Jartum es una de las capitales con la localización más extraordinaria del planeta: la ciudad nació y creció exactamente sobre el punto donde el Nilo Azul y el Nilo Blanco dejan de ser dos ríos y pasan a ser uno solo. Ese encuentro —el Mogran, «la confluencia» en árabe— le dio a la ciudad su nombre, su forma triangular y su papel de nudo entre el mundo árabe, el valle del Nilo y el África subsahariana. De ahí sale el Nilo que atraviesa Egipto y desemboca en el Mediterráneo cuatro mil kilómetros más al norte.
Fundada en 1821 como campamento militar del ejército egipcio de Muhammad Ali, arrasada por los mahdistas en 1885 con el general Gordon dentro, reconstruida por los británicos en 1898 sobre un trazado que imita la bandera del Reino Unido y capital de un Sudán independiente desde 1956, la ciudad concentró siempre el poder político, la universidad, los archivos y los museos del país. Su Museo Nacional guardaba la mejor colección del mundo sobre los reinos nubios de Kerma, Napata y Meroe, incluidos templos rescatados de las aguas del lago Nasser.
Esta guía no propone un viaje. Sudán está en guerra desde abril de 2023 y todas las cancillerías desaconsejan cualquier desplazamiento al país. Jartum fue el epicentro del conflicto durante dos años, con destrucción masiva de su tejido urbano y el saqueo del Museo Nacional. Lo que sigue es una guía informativa y de patrimonio: qué es Jartum, qué había en ella, qué se perdió y qué se sabe hoy del estado de su legado, escrita con la mayor sobriedad posible y con las fuentes a la vista.
Jartum fue fundada en 1821 por el ejército de Muhammad Ali de Egipto como puesto militar en la confluencia de los dos Nilos, y creció rápidamente como centro del comercio de marfil y de esclavos del alto Nilo. En enero de 1885, tras un asedio de casi un año, las tropas del Mahdi Muhammad Ahmad tomaron la ciudad y mataron al gobernador general Charles Gordon; el poder mahdista se trasladó entonces a Omdurmán, en la orilla opuesta. Los británicos reconquistaron la región en 1898 tras la batalla de Omdurmán y refundaron Jartum como capital del condominio anglo-egipcio, con un trazado urbano que reproducía las diagonales de la Union Jack. Fue capital del Sudán independiente desde el 1 de enero de 1956 y escenario de golpes, revoluciones y de la revolución de 2018-2019 que derrocó a Omar al-Bashir. El 15 de abril de 2023 estalló en sus calles la guerra entre el Ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido, que la convirtió en campo de batalla durante dos años hasta que el Ejército declaró el estado de Jartum «completamente libre» de las RSF el 20 de mayo de 2025.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
La confluencia de los dos Nilos fue durante milenios un punto de paso, no una ciudad. Los grandes centros de poder del Sudán antiguo estaban río abajo: Kerma, capital del primer gran reino nubio hace unos cuatro mil años; Napata, al pie de la montaña sagrada de Jebel Barkal, desde donde los llamados «faraones negros» de la dinastía XXV llegaron a gobernar Egipto entero en el siglo VIII a. C.; y Meroe, la capital meridional del reino de Kush desde alrededor del 591 a. C. hasta su colapso en el siglo IV d. C.
El territorio que hoy ocupa el área metropolitana de Jartum quedaba en la periferia meridional de ese mundo, en la frontera entre el valle irrigado y las estepas del Butana y el Kordofán. Tras la desaparición de Meroe surgieron en Nubia los reinos cristianos de Nobatia, Makuria y Alodia; este último tuvo su capital en Soba, a unos veinte kilómetros aguas arriba del Nilo Azul respecto de la Jartum actual, y sobrevivió hasta comienzos del siglo XVI. Soba es, en rigor, la antecesora regional de la capital sudanesa.
En 1504 se fundó el sultanato Funj de Sennar, que islamizó y unificó buena parte del Nilo medio y que dominó la región durante tres siglos. En esa etapa la zona de la confluencia fue un modesto punto de cruce y de pastoreo, con aldeas dispersas y comunidades de agricultores en las islas fluviales, entre ellas Tuti. Nada anticipaba que en pocas décadas fuera a convertirse en la capital de un país inmenso.
La historia urbana de Jartum empieza en 1821. Muhammad Ali, gobernador otomano de Egipto, envió a sus ejércitos a conquistar el Sudán en busca de oro, marfil y esclavos para sus tropas. Las fuerzas egipcias derrotaron al debilitado sultanato Funj y establecieron un campamento fortificado en la lengua de tierra donde se juntan el Nilo Azul y el Nilo Blanco. El nombre de la ciudad se suele explicar a partir del árabe «al-jurtum», la trompa, por la forma alargada y curva de la franja de tierra entre ambos ríos.
El emplazamiento era una decisión logística de manual: quien controla la confluencia controla la navegación de los dos Nilos y las rutas caravaneras que los cruzan. En 1830 la administración turco-egipcia trasladó allí su sede y Jartum pasó a ser la capital del Sudán. La ciudad creció como puerto fluvial, guarnición y mercado, con una economía marcada por el comercio de marfil, goma arábiga y, muy especialmente, esclavos capturados en el sur y en las montañas Nuba: una etapa que dejó una herida profunda en la relación entre el norte y el sur del país.
A mediados del siglo XIX, Jartum era ya una ciudad cosmopolita y turbulenta de comerciantes egipcios, griegos, sirios, italianos y sudaneses, con consulados europeos y una actividad misionera incipiente. Los intentos de la administración de reprimir la trata —impulsados en parte por la presión británica y encarnados en figuras como Charles George Gordon, gobernador general desde 1877— chocaron con los intereses de las redes comerciales del norte y alimentaron un malestar que terminaría estallando.
En 1881, un líder religioso llamado Muhammad Ahmad ibn Abd Allah se proclamó Mahdi, el guiado, y lanzó una revuelta contra la administración turco-egipcia que se extendió con velocidad por todo el país. Sus seguidores, los ansar, derrotaron una tras otra a las columnas enviadas contra ellos, incluida la expedición de William Hicks aniquilada en Shaykan en 1883.
En marzo de 1884 el ejército mahdista puso sitio a Jartum, donde Charles Gordon había sido enviado a organizar la evacuación de las guarniciones egipcias. El asedio duró casi un año. El 26 de enero de 1885, los ansar entraron en la ciudad y mataron a Gordon; la columna de socorro británica llegó dos días tarde. La noticia sacudió a la opinión pública victoriana y convirtió a Gordon en un mito imperial.
El Mahdi murió pocos meses después, en junio de 1885, y le sucedió el Khalifa Abdallahi ibn Muhammad. El nuevo Estado mahdista no se instaló en Jartum, a la que consideraba contaminada por el poder extranjero, sino en Omdurmán, en la orilla oeste, que pasó de aldea a capital de un imperio y llegó a ser la mayor ciudad del país. Jartum quedó en gran parte desmantelada: sus materiales de construcción se reutilizaron en la ciudad nueva.
La reconquista llegó en 1898. Un ejército anglo-egipcio al mando de Herbert Kitchener remontó el Nilo apoyado en una vía férrea construida a través del desierto y en cañoneras, y el 2 de septiembre destrozó a las fuerzas mahdistas en la batalla de Omdurmán: unas cinco horas de combate, con una desproporción de bajas brutal entre ambos bandos. Kitchener ordenó demoler la tumba del Mahdi. Sudán quedó bajo el condominio anglo-egipcio, una figura jurídica que en la práctica significaba administración británica.
Los británicos refundaron Jartum como capital administrativa a partir de 1898. El trazado urbano que diseñaron es uno de los más citados del urbanismo colonial: una retícula atravesada por diagonales que, vista desde el aire, reproduce el dibujo de la Union Jack. La explicación oficial era que las diagonales facilitaban el control militar de la ciudad con fuego de enfilada; la simbología, en cualquier caso, era transparente.
En 1902 se fundó el Gordon Memorial College, que en 1956 se convertiría en la Universidad de Jartum y sería durante décadas la principal fábrica de cuadros técnicos, políticos e intelectuales del país. Se levantaron el Palacio del Gobernador General sobre el Nilo Azul, la catedral anglicana de Todos los Santos, la Mezquita Mayor, los ministerios y el tejido de barrios que todavía define el centro. La ciudad se articuló definitivamente como una conurbación de tres cabezas: Jartum administrativa, Jartum Norte (Bahri) industrial y ferroviaria, y Omdurmán popular y sudanesa.
El 1 de enero de 1956, Sudán se independizó y Jartum pasó a ser la capital del país más extenso de África hasta 2011. Las décadas siguientes fueron políticamente convulsas: golpes militares en 1958, 1969 y 1989, dos largas guerras civiles entre el norte y el sur, y la instauración de un régimen islamista bajo Omar al-Bashir tras el golpe de 1989. La ciudad se convirtió, además, en refugio de sucesivas oleadas de desplazados de Darfur, Kordofán, el sur y el este, que levantaron enormes barrios periféricos y multiplicaron su población hasta los millones de habitantes del siglo XXI.
En 2011, la secesión de Sudán del Sur privó al país de la mayor parte de sus reservas de petróleo y hundió la economía. En diciembre de 2018 estallaron protestas masivas que, en abril de 2019, derribaron a al-Bashir tras treinta años en el poder; la sentada frente al cuartel general del Ejército en Jartum fue el símbolo de esa revolución y también el escenario de su represión sangrienta el 3 de junio de 2019. Un gobierno de transición civil-militar fue depuesto por un nuevo golpe en octubre de 2021.
El 15 de abril de 2023, la tensión entre las dos fuerzas que habían protagonizado el golpe de 2021 —las Fuerzas Armadas Sudanesas, encabezadas por Abdel Fattah al-Burhan, y las Fuerzas de Apoyo Rápido, milicia paramilitar surgida de los yanyauid de Darfur y dirigida por Mohamed Hamdan Dagalo, «Hemedti»— estalló en combates abiertos. A diferencia de las guerras anteriores de Sudán, libradas en las periferias, esta empezó en el centro mismo de la capital: aeropuerto, palacio presidencial, cuarteles y barrios residenciales.
Las RSF ocuparon durante meses gran parte de Jartum y su área metropolitana; el Gobierno se trasladó a Port Sudán, sobre el mar Rojo, que funcionó como capital de facto desde agosto de 2023. La ciudad quedó sometida a combates urbanos, artillería y ataques aéreos. Millones de personas huyeron: la crisis de desplazamiento sudanesa pasó a ser una de las mayores del mundo, con desplazados internos y refugiados en Egipto, Chad, Sudán del Sur y Etiopía.
El daño al patrimonio fue devastador. El Museo Nacional de Sudán fue tomado en junio de 2023 y saqueado de forma sistemática; imágenes de satélite documentaron camiones cargando su contenido. Las estimaciones de pérdida oscilan entre el 60 % de la colección, según las autoridades del museo, y el 90 % que llegó a denunciar su director. Se sumaron el Museo de Historia Natural, el Museo Etnográfico, el de Geología, el Militar, el del Palacio Republicano, el Archivo Nacional, la Biblioteca Nacional y la biblioteca del Centro Mohamed Omer Bashir de la Universidad Ahlia de Omdurmán, incendiada en mayo de 2023. La contabilidad provisional del sector de cultura, antigüedades y turismo hablaba en 2025 de más de veinte museos afectados y unos USD 110 millones en pérdidas. La UNESCO calificó la amenaza sobre el patrimonio sudanés de nivel «sin precedentes» y pidió públicamente no comprar antigüedades del país, después de que aparecieran piezas a la venta en plataformas de internet.
En marzo de 2025 el Ejército recuperó el Palacio Republicano y el centro de la capital, y el 20 de mayo de 2025 declaró el estado de Jartum «completamente libre» de las RSF. El Gobierno regresó oficialmente a la ciudad en enero de 2026 y el aeropuerto internacional reabrió por etapas entre octubre de 2025 y marzo de 2026. Nada de eso significó el fin de la guerra: el frente se desplazó a Kordofán, Darfur y el Nilo Azul, la capital siguió expuesta a ataques con drones y las recomendaciones internacionales de no viajar a Sudán se mantuvieron íntegras.
Más allá de la coyuntura, Jartum es una de las ciudades geográficamente más singulares del mundo. Es el único lugar del planeta donde se puede estar parado viendo cómo dos ríos continentales, con historias hidrológicas completamente distintas, se convierten en uno. El Nilo Azul nace en el lago Tana, en el altiplano etíope, baja cargado de limo volcánico y aporta la mayor parte del caudal y prácticamente todo el sedimento fértil que hizo posible el Egipto faraónico; su crecida de verano es la que hinchaba el río. El Nilo Blanco viene de los Grandes Lagos africanos, atraviesa las marismas del Sudd y llega lento, pálido y regular. Durante la crecida, la diferencia de color entre ambas corrientes se ve a simple vista aguas abajo del Mogran.
Esa condición de encrucijada explica también la identidad cultural de la ciudad: árabe y africana, islámica y nubia, con una tradición sufí muy viva del otro lado del río, en Omdurmán, y con una escena musical, poética y universitaria que fue durante décadas una de las más ricas del Sahel. La Jartum de los años cincuenta y sesenta fue un foco intelectual de referencia en el mundo árabe africano.
Hoy la ciudad es, ante todo, un enorme problema humanitario y un archivo herido. La reconstrucción física llevará años; la del patrimonio arqueológico y documental es, en parte, irreversible. Aun así, el trabajo de la Corporación Nacional de Antigüedades y Museos, de la UNESCO a través de su Fondo de Emergencia del Patrimonio y de las misiones internacionales que siguen documentando los sitios nubios mantiene abierta una línea de continuidad. Contar qué fue Jartum y qué guardaba es, mientras tanto, una forma de que no se pierda dos veces.