado en el modelo estadounidense, con voto restringido y a viva voz —quedaban excluidos analfabetos, mujeres y la mayoría de la población—, lo que garantizaba el dominio de las élites regionales.

El poder se organizó en torno a la 'política do café com leite', el acuerdo por el cual las dos oligarquías más poderosas —la de São Paulo, productora de café, y la de Minas Gerais, productora de leche— se turnaban en la presidencia. Ese pacto se sostenía en el 'coronelismo': en el interior, los grandes propietarios, los 'coroneles', controlaban el voto de sus dependientes mediante el clientelismo y la coacción, en el llamado 'voto de cabresto'. El presidente Campos Sales completó el sistema con la 'política dos governadores', un intercambio de favores entre el poder federal y los estados que blindaba a las oligarquías.

Fue una época de fuerte desigualdad y de estallidos sociales. En el sertão de Bahía, la Guerra de Canudos (1896-1897) terminó con la matanza de miles de seguidores del líder mesiánico Antônio Conselheiro por el ejército, una tragedia inmortalizada por Euclides da Cunha en 'Os Sertões'. En el sur estalló la Guerra do Contestado; en las ciudades, revueltas como la Revolta da Vacina en Río (1904) y la Revolta da Chibata de los marineros negros (1910) mostraban el malestar popular. La economía dependía por completo del precio internacional del café, sostenido artificialmente por el Estado mediante la compra de excedentes.

En los años veinte, el sistema empezó a resquebrajarse. El movimiento tenentista —jóvenes oficiales del ejército rebelados contra la corrupción oligárquica, entre ellos Luís Carlos Prestes y su legendaria 'Columna'— cuestionó al régimen con las armas. La Semana de Arte Moderna de 1922 sacudió la cultura con un nacionalismo estético renovador. Y el crac mundial de 1929 hundió el precio del café y con él a la vieja república: cuando la oligarquía paulista rompió el pacto e impuso a un candidato propio en 1930, el sur y el nordeste se levantaron. La Revolución de 1930 puso fin a la República Velha y llevó al poder a un político gaúcho llamado Getúlio Vargas.

https://es.wikipedia.org/wiki/Rep%C3%BAblica_Velhahttps://pt.wikipedia.org/wiki/Proclama%C3%A7%C3%A3o_da_Rep%C

La Era Vargas y el Estado Novo

Getúlio Vargas dominó la política brasileña durante un cuarto de siglo y marcó al país como ningún otro dirigente del siglo XX. Llegó al poder en 1930 por la vía revolucionaria, apoyado por los militares y las clases medias hartas de la oligarquía cafetera. Al frente de un gobierno provisional primero y de un gobierno constitucional después (1934-1937), impulsó la industrialización, la centralización del Estado y un fuerte nacionalismo económico, en abierta ruptura con el viejo modelo agroexportador.

En 1937, con el pretexto de una supuesta amenaza comunista, Vargas dio un autogolpe, disolvió el Congreso y los partidos e instauró el Estado Novo, un régimen autoritario y corporativista inspirado en parte en los fascismos europeos, que gobernó hasta 1945. Fue una dictadura con censura, policía política y culto a la figura del líder, pero también un período de intensa construcción estatal: se crearon la siderúrgica de Volta Redonda, la Compañía Vale do Rio Doce y numerosas empresas y organismos públicos que sentaron las bases de la industria pesada brasileña.

El gran legado social de Vargas fue el mundo del trabajo. En 1943 promulgó la Consolidação das Leis do Trabalho (CLT), que reunió y amplió una vasta legislación laboral: jornada de ocho horas, descanso semanal, vacaciones, salario mínimo, regulación del trabajo de mujeres y menores. Ese pacto entre el Estado y los trabajadores urbanos, sumado a una hábil propaganda, le valió el apodo de 'padre de los pobres' y dio origen al 'getulismo', una corriente populista de enorme y duradera influencia. En política exterior, Vargas alineó a Brasil con los Aliados y envió una Fuerza Expedicionaria a combatir en Italia durante la Segunda Guerra Mundial.

La paradoja de combatir al fascismo afuera mientras se mantenía una dictadura adentro se volvió insostenible: en octubre de 1945, los militares depusieron a Vargas y se abrió un período democrático. Pero el 'padre de los pobres' no se retiró: en 1951 volvió al poder, esta vez por el voto popular. Su segundo gobierno, marcado por el nacionalismo económico —fue él quien creó la petrolera estatal Petrobras en 1953 bajo el lema 'O petróleo é nosso'—, terminó en tragedia. Acorralado por una grave crisis política y por la presión militar para que renunciara, Vargas se suicidó de un tiro en el corazón en el Palacio del Catete el 24 de agosto de 1954, dejando una célebre carta testamento. Su muerte lo convirtió en mito y conmocionó al país.

https://en.wikipedia.org/wiki/Get%C3%BAlio_Vargashttps://es.wikipedia.org/wiki/Estado_Novo_(Brasil)

Desarrollismo, Brasilia y la dictadura militar

Tras la muerte de Vargas, Brasil vivió un intenso período de optimismo desarrollista. El presidente Juscelino Kubitschek (1956-1961) lanzó un ambicioso Plan de Metas bajo el lema '50 anos em 5' (cincuenta años en cinco): buscaba lograr en un lustro el progreso de medio siglo mediante grandes inversiones en energía, transporte e industria, atrayendo capitales extranjeros que dieron origen, entre otras cosas, a la industria automotriz. Fue la época de la bossa nova, del primer Mundial ganado en 1958 y de un país que se sentía en marcha hacia el futuro.

El símbolo máximo de ese impulso fue Brasilia. Cumpliendo un viejo sueño previsto ya en la Constitución de 1891, Kubitschek trasladó la capital al centro geográfico del país, al altiplano vacío del Cerrado, para integrar el vasto interior. La ciudad se construyó desde cero en apenas cuatro años, con un plan urbano en forma de avión trazado por el urbanista Lúcio Costa y una arquitectura monumental diseñada por Oscar Niemeyer. Inaugurada el 21 de abril de 1960, Brasilia es hoy el ejemplo más completo de urbanismo modernista del mundo y Patrimonio de la Humanidad.

El sueño se quebró pronto. La inflación, las tensiones sociales y la Guerra Fría radicalizaron la política. El presidente João Goulart, que impulsaba reformas de base —agraria, educativa, tributaria—, fue visto por la élite, la Iglesia, buena parte de la prensa y el ejército como una amenaza comunista. El 31 de marzo y el 1 de abril de 1964, un golpe militar lo derrocó e instauró una dictadura que gobernaría durante veintiún años, hasta 1985, apoyada por Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría.

El régimen endureció la represión de manera progresiva. El punto de inflexión fue el Acto Institucional Nº 5 (AI-5), decretado en diciembre de 1968, que cerró el Congreso, suprimió el habeas corpus, impuso la censura total e inició los 'anos de chumbo' (años de plomo): la etapa más brutal, con torturas, desapariciones y asesinatos de opositores. Paralelamente, entre 1968 y 1973, el país vivió el llamado 'milagro económico', con tasas de crecimiento cercanas al 11% anual y grandes obras de infraestructura como la Transamazónica, aunque a costa de una fortísima concentración del ingreso. La crisis del petróleo, el endeudamiento externo y el retorno de la inflación terminaron por erosionar al régimen, que inició una lenta 'distensión' y 'apertura' controlada desde mediados de los años setenta.

https://es.wikipedia.org/wiki/Bras%C3%ADliahttps://pt.wikipedia.org/wiki/Ditadura_militar_brasileira

La redemocratización, el Plan Real y el ascenso de Lula

El fin de la dictadura fue el resultado de una larga y creciente presión social. En 1979, una ley de amnistía permitió el regreso de los exiliados y la reorganización de los partidos y los sindicatos; en las huelgas del ABC paulista se destacó un joven líder metalúrgico, Luiz Inácio Lula da Silva, que fundaría el Partido de los Trabajadores (PT). En 1983 y 1984, la campaña 'Diretas Já' reclamando elecciones presidenciales directas llevó a las calles a millones de personas en la mayor movilización popular desde 1964.

Aunque la enmienda por el voto directo fue rechazada, la dictadura ya estaba agotada. En 1985, un colegio electoral eligió presidente al opositor civil Tancredo Neves, pero su muerte antes de asumir dejó el cargo a su vicepresidente, José Sarney, con quien comenzó la Nueva República. El proceso culminó con la Constitución de 1988, la 'Constitución Ciudadana', que consagró un amplio catálogo de derechos sociales, y con las primeras elecciones presidenciales directas en casi tres décadas, en 1989, ganadas por Fernando Collor de Mello.

La joven democracia arrancó con una hiperinflación crónica que llegó a superar el 80% mensual y devoraba los salarios. Collor cayó en 1992, destituido por corrupción tras un proceso de impeachment. La estabilización llegó con el Plan Real de 1994, diseñado por el ministro de Hacienda Fernando Henrique Cardoso, que introdujo una nueva moneda —el real— y domó por fin la inflación. Cardoso fue elegido presidente ese año y gobernó dos mandatos (1995-2002), con privatizaciones y estabilidad macroeconómica pero también con un fuerte costo social.

En 2002, tras tres derrotas electorales, Lula da Silva alcanzó por fin la presidencia: por primera vez, un obrero metalúrgico nacido en la pobreza del sertão nordestino llegaba al poder. Sus gobiernos (2003-2010) combinaron ortodoxia económica con potentes programas sociales —sobre todo la Bolsa Família—, que junto a un ciclo favorable de precios de las materias primas sacaron a decenas de millones de personas de la pobreza y ampliaron el consumo. Brasil ganó peso internacional como parte de los BRICS y se consolidó como una de las mayores economías del planeta. Lula dejó el poder en 2010 con altísima popularidad y su sucesora elegida, Dilma Rousseff, se convirtió en la primera mujer presidenta de la historia del país.

https://guides.loc.gov/brazil-us-relations/new-republichttps://es.wikipedia.org/wiki/Plan_Real

El Brasil del siglo XXI: potencia y contradicciones

El Brasil que entró al nuevo siglo era un gigante económico y una democracia consolidada, pero también un país de contradicciones profundas. Fue sede de la Copa del Mundo de fútbol en 2014 y de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016, dos grandes vidrieras internacionales. Sin embargo, esos mismos años trajeron una crisis política y económica de enorme magnitud que puso a prueba a sus instituciones.

El gigantesco escándalo de corrupción conocido como Lava Jato, que estalló en 2014 en torno a Petrobras y a las mayores constructoras del país, salpicó a buena parte de la clase política. En 2016, en medio de una severa recesión y una fuerte polarización, la presidenta Dilma Rousseff fue destituida mediante un controvertido proceso de impeachment, y asumió su vicepresidente Michel Temer. El propio Lula fue condenado y encarcelado en 2018 en el marco del Lava Jato, en un proceso judicial cuya validez sería después anulada por la Corte Suprema.

La polarización llevó al poder en 2019 al ultraderechista Jair Bolsonaro, cuyo gobierno se caracterizó por el conservadurismo en las costumbres, el debilitamiento de las políticas ambientales —con un fuerte aumento de la deforestación amazónica— y una gestión negacionista de la pandemia de COVID-19, que costó al país cientos de miles de muertos. En 2022, en unas elecciones tensísimas, Lula regresó a la presidencia por un estrecho margen, y su triunfo fue seguido, el 8 de enero de 2023, por un asalto bolsonarista a las sedes de los tres poderes en Brasilia que recordó a los ataques al Capitolio estadounidense.

Con más de doscientos millones de habitantes, cinco veces campeón mundial de fútbol y una cultura que irradia al mundo entero, Brasil sigue siendo la gran potencia de América Latina y una pieza clave del sur global. Pero carga con desafíos enormes: una de las mayores desigualdades del planeta, la violencia urbana, la deuda histórica con su población negra e indígena y, sobre todo, el destino de la Amazonia, cuya conservación se ha vuelto una cuestión decisiva para el futuro del clima mundial. Entre la selva y la megalópolis, entre la riqueza y la miseria, el gigante sudamericano sigue escribiendo, con su ritmo inconfundible, una historia que empezó hace milenios.

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