Hay un bosque en Somalia. Suena a error, pero es cierto: en el escarpe de Cal Madow, en la esquina noreste de Somalilandia, la niebla que sube del golfo de Adén alimenta una franja de bosque perenne de enebros donde algunos árboles superan los mil años. Se llama Daallo, está a menos de una hora de Erigavo y desde su borde se ve el mar dos mil metros más abajo.
Es uno de los sitios biológicamente más valiosos y menos estudiados de África. Alrededor de mil especies de plantas, unas doscientas de ellas endémicas; enebros, boj, boswellias que dan el incienso que hizo célebre a esta costa desde los faraones, y hasta un pariente del árbol de sangre de drago. Y una lista de aves que hace viajar a ornitólogos desde el otro lado del mundo: el pinzón de Warsangli, el zorzal somalí, el francolín y el busardo de Archer, el picogordo alidorado.
También hay que decirlo claro desde el principio: éste es el destino más difícil y más delicado de todos los de Somalilandia. Cal Madow está en la región de Sanaag, disputada entre Somalilandia, Puntlandia y la administración de SSC-Khatumo, con combates en Erigavo en diciembre de 2024 y en el este de Sanaag en enero de 2025. No comparte el estatus relativamente estable de Hargeisa, Berbera o Laas Geel, y las cancillerías lo tratan distinto. Esta guía cuenta qué hay, cómo se llega y qué hace falta saber antes de considerarlo siquiera.
Cal Madow es un escarpe de caliza y yeso levantado por la tectónica que abrió el golfo de Adén y el mar Rojo, y que dejó al Cuerno de África con una cordillera pegada al mar y una llanura desértica a sus pies. Esa geografía creó, hace millones de años, una trampa de humedad: los vientos cargados del golfo chocan contra la pared norte, se condensan y alimentan un bosque de niebla que sobrevivió aislado mientras el clima regional se secaba. El resultado es una isla biológica con un altísimo nivel de endemismos, el mayor relicto del bosque xérico montano somalí. Para los humanos, estas montañas fueron durante milenios la fuente del incienso y la mirra que abastecieron a Egipto, Arabia, Grecia y Roma —la mítica «tierra de Punt» y la «costa de los aromas» de las fuentes clásicas— y el territorio del clan Warsangli, que dio nombre a una de las aves más buscadas del lugar. Científicamente, el macizo fue explorado muy tarde: una expedición botánica dirigida por Mats Thulin en 1995 describió alrededor de ocho especies vegetales nuevas para la ciencia y recomendó proteger el bosque como monumento natural. Hoy Daallo está reconocido como Área Importante para las Aves por BirdLife International y como área protegida por las autoridades de Somalilandia, pero la deforestación por leña y carbón, el sobrepastoreo y la disputa política sobre la región de Sanaag lo mantienen en una situación frágil.
Leer la historia completa ↓Del golfo de Adén a los 2.400 metros de Cal Madow: puertos que aparecen en el Periplo griego, la mezquita de las dos qiblas de Zeila, una pista construida por los soviéticos y el último gran bosque de incienso del mundo.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
La existencia de Cal Madow es consecuencia directa de una de las grandes fracturas de la corteza terrestre. Desde hace unos treinta millones de años, la placa arábiga se separa de la africana; esa apertura creó el mar Rojo y el golfo de Adén y levantó los bordes de la fractura en forma de escarpes abruptos a ambos lados. En el lado africano, el resultado es una cordillera pegada al mar: una pared que se alza casi de golpe desde la llanura costera del golfo de Adén hasta más de dos mil metros.
El material es caliza y yeso, rocas sedimentarias marinas depositadas mucho antes, que la tectónica levantó y que el agua y el viento fueron esculpiendo. La cordillera —conocida en su conjunto como Cal Madow, «la montaña negra», y en otras referencias como parte de las montañas Ogo o del Golis oriental— corre paralela a la costa y culmina en el monte Shimbiris, con unos 2.400 a 2.460 metros según la fuente, el punto más alto de Somalilandia y de toda Somalia.
Esa geometría creó, sin proponérselo, una trampa de humedad. Los vientos que vienen del golfo llegan cargados de vapor, chocan contra la pared norte del escarpe y se ven forzados a subir; al subir se enfrían, y al enfriarse condensan. El resultado es niebla, llovizna y una precipitación que en la cumbre de Daallo se estima en unos 650 mm anuales, y que en las zonas más húmedas del macizo se cita en 750-850 mm. Son cifras modestas en términos absolutos, pero altísimas para un país donde la media nacional es de unos pocos cientos de milímetros y donde la sequía estructura la vida.
Durante el Período Húmedo Africano, hace entre nueve mil y tres mil años, buena parte del norte de África y del Cuerno fue mucho más verde que hoy: sabanas arboladas, lagos, ríos. Cuando el clima se secó, la vegetación de bosque retrocedió hasta refugiarse en los pocos lugares donde la humedad seguía siendo suficiente. En el noreste del Cuerno de África, ese lugar fue la cara norte de Cal Madow.
Allí quedó atrapado el bosque de Daallo: una franja de bosque perenne dominado por el enebro africano (Juniperus procera, dayib en somalí) y el boj, con ejemplares que superan los mil años de edad. Es lo que los ecólogos llaman un relicto: un fragmento de un ecosistema que antes fue extenso y que hoy sobrevive aislado. Daallo es el relicto más grande y más accesible del bosque xérico montano somalí, una ecorregión confinada a un escarpe de unos trescientos kilómetros que corre tierra adentro desde la costa norte.
El aislamiento tiene una consecuencia previsible: la evolución en paralelo. Cuando una población queda separada del resto de su especie durante milenios, deriva por su cuenta. Por eso Cal Madow es un depósito de endemismos. Se citan alrededor de mil especies vegetales en el macizo, de las cuales unas doscientas no existen en ningún otro lugar del planeta. Entre las rarezas figuran suculentas de aspecto extraterrestre, parientes del árbol de sangre de drago —el mismo linaje que dio los famosos ejemplares de Socotra, la isla yemení que está enfrente, al otro lado del golfo— y las boswellias productoras de incienso.
La fauna sigue el mismo patrón. Las aves más buscadas del lugar tienen distribuciones minúsculas: el pinzón de Warsangli (Linaria johannis), el zorzal somalí (Turdus ludoviciae), el picogordo alidorado somalí o de Socotra, el francolín de Archer y el busardo de Archer. En mamíferos, el macizo y su entorno albergan la beira —un antílope enano endémico del Cuerno de África— y la gacela dorcas. BirdLife International reconoce el sitio como Área Importante para las Aves.
Mucho antes de que a alguien le interesaran los endemismos, estas montañas ya eran famosas en el mundo antiguo por una razón muy concreta: la resina. Las boswellias que crecen en el escarpe producen el incienso —beeyo y maydi en somalí—, y las commiphoras, la mirra. Ambas resinas se quemaban en templos, se usaban en medicina y en embalsamamiento, y valían su peso en oro.
Esta costa fue la que las fuentes clásicas llamaron «la costa de los aromas», y aparece en el Periplo del mar Eritreo, el manual de navegación griego del siglo I, como origen del mejor incienso disponible. Antes todavía, los egipcios organizaban expediciones a la mítica tierra de Punt para traer incienso, mirra, ébano y oro; la ubicación exacta de Punt sigue discutiéndose, pero el Cuerno de África es uno de los candidatos principales. Griegos, romanos, persas y árabes compraron aquí durante siglos, y las rutas del incienso conectaron estas montañas con el Mediterráneo y con Asia.
El comercio nunca se interrumpió del todo. Las familias del escarpe siguen sangrando los árboles de forma tradicional: se hace una incisión en la corteza, la resina brota, se endurece en «lágrimas» y se recolecta semanas después. Es una de las pocas fuentes de ingresos monetarios de la región y una de las razones por las que la gente del lugar tiene un interés directo en que el bosque siga en pie.
El territorio es también el del clan Warsangli, tradicionalmente asentado en el este de Sanaag y en la costa, y que dio nombre al ave más célebre de estas montañas. La combinación de pastoreo trashumante, recolección de resinas y comercio costero es la economía histórica de Cal Madow, y sigue siéndolo.
A diferencia de casi cualquier otro punto caliente de biodiversidad del mundo, Cal Madow apenas ha sido estudiado. Las razones son evidentes: acceso difícil, ausencia de infraestructura, décadas de guerra y colapso estatal en Somalia, y la falta de instituciones científicas locales con recursos.
El hito más citado es una expedición botánica dirigida en 1995 por el botánico sueco Mats Thulin, especialista en la flora del Cuerno de África, que recorrió el macizo y describió alrededor de ocho especies vegetales nuevas para la ciencia en una sola campaña. Ese dato dice menos sobre la habilidad del equipo que sobre el estado del conocimiento: en 1995, en una cordillera de un país entero, todavía se podían encontrar ocho especies desconocidas en una salida de campo. El informe de aquella expedición recomendó declarar el bosque monumento natural y protegerlo de la sobreexplotación y la destrucción de origen humano.
Desde entonces, el trabajo ha sido intermitente: relevamientos de fauna promovidos por organizaciones conservacionistas, censos de antílopes como el que documentaron David Mallon y Abdi Jama para la UICN, informes de BirdLife y campañas puntuales de organizaciones dedicadas a la conservación del incienso. Falta prácticamente todo: inventarios completos, estudios de dinámica del bosque, seguimiento de poblaciones, cartografía detallada.
Mientras tanto, el bosque retrocede. Las amenazas identificadas son las clásicas y todas locales: corte de leña y producción de carbón vegetal, sobrepastoreo de cabras que impide la regeneración de los enebros, extracción excesiva de resina y presión demográfica. Daallo figura como área protegida en la normativa de Somalilandia y como Área Importante para las Aves de BirdLife, pero la gestión efectiva sobre el terreno es mínima.
Cualquier conversación sobre visitar Cal Madow desemboca, inevitablemente, en la política. El macizo está en la región de Sanaag, cuya capital es Erigavo (Ceerigaabo), a 1.786 metros de altitud y una de las localidades más frescas de toda Somalia. Y Sanaag es territorio disputado.
Somalilandia reclama la región porque estaba dentro de las fronteras del antiguo protectorado británico, que es la base jurídica de su reivindicación de independencia desde 1991. Puntlandia, el Estado federal del noreste de Somalia, la reclama sobre una base clánica: parte de la población de Sanaag pertenece a clanes vinculados a Puntlandia. Y desde 2023 hay un tercer actor: la administración de SSC-Khatumo, surgida tras el conflicto de Las Anod, que rechaza el control somalilandés sobre las regiones de Sool, Sanaag y Cayn y busca autonomía dentro de Somalia.
La disputa no es teórica. En diciembre de 2024 hubo combates en la propia Erigavo entre fuerzas de Somalilandia y milicianos de SSC-Khatumo, con victoria somalilandesa y mantenimiento del control de la ciudad; en enero de 2025, las fuerzas de Somalilandia tomaron Jiidali, en el este de Sanaag. Las rutas entre estas regiones y el resto de Somalilandia han sufrido interrupciones desde 2023.
Para el viajero, esto se traduce en una diferencia neta respecto del resto de los destinos de Somalilandia. El Foreign Office británico exceptúa de su nivel máximo de advertencia únicamente a Awdal, Maroodi Jeex y Sahil —es decir, Zeila, Hargeisa, Laas Geel, Berbera y Sheikh—, y para ellas desaconseja los viajes no esenciales. Sanaag no está exceptuada: para Sanaag, el consejo es no viajar en absoluto. El Departamento de Estado de EE. UU., por su parte, mantiene el Nivel 4 para toda Somalia.
Es una situación tristemente coherente con el resto de la historia del lugar: uno de los bosques biológicamente más valiosos y menos conocidos de África, en un rincón del mundo donde la soberanía está en discusión, sin protección internacional posible y con un puñado de científicos que pasaron por ahí en los últimos treinta años. El bosque, mientras tanto, sigue haciendo lo que hace hace milenios: atrapar la niebla que sube del golfo de Adén.