Koh Rong es la isla que muchos imaginan cuando sueñan con Camboya: kilómetros de arena blanca y finísima, agua tibia de un turquesa increíble, palmeras inclinadas sobre el mar y, al caer la noche, un espectáculo mágico de plancton bioluminiscente que enciende el agua con destellos azules como estrellas. Es la más grande y animada de las islas del golfo de Tailandia camboyano, y ofrece un poco de todo: playas de fiesta y playas desiertas, bares mochileros y calas para desconectar, selva para caminar y fondos para bucear.
Su carácter cambia según dónde estés. La zona del muelle principal, Koh Touch, es el corazón fiestero: bares, hostels, música, viajeros de todo el mundo y un ambiente joven y bullicioso, ideal para quienes buscan movida nocturna. Pero basta alejarse un poco —caminando por la selva hasta Long Beach (una de las playas más impresionantes del sudeste asiático) o tomando un bote hasta Sok San, Coconut o Lonely Beach— para encontrar el otro Koh Rong: tranquilo, salvaje y casi vacío, de bungalows sencillos frente a un mar de postal.
Esta guía te ayuda a moverte por esa doble personalidad: qué playa elegir según lo que busques, cómo llegar en ferry desde Sihanoukville, cómo ver el plancton bioluminiscente, dónde dormir y comer, y cómo combinar Koh Rong con su hermana tranquila, Koh Rong Samloem. Sea para festejar hasta el amanecer o para no hacer absolutamente nada frente al mar, Koh Rong es una de las paradas más felices de cualquier viaje por Camboya.
Durante siglos, Koh Rong fue apenas un puñado de aldeas de pescadores —Koh Touch, Prek Svay, Deum Thkov y Sok San—, cuyos habitantes vivían casi exclusivamente de la pesca. La isla quedó integrada administrativamente a Camboya durante el protectorado francés, establecido por tratado en 1863. Bajo el régimen de los Jemeres Rojos (1975-1979), sus pequeñas comunidades sufrieron el trabajo forzado y la colectivización, y durante décadas la isla permaneció aislada, sin apenas desarrollo, administrada por la Marina hasta el año 2000. El turismo llegó recién en el siglo XXI: primero unos pocos mochileros, luego un boom que la convirtió en la isla más popular del país. En 2008, un consorcio camboyano (el Royal Group) obtuvo una concesión a largo plazo con planes de desarrollo, y en 2018 se creó a su alrededor el primer parque nacional marino de Camboya. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓El litoral camboyano sobre el golfo de Tailandia: los pueblos coloniales de la pimienta, el puerto que un rey mandó construir y las islas de arena blanca del sur.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
Antes de que llegaran los mochileros, los baldes de cócteles y los bungalows frente al mar, Koh Rong era una isla de pescadores y prácticamente nada más. Durante siglos, la vida en esta gran isla del golfo de Tailandia giró en torno a cuatro aldeas —Koh Touch, Prek Svay, Deum Thkov y Sok San— cuyos habitantes vivían casi exclusivamente de lo que sacaban del mar. Casas de madera sobre pilotes, barcas de pesca, redes secándose al sol: esa era la estampa de Koh Rong, ajena por completo al turismo.
La isla, cubierta en su mayor parte de selva montañosa y rodeada de arrecifes, era un lugar remoto y autosuficiente. Sus playas hoy célebres —Long Beach, Coconut, Lonely Beach— no tenían nombre turístico ni valor de postal: eran simplemente parte del entorno de trabajo y de vida de las comunidades pesqueras. El mar proveía el sustento, y el ritmo lo marcaban las mareas, los vientos y las estaciones.
Geográficamente, Koh Rong siempre perteneció a la órbita de la costa de Kompong Som (la actual Sihanoukville), aunque su aislamiento la mantenía en un mundo aparte. Con la expansión del dominio francés en Indochina, la isla quedó integrada administrativamente al protectorado de Camboya, establecido por tratado en 1863. Pero ni la administración colonial ni los cambios políticos del continente alteraron demasiado, durante mucho tiempo, la vida sencilla de sus aldeas de pescadores.
La tragedia que asoló toda Camboya también alcanzó a esta isla remota. Cuando los Jemeres Rojos de Pol Pot tomaron el poder en abril de 1975 e instauraron el régimen de la Kampuchea Democrática, ni siquiera las pequeñas comunidades pesqueras de Koh Rong quedaron a salvo de su política de colectivización forzada y control absoluto. En la isla se establecieron campos de trabajo forzado, y su población —hombres, mujeres y niños— fue sometida a duras jornadas de labor en la agricultura, la pesca y otras tareas, bajo la vigilancia de los soldados del régimen.
El régimen de los Jemeres Rojos, que gobernó hasta enero de 1979, causó en todo el país la muerte de alrededor de una cuarta parte de la población por ejecuciones, hambre, enfermedad y agotamiento. Cuando cayó, tras la invasión vietnamita, Camboya quedó sumida en años de guerra civil, ocupación y recuperación. Para una isla como Koh Rong, eso significó décadas más de aislamiento y estancamiento.
Durante los años posteriores a la guerra, la isla y sus aguas quedaron bajo control de la autoridad naval, que administró la zona en un radio de varias millas alrededor de Koh Rong aproximadamente entre 1979 y 2000. La repoblación y el desarrollo fueron mínimos durante los años ochenta: las prioridades del país estaban en estabilizar el continente y combatir los últimos reductos jemeres rojos. Recién a partir del año 2000, con la gestión de los recursos pesqueros pasando al Departamento de Pesca y con el país por fin en paz, Koh Rong empezaría muy lentamente a abrirse a un futuro distinto.
Buena parte de lo que hace especial a Koh Rong tiene que ver con su naturaleza, casi intacta hasta hace muy poco. La isla es grande —la segunda de Camboya— y en su mayor parte montañosa y cubierta de selva tropical, con una costa recortada en decenas de playas, calas y penínsulas. Ese relieve accidentado, sin apenas caminos, es la razón de que todavía hoy uno se mueva por Koh Rong caminando por senderos de bosque o navegando en bote, y de que muchas de sus playas sigan siendo difíciles de alcanzar y, por lo tanto, tranquilas.
Alrededor de la isla, las aguas del golfo de Tailandia albergan arrecifes de coral y una vida marina variada, que se intenta proteger desde la creación del parque nacional marino. Y de noche, en las zonas más oscuras, aparece el fenómeno que dio fama mundial a Koh Rong: el plancton bioluminiscente, microorganismos que al agitarse el agua emiten destellos azules, convirtiendo un simple baño nocturno en una experiencia casi irreal. No es un fenómeno exclusivo de la isla, pero pocas veces se ve tan accesible y espectacular.
Esa belleza salvaje llamó la atención más allá de los mochileros: las islas del archipiélago de Koh Rong sirvieron de escenario para programas de televisión de supervivencia y aventura de gran audiencia internacional, que mostraron sus playas y su selva a millones de espectadores en todo el mundo. Esa exposición mediática, sumada al boca a boca viajero, ayudó a poner definitivamente a Koh Rong en el mapa del turismo global, para bien (fama, ingresos) y para mal (presión sobre un entorno frágil).
El despegue turístico de Koh Rong es sorprendentemente reciente. Durante los primeros años del siglo XXI, la isla era todavía un secreto entre mochileros aventureros que llegaban en barcas de pescadores desde Sihanoukville, dispuestos a dormir en cabañas básicas sin apenas electricidad a cambio de tener playas paradisíacas casi para ellos solos. El boca a boca hizo el resto: la fama de sus arenas blancas, sus aguas turquesa y el mágico plancton bioluminiscente se fue extendiendo por la ruta viajera del sudeste asiático.
Un hito clave llegó en 2008, cuando un consorcio camboyano, el Royal Group, obtuvo una concesión a largo plazo (un arrendamiento de larga duración) sobre la isla, y anunció planes ambiciosos de desarrollo, incluido el proyecto de crear un complejo turístico 'planificado ecológicamente'. A la vez, la mejora de los ferries rápidos desde Sihanoukville hizo la isla mucho más accesible, y el turismo se multiplicó. Koh Touch, junto al muelle, se transformó en un ruidoso centro mochilero y fiestero, mientras las playas alejadas atraían a quienes buscaban tranquilidad.
El crecimiento trajo prosperidad, pero también tensiones: presión sobre el medioambiente, gestión de residuos, especulación inmobiliaria y el debate sobre cómo desarrollar la isla sin destruir lo que la hace especial. En 2018 se estableció alrededor de Koh Rong el primer parque nacional marino de Camboya, un intento de proteger sus arrecifes y su vida marina. La isla, que se constituyó como comuna en 2000 y ganó estatus de ciudad en 2019, vive hoy el desafío de equilibrar su explosión turística con la conservación de sus playas y su naturaleza. De aldea de pescadores olvidada a joya turística del país en apenas dos décadas, Koh Rong resume el vértigo con el que Camboya se abrió al mundo tras décadas de guerra y aislamiento.