Old Dongola cuenta el capítulo de la historia de Sudán que casi nadie espera: el de los mil años en que el valle del Nilo al sur de Egipto fue cristiano. Entre los siglos VI y XIV, esta ciudad —Tungul en nubio antiguo— fue la capital del reino de Makuria, un Estado que frenó la expansión árabe en el siglo VII, firmó con el califato un tratado que se sostuvo durante seiscientos años, mantuvo relaciones con Bizancio y con Egipto y produjo una escuela de pintura mural que no se parece a ninguna otra.
Lo que queda hoy es un yacimiento enorme sobre un acantilado del Nilo: los cimientos de la Iglesia de las Columnas de Granito, con sus capiteles labrados; el Edificio X y la Iglesia Cruciforme; la Sala del Trono, un palacio monumental del siglo IX que en 1317 fue convertido en mezquita y siguió sirviendo como tal hasta bien entrado el siglo XX; el Gran Monasterio de Kom H, con la cripta del arzobispo Georgios y un centenar de composiciones pintadas; los restos de la muralla urbana; y, esparcido por la llanura, un campo de qubbas —tumbas islámicas de cúpula del período Funj— que es una de las estampas más fotografiadas del Sudán del norte.
El sitio sigue dando sorpresas. En 2023, mientras excavaba casas del período Funj, la misión polaca se topó con la abertura de una cámara pintada donde aparecen la Virgen, Cristo, el arcángel Miguel y un rey nubio llamado David: una escena sin paralelos en toda la pintura nubia. El hallazgo entró en las listas de los descubrimientos arqueológicos del año. Esta guía no propone viajar —Sudán está en guerra y el acceso está suspendido—, sino contar qué es Old Dongola, qué se sabe de Makuria y en qué estado se encuentra hoy su patrimonio.
Old Dongola nació en el siglo V como una fortaleza a orillas del Nilo y se convirtió, tras la cristianización de Nubia en el siglo VI, en la capital del reino de Makuria. En 651-652, tras un asedio árabe fallido, sus soberanos firmaron con Egipto el baqt, un pacto de no agresión y de intercambio que se mantuvo aproximadamente seis siglos y que permitió a un reino cristiano sobrevivir rodeado por el mundo islámico. Entre los siglos IX y XI vivió su edad de oro: la Iglesia de las Columnas de Granito, la Sala del Trono, el Gran Monasterio de Kom H, un obispado poderoso y una notable producción de manuscritos en nubio antiguo, griego y copto. A partir del siglo XIII, las incursiones mamelucas y las tensiones internas la fueron debilitando; en 1317 la sala del trono fue transformada en mezquita, la corte se trasladó en 1364 y la ciudad quedó relegada, sustituida siglos después por la nueva Dongola, fundada río abajo en 1812. Desde 1964, la misión polaca del PCMA excava el sitio de manera continuada.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Cuando el reino de Meroe se desmoronó, en el siglo IV de nuestra era, el valle del Nilo sudanés entró en un período oscuro del que emergieron tres reinos nuevos: Nobadia, entre la primera y la tercera catarata; Makuria, en el tramo central; y Alodia, más al sur, con capital en Soba, cerca de la actual Jartum. Old Dongola —Tungul en nubio antiguo, Dunqula al-Ajuz en árabe— fue la capital del segundo de ellos.
El asentamiento nació en el siglo V como una fortaleza sobre un escarpe rocoso en la orilla oriental del Nilo. El emplazamiento no era casual: el acantilado ofrecía una posición defensiva excelente sobre el río y la ciudad quedaba en el punto donde arrancaban las rutas de caravanas que cruzaban el desierto hacia el oeste, hacia Darfur y Kordofán. Esa doble condición —plaza fuerte fluvial y cabecera de caravanas— explica su ascenso.
La gran transformación llegó con el cristianismo. A lo largo del siglo VI, misiones enviadas desde Egipto y desde Constantinopla convirtieron sucesivamente a los tres reinos nubios; el proceso se completó hacia el año 580, cuando el misionero Longino cristianizó Alodia. Makuria adoptó la nueva fe hacia mediados de siglo y Dongola pasó a ser la sede del poder real y de una jerarquía eclesiástica que dependía, en última instancia, del patriarcado copto de Alejandría.
Con la cristianización llegaron los templos. La ciudad se llenó de iglesias construidas primero en adobe y luego en piedra y ladrillo, y adoptó una cultura escrita trilingüe: el nubio antiguo para la lengua propia, el griego para la liturgia y buena parte de los documentos, el copto para los textos religiosos. Esa mezcla es una de las señas de identidad de Makuria y una de las razones por las que sus manuscritos son tan valiosos: permiten reconstruir la administración, la iglesia y hasta la genealogía real de un Estado africano medieval con un detalle que rara vez está disponible.
En 639 los ejércitos árabes conquistaron Egipto y en pocos años llegaron a la frontera nubia. Las primeras incursiones hacia el sur no dieron resultado. La expedición decisiva la mandó en 651-652 Abdallah ibn Sa'd ibn Abi Sarh, gobernador de Egipto, que remontó el Nilo y puso sitio a Dongola. Los cronistas árabes dejaron constancia del combate: las catapultas dañaron la catedral de la ciudad, pero los arqueros nubios —a los que los textos apodaron «los que apuntan a las pupilas» por su precisión— resistieron el asalto y la plaza no cayó.
En lugar de la conquista se firmó un acuerdo. El baqt —del griego pakton, «pacto»— establecía una tregua indefinida y un intercambio regular de bienes entre Egipto y Nubia, con obligaciones para ambas partes. No era exactamente un tributo ni exactamente un tratado comercial: era un arreglo sui generis que reconocía de facto la independencia de un reino cristiano al sur de un imperio islámico en expansión. Y funcionó durante unos seiscientos años, lo que lo convierte en uno de los pactos más duraderos de la historia medieval.
A la sombra del baqt, Makuria prosperó. Absorbió a Nobadia y unificó el Nilo nubio desde la primera catarata hasta más allá de la cuarta. Comerció con Egipto y, a través de él, con el mundo bizantino, y hacia el sur y el este con otros reinos africanos. Sus reyes intervinieron incluso en la política egipcia: en el siglo VIII, el rey Ciriaco marchó sobre Egipto para exigir la liberación del patriarca copto.
Los siglos IX a XI fueron la edad de oro. Es el momento de la Iglesia de las Columnas de Granito —la catedral, con sus dieciséis columnas de granito coronadas por capiteles ricamente labrados—, de la Iglesia Cruciforme levantada sobre el Edificio X, y de la Sala del Trono, un palacio monumental de dos plantas asomado al acantilado que servía de sala de audiencias regias y que es el edificio civil medieval mejor conservado de toda Nubia. Al norte de la ciudad creció el Gran Monasterio, el complejo de Kom H, que conserva alrededor de un centenar de composiciones pintadas de los siglos XI a XIII.
Si Makuria tiene un lugar propio en la historia del arte, se lo debe a sus pintores. Las paredes de las iglesias y de los monasterios nubios se cubrieron entre los siglos IX y XIII de figuras de santos, arcángeles, obispos, reyes y escenas evangélicas, con una iconografía que parte de modelos bizantinos y coptos pero que evoluciona hacia un lenguaje reconociblemente propio: figuras frontales de ojos enormes, colores planos y una insistencia particular en el motivo de la protección —el santo o el arcángel que abraza al personaje humano y lo cubre con su manto o con sus alas.
La mayor concentración conservada in situ está en el Gran Monasterio de Kom H, con cerca de un centenar de composiciones. Y su pieza más singular no es una iglesia sino una tumba: la cripta atribuida al arzobispo Georgios, muerto a comienzos del siglo XII, cuyas paredes están íntegramente cubiertas de textos en griego y copto —pasajes evangélicos, plegarias, letanías y fórmulas apotropaicas— escritos para proteger al difunto en su tránsito. Es un documento excepcional sobre la religiosidad funeraria de la Nubia cristiana, en el que se mezclan la liturgia oficial y una tradición de magia protectora perfectamente asumida.
El capítulo más reciente de esta historia se escribió en 2023. Trabajando sobre casas del período Funj —siglos XVI a XIX—, el equipo del Centro Polaco de Arqueología Mediterránea (PCMA) se topó con la abertura de una pequeña cámara pintada, situada unos siete metros por encima del nivel medieval del suelo. Dentro aparecieron la Madre de Dios, Cristo sentado entre nubes, el arcángel Miguel con las alas desplegadas y un rey nubio llamado David que se inclina ante Cristo mientras el arcángel lo sostiene y cubre con sus alas a ambos. La escena no tiene paralelos conocidos en la pintura nubia.
La cámara parece una cripta, pero su altura sobre el nivel del suelo medieval descarta esa función; los investigadores sospechan que se trata de un complejo conmemorativo real. El detalle histórico es escalofriante: David fue uno de los últimos soberanos de la Makuria cristiana y su reinado marcó el principio del fin. Por razones que no conocemos atacó Egipto, y la represalia mameluca desembocó en la invasión de Nubia y en el primer saqueo de Dongola de toda su historia. La pintura pudo ejecutarse con el ejército mameluco acercándose a la ciudad, o ya sitiándola. El hallazgo fue incluido entre los descubrimientos arqueológicos destacados de 2023.
El siglo XIII trajo el desgaste. Los sultanes mamelucos de Egipto empezaron a intervenir sistemáticamente en los asuntos internos de Makuria, apoyando a candidatos al trono, imponiendo tributos y lanzando expediciones militares. A las presiones externas se sumaron las disputas dinásticas y la llegada creciente de grupos arabizados al valle. La combinación fue letal para un Estado que llevaba más de setecientos años en pie.
La fecha simbólica es 1317: ese año la Sala del Trono, el palacio real cristiano, fue convertida en mezquita, transformación que quedó consignada en una estela de fundación conservada en el propio edificio. El poder cristiano no desapareció de golpe, pero el gesto marca un cambio de época. En 1364 la corte abandonó definitivamente Dongola y el reino se fragmentó en principados menores. En los siglos siguientes, la islamización del valle nubio se completó.
Y sin embargo, la ciudad no murió. Old Dongola siguió habitada durante siglos como núcleo urbano musulmán, primero bajo la órbita del sultanato Funj de Sennar y después bajo otros poderes locales. De esa etapa quedan las casas excavadas en las campañas recientes y, sobre todo, el campo de qubbas: decenas de tumbas de cúpula encalada levantadas entre los siglos XVII y XIX sobre las sepulturas de jeques y hombres santos, esparcidas por la llanura al norte del yacimiento. Son la estampa más fotografiada del lugar y, al mismo tiempo, el mejor recordatorio de que la historia de Old Dongola no termina con el cristianismo.
El golpe definitivo a su centralidad llegó en 1812, cuando se fundó río abajo una nueva Dongola —la actual capital del estado Norte—, en el contexto de la llegada de mamelucos que huían de Egipto. Desde entonces, la vieja capital quedó como lo que es hoy: un yacimiento deshabitado de una escala impresionante.
La arqueología moderna llegó en 1964, cuando la misión polaca del que hoy es el Centro Polaco de Arqueología Mediterránea de la Universidad de Varsovia empezó a excavar el sitio. Más de medio siglo de trabajo continuado ha sacado a la luz iglesias, palacios, el complejo monástico, tramos de la muralla y centenares de viviendas. En los últimos años, el proyecto UMMA, dirigido por Artur Obłuski y financiado por el Consejo Europeo de Investigación, desplazó el foco a una etapa hasta entonces desatendida: la transformación social, política y religiosa de Dongola entre los siglos XIV y XVIII, es decir, precisamente la ciudad islámica que la historiografía había dado por irrelevante.
El 15 de abril de 2023 estalló en Jartum el enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas Sudanesas y las Fuerzas de Apoyo Rápido, y Sudán entró en una guerra civil que sigue abierta. Los combates más intensos se concentraron en la capital, en Darfur y en Kordofán. El estado Norte, donde está Old Dongola, quedó relativamente al margen del frente, pero el yacimiento sufrió las consecuencias indirectas del conflicto: las campañas arqueológicas se suspendieron, el mantenimiento se interrumpió y la vigilancia se debilitó.
Un balance publicado en la revista Antiquity en 2025 documenta el efecto de la guerra sobre la arqueología sudanesa entre 2023 y 2025 y cita a Old Dongola entre los sitios del norte afectados. Los riesgos concretos en esa región son la minería ilegal de oro —que destruyó el almacén del proyecto del British Museum en Amara Occidental entre abril y mayo de 2023 y dañó depósitos en la isla de Sai— y el saqueo de casas de excavación, como ocurrió en Naqa cuando las incursiones de las RSF hacia el norte derivaron en tiroteos con la policía local.
En Jartum el daño fue de otro orden. El Museo Nacional de Sudán, que custodiaba buena parte de las piezas procedentes de las excavaciones nubias, fue ocupado por las RSF desde junio de 2023 y saqueado de forma masiva; cuando el ejército recuperó la zona en marzo de 2025, la dirección de la autoridad sudanesa de antigüedades cifró las pérdidas en más del sesenta por ciento de los fondos y en declaraciones posteriores llegó a hablar del noventa por ciento, incluida la colección de oro arqueológico. El Museo Etnográfico fue saqueado e incendiado, la Casa del Califa de Omdurmán fue robada y en septiembre de 2025 el recuento superaba los veinte museos dañados y los 110 millones de dólares en perjuicios.
La UNESCO ha alertado repetidamente sobre el riesgo de tráfico ilícito de bienes culturales sudaneses y ha pedido al mercado internacional del arte que se abstenga de adquirir piezas procedentes del país. También aplicó medidas de emergencia en cinco museos arqueológicos —Kerma, Jebel Barkal, el Mar Rojo, El Damer y Sennar—, con embalaje y aseguramiento de colecciones, habilitación de depósitos seguros y catalogación y digitalización de alrededor de 1.700 objetos.
Old Dongola sigue ahí, con sus iglesias, su sala del trono y sus cúpulas blancas sobre la arena, esperando que la arqueología pueda volver. Sus paredes pintadas llevan mil años sobreviviendo a asedios, saqueos y cambios de religión; el riesgo hoy no es tanto la destrucción deliberada como el abandono prolongado y la presión de la minería ilegal sobre un territorio sin vigilancia.