El Pará fue la puerta de la conquista portuguesa de la Amazonia. El 12 de enero de 1616, Francisco Caldeira Castelo Branco fundó, cerca de la desembocadura del gran río, el fuerte que dio origen a Belém —inicialmente llamado 'Feliz Lusitânia'—, con la misión de defender la región frente a franceses, holandeses e ingleses que rondaban la costa. Desde allí, portugueses y misioneros remontaron el Amazonas, sometieron o esclavizaron a los pueblos indígenas y consolidaron el dominio luso sobre toda la cuenca.
Durante el período colonial, Belém y toda la Amazonia formaron el Estado do Grão-Pará e Maranhão, una unidad administrativa separada del resto de Brasil y vinculada directamente a Lisboa, orientada hacia el Atlántico Norte más que hacia el sur brasileño. La ciudad se convirtió en la gran metrópoli del norte y en el centro desde el cual se gobernó la Amazonia durante siglos.
El Pará fue escenario de una de las rebeliones más radicales y sangrientas de toda la historia de Brasil: la Cabanagem (1835-1840). Fue una revuelta de indígenas, negros esclavizados y mestizos pobres —los 'cabanos', llamados así por las humildes cabañas ribereñas en que vivían— contra las élites blancas y la lejana autoridad imperial. En el punto álgido del movimiento, los rebeldes llegaron a tomar Belém y a gobernar la provincia, un hecho excepcional en la historia latinoamericana.
La represión imperial fue brutal: se calcula que la guerra costó la vida a unas 30.000 a 40.000 personas, quizá una quinta parte de la población de la provincia. La Cabanagem es recordada como la única rebelión del Brasil imperial en que las capas más pobres de la población conquistaron efectivamente el poder, aunque fuera por poco tiempo, y sigue siendo un símbolo de la lucha popular amazónica.
A fines del siglo XIX y comienzos del XX, la fiebre del caucho —el látex del Hevea brasiliensis, indispensable para la industria del neumático— transformó a Belém, junto con Manaos, en una ciudad opulenta. El dinero del caucho financió una modernización deslumbrante: se levantaron el Teatro da Paz (1878), el Palacio Lauro Sodré, el Palacio Antônio Lemos, y se remodeló el mercado del Ver-o-Peso (en su forma actual, de 1901), a orillas del río Guamá, hoy considerado la mayor feria al aire libre de América Latina.
Belém adoptó los mangos que hoy sombrean sus avenidas, un urbanismo afrancesado y una vida cultural intensa, en plena selva. Cuando el caucho asiático hundió el mercado hacia 1912, la ciudad conservó ese legado arquitectónico como testimonio de su época dorada. Belém es hoy una metrópoli de más de un millón de habitantes y la gran capital cultural del norte de Brasil.
El Pará ofrece algunos de los paisajes más asombrosos de la Amazonia. La isla de Marajó, en la desembocadura del Amazonas, es la mayor isla fluviomarítima del mundo: una tierra de campos inundables, rebaños de búfalos —traídos, según la leyenda, de un naufragio—, comunidades ribereñas y la memoria de la sofisticada cultura marajoara, cuya cerámica milenaria es una de las más notables de la América precolombina.
Cerca de Santarém, en el punto donde el río Tapajós de aguas verdes se une al Amazonas, se encuentra Alter do Chão, con sus playas de arena blanca que emergen en la estación seca y que le valieron el apodo de 'Caribe amazónico'. A ello se suma una inmensa selva atravesada por ríos gigantescos, con parques nacionales y una biodiversidad extraordinaria, en un estado que combina el mundo fluvial con el atlántico.
La cultura del Pará es una de las más ricas y singulares de Brasil. Su gran manifestación es el Círio de Nazaré, la mayor procesión católica del país: cada octubre, millones de fieles acompañan la imagen de Nuestra Señora de Nazaré por las calles de Belém, en una de las mayores demostraciones de fe del mundo, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.
En la música, el Pará es cuna del carimbó —ritmo afroindígena de tambores— y del moderno tecnobrega y del guitarrada. Y en la mesa, su cocina de raíz indígena es de las más originales de Brasil: el tacacá con jambu (la hierba que 'adormece' la boca), el pato no tucupi, el açaí consumido salado con pescado y farinha, y el maniçoba. Belém, sede de importantes cumbres ambientales internacionales, se ha vuelto además un escaparate mundial del debate sobre el futuro de la Amazonia.