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Historia del país

Historia de Turquía

Anatolia, una de las cunas de la civilización

La historia humana en Anatolia es tan antigua que redefinió lo que creíamos saber sobre nuestros orígenes. En Göbekli Tepe, cerca de Şanlıurfa, en el sureste del país, se descubrió un conjunto de círculos de pilares de piedra tallados con animales que se empezó a construir alrededor del 9500 a. C., en pleno Neolítico y antes de la invención de la agricultura y la cerámica. Es el santuario monumental más antiguo conocido del mundo: precede a Stonehenge en unos seis mil años y obligó a los arqueólogos a replantear la idea de que la religión organizada nació después de las ciudades, y no al revés. A pocos kilómetros, en Çatalhöyük, floreció hacia el 7500 a. C. uno de los primeros grandes asentamientos urbanos de la humanidad, un dédalo de casas de adobe a las que se entraba por el techo.

Hacia el segundo milenio a. C., Anatolia central fue el corazón del Imperio hitita, una de las grandes potencias de la Edad del Bronce, con capital en Hattusa (la actual Boğazkale). Los hititas dominaron el hierro, escribieron en tablillas de arcilla y firmaron con el Egipto de Ramsés II, tras la batalla de Qadesh (hacia 1274 a. C.), lo que suele considerarse el tratado de paz más antiguo que se conserva. Tras el colapso de la Edad del Bronce, hacia 1200 a. C., surgieron pueblos como los frigios —cuyo rey legendario, Midas, quedó atado al mito del toque de oro y del nudo gordiano— y los lidios de Sardes, a quienes se atribuye haber acuñado la primera moneda metálica de la historia, bajo el proverbialmente rico rey Creso.

En la costa occidental, mientras tanto, la leyenda y la arqueología se cruzan en Troya. Las excavaciones que Heinrich Schliemann inició en 1871 en la colina de Hisarlık revelaron nueve ciudades superpuestas; una de ellas, destruida hacia el 1180 a. C., alimentó el relato de la guerra de Troya que Homero fijó en la Ilíada. Anatolia era ya, tres mil años atrás, un mosaico de pueblos y lenguas asomado al Egeo.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Anatoliahttps://whc.unesco.org/en/list/1572/https://www.worldhistory.org/hittite/

Griegos jonios, persas y el mundo helenístico

Desde el siglo VIII a. C., colonos griegos poblaron toda la costa egea de Anatolia y fundaron ciudades que serían faros de la cultura antigua: Mileto, Éfeso, Esmirna, Halicarnaso. Aquella región, llamada Jonia, fue nada menos que la cuna de la filosofía y la ciencia occidentales. En Mileto pensaron Tales, Anaximandro y Anaxímenes, los primeros que intentaron explicar el mundo sin recurrir a los dioses; de Halicarnaso era Heródoto, 'el padre de la historia'; y en Éfeso enseñó Heráclito. Fue una de las concentraciones de talento más asombrosas de la Antigüedad.

Esa prosperidad convirtió a Anatolia en objeto de disputa. En el siglo VI a. C., el Imperio persa aqueménida sometió a las ciudades jónicas; su rebelión contra Persia, hacia el 499 a. C., desató las Guerras Médicas que enfrentarían a griegos y persas durante generaciones. Dos siglos después, Alejandro Magno cruzó a Asia en el 334 a. C., venció a los persas en el río Gránico y en Issos, cortó de un tajo el nudo gordiano y abrió Anatolia al mundo griego. Tras su muerte, sus generales se repartieron el imperio y surgieron reinos helenísticos —el de los seléucidas, el de Pérgamo bajo los Atálidas— que hicieron de la región un centro de arte y saber, con la célebre biblioteca de Pérgamo rivalizando con la de Alejandría.

Roma llegó por herencia y por conquista: en el 133 a. C., el último rey de Pérgamo, Atalo III, legó su reino a la República romana, que lo convirtió en la provincia de Asia. Poco a poco, toda Anatolia quedó bajo el águila romana, con ciudades que alcanzaron un esplendor monumental —Éfeso llegó a tener cientos de miles de habitantes— y que serían, además, escenario decisivo de la expansión de una nueva religión: el cristianismo. San Pablo recorrió estas tierras y escribió a comunidades de Éfeso, Galacia y Colosas; el Apocalipsis se dirige a las 'siete iglesias de Asia', todas en la Anatolia occidental.

https://en.wikipedia.org/wiki/Ioniahttps://www.britannica.com/place/Anatoliahttps://www.worldhistory.org/Anatolia/

Constantinopla y el milenio bizantino

El acontecimiento que definiría el destino de la región durante más de mil años ocurrió en el año 330, cuando el emperador Constantino el Grande inauguró una nueva capital para el Imperio romano sobre la antigua colonia griega de Bizancio, en el estrecho del Bósforo. La bautizó Nueva Roma, pero pasó a la historia con su nombre: Constantinopla. Su ubicación era perfecta, un promontorio defendible que controlaba el paso entre el mar Negro y el Mediterráneo y entre Europa y Asia. Constantino, además, fue el primer emperador que amparó al cristianismo, y bajo sus sucesores esta se volvería la religión oficial del Estado.

Cuando el Imperio romano de Occidente se derrumbó en el siglo V, el de Oriente —al que los historiadores modernos llaman Imperio bizantino, aunque sus habitantes se llamaban a sí mismos romanos— siguió en pie, con Constantinopla como capital y el griego como lengua. Su época de mayor esplendor llegó con Justiniano I (527-565), que reconquistó parte del Mediterráneo, codificó el derecho romano en el Corpus Iuris Civilis —base de la tradición jurídica occidental— y mandó levantar Santa Sofía, la Hagia Sophia, terminada en el 537. Durante casi mil años fue la iglesia más grande de la cristiandad y una maravilla de la ingeniería, con su enorme cúpula que parecía suspendida del cielo.

Durante siglos, Constantinopla fue la ciudad más rica y poblada de Europa, un imán para mercaderes, peregrinos y ejércitos. Resistió asedios árabes, ávaros y búlgaros gracias a sus murallas triples y al 'fuego griego', un arma incendiaria cuya fórmula era secreto de Estado. Pero el imperio también se desangró en guerras y cismas: en 1054, la ruptura definitiva entre la Iglesia de Roma y la de Constantinopla consumó el Gran Cisma entre catolicismo y ortodoxia. Y en 1204, en uno de los episodios más vergonzosos de la Edad Media, la Cuarta Cruzada —cristianos de Occidente— saqueó y ocupó Constantinopla, un golpe del que Bizancio no se repondría del todo. Para entonces, además, un pueblo nuevo llevaba más de un siglo cambiando el mapa de Anatolia.

https://en.wikipedia.org/wiki/Byzantine_Empirehttps://www.britannica.com/place/Constantinoplehttps://whc.unesco.org/en/list/356/

La llegada de los turcos y la batalla de Manzikert (1071)

Los turcos no eran originarios de Anatolia. Provenían de las estepas del Asia central, eran pueblos nómadas de lengua túrquica, y en su expansión hacia el oeste se convirtieron al islam y fundaron, en el siglo XI, el gran Imperio selyúcida, que dominó Persia y Mesopotamia. Bandas de guerreros turcos empezaron a incursionar en las fronteras orientales de Bizancio, saqueando ciudades de Armenia y Anatolia. En 1064 arrasaron Ani, la espléndida capital del reino armenio.

El choque decisivo llegó el 26 de agosto de 1071 en Manzikert (la actual Malazgirt), cerca del lago Van. El emperador bizantino Romano IV Diógenes marchó al este con un gran ejército para frenar de una vez a los invasores, y se enfrentó al sultán selyúcida Alp Arslan. La batalla fue un desastre para Bizancio: la caballería turca, con su táctica de fingir la retirada y acosar con arqueros a caballo, deshizo al ejército imperial, en parte por la traición de comandantes que abandonaron el campo. El propio emperador cayó prisionero, algo casi inaudito en la historia romana.

Manzikert no destruyó a Bizancio de un golpe, pero le abrió el corazón. Con el imperio sumido en guerras civiles, las tribus turcas se derramaron por Anatolia casi sin resistencia y fundaron el Sultanato de Rum —'Rum' por 'Roma', es decir, el sultanato en tierras romanas—, con capital finalmente en Konya. En pocas décadas, la meseta anatolia, que había sido griega y cristiana durante más de un milenio, empezó un largo proceso de turquización e islamización. Historiadores de todas las tendencias coinciden en que 1071 fue un punto de inflexión: sin Manzikert probablemente no habría habido Primera Cruzada —convocada en 1095, en parte por el pedido de auxilio bizantino—, ni una Anatolia turca, ni, siglos después, la caída de Constantinopla.

https://www.britannica.com/event/Battle-of-Manzikerthttps://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Manzikerthttps://www.worldhistory.org/article/1189/battle-of-manziker

El ascenso otomano y la caída de Constantinopla (1453)

De los muchos principados turcos que surgieron tras la desintegración del Sultanato de Rum, uno pequeño, asentado en el noroeste de Anatolia, estaba destinado a la grandeza. Lo gobernaba un jefe guerrero llamado Osman —de ahí 'otomano'—, y hacia 1300 empezó a expandirse a costa de los últimos territorios bizantinos. Los otomanos combinaban el fervor de la guerra santa fronteriza con una notable capacidad de organización y de asimilar a otros pueblos. En 1326 tomaron Bursa, en 1361 Adrianópolis (Edirne), y a fines del siglo XIV ya dominaban buena parte de los Balcanes, dejando a Constantinopla como un enclave cristiano rodeado por su imperio.

El golpe final lo dio Mehmet II, apenas un joven de 21 años al que la historia conocería como 'el Conquistador'. En la primavera de 1453 puso sitio a Constantinopla con un ejército enorme y una artillería revolucionaria, entre ella un cañón gigantesco fundido para derribar las murallas milenarias que siempre habían protegido a la ciudad. El último emperador, Constantino XI Paleólogo, defendió la plaza con unos pocos miles de hombres frente a decenas de miles de sitiadores. Tras casi dos meses de asedio, en la madrugada del 29 de mayo de 1453, los otomanos rompieron las defensas; el emperador murió combatiendo y la ciudad fue tomada. Con ella se extinguía, después de más de mil años, el Imperio romano de Oriente.

La caída de Constantinopla resonó en toda Europa y suele marcarse como el fin de la Edad Media. Mehmet II hizo de la ciudad su nueva capital, la repobló y la convirtió en el centro de un imperio islámico universal; transformó Santa Sofía en mezquita y se proclamó heredero tanto del sultanato islámico como del legado imperial romano. La ciudad pasaría a ser conocida popularmente como Estambul. En apenas siglo y medio, un principado de frontera se había convertido en la mayor potencia del Mediterráneo oriental.

https://www.britannica.com/event/Fall-of-Constantinople-1453https://en.wikipedia.org/wiki/Fall_of_Constantinoplehttps://en.wikipedia.org/wiki/Mehmed_the_Conqueror

El apogeo del Imperio otomano y Solimán el Magnífico

El siglo XVI fue la edad de oro otomana. Bajo Selim I (1512-1520), el imperio duplicó su tamaño al conquistar Siria, Egipto y los lugares santos del islam, La Meca y Medina; con ello el sultán asumió el título de califa, líder espiritual del mundo musulmán suní. Pero la figura que encarna el apogeo es su hijo, Solimán, que reinó casi medio siglo (1520-1566) y a quien los europeos llamaron 'el Magnífico' y los turcos 'Kanuni', el Legislador.

Bajo Solimán, el imperio se extendió por tres continentes. Sus ejércitos tomaron Belgrado y Rodas, arrasaron al reino de Hungría en la batalla de Mohács (1526) y llegaron a poner sitio a Viena en 1529, el punto más occidental de la expansión otomana. Su flota, comandada por el corsario Barbarroja, dominó buena parte del Mediterráneo. Hacia mediados de siglo, el imperio se extendía desde Argelia hasta Irak y desde Hungría hasta Yemen, con unos 15 a 20 millones de habitantes de decenas de lenguas y religiones.

El esplendor no fue solo militar. Solimán reformó el sistema legal, protegió las artes y encargó al genial arquitecto Mimar Sinan las grandes mezquitas imperiales —la Süleymaniye de Estambul, la Selimiye de Edirne— que definen todavía hoy la silueta de las ciudades turcas. El Estado otomano administraba su enorme diversidad mediante el sistema de 'millet', que otorgaba a cada comunidad religiosa —cristianos ortodoxos, armenios, judíos— autonomía para gobernar sus propios asuntos internos. Fue, para su época, un imperio notablemente plural, que acogió por ejemplo a los judíos expulsados de España en 1492. Ese momento de máxima gloria, sin embargo, contenía ya las semillas de una larga decadencia.

https://www.britannica.com/biography/Suleyman-the-Magnificenhttps://en.wikipedia.org/wiki/Suleiman_the_Magnificenthttps://en.wikipedia.org/wiki/Ottoman_Empire

La larga decadencia y el 'enfermo de Europa'

Tras la muerte de Solimán, el imperio siguió siendo formidable durante más de un siglo, pero fue perdiendo terreno frente a una Europa que se transformaba a toda velocidad. El punto de quiebre suele situarse en el segundo sitio de Viena, en 1683, donde un ejército otomano fue derrotado por una coalición cristiana encabezada por el rey polaco Juan III Sobieski. A partir de ahí, la marea se invirtió: por el Tratado de Karlowitz de 1699, los otomanos cedieron Hungría y grandes territorios, la primera gran retirada de su historia.

Durante el siglo XVIII y sobre todo el XIX, el imperio se fue desmembrando bajo la presión de las potencias europeas —en especial la Rusia zarista, que ansiaba salida al Mediterráneo— y del auge de los nacionalismos entre sus pueblos cristianos de los Balcanes. Grecia logró su independencia en 1830 tras una guerra sangrienta; Serbia, Rumania, Bulgaria y Montenegro siguieron el mismo camino. La debilidad crónica del imperio hizo que en las cancillerías europeas se lo apodara 'el enfermo de Europa', y su reparto se convirtió en la llamada 'Cuestión de Oriente' que obsesionó a la diplomacia del siglo XIX.

Hubo intentos serios de reforma. El período de las Tanzimat (1839-1876) buscó modernizar el Estado, igualar ante la ley a musulmanes y no musulmanes y crear ejército, escuelas y códigos al estilo europeo. En 1876 se promulgó incluso una primera constitución, pronto suspendida por el sultán Abdülhamit II, que gobernó de manera autoritaria durante tres décadas. La frustración con el estancamiento y el despotismo alimentó el movimiento de los Jóvenes Turcos, oficiales y funcionarios nacionalistas que en 1908 forzaron la restauración de la constitución. Su llegada al poder, sin embargo, coincidió con nuevas derrotas —la pérdida de Libia y casi todos los Balcanes en las guerras de 1911-1913— y desembocaría, pocos años después, en la catástrofe de la Primera Guerra Mundial.

https://en.wikipedia.org/wiki/Decline_and_modernization_of_thttps://www.britannica.com/place/Ottoman-Empirehttps://en.wikipedia.org/wiki/Tanzimat

El fin del imperio y la Primera Guerra Mundial

En 1914, el gobierno de los Jóvenes Turcos —dominado por el triunvirato de Enver, Talat y Cemal Bajá— llevó al Imperio otomano a la Primera Guerra Mundial del lado de Alemania y Austria-Hungría. Fue una apuesta desesperada por revertir el declive, y resultó ruinosa. El imperio combatió en múltiples frentes: el Cáucaso contra Rusia, Mesopotamia y Palestina contra los británicos, y los Dardanelos.

Allí, en la península de Galípoli, a orillas del estrecho de los Dardanelos, se libró en 1915-1916 una de las campañas más sangrientas de la guerra. Los Aliados, sobre todo tropas británicas, francesas, australianas y neozelandesas (los famosos ANZAC), intentaron forzar el estrecho y tomar Constantinopla, pero fracasaron ante la feroz resistencia otomana tras meses de combates y cientos de miles de bajas de ambos lados. La defensa de Galípoli catapultó a la fama a un coronel otomano llamado Mustafa Kemal, que sería el hombre clave del futuro. Para australianos y neozelandeses, la campaña se convirtió en un mito fundacional nacional que todavía se conmemora cada 25 de abril, el Día de ANZAC.

A pesar de la victoria en Galípoli, el imperio se derrumbó. En 1916 los árabes se rebelaron con apoyo británico; en 1917-1918 cayeron Bagdad, Jerusalén y Damasco. El armisticio de Mudros, en octubre de 1918, selló la rendición otomana. Las potencias vencedoras se dispusieron a repartirse los despojos: el Tratado de Sèvres de 1920 desmembraba lo que quedaba del imperio, entregaba territorios a Grecia, Armenia, Francia e Italia y dejaba apenas un muñón de Estado turco bajo control extranjero. Pero en medio de ese colapso se había cometido, además, uno de los crímenes más graves del siglo, y comenzaba a gestarse una resistencia que cambiaría el rumbo.

https://en.wikipedia.org/wiki/Ottoman_Empire_in_World_War_Ihttps://www.britannica.com/event/Gallipoli-Campaignhttps://en.wikipedia.org/wiki/Gallipoli_campaign

El genocidio armenio y el Sayfo (1915)

En medio de la guerra, el gobierno de los Jóvenes Turcos ejecutó lo que la mayoría de los historiadores considera el primer genocidio a gran escala del siglo XX. El 24 de abril de 1915 —fecha que hoy conmemora el pueblo armenio— fueron arrestados en Constantinopla cientos de intelectuales y líderes armenios. A eso siguió la deportación sistemática de la población armenia de Anatolia hacia los desiertos de Siria y Mesopotamia. Las columnas de deportados, en su mayoría mujeres, ancianos y niños, fueron sometidas a marchas forzadas sin comida ni agua, masacres, violaciones y esclavitud. Las estimaciones del número de muertos varían entre unas seiscientas mil y un millón y medio de personas; la cifra de 1,5 millones es la que sostienen la mayoría de los estudiosos y numerosos Estados.

De manera simultánea, y como parte del mismo proceso de exterminio de las minorías cristianas del imperio, se perpetró el Sayfo (que en arameo significa 'la espada'): el genocidio de los cristianos siríacos —asirios, arameos y caldeos—, con un número de víctimas que se estima entre unas 250.000 y 300.000, según cálculos conservadores, y hasta cerca de 500.000 o más según otros. También fueron masacrados y expulsados centenares de miles de griegos otomanos, sobre todo del Ponto, en el mar Negro. En pocos años, comunidades cristianas milenarias fueron borradas del mapa de Anatolia.

Este capítulo exige precisión y sobriedad. Existe un amplísimo consenso académico e histórico en calificar de genocidio lo ocurrido con los armenios: más de treinta países, entre ellos varios latinoamericanos, lo han reconocido oficialmente, así como numerosos parlamentos e instituciones. La República de Turquía, en cambio, niega oficialmente que hubiera un genocidio: reconoce que hubo muertes y sufrimiento, pero las atribuye al caos de la guerra, a rebeliones armenias y a hambrunas, y sostiene que las cifras están infladas. Esta negación estatal es motivo de tensión diplomática recurrente. Presentar los hechos —la deportación planificada, las masacres, el número de víctimas— y a la vez señalar la posición oficial turca no es tomar partido nacionalista: es distinguir entre el consenso historiográfico y la política de un Estado.

https://encyclopedia.ushmm.org/content/en/article/the-armenihttps://www.britannica.com/event/Armenian-Genocidehttps://en.wikipedia.org/wiki/Sayfo

La Guerra de Independencia y la república de Atatürk (1923)

El humillante Tratado de Sèvres, que amputaba Anatolia y la repartía entre potencias extranjeras y Grecia, provocó una reacción nacionalista. Su líder fue Mustafa Kemal, el héroe de Galípoli, que a partir de 1919 organizó en el interior de Anatolia un movimiento de resistencia con capital en Ankara y un parlamento propio, la Gran Asamblea Nacional, desafiando tanto a los ocupantes como al gobierno del sultán en Estambul. Comenzó así la Guerra de Independencia turca (1919-1923), librada sobre todo contra el ejército griego que había desembarcado en Esmirna y avanzado hacia el interior.

Tras duros combates, las fuerzas de Kemal contuvieron y luego revirtieron la ofensiva griega en las batallas del río Sakarya (1921) y del Gran Ataque de 1922, que terminó con la reconquista de Esmirna en septiembre de ese año. La victoria obligó a las potencias a renegociar: el Tratado de Lausana, firmado en julio de 1923, anuló el de Sèvres, reconoció la soberanía turca sobre Anatolia y la Tracia oriental y fijó las fronteras que el país conserva hoy. Lausana incluyó también un enorme y forzoso intercambio de poblaciones entre Grecia y Turquía —más de un millón de griegos ortodoxos y cientos de miles de musulmanes fueron desarraigados de las tierras donde habían vivido durante siglos—, una herida demográfica y humana de largo alcance.

El 29 de octubre de 1923 se proclamó la República de Turquía, con Mustafa Kemal como primer presidente; en 1934 el parlamento le otorgaría el apellido Atatürk, 'padre de los turcos'. Desde el poder emprendió una revolución cultural y política sin precedentes para convertir al viejo imperio islámico en un Estado-nación moderno, europeo y laico. Abolió el sultanato (1922) y el califato (1924); reemplazó la ley islámica por códigos de inspiración europea; adoptó el alfabeto latino en lugar del árabe (1928); impuso el calendario y la vestimenta occidentales; concedió a las mujeres el derecho al voto antes que muchos países europeos; y consagró el laicismo como principio del Estado, uno de los pilares del kemalismo. Fue una modernización acelerada e impuesta desde arriba, autoritaria en sus métodos y profunda en sus efectos, que todavía define las líneas de fractura de la Turquía actual.

https://en.wikipedia.org/wiki/Turkish_War_of_Independencehttps://www.britannica.com/biography/Kemal-Ataturkhttps://en.wikipedia.org/wiki/Atat%C3%BCrk%27s_reforms

La Turquía moderna: de la OTAN a la era Erdoğan

Tras la muerte de Atatürk en 1938, su sucesor İsmet İnönü mantuvo a Turquía neutral casi hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. En 1950, el país celebró sus primeras elecciones plenamente democráticas y, en el marco de la Guerra Fría, se alineó firmemente con Occidente: en 1952 ingresó en la OTAN, de la que es todavía uno de los mayores ejércitos, y se convirtió en un socio estratégico clave por su frontera con la Unión Soviética. La vida política interna, sin embargo, fue turbulenta, con reiterados golpes militares —1960, 1971, 1980— en los que el ejército, autoproclamado guardián del legado laico de Atatürk, intervino para derrocar gobiernos.

Dos conflictos marcaron el período. En 1974, tras un golpe en Chipre respaldado por la junta militar griega que buscaba unir la isla a Grecia, Turquía invadió el norte de Chipre, cuya ocupación derivó en la partición de facto de la isla y en la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre, reconocida solo por Ankara; la 'cuestión chipriota' sigue sin resolverse. Y desde 1984, en el sureste de mayoría kurda, se libra un largo conflicto armado entre el Estado turco y el PKK, una guerrilla kurda considerada organización terrorista por Turquía, la Unión Europea y Estados Unidos. Esa guerra ha causado decenas de miles de muertos y sucesivas fases de violencia, treguas y rupturas. La llamada cuestión kurda —los derechos culturales, lingüísticos y políticos de la mayor minoría del país, unos quince millones de personas— es uno de los debates más sensibles de la política turca, atravesado por reclamos legítimos, represión estatal y también violencia insurgente; conviene tratarla sin simplificaciones ni tomas de partido.

Desde 2003, la figura dominante es Recep Tayyip Erdoğan, primero como primer ministro y desde 2014 como presidente. Su partido, el AKP, de raíz islamista moderada, ganó elección tras elección apoyado en un fuerte crecimiento económico inicial y en el voto conservador y religioso, revirtiendo décadas de laicismo militante. Turquía inició en 2005 negociaciones para ingresar en la Unión Europea, que hoy están congeladas. Tras el fallido golpe de Estado de julio de 2016, Erdoğan impulsó una purga masiva y una reforma constitucional que en 2017 concentró el poder en un sistema presidencialista, en medio de crecientes críticas por el retroceso democrático y las restricciones a la prensa y la oposición. Potencia regional de más de 85 millones de habitantes, puente entre Europa y Asia y entre Oriente y Occidente, la Turquía del siglo XXI sigue debatiéndose entre su herencia laica y su identidad musulmana, entre la mirada a Europa y la ambición de liderazgo en su propio vecindario.

https://www.britannica.com/place/Turkey/Historyhttps://en.wikipedia.org/wiki/History_of_the_Republic_of_T%Chttps://en.wikipedia.org/wiki/Kurdish%E2%80%93Turkish_confli

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📚 Bibliografía

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