Baidoa es la capital agrícola de Somalia y, al mismo tiempo, el lugar donde el país mide sus peores momentos. Está en el interfluvio entre el Shabelle y el Juba, la única región del sur somalí con tierra buena y suficiente lluvia para sostener una agricultura de secano de verdad: sorgo, maíz, sésamo, ganado. En un país mayoritariamente pastoril y árido, Bay es la excepción productiva.
También es la ciudad que en 1992 el mundo conoció como «la ciudad de la muerte»: en el peor momento de la hambruna morían allí entre 100 y 250 personas por día, y se calcula que un tercio de la población de la ciudad murió de hambre en tres meses. Fue el epicentro de la catástrofe que motivó la intervención internacional en Somalia. Treinta años después, en 2022 y de nuevo desde 2025, el hambre volvió a Baidoa.
Esta guía no propone visitarla. Somalia está en el nivel máximo de alerta de todas las cancillerías, la carretera desde Mogadiscio está bajo influencia de Al Shabaab, no hay operadores turísticos que trabajen la ciudad y la presencia extranjera es casi exclusivamente humanitaria. Lo que sigue es el retrato honesto de una ciudad esencial para entender Somalia: su agricultura, su lengua propia, su historia política y la crisis que la atraviesa ahora mismo.
Baidoa fue fundada y poblada por el clan madanle en la época medieval y prosperó bajo el sultanato de Geledi como centro del comercio caravanero del sur somalí, gracias a su posición en el interfluvio agrícola entre el Shabelle y el Juba. En el siglo XX quedó integrada en la Somalia italiana y, tras la independencia de 1960, fue la capital regional de Bay. Su historia reciente está marcada por la catástrofe: durante la hambruna de 1992, con la guerra civil en su punto más alto, la ciudad recibió el nombre de «ciudad de la muerte» —morían allí entre 100 y 250 personas por día y un tercio de sus habitantes falleció de hambre en tres meses—, lo que la convirtió en símbolo internacional de la crisis somalí. En 2006 el Gobierno Federal de Transición trasladó allí su sede provisional, y en diciembre de ese año las tropas etíopes intervinieron en su defensa frente al avance de la Unión de Tribunales Islámicos. Al Shabaab tomó la ciudad en enero de 2009 y fue expulsada en febrero de 2012 por fuerzas somalíes y etíopes. Desde 2014 es la capital interina del Estado del Sudoeste. El 30 de marzo de 2026, el ejército federal tomó el control de la ciudad y el presidente estatal renunció ese mismo día.
Leer la historia completa ↓La Somalia agrícola y verde: el valle del Juba, las islas swahili de los bajuni, los Rahanweyn de Baidoa y su lengua maay, y el rincón del país donde el conflicto y las hambrunas pegaron más fuerte.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Para entender Baidoa hay que empezar por la geografía. Somalia es un país mayoritariamente árido y de vocación pastoril: camellos, cabras, ovejas y una relación con la tierra basada en la movilidad estacional. Hay una excepción, y está en el sur: la franja de tierra comprendida entre los dos únicos ríos permanentes del país, el Shabelle y el Juba, conocida como el interfluvio o región interriverina.
Esa franja concentra las mejores tierras y las lluvias más fiables de Somalia. Baidoa, en la región de Bay, a unos 3°07' de latitud norte y 43°39' de longitud este, está en su corazón. Alrededor de la ciudad se extiende la mayor superficie de agricultura de secano del país: sorgo sobre todo, además de maíz y sésamo, complementados con una ganadería que aprovecha los pastos de la llanura. En un país donde la agricultura es minoritaria, Bay fue durante décadas la despensa del sur.
Esa productividad se apoya en un calendario preciso. El año somalí se divide en cuatro estaciones: jilaal, la seca dura de enero a marzo; gu, las lluvias principales de abril a junio; xagaa, seca y ventosa, de julio a septiembre; y deyr, las lluvias cortas de octubre a diciembre. Las cosechas del interfluvio dependen críticamente de esas dos ventanas de agua. Cuando fallan dos o tres temporadas consecutivas —algo que la variabilidad climática ha vuelto más frecuente—, la crisis alimentaria empieza aquí.
Sobre esa base geográfica se asienta también una identidad cultural propia. Baidoa es el corazón del maay, la lengua de los clanes digil y mirifle del sur somalí. El maay se diferencia lo suficiente del maxaa tiri —la variedad estándar en la que se basa el somalí oficial— como para que la inteligibilidad mutua sea limitada, y muchos especialistas lo tratan como lengua separada dentro del continuo somalí. Esa distinción lingüística acompaña una distinción socioeconómica: agricultores sedentarios del sur frente al modelo pastoril dominante en el resto del país.
La fundación de Baidoa se atribuye al clan madanle, que la pobló en época medieval. Su desarrollo posterior se explica por la función que cumplió durante siglos: la de nudo entre dos mundos económicos complementarios, el agrícola del interfluvio y el comercial de la costa de Banaadir.
La ciudad prosperó bajo el sultanato de Geledi, la potencia somalí que desde Afgoye, en el valle del Shabelle, controló el comercio caravanero del sur somalí entre los siglos XVIII y XIX. Las caravanas conectaban el interior productivo con los puertos de Mogadiscio, Merca y Brava, por donde salía el grano y entraban tejidos, metal, cerámica y bienes del Índico. Baidoa era una parada obligada de ese sistema y una plaza de acopio agrícola.
Antes del Geledi, la región había formado parte de la órbita del imperio ajurano, la gran potencia somalí que entre los siglos XIII y XVII articuló el control de los valles del Shabelle y del Juba mediante gestión hidráulica, pozos y fortificaciones de piedra. En ambos casos, lo que estaba en juego era lo mismo: quien controlaba el agua y la tierra del interfluvio controlaba el sur.
En el siglo XX, la región quedó integrada en la Somalia italiana, que desarrolló agricultura de plantación en los valles fluviales —bananas sobre todo, en el Shabelle y el Juba— sin alterar demasiado la estructura agrícola de secano del interfluvio. Tras la independencia del 1 de julio de 1960, Baidoa fue la capital regional de Bay y una ciudad de tamaño medio, agrícola y comercial, sin especial protagonismo político nacional.
El nombre por el que el mundo conoció Baidoa nació de una catástrofe. Cuando el régimen de Siad Barre cayó en enero de 1991 y el Estado somalí se desintegró, el sur agrícola quedó atrapado entre facciones armadas que se disputaban precisamente lo que hacía valiosa a la región: la tierra, el grano y las rutas. Los cultivos se perdieron, las cosechas fueron saqueadas y la población agrícola del interfluvio —sin la movilidad ni los rebaños de las comunidades pastoriles— quedó sin recursos.
El resultado fue la hambruna de 1992, una de las peores del siglo XX en África, y Baidoa fue su epicentro. En el momento más agudo morían en la ciudad entre 100 y 250 personas por día. Se estima que un tercio de la población de Baidoa murió de hambre en tres meses. Un estudio de mortalidad poblacional publicado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos documentó la magnitud del desastre en Baidoa y Afgoye.
La prensa internacional bautizó a la ciudad como «la ciudad de la muerte», y sus imágenes fueron determinantes para que la comunidad internacional decidiera intervenir. En diciembre de 1992, tropas estadounidenses y francesas se dirigieron a Baidoa dentro de la operación Restore Hope, la intervención humanitaria multinacional autorizada para garantizar la distribución de alimentos en un país sin Estado.
Esa intervención derivó en la escalada que culminó en la batalla de Mogadiscio de octubre de 1993, la retirada estadounidense y el fin de la misión de la ONU en 1995. Pero para Baidoa el episodio dejó una marca permanente: la ciudad quedó asociada, dentro y fuera de Somalia, a la peor catástrofe humanitaria del país.
En los años dos mil, Baidoa pasó de símbolo humanitario a pieza política central. El Gobierno Federal de Transición, formado en el exilio en 2004 como intento de reconstruir un Estado somalí, no logró instalarse en Mogadiscio, controlada por milicias y por los tribunales islámicos de barrio. En su lugar, trasladó su sede provisional a Baidoa.
Esa decisión convirtió a la ciudad en objetivo. Cuando la Unión de Tribunales Islámicos tomó Mogadiscio en 2006 y avanzó hacia el interior, Baidoa quedó como el último bastión del gobierno reconocido internacionalmente. En julio de 2006 se reportó la entrada de tropas etíopes en Somalia, y en diciembre de ese año Etiopía intervino abiertamente en apoyo del gobierno de transición, ganando la batalla de Baidoa y luego expulsando a los tribunales de la capital.
De la fractura de la Unión de Tribunales surgió Al Shabaab, su ala más radical, convertida en insurgencia de alcance nacional. En enero de 2009, coincidiendo con el colapso del primer gobierno de transición y la retirada etíope, Al Shabaab tomó Baidoa y ocupó la sede gubernamental. La ciudad permaneció bajo su control durante tres años.
En febrero de 2012, fuerzas del gobierno somalí y tropas etíopes aliadas recuperaron Baidoa. Fue parte de la ofensiva más amplia que ese año y el siguiente le quitó a Al Shabaab sus principales centros urbanos, incluido Kismayo. En 2014, Baidoa se convirtió en la capital interina del recién formado Estado del Sudoeste, integrado por las regiones de Bay, Bakool y Bajo Shabelle; los delegados fundacionales acordaron que la capital formal fuera Barawe, en la costa, pero la administración estatal opera desde Baidoa.
Treinta años después de 1992, el nombre volvió a los titulares. En diciembre de 2022, en plena crisis por una sucesión de temporadas de lluvia fallidas, la prensa internacional escribía sobre el regreso del hambre a «la ciudad de la muerte». Organizaciones humanitarias documentaron una oleada de desnutrición infantil en Baidoa y en los campos de desplazados que la rodean.
La crisis no se cerró. Las autoridades del Estado del Sudoeste declararon la emergencia por sequía el 18 de noviembre de 2025, y las condiciones se deterioraron desde entonces. Fuentes humanitarias sitúan hoy la población de Baidoa en torno a 1,6 millones de personas, casi la mitad desplazadas: familias llegadas desde Bakool, Bay, el Bajo Shabelle y otras regiones, huyendo de la sequía y del conflicto. La ciudad agrícola se convirtió, por acumulación, en una de las mayores concentraciones de desplazados internos del Cuerno de África.
En los campos —Beledul-Amiin entre ellos— las condiciones combinan pobreza, desempleo, refugios inadecuados, saneamiento deficiente y acceso limitado a educación y salud. El dato que mejor resume la situación es el precio del agua: las familias desplazadas pagan entre USD 1,50 y 2,50 por un tambor de 200 litros de agua transportada en camión, un costo que muchas no pueden afrontar.
A la sequía se suma el cerco. Al Shabaab conserva presencia en el entorno rural de Bay y ha impuesto bloqueos sobre la ciudad —uno documentado en julio de 2023—, mientras la carretera que une Mogadiscio con Baidoa sigue teniendo tramos extensos bajo su influencia, con un aumento reportado de ataques que complica la entrega de ayuda humanitaria. La crisis alimentaria y la insurgencia se alimentan mutuamente.
El 30 de marzo de 2026, el ejército federal somalí tomó el control de Baidoa, la mayor ciudad del Estado del Sudoeste. Ese mismo día, el presidente estatal Abdiaziz Hassan Mohamed «Laftagareen» anunció su renuncia con una fórmula escueta: había dimitido del cargo de presidente del Estado del Sudoeste. Llevaba más de siete años en el puesto y acababa de ser reelegido dos semanas antes, en unos comicios que el gobierno federal declaró ilegales.
El trasfondo es una disputa institucional que atraviesa toda Somalia. La administración del Sudoeste se oponía a las enmiendas constitucionales impulsadas desde Mogadiscio y había anunciado la ruptura de relaciones con el gobierno federal dos semanas antes de la intervención militar. El conflicto de fondo es el equilibrio de poder entre el centro y los estados federados, agudizado por la elección nacional prevista para 2026, en la que los votantes elegirían diputados que a su vez elegirían al presidente, un sistema que sus críticos consideran vulnerable a la manipulación por parte del mandatario en ejercicio.
Baidoa no es un caso aislado. Jubalandia, con capital en Kismayo, mantiene una ruptura abierta con Mogadiscio desde la elección regional de noviembre de 2024: hubo enfrentamientos armados con fuerzas federales en diciembre de ese año, las conversaciones de octubre de 2025 terminaron sin acuerdo y en diciembre de 2025 el parlamento regional eliminó de su carta toda referencia a la condición de «Estado miembro federal». Puntlandia, en el noreste, opera de hecho al margen del gobierno federal desde hace años.
El Baidoa de hoy es entonces la suma de tres capas superpuestas: la ciudad agrícola del interfluvio, con su lengua propia y su historia caravanera; el epicentro humanitario donde casi la mitad de una población de 1,6 millones son desplazados; y la pieza en disputa de una crisis institucional que define el futuro del federalismo somalí. Ninguna de las tres se entiende sin las otras dos.