A diferencia de casi todo Brasil, el Piauí no fue poblado desde el litoral hacia el interior, sino al revés. Desde la segunda mitad del siglo XVII, vaqueros procedentes del Vale do São Francisco y de Bahía avanzaron hacia el norte en busca de pastos, siguiendo el curso del río Parnaíba, que da nombre y vida al estado. La ganadería extensiva fue durante siglos la base económica de esta tierra semiárida.
La figura clave de esa colonización fue Domingos Afonso Mafrense, apodado 'capitão Domingos Sertão', que llegó a acumular unas treinta haciendas ganaderas y, al morir, las donó en 1711 a los jesuitas, cuya labor fue decisiva en el desarrollo de la actividad pecuaria. El Piauí fue jurisdicción del Maranhão desde 1715 y se convirtió en capitanía propia en 1758, con Oeiras como primera capital.
Oeiras, en el interior sertanero, fue durante casi un siglo el centro político y religioso del Piauí, y conserva un notable patrimonio colonial y una intensa Semana Santa. Pero su ubicación mediterránea dificultaba el comercio.
En 1852, la capital se trasladó a una ciudad nueva y planificada junto al río Parnaíba: Teresina, bautizada en homenaje a la emperatriz Teresa Cristina, esposa de Pedro II. Teresina tiene la particularidad de ser la única capital del Nordeste que no está sobre el mar, y creció como nudo comercial entre el sertão y el litoral, aprovechando la navegación fluvial del Parnaíba.
El Piauí protagonizó uno de los pocos enfrentamientos armados de la independencia de Brasil. El 13 de marzo de 1823, en Campo Maior, milicias populares de piauienses, cearenses y maranhenses —muchos sin ninguna instrucción militar, armados con cuchillos y herramientas de labranza— resistieron a las tropas portuguesas del general João José da Cunha Fidié en la sangrienta batalha do Jenipapo.
Aunque fueron derrotados en el campo, la resistencia desgastó a las fuerzas lusitanas y aceleró la adhesión del Piauí y de todo el norte al Brasil independiente. La fecha es hoy conmemorada como símbolo del sacrificio popular en la emancipación nacional.
La economía histórica del Piauí, más allá del ganado, se sostuvo en la extracción de productos del sertão: la palma carnaúba —de cuyas hojas se obtiene una cera valiosísima, usada en la industria mundial— y el babaçu, cuyo coco daba aceite. Fue una economía dura, marcada por las sequías cíclicas que forjaron la cultura del vaquero, la fe popular y la resistencia frente a la adversidad.
Ese mundo sertanero dejó su huella en la literatura y en la música regional, y explica buena parte del carácter del piauiense: austero, tenaz y profundamente ligado a la tierra árida y a los grandes ríos que la atraviesan.
El gran tesoro del Piauí es el Parque Nacional Serra da Capivara, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1991. Sus cañones y abrigos rocosos guardan el mayor conjunto de pinturas rupestres de todas las Américas —miles de paneles con escenas de caza, danza, sexo y vida cotidiana— con antigüedades que superan los diez mil años.
Las excavaciones dirigidas por la arqueóloga franco-brasileña Niède Guidon, sobre todo en el sitio de la Pedra Furada, arrojaron dataciones que ella situó en torno a los 50.000 años, lo que reavivó —de forma polémica y aún debatida— la discusión científica sobre la antigüedad del poblamiento humano del continente. El parque cuenta hoy con un moderno Museo del Hombre Americano y es uno de los sitios arqueológicos más importantes del mundo.
En el extremo norte, el pequeño litoral piauiense se despliega en el delta del Parnaíba, el único delta en mar abierto de las Américas: un laberinto de más de setenta islas, brazos de agua, manglares y dunas que se comparte con el vecino Maranhão.
Recorrido en lancha entre la fauna de garzas, monos y guarás rojos, el delta forma parte de la 'Rota das Emoções', el circuito turístico que enlaza el Piauí, Ceará y Maranhão. Junto a la Serra da Capivara, hace del Piauí un estado de contrastes extremos: del árido sertão prehistórico a los húmedos manglares del delta.