Bosaso es el puerto que sostiene a Puntlandia. Está en el golfo de Adén, en el extremo noreste de Somalia, donde las montañas del Cuerno bajan directamente al mar, y es a la vez terminal ganadera de escala mundial, mercado de incienso, ciudad pesquera y punto de partida de una de las rutas migratorias más peligrosas del planeta. Es, con diferencia, la ciudad más dinámica del noreste somalí.
Su geografía la explica todo. A la espalda, las montañas de Cal Miskaad y los macizos del Karkaar y del Golis, en cuyas laderas crecen de forma silvestre los árboles de Boswellia y Commiphora que producen el incienso y la mirra que Egipto, Arabia y Roma compraban hace milenios. Al frente, el golfo de Adén y la costa de Yemen, a un salto de mar, con la que esta ciudad comercia desde que existe la navegación monzónica. A pocos kilómetros, playas doradas y el manantial termal de Biyo Kulule.
Esta guía no propone viajar. Somalia entera está en el nivel máximo de alerta de Estados Unidos, el Reino Unido y España, y Puntlandia no queda excluida; la región de Bari es escenario desde diciembre de 2024 de una ofensiva militar contra el Estado Islámico en las montañas de Cal Miskaad, y las autoridades afirman haber frustrado un ataque planeado contra el propio puerto. Lo que sigue es la información —geográfica, histórica, económica— para entender una de las ciudades más importantes y menos conocidas del Cuerno de África.
La costa del golfo de Adén en el extremo del Cuerno de África lleva milenios en las rutas comerciales: los mercaderes de la Antigüedad conocían este litoral por su producción de resinas aromáticas, y la zona de Bosaso aparece asociada al topónimo antiguo de Mosylon. La ciudad, conocida históricamente también como Bender Qassim, se desarrolló a través de redes comerciales árabes, persas y somalíes, y en el siglo XIX formó parte del sultanato majeerteen, que controlaba el litoral y el comercio de incienso y ganado hacia Arabia. La colonización italiana reconoció su importancia comercial, aunque concentró la inversión en otros puntos del territorio. Tras la independencia de 1960 y, sobre todo, tras el colapso del Estado somalí en 1991, Bosaso creció de forma acelerada con el retorno de los clanes harti darod a sus territorios ancestrales y se convirtió en el pulmón económico del noreste. Desde la constitución del Estado de Puntlandia el 1 de agosto de 1998, es su principal puerto y su centro comercial. En 2017, la gestión portuaria pasó a P&O Ports, filial de la dubaití DP World, con una concesión de treinta años.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
La costa somalí del golfo de Adén, donde hoy está Bosaso, lleva milenios en el mapa del comercio mundial, y la razón es botánica antes que política: en las montañas y mesetas del interior crecen de forma silvestre los árboles de Boswellia, del que se extrae el franquincienso, y de Commiphora, del que sale la mirra. Esas dos resinas fueron durante milenios artículos de lujo en Egipto, Arabia, Mesopotamia, Israel, Grecia y Roma, usadas en el culto religioso, la medicina y el embalsamamiento.
Ese comercio conectó el Cuerno de África con el Mediterráneo y con la India mucho antes de la era cristiana. Las fuentes egipcias hablan de la Tierra de Punt, el país de las resinas aromáticas con el que Egipto comerciaba desde el tercer milenio antes de nuestra era, y de la que Puntlandia tomó su nombre en 1998. Las fuentes grecorromanas —el «Periplo del mar Eritreo», un manual de navegación del siglo I— describen una serie de puertos comerciales a lo largo de esta costa, entre ellos Mosylon, topónimo que se ha asociado tradicionalmente al área de Bosaso.
La ciudad es conocida históricamente también como Bender Qassim, «el puerto de Qassim». Se desarrolló a través de la superposición de redes comerciales árabes, persas y somalíes que operaban en el golfo de Adén, un mar interior que funcionó siempre más como puente que como frontera: la costa yemení está a un salto, y la relación entre ambas orillas es tan antigua como la navegación monzónica.
Esa geografía sigue explicando la ciudad. Bosaso mira al norte, hacia Arabia; su economía, su cocina, su comercio y su horizonte cultural están orientados hacia el golfo Pérsico y el mar Rojo, no hacia el interior africano. Es una ciudad del océano Índico ampliado, no del Cuerno continental.
En el siglo XIX, el litoral del noreste somalí estaba bajo la autoridad del sultanato majeerteen, uno de los poderes somalíes de la región, que controlaba la costa y el comercio de resinas y ganado hacia Arabia. Los majeerteen son un subclán del gran conjunto darod, mayoritario en toda esta parte del país, y su estructura política combinaba autoridad sultanal con el peso de los ancianos tradicionales y de los linajes.
El sultanato controlaba un litoral estratégico. La apertura del canal de Suez en 1869 transformó el golfo de Adén en uno de los corredores marítimos más transitados del mundo, y con ello aumentó tanto el valor de estas costas como el interés de las potencias europeas por controlarlas. Gran Bretaña se estableció en Adén y en la Somalilandia británica; Francia, en Yibuti; Italia, en la costa oriental somalí.
La colonización italiana reconoció la importancia comercial de Bosaso, pero concentró su inversión en otros puntos del territorio, sobre todo en el sur, donde el agua y la tierra permitían plantaciones. El noreste quedó como una periferia comercial y pastoril del sistema colonial, con menos infraestructura y menos presencia administrativa que el sur del país.
Tras la independencia del 1 de julio de 1960, esa relación centro-periferia se mantuvo: la política, la administración y la inversión se concentraron en Mogadiscio y en el sur. El noreste siguió viviendo de sus rebaños, de sus resinas y de su comercio con Arabia, sin un gran salto de desarrollo urbano.
Paradójicamente, el momento en que Bosaso pasó de puerto secundario a gran ciudad fue el de la desaparición del Estado somalí. Cuando el régimen de Siad Barre cayó en enero de 1991, el sur se hundió en una guerra entre facciones, y grandes contingentes de población se desplazaron hacia sus territorios clánicos de origen. En el caso del noreste, eso significó el retorno masivo de los clanes harti darod a sus territorios ancestrales.
Bosaso absorbió buena parte de ese flujo y creció de forma acelerada. Al mismo tiempo, la ausencia de Estado central eliminó la competencia administrativa de Mogadiscio: el puerto de Bosaso se convirtió en la vía de salida y entrada de toda una región, sin aduana federal ni política comercial nacional que lo condicionara. El ganado del interior encontró allí su terminal de exportación hacia la península arábiga y las importaciones de todo el noreste empezaron a entrar por sus muelles.
Ese dinamismo se apoyó en tres pilares: la ganadería de exportación, el comercio de importación desde el Golfo y las remesas de la diáspora somalí, que en aquellos años se convirtieron en una de las principales fuentes de ingresos del país entero. A ello se sumaron la pesca, el procesamiento de incienso, las curtiembres y el cultivo de dátiles, además de empresas locales que crecieron con la ciudad, como la operadora de telecomunicaciones Golis Telecom.
Cuando el 1 de agosto de 1998 se constituyó el Estado de Puntlandia tras la conferencia de tres meses celebrada en Garowe, Bosaso ya era el pulmón económico de la región. La nueva entidad estableció la capital administrativa en Garowe, en el interior, pero el dinero, el comercio y la población seguían concentrados en la costa.
El puerto de Bosaso es hoy una de las infraestructuras más importantes de Somalia y una de las terminales de exportación de ganado más activas del mundo. Durante las temporadas altas —ligadas al calendario de la peregrinación y de las festividades islámicas, cuando la demanda de ganado en la península arábiga se dispara— salen por sus muelles millones de cabras, ovejas y camellos. Conviven allí buques portacontenedores, dhows de madera y transportes de ganado.
En 2017, la gestión del puerto pasó a P&O Ports, filial de la empresa dubaití DP World, mediante una concesión de treinta años para administrar y ampliar la terminal. Fue un punto de inflexión: la llegada de un operador portuario internacional a una región semiautónoma sin reconocimiento estatal propio, en el marco de la competencia por las infraestructuras del Cuerno de África entre potencias del Golfo, Turquía y China. La operación fue también motivo de fricción con el gobierno federal de Mogadiscio, en la misma línea de tensión que atraviesa toda la relación entre el centro y los estados federados somalíes.
La guerra de Yemen, desde 2015, alteró el equilibrio. Las rutas comerciales establecidas entre ambas orillas del golfo de Adén se interrumpieron o se reconfiguraron, afectando a un tráfico que llevaba siglos funcionando. El conflicto yemení y la inseguridad marítima —el golfo de Adén sigue siendo una de las zonas de riesgo de piratería más señaladas del mundo— condicionan permanentemente la actividad del puerto.
A su alrededor, la ciudad mantiene su segunda gran vocación comercial: el incienso. Bosaso es uno de los principales centros mundiales de procesamiento y exportación de franquincienso de alta calidad, prolongando una actividad que arranca en la Antigüedad y que sigue siendo, literalmente, la misma resina de los mismos árboles.
Bosaso tiene una segunda función que ninguna estadística portuaria registra: es uno de los principales puntos de partida de la migración irregular somalí hacia la península arábiga.
La cercanía y los vínculos navieros históricos con Yemen atraen a la ciudad a personas —sobre todo jóvenes— que buscan escapar de la pobreza y emprenden el tahriib, la travesía indocumentada y peligrosa por el golfo de Adén y el mar Rojo hacia los Estados del Golfo y, si es posible, hacia Europa. La palabra, de raíz árabe, designa en somalí precisamente ese viaje: la partida clandestina, sin papeles y sin garantías.
Es una de las rutas migratorias más letales del mundo. Las embarcaciones son pequeñas, van sobrecargadas y quedan en manos de redes de contrabando; los naufragios y las muertes en el mar están documentados de forma recurrente por las organizaciones internacionales. Al otro lado espera Yemen, un país en guerra desde 2015, donde los migrantes quedan expuestos a detención, extorsión y violencia.
Ese corredor convive con la ciudad comercial. En el mismo litoral donde se cargan los buques de ganado y se descarga la mercancía del Golfo, salen de noche las embarcaciones del tahriib. Es una de las razones por las que Bosaso concentra una presencia significativa de organizaciones internacionales y de programas de asistencia a migrantes y desplazados, y una de las claves para entender la ciudad más allá de sus muelles.
El frente de seguridad más activo de Puntlandia está en las montañas que se ven desde Bosaso. En la cordillera de Cal Miskaad, en la región de Bari, se implantó la rama somalí del Estado Islámico, escindida de Al Shabaab, aprovechando un terreno de escarpes, gargantas y cuevas de dificultad extrema.
En diciembre de 2024, Puntlandia lanzó la operación «Hillaac» para desmantelar esa red. Desde enero de 2025, sus fuerzas, con apoyo del Mando de Estados Unidos para África, liberaron sucesivas posiciones y cuevas estratégicas. En noviembre de 2025 se produjo una incursión conjunta de fuerzas especiales estadounidenses y de la unidad antiterrorista de Puntlandia en el valle de Baallade, con un asalto helitransportado sobre una gran cueva en el que resultaron muertos o capturados varios cuadros del grupo. En diciembre de 2025, Puntlandia desplegó tropas de refresco en el macizo para relevar a las unidades que llevaban un año en la ofensiva.
El presidente de Puntlandia, Said Abdullahi Deni, afirmó que más de 2.000 combatientes —en su mayoría extranjeros— basados en Cal Miskaad fueron en gran medida neutralizados, y que los servicios de inteligencia frustraron un ataque planeado del grupo contra el puerto de Bosaso. En junio de 2026, las autoridades confirmaron que el líder de la rama somalí del Estado Islámico, Abdulkadir Mumin, había huido de la cordillera en medio de la ofensiva.
Ese es el marco en el que hay que leer cualquier información sobre Bosaso: una ciudad portuaria dinámica, con playas, mercados y montañas de fondo, en una región donde se libra una campaña militar activa y sobre la que pesa el desaconsejo máximo de viaje de todas las cancillerías. El Departamento de Estado estadounidense mantiene el Nivel 4 «No viaje» para toda Somalia; el FCDO británico desaconseja todo viaje al país, sin excepción para Puntlandia, y advierte del riesgo de piratería en el golfo de Adén; el Ministerio de Asuntos Exteriores español lo desaconseja «bajo cualquier circunstancia» y desaconseja además expresamente cualquier actividad marítima en aguas somalíes.
Bosaso merece contarse: es el puerto del incienso, la terminal ganadera del Cuerno, la ciudad que creció cuando el Estado desapareció y la puerta de una de las travesías migratorias más duras del mundo. Y merece contarse con esa advertencia por delante.