El Amapá, en el ángulo nororiental de Brasil, entre la desembocadura del Amazonas y la Guayana, fue durante siglos una frontera en litigio. Francia, instalada en la vecina Guayana, reclamaba el territorio, y a lo largo de los siglos XVII y XVIII portugueses y franceses se disputaron una tierra de selva, manglares y campos inundables habitada por pueblos indígenas y, más tarde, por comunidades quilombolas de esclavos fugados.
Antes de la llegada europea, la región tuvo culturas indígenas notables, como las que produjeron la cerámica marajoara y los sitios arqueológicos del norte amazónico —incluido el llamado 'Stonehenge del Amapá', el observatorio megalítico de Calçoene—, testimonio de sociedades complejas que habitaron estas tierras mucho antes de que se dibujaran las fronteras nacionales.
Para asegurar la posesión frente a los franceses, la corona portuguesa levantó la imponente Fortaleza de São José de Macapá, cuya construcción comenzó en 1764 y se concluyó en 1782. Fue la mayor obra lusitana de toda la Amazonia y una de las mayores fortificaciones coloniales de Brasil, con sus murallas de piedra y ladrillo apuntando hacia el gran río.
En torno a la fortaleza creció Macapá, que se convertiría en la capital del estado. La construcción de una obra de semejante escala en un lugar tan remoto muestra la importancia estratégica que Portugal atribuía a este vértice del imperio: quien controlara la desembocadura del Amazonas controlaba la puerta de toda la cuenca.
El diferendo con Francia por la frontera entre la Guayana Francesa y el Amapá —conocido como la 'Cuestión del Amapá' o del Contestado franco-brasileño— se prolongó durante el siglo XIX y estuvo a punto de derivar en conflicto armado. La disputa se sometió finalmente a arbitraje internacional, con el presidente de la Confederación Suiza como árbitro.
El 1 de diciembre de 1900, el laudo de Berna falló a favor de Brasil, gracias en buena medida a la brillante defensa diplomática del barón de Río Branco, que reunió una documentación histórica y cartográfica abrumadora. El fallo incorporó definitivamente al territorio brasileño unos 260.000 km² en disputa. Fue una de las grandes victorias de la diplomacia brasileña, que en pocos años —también con el Acre— consolidó por vías pacíficas las fronteras del norte del país.
En plena Segunda Guerra Mundial, por el Decreto-ley N.º 5.812 del 13 de septiembre de 1943, la región fue desmembrada del estado de Pará y constituida como Territorio Federal del Amapá. Poco después, en 1945, el descubrimiento de ricas vetas de manganeso en la Serra do Navio revolucionó la economía local: durante décadas, la minería de manganeso —explotada por la empresa ICOMI— fue la principal fuente de riqueza del territorio y motivó la construcción de un ferrocarril hasta el puerto de Santana.
Macapá, la capital, tiene la particularidad de estar cruzada por la línea del ecuador, señalada en el Marco Zero y en el estadio conocido popularmente como 'Zerão', cuyo campo queda dividido en dos hemisferios. El Amapá fue elevado por fin a la categoría de estado por la Constitución de 1988, completando su largo camino desde fortaleza colonial hasta unidad federativa de pleno derecho.
El Amapá es uno de los estados más preservados de toda la Amazonia. Una parte enorme de su superficie está protegida en unidades de conservación, con el Parque Nacional Montañas de Tumucumaque como joya principal: creado en 2002, es una de las mayores áreas protegidas de selva tropical continua del mundo, un santuario casi inexplorado en la sierra fronteriza que separa las aguas de la cuenca amazónica.
Su costa, de manglares y campos inundables donde el Amazonas se funde con el Atlántico, y la fuerte presencia de comunidades quilombolas e indígenas hacen del Amapá un territorio de frontera y naturaleza casi intacta. En su desembocadura se produce, además, la pororoca, una ola de marea que remonta los ríos con estruendo. Para el viajero, el estado es una de las últimas grandes fronteras salvajes de Brasil.