El litoral de Bahía fue el escenario del 'descubrimiento' de Brasil por los europeos: el 22 de abril de 1500, la flota de Pedro Álvares Cabral avistó tierra frente al monte Pascoal, en el actual sur del estado, cerca de Porto Seguro, iniciando la colonización europea de esta parte de América del Sur. Antes de esa fecha, la región estaba habitada por pueblos tupí, como los tupinambás, agricultores y guerreros de la costa.
Medio siglo después, en 1549, el primer gobernador general Tomé de Sousa fundó Salvador, en la bahía de Todos los Santos, para dar a la colonia un gobierno central. Salvador fue la primera capital de Brasil y la mantuvo durante más de dos siglos (1549-1763), siendo la ciudad más importante de la colonia, sede del gobierno, del obispado y del gran puerto atlántico.
La gran riqueza colonial de Bahía fue el azúcar, cultivado en el Recôncavo, la fértil franja de tierras que rodea la bahía de Todos los Santos. Desde el siglo XVI, la caña se convirtió en el producto central de la economía colonial: el Recôncavo se llenó de engenhos y se transformó en una de las regiones más pobladas y productivas de toda América portuguesa, exportando azúcar, tabaco y mandioca.
Ciudades del Recôncavo como Cachoeira y São Félix florecieron con este comercio, y el paisaje quedó dominado por la casa-grande del señor de ingenio y la senzala de los esclavizados. Esa estructura social —descrita magistralmente por Gilberto Freyre— marcó para siempre la cultura brasileña. El azúcar hizo de Bahía la joya económica del imperio portugués durante buena parte de los siglos XVI y XVII.
Bahía fue el gran puerto de entrada de la esclavitud atlántica: a lo largo de tres siglos llegaron cientos de miles de africanos, sobre todo de las culturas yoruba (nagô) y bantú. De esa herencia nació el corazón de la cultura afrobrasileña: el candomblé y sus orixás, la capoeira —arte marcial disfrazado de danza—, el acarajé de las baianas, el ritmo del axé y del samba de roda.
Salvador es hoy la ciudad más 'negra' de Brasil fuera de África, con la mayor población afrodescendiente del país. Su centro histórico, el Pelourinho, con sus casonas coloniales de colores e iglesias barrocas doradas, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985. En sus calles conviven la fe católica, el candomblé y una vitalidad cultural que ha dado al mundo músicos como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa y Dorival Caymmi.
Aunque Brasil proclamó su independencia el 7 de septiembre de 1822, en Bahía las tropas portuguesas resistieron atrincheradas en Salvador. La lucha, con episodios como la resistencia de la heroína María Quitéria, se prolongó casi un año, hasta que el 2 de julio de 1823 las tropas lusitanas evacuaron la ciudad. Esa fecha —y no el 7 de septiembre— es la gran fiesta cívica de los bahianos, que la celebran como el día en que la independencia se hizo efectiva con sangre y no solo con un grito.
A fines del siglo XIX, el interior sertanero fue escenario de una de las tragedias más célebres de la historia brasileña: la Guerra de Canudos (1896-1897). En el árido sertón, el predicador milenarista Antônio Conselheiro reunió a unos 30.000 seguidores en una comunidad autónoma que rechazaba la recién proclamada república. El ejército envió cuatro expediciones sucesivas hasta arrasar Canudos; la matanza fue inmortalizada por Euclides da Cunha en 'Os Sertões', obra fundacional de la literatura brasileña.
Tierra adentro se alza la Chapada Diamantina, la porción norte de la Serra do Espinhaço, un macizo de cañones, mesetas, cascadas y grutas. Su historia moderna comenzó en el siglo XIX, cuando el hallazgo de diamantes atrajo a buscadores, comerciantes y aventureros que fundaron pueblos como Lençóis, Mucugê y Andaraí. Aquellas villas garimpeiras vivieron un auge fugaz y hoy conservan un encanto decadente de casonas de piedra.
Agotados los diamantes, la Chapada se reinventó como uno de los grandes destinos de trekking y ecoturismo de Brasil, protegida en parte por el Parque Nacional de la Chapada Diamantina. El Morro do Pai Inácio, la cascada de la Fumaça —una de las más altas del país—, el Poço Azul y el Vale do Pati atraen a caminantes de todo el mundo a un paisaje de belleza sobrecogedora.
Con más de mil kilómetros de costa, Bahía ofrece algunas de las playas más famosas de Brasil. Al sur de Salvador se despliegan la isla de Tinharé, con Morro de São Paulo y la vecina Boipeba; la bohemia Itacaré, en la Costa do Cacau, entre selva atlántica y surf; y la Costa do Descobrimento, con Porto Seguro, Arraial d'Ajuda y la chic Trancoso, exactamente donde tocó tierra Cabral en 1500.
A todo ello se suma la cultura que irradia a todo el país: la cocina del dendê —moqueca, vatapá, caruru—, el Carnaval de Salvador, considerado la mayor fiesta de calle del mundo, con sus trios elétricos y sus bloques afro como el Olodum. Historia, mar y cultura hacen de Bahía uno de los estados más completos y emblemáticos de Brasil: literalmente, el lugar donde el país comenzó.